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A Garrote Catalina

A Garrote Catalina
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“Yo me bajo de esta lógica binaria, de este ring en blanco y negro, de esta noria, que separa tus hermanos de los míos, del absurdo de esa línea divisoria.

Ya no quiero ser soldado de una idea, ni rebaño de la izquierda o la derecha, me resisto a etiquetar a las personas, y me cago en la locura de esa brecha.”

Con estos versos, que rematan el final de su couplet Las Causas Perdidas, la murga Agarrate Catalina despertó la furia de mucha gente con sensibilidad de izquierda, y también el aplauso de muchos de aquellos que declaran que las categorías izquierda y derecha son elementos de un pasado ya superado.

¿Asistimos a la incursión del fenómeno del new age en el carnaval? ¿Se puede mezclar lo que uno y otro bando consideran como justo y necesario? ¿Pueden consensuar quienes consideran que aún falta obtener muchos derechos con aquellos que pretenden recortar algunos de los ya obtenidos? ¿Se acabó la lucha de clases? ¿Traiciona su pasado Agarrate Catalina o rompe con un dogma?

Los uruguayos y la autocrítica  por Juan Miguel Carzolio

Hace poco le pregunté en una entrevista en Hora de Cierre, en Sarandí, al dos veces Presidente de la República, Julio María Sanguinetti, si hacía alguna autocrítica sobre su liderazgo al frente del Partido Colorado, a fines del siglo pasado, respecto a la caída electoral en el siglo XXI del partido que más gobernó el país. “La autocrítica es una cosa muy típica de los comunistas” me respondió, y agregó que a él lo criticaran otros.

Es un fiel reflejo de lo que nos cuesta la autocrítica a los uruguayos. Preferimos casi siempre quedarnos con los que creemos, que pensar. Más cómodo. Sólo buscamos argumentos que reafirmen nuestras convicciones, pero nunca los cuestionamos. Y esa manera de ser, está en la esencia del blanco y negro en el que muchos dividen a la sociedad: izquierda y derecha, creyentes y ateos, Peñarol y Nacional. Y así un día le terminás cantando a tu hermano que lo vas a matar por ser del otro cuadro.

En esa lógica, tenemos la necesidad de etiquetar a los demás, para ponerlos de nuestro lado, o del otro. “O están conmigo o están contra mí” dijo Bush al invadir Irak sin la autorización de la comunidad internacional, y con el falso argumento de las armas de destrucción masiva. La misma lógica por la cuál buena parte de la izquierda uruguaya apoya al dictador Nicolás Maduro. La política no se puede reducir a la dicotomía entre Cristina Fernández y Jair Bolsonaro.

Por eso, cuando la Catalina canta esto (“Yo me bajo de esta lógica binaria, de este ring en blanco y negro, que separa tus hermanos de los míos, del absurdo de esa línea divisoria. Ya no quiero ser soldado de una idea, ni rebaño de la izquierda o la derecha, me resisto a etiquetar a las personas, y me cago en la locura de esa brecha”) la misma semana que la Falta y Resto no pudo cantar en un clásico porque el Flaco Castro es hincha de Peñarol, yo me paro y aplaudo. Y más aún en 2019, un año en que muchos parecen querer apostar por dividir a los uruguayos (más de lo que lo están)

La semana pasada, Eduardo Blasina, vocero en el primer acto de los autoconvocados el 23 de enero de 2018, estuvo en el programa. Se definió como un hombre sin partido político, pero wilsonista, que defiende la legalización de la marihuana, la despenalización del aborto y el matrimonio igualitario. Ahora apoya a Ernesto Talvi, asegurándose antes que esa “agenda de derechos” no retrocediera “ni un milímetro”. Con esa misma apertura mental con la que impulsa la industria del cannabis medicinal, dijo que necesitamos políticos que no se hayan perdido a los Beatles (en referencia Mujica y Tabaré Vázquez). A lo mejor hay una cuestión generacional, y por eso los Cardozo y Agarrate Catalina también hacen tanto ruido en el viejo Carnaval. Blasina vino a la entrevista con una remera con una cita de John Trudell: “Think more, believe less.” Pensá más, cree menos. Buen consejo para un año electoral.

 

La magia se genera dentro por Rodrigo da Oliveira

Dios Momo habló y dijo cosas para sus auditores en boca de la Catalina, una de sus hijas dilectas…
Dilecta para Momo y para la verdad, que fue opositora primero y oficialista después. El tablado fue su escenario y el salpicón su plataforma electoral, la pseudo crítica su nueva presentación en sociedad y la vuelta al castigo a todo lo no oficialista su retorno al servil manejo de buenos y malos, tan bien manejado por el MPP (su mentor político-institucional).
Mujica hizo caudal con esta práctica, ya desde el primer gobierno FA, pateando hacia afuera aquellas cosas que quería dejar planteadas (Búsqueda mediante también, todo sea dicho), la Catalina lo retoma en un discurso que, pretendiendo ser crítico con lo establecido y la dicotomía derecha-izquierda, rehúye una confrontación directa y solapa un nuevo apoyo a este nuevo Frente en el gobierno. Es la misma tesitura de los 4 candidatos del mismo, que intentan desligarse de lo que se ha hecho, con promesas de lo que debe hacerse y tal si hubieran sido espectadores involuntarios de algo ajeno. Difícil tarea llevan conquistando votantes ajenos y peor aún desencantados por lo prometido y no hecho, por lo mal hecho y justificado, por lo difuso en la gestión y no transparentado.
La misma tarea encara la murga compañera cuando al son de una supuesta crítica hace olas nuevamente en pos de más de lo mismo. Decir no somos derecha ni izquierda, no pertenecer a ningún bando divisor, sostener no fomentar ninguna brecha, coquetear con un nuevo postureo los hace más parecidos al Cambiemos macrista que una tercera vía a la uruguaya. Corea del centro les dicen en Argentina a quienes se paran en esa calle del medio, cuando en realidad son afines a lo establecido y no se juegan los vestidos en verdad. ¿Es que tal vez valga una pequeña queja cuando el paraguas de los dineros públicos proveedores de escenarios y giras comienza a cerrarse? preguntaba alguien por Twitter. En la Corea del centro cambiemita lo que permanece es el aliento a lo viejo y conocido, al peronismo que mantenía las bases contentas y alimentadas con esos mismos dineros de todos que predicaron querer cambiar y mantienen intocado.
¿Es entendible asimismo la postura y el aplauso de muchos opositores, surgidos al escuchar una supuesta condena al gobierno antes apoyado? Ni ella ni la condena acérrima de militantes del FA de todas las horas son de recibo. Cosas buenas y malas se han hecho en estos tres períodos y lo obtuso de volcar un análisis dependiente de lo ideológico nos vuelve a colocar en ese lugar en realidad poco analítico que han empezado a usar en esta nueva etapa los captavotos del gobierno, en pos de alcanzar el #4FA. Hacerles el juego en ese sentido sólo aporta a ese objetivo. La Catalina está en campaña electoral, los 4 fantásticos despegados y los diversos sectores opositores también.

 

Ni bandos, ni grietas,ni derechas, ni izquierdas por Fitzgerald Cantero

El carnaval, desde que tengo uso de razón y lo disfrutaba siendo niño en el Huracán del Paso de la Arena, siempre se caracterizó por la crítica. Lo normal, sería que siempre se criticara parejo, a gobernantes y a opositores, sean del color que sean. Por más que sea normal, no es lo que sucede desde hace décadas.

He sido testigo en el Teatro de Verano, del manifiesto malestar de los frenteamplistas cuando un conjunto les critica. Además de la notoria falta de sentido del humor, el Frente Amplio siempre tomó al carnaval como su brazo cultural con el que, de la mano de la ironía y la sátira, pretendió horadar a los gobiernos de los partidos históricos. Ahora, probando de su medicina, a algunos se les hincha la yugular y patalean.

En el fragmento propuesto para disparar esta reflexión, se deja entrever el hartazgo que la murga intenta representar que sufre el ciudadano común, de divisionismo y confrontación permanente.

Han sido décadas y décadas de alimentar al lobo acusador, de proponer conflicto contra asociacionismo, de reivindicar luchas de clases por sobre el entendimiento.

Hasta en la formulación de la propuesta que nos hace el Director de este Semanario, con naturalidad se refiere a “uno y otro bando”. Es la lógica que nos domina. En Uruguay, la política de bandos se terminó unos lustros antes de finalizar el Siglo XIX.

¡Estamos en el Siglo XXI! Todo lo que debemos hacer para potenciar y desarrollar al Uruguay, es más importante que los enfrentamientos en bandos.

Por supuesto que hay que discutir y confrontar visiones. En este año electoral es, además, lo que el ciudadano merece, que se diga cómo se va a mejorar la calidad de vida de todos. Y claro que habrá diferencias. Pero las diferencias lógicas de la discusión de las ideas. No la de las etiquetas que comprimen el debate y nublan cualquier análisis.

La etiqueta preferida por muchos es la de la izquierda y la derecha.

Comprar un avión presidencial, al amigo del asesor honorario del presidente, por el doble de lo que vale en el mercado ¿es de izquierda o de derecha?

Llegar a la presidencia de la República y vender el avión presidencial, como hizo o va a hacer López Obrador, ¿es de izquierda o de derecha?

Hace un tiempo, en una clase de Partidos Políticos, de la Maestría de Ciencia Política, Daniel Buquet mencionó una frase que pinta de cuerpo entero ese debate: discutir sobre derecha e izquierda, dijo, es lo mismo que un ruso que sólo habla ruso, y un chino que sólo habla chino, acuerden comunicarse entre sí en italiano.

Cuando dejemos de lado las etiquetas y vayamos al fondo de los asuntos, en ver cómo los resolvemos de la mejor forma posible para quienes están esperando las soluciones, allí habremos avanzado un poquito más.

 

Carnaval, virtualidad y otras máscaras por Jana Rodríguez Hertz

“Ya no quiero ser soldado de una idea, ni rebaño de la izquierda o la derecha, me resisto a etiquetar a las personas, y me cago en la locura de esa brecha.” Las Causas Perdidas, Agarrate Catalina, 2019

Cuando Alfredo me invitó a escribir sobre este cuplé para VOCES, me sorprendió que esto hubiera repercutido tanto como para ser tema de la semana en un país. También me sorprendió que La Catalina hablara de la “brecha”. ¿Está la gente de la calle tan preocupada en este momento por lo que dijo esta murga? ¿Puede hablarse de brecha en Uruguay, un país que, a diferencia de Argentina, se enorgullece de mantener el diálogo entre amigos y familia sin importar partidos ni religión? Personalmente no me lo parece.

Sin embargo, algo muy distinto pasa si entramos en las redes. En el mundo de la virtualidad hace tiempo que la brecha, las brechas, viven y luchan. También en las redes vi en tiempo real cómo se armaron grupos vituperando o aplaudiendo a La Catalina, convirtiéndose en tema de conversación durante horas, con una intensidad que antes se reservaba a las últimas copas de un asado entre amigos, y que ahora empieza a ser habitual en este ámbito. Pero ¿es la virtualidad un reflejo de la sociedad?

Hace años que pienso, y ahora creo que empieza a ser más evidente, que la virtualidad es un nuevo espacio de la consciencia. Uno que conjuga a un tiempo la volatilidad del deseo, la inmediatez de lo dicho y la potencia de lo escrito. En este espacio tienen lugar nuevas realidades que la mayoría de nosotros seríamos incapaces de concretar en persona.

Decía Oscar Wilde que el hombre era menos sí mismo cuando actúa en persona, pero si le das una máscara te contará la verdad. Más allá de algún detalle – ¿qué es la verdad? ¿existe? – la virtualidad es un poco como el carnaval, una máscara, una ventana de libertades que uno se da para expresar cosas que no son permitidas fuera de la pintura y el disfraz, fuera del teclado. Ese espacio de fantasía, descarga, exacerbación e intensidad ha sido siempre importante para el ser humano, y es natural que ahora en el tiempo digital exista una extensión de ello.

Hay para mí un solo matiz: el murguista sabe que cuando se apagan las bombitas amarillas, la magia se va a dormir hasta el próximo escenario. Los ciudadanos de la red, ¿sabemos que el teclado es nuestro febrero?

La Murga, el Carnaval y las expresiones artísticas de los pueblos por Oscar Mañán

No soy un experto en el análisis de la estética carnavalera, tampoco un seguidor empedernido de tales expresiones, si bien disfruto en ocasiones de las mismas.

Con las salvedades del párrafo precedente, incluso la actuación completa de la murga Agarrate Catalina no deja de ser una pieza artística muy cuidada, con dotes histriónicas y de interpretación destacables, con una rima digna de admirar en sí misma. Las murgas y sus decires son expresiones populares, no teoría social o política y si se la enjuicia de otro modo se pierde su esencia. Claro, también es cierto, que los pueblos muchas veces se adelantan a los análisis propios de las ciencias sociales y son más sabios que los académicos que creen ostentar el “saber sabio”.

Las murgas se identifican como una expresión social crítica de la realidad de los pueblos, la crítica es (siguiendo a Adorno) un enjuiciamiento que en esencia es negativa del devenir histórico, porque particularmente se plantea una transformación de lo existente. Esa postura teórico-ideológica está en las tradiciones de izquierda, especialmente de aquella que intenta la construcción de una sociedad nueva, para lo que necesariamente deberá revolucionar la existente.

La izquierda institucionalizada en el FA hoy está menos identificada con cambios sociales revolucionarios, tiene objetivos más pragmáticos, ya sea mejor distribución de los ingresos o bajar índices de pobreza pero no romper las bases de la dominación de clase existente. Este fue el aggiornamiento ideológico que emprendió poco antes de emprender el viaje que la convirtiera en partido cuasi-hegemónico alejándose de su esencia de movimiento.

Un punto fuerte del cuplé de la murga aludida, es que Uruguay vive un eterno clima electoral que ya no distingue tiempos, donde efectivamente hay dos bandos que no se permiten el debate de ideas. Derecha, izquierda, blanco y negro, buenos y malos, nadie toma en cuenta al otro más que para denostarlo. La “izquierda”, “derecha” y sus partidos, no tienen una correlación estricta con las clases sociales, si bien en el pasado representaron intereses de clases en sentido de Marx (i.e. el Partido Nacional o Conservador representaba intereses de la clase terrateniente; el Partido Colorado o Liberal alentaba la burguesía naciente y  los partidos socialista y comunista se identificaban con la clase obrera).

Por supuesto, las clases siguen existiendo y siendo el motor de la historia. Muy probablemente, las clases explotadas no logran articular aún un proyecto de clase que pueda convertirse en lo que Marx llamaba “clase para sí”, aún no tienen esa expresión política que le permita llevar adelante un cambio social en el sentido de sus intereses. Algunos sectores más organizados, en especial la clase obrera sindicalizada llegó a pensar (quizás lo piense aún) que el proyecto progresista sería esa expresión política, pero a poco andar, esa idea se volvió difusa.

Catalina, Parafina o Gelatina por Gonzalo Perera

 

  1. No vi ni veré la actuación de Agarrate Catalina pues vivo en el interior y no me gusta ver carnaval por TV.
  2. Sin embargo cuando aún no se habían bajado del escenario, amigos carnavaleros me enteraban de la polémica que luego explotaría en redes sociales.
  3. Confieso que jamás busqué en las letras de la Catalina el manual que guiara mi pensamiento o acción ciudadana. Una murga es un conjunto de artistas populares que deben tener la libertad de expresar lo que deseen dentro del marco legal, así como el público tiene derecho a apreciarlo o no , aplaudirlo o silbarlo. El seguidor, el ¨hincha¨ que esperaba su retorno desde 2012 , tiene derecho, además, a expresarse satisfecho o defraudado en sus expectativas.
  4. La Catalina nunca fue Los Diablos Verdes, dicho esto con el mayor respeto hacia los dos títulos Desde sus comienzos, una notable imitación del Pepe Mujica en un couplé muy empático, hizo que la Catalina quedara muy asociada a la imagen de Mujica,  e incluso quizás esa asociación haya contribuído (sin despreciar los innegables talentos artísticos de la murga), a su muy buena difusión fuera de fronteras. Pero de esa asociación de imagen con un referente como Mujica, a un posicionamiento político claramente definido, ideológicamente preciso, hay un trecho.
  5. En particular, pues, para mí esta polémica es ajena, propia de los seguidores de la Catalina, grupo numeroso en el cual, con todo respeto, no me incluyo.
  6. En cambio me incluyo entre los ciudadanos atentos a las próximas elecciones y que intuyen que, desde la oposición y medios afines, todo aquello que pueda lucir o parecer un abandono de filas o alejamiemto  del FA se va a difundir y magnificar para generar un clima triunfalista a favor del movimiento de restauración social y económico que expresa la inmensa mayoría de la oposición. Me suena curiosa la gran difusión de este episodio a mi juicio menor y para seguidores, en momentos donde la agenda nacional e internacional está atiborrada de hechos mayores. Me parece que entramos en una etapa donde ya sea se trate de la Catalina, de la Parafina o de la Gelatina, todo puede ser tema de interés y polémica si se presta para, de algún modo, atacar, directa o indirectamente, las chances electorales del FA. Intuyo que ese será el motor de muchas portadas y titulares en el 2019, año en el que vaya si tendremos carnaval de las promesas…..

 

 

 

 

Querida Catalina por David Rabinovich

Me gustas cuando cantas Catalina y no te calles nunca. ¿Qué puedo decirte? La brecha existe aunque a tí te parezca locura. Lo justo y solidario separa sin remedio dos campos enfrentados. ¿Cómo me resigno a lo injusto? ¿Cómo acepto al insolidario, aunque se diga hermano? ¿Quién inventó la lógica binaria, la mano o la mejilla?

Nos subieron al ring sin preguntarnos nada, nos llenaron la cara de guantes a los que ni el color le vimos. Por ese ring pasó el muerto y su asesino, el desaparecido y su verdugo, los torturados y sus torturadores… A ese ring nos sube una sociedad injusta, insolidaria y amoral. Al débil lo enfrenta con el fuerte y le ata al pobre las manos, por las dudas.

Dice Don Ata; tú la recuerdas claro: “Yo tengo tantos hermanos/que no los puedo contar…” y como bien nos recuerda Víctor Lima, allí están los que esconden la mano. “Unos muchos y otros nada/y eso no es casualidá…” canta Marcos Velázquez que también aporta razones para comprometerse con la utopía de un mundo mejor.

Lo reconozco, suena lindo cuando dices: “Yo me bajo de esta lógica binaria, de este ring en blanco y negro, de esta noria, que separa tus hermanos de los míos, del absurdo de esa línea divisoria.” Pero de la realidad no se baja nadie, al ring te suben y si no te podés defender te cagan a trompadas, porque nacimos atados a la noria de la historia y no es fácil zafar de este destino. Si la realidad separa hermanos Catalina ¡cambiemos la realidad carajo! La realidad es absurda querida mía y por eso te molestan, las líneas divisorias que traza sin clemencia alguna.

Cuando te escuché cantar: “Ya no quiero ser soldado de una idea, ni rebaño de la izquierda o la derecha, me resisto a etiquetar a las personas, y me cago en la locura de esa brecha.” Recordé la canción partisana de la resistencia antifascista: “Ciao, bella ciao…”. Dicen que se origina en un canto de las trabajadoras de los arrozales: “Alla mattina appena alzata/O bella ciao bella ciao bella ciao, ciao, ciao/Alla mattina appena alzata/In risaia mi tocca andar”.1

Yo quiero, Catalina, seguir siendo soldado de las ideas libertarias, no me siento rebaño y te invito, con Nicolás Guillén: “Alcemos una muralla/juntando todas las manos;/ los negros, sus manos negras,/los blancos, sus blancas manos.”

¿Sabés Cata? No sé si nos etiquetan o nos etiquetamos solos. Por lo que hacemos, decimos o pensamos, así como por lo que no hacemos, callamos y ocultamos.

Siempre tuyo, David

1 Por la mañana, apenas levantada

O bella ciao bella ciao bella ciao, ciao, ciao (Oh, bella, adiós)

Por la mañana, apenas levantada

A los arrozales he de ir

 

Que el letrista no se olvide… por Andrés Copelmayer

 

Que el carnaval sigue siendo la mayor expresión cultural del Uruguay, superando en público a cualquier otra manifestación y tradición oriental incluyendo al fútbol.

Que aún en los peores años de la dictadura todas las categorías carnavaleras se las ingeniaron para usar su libertad artística y creativa para meter alguna “mechita” crítica, avivando el fueguito popular de luchar por el retorno a la democracia.

Que las murgas gracias a dios Momo, aún profesionalizadas, internacionales y en modo 3.0, siguen democratizando al país, generando polémicas públicas, incomodando, criticando al gobierno de turno e inquietando por ser políticamente incorrectas.

Que aún admitiendo que hay murgas de izquierda, de centro o de derecha; los que vayan al carnaval exclusivamente a ver o escuchar replicar lo que ellos piensan, (sean del palo que sean), están en el tablado equivocado. Mejor se queden en casa hablando con el espejo o contratando a hinchada propia.

Que es cuasi un milagro que La Catalina haya reavivado el dilema de la pertinencia y/o vigencia existencial de las categorías políticas de izquierda o derecha. Refleja cuanto cala la profundidad de la huella del canto murguero, envidia de Fukuyama.

Que Agarrate da un mensaje sobre tejer puentes de convivencia responsable y respetuosa, superador de la indignada (e indignante) grieta social provocada por parte de la dirigencia política.

Que en mi erudita condición carnavalera certificada durante 4 años consecutivos de ejercicio profesional como vendedor en negro de bingos en el tablado de Malvín; acuerdo completamente con la postura de reconciliación nacional pre y post electoral propuesta por Agarrate Catalina.

Que me sumo y repito sus versos porque no falta ni sobra palabra alguna:

“Yo me bajo de esta lógica binaria, de este ring en blanco y negro, de esta noria, que separa tus hermanos de los míos, del absurdo de esa línea divisoria.

Ya no quiero ser soldado de una idea, ni rebaño de la izquierda o la derecha, me resisto a etiquetar a las personas, y me cago en la locura de esa brecha.”

 

Surge un rayo de esperanza por Max Sapolinski

La sociedad uruguaya se ha venido caracterizando por ser sensiblemente permeable al manejo de los estereotipos. En un pasado lejano han quedado las profundas discusiones filosóficas e ideológicas protagonizadas por intelectuales que si bien muchas veces eran defensores acérrimos de la causa con la que se consideraban embanderados, poseían una profundidad conceptual que permitía al escucha atento percibir los matices de un planteo antagónico.

Por el contario, en la actualidad, ayudado por la velocidad y en muchos casos liviandad  generadas en el uso habitual de las redes sociales, es muy fácil la división que se cimenta en dichos estereotipos.

Derecha o izquierda, facho o bolche, progre o “rosadito” son antónimos, despectivos en algunos casos, que fácilmente colaboran a finalizar una discusión en perjuicio de la profundización de los conceptos.

Sin embargo, para aquellos que buscamos defender a capa y espada la existencia de los “grises” en la discusión entre blanco y negro, la razonabilidad en lugar del obcecamiento y el análisis en lugar del dogma, surge un rayo de esperanza.

Pudimos haber pensado que la caída del Muro de Berlín en aquellos ya lejanos tiempos del inicio de la última década del siglo XX, debió haber sido el desencadenante de una mayor apertura mental en los planteos de la sociedad actual. Probablemente eso fue así. Sin embargo, parafraseando el viejo refrán popular, como en Uruguay todo sucede veinte o treinta años después, estamos a tiempo de producir nuestros propios procesos mentales.

Para ello, hay algunos factores que inciden. En primer término, los principales partidos políticos, sin excepción, en algún momento ya han pasado por la experiencia de tener que dejar el slogan y la movilización para asumir la responsabilidad, siempre compleja, de gobernar y dirigir al país.

Sus seguidores incondicionales, aquellos que se vieron hermanados en el grito y la defensa de la consigna, comienzan a mostrar su disconformismo y frustración. Aquello que se expresaba en el discurso fácil y demagógico no tuvo las adecuadas respuestas en el ejercicio del poder.

A las responsabilidades asumidas  se suma, en especial para un país de las características del nuestro, que la coyuntura a la corta o a la larga pasa sus cuentas y los paraísos prometidos son difíciles de alcanzar.

Por supuesto, que el Carnaval, como fiel representante histórico de la cultura popular, no iba a estar ajeno a las reacciones de la gente. Tarde o temprano las estructuras culturales que muchas veces son encorsetadas por líneas de pensamiento monocordes, se liberan. Porque bueno es saberlo, siempre la libertad termina triunfando. Podrá tardar unos días, unos meses, unos años e incluso siglos, pero la libertad termina imponiéndose.

La gran discusión no debe versar sobre la traición al pasado o la preservación del dogma.

La polémica deberá centrarse en el gran desafío que le surgen a los liderazgos políticos, y también a aquellos otros que no lo son, de canalizar la rebeldía y la frustración en caminos de superación, desarrollo y progreso, que dejen de lado el dogmatismo, la estigmatización y el estereotipo en beneficio del bienestar general.

 

Agarrate Catalina ¿Se rompió? Por Camilo Márquez

El pasaje de Agarrate Catalina por el Teatro de Verano desató lo que en las redes sociales ya algunos habían adelantado, la murga de los Cardozo se traía entre manos un mensaje que no sería funcional a los tiempos políticos, esto es, la campaña electoral y la necesidad de concentrar las fuerzas en el adversario, la derecha. Los misiles de los críticos se centran en los que consideran un sacrilegio como sería negar la existencia de izquierda y derecha. Esta constatación sería patrimonio de los Novick y no del FA, dicen. El punto no tiene asidero en la realidad, Agárrate Catalina es la murga que mejor ha representado en el frente “cultural” al partido de gobierno, y sigue conservando esa particularidad. El reproche de militantes y votantes refleja una profunda desorientación, ¿o acaso alguien puede pensar que la forma de presentar los problemas de la murga perjudica en algo a los candidatos que pelean la interna? Carolina Cosse más allá de declaraciones intrascendentes sobre el “Uruguay del futuro” y el “país del mañana” no ha articulado palabra sobre nada que la comprometa en “el Uruguay del presente” ante su potencial electorado. El intendente le quiere enchufar a los trabajadores municipales un mecanismo para hacer impracticables los paros en el sector de recolección de residuos con el pretexto del “riesgo sanitario”. Cuando se proclama la urgencia de evitar los extremismos deberían explicar cuáles son esos extremismos, quienes serían sus voceros y que fuerzas políticas los entrañan.

La enorme mayoría de los murguistas va a votar en una interna que se define entre dos variantes del centro corridos a derecha, lo de los Cardozo, entonces, es macaneo puro.

El razonamiento sería el siguiente: no podemos polarizar, hay que armar consensos amplios, evitar definiciones que nos enfrenten y que alimenten extremismos. La izquierda/derecha está perimida “Yo me bajo de este ring en blanco y negro (…) y lo absurdo de esa línea divisoria” Pero ¿cuáles serían las ideas extremistas de Martínez, además de ilegalizar las huelgas de Adeom? El camino de la esencialidad y la persecución a los trabajadores es el camino más corto a los Bolsonaro.

Agarrate Catalina sólo condensa mejor los problemas de la etapa que atravesamos. La izquierda integrada al estado burgués necesita librarse definitivamente de cualquier rastro de “ideología”, se prepara para un salto en calidad en esa integración. El chamuyo de la “batalla cultural” con el que se sintió fascinado todo un sector del estalinismo reciclado y extremadamente popular en el ambiente progre de la murga joven pasó de revelarse como inofensivo a mutar en “centrismo” desclasado de una izquierda líquida.

El enojo de amplios sectores de votantes de izquierda con la murga (al menos la clase media twittera que sabe hacer ruido) refleja un momento de transición. Hay una inmadurez en la situación política del país. Atravesamos un periodo de desgaste evidente pero no catastrófico como en 2002. Las encuestadoras están en serios problemas para hacer sus pronósticos por la volatilidad potencial de una parte importante del electorado, que registra como se erosionan toda una serie de indicadores económicos claves.

Pedirle a una murga mujiquista que batalle por el socialismo es un callejón sin salida, aunque la reacción sea positiva, la herramienta no es la adecuada. No se le pueden pedir peras al olmo, para obtener peras hay que plantar un peral. La crisis capitalista raja las paredes, defender este sistema es una causa perdida.

Acá no hay trampa, el Partido de los Trbajadores es la izquierda que pronosticó con años de anticipación esta bancarrota del FA. Por eso vamos por el peral.

 

El corso del ser humano por Eric Alvez Rodriguez

“Es hora de salir a pelear por las causas que el mundo olvidó. Es hora de salir a defender nuestras causas perdidas”. Así comienza el espectáculo de Agarrate Catalina que inició su pasaje por el Concurso con la fortaleza y el oficio que la caracteriza. Una poética que es su sello de identidad, un vestuario elegante y una puesta en escena que parecía haberse trabajado con estricta disciplina. La murga aprovechó todo el escenario para que el colectivo luciera su espectáculo y casi no tuvieron desafinaciones. Reglamento en mano no hay dudas que la murga actual más popular tiene todo para estar definiendo el concurso. No hay mucho para decir de los dos primeros tercios del espectáculo. La “causa perdida” del salpicón sirve como excusa para la rima ingeniosa y la crítica de actualidad. Se debatió mucho si lo que sucedió en la última parte del espectáculo era realmente lo que querían decir. Pero los códigos murgueros indican que hay espacios reservados para la línea editorial del conjunto. No hay duda que la murga eligió uno de esos espacios, el final del cuplé, para dar su mensaje central porque precisamente allí es donde se editorializa. El cuplé de las clases sociales está plagado de ironías, se le puede pedir profundidad, pero tampoco hay mucho para decir allí. Identifican el conflicto social y para nada son tibios en identificarlo. Pero Agarrate Catalina se mete en un camino difícil a la hora de resolver el cuplé y lo resuelve muy mal para las expectativas que hay puestas sobre ella. Plantea que hay lugar para la reconciliación entre opresores y oprimidos, trae el concepto de “brecha” y de hinchadas de fútbol y ese es el mensaje que queda. Yo no tengo muchas respuestas sobre esto. Pero si tengo algunas preguntas para la murga: ¿De verdad creen que el vector izquierda y derecha está demodé? ¿Ese fue el mensaje que quisieron dejar o simplemente no lo pudieron resolver? ¿Lo absurdo de la “línea divisoria” lo marcan las discusiones o el conflicto real existente en la sociedad que tan bien identifican al principio del cuplé? Reducir el conflicto social a discusiones polarizadas es ingenuo o de opresor y estoy seguro que “la catalina” no es lo segundo. No creo que traicionen sus ideas, si les creo presos de la ingenuidad y la irresponsabilidad en tiempos de Bolsonaro, Trump y militantes sociales muertos y desaparecidos en varios rincones de nuestra América. Sin ánimo de plagiar a otra murga, le podrían haber puesto a su espectáculo “Sentido común”. Plantean una reconciliación de clases que poéticamente suena linda pero que es vacía. Ríos de tinta en las Ciencias Sociales hay escritos sobre el asunto. Ojalá pueden reflexionar sobre esto. La murga es una herramienta preciosa para decir cosas y espero que no les deslumbre su expresión meramente estética. “Es hora de salir a pelear por las causas que el mundo olvidó. Es hora de salir a defender nuestras causas perdidas”. Quizá eso último es lo que se les esté reclamando. Antonio Gramsci decía que vivir quiere decir tomar partido.

 

La autocrítica; otra causa perdida por Valeria David de Lima

 

“NACIONAL NACIONAL!” -fue el texto que le mandé a un amigo el domingo a la media noche cuando el plantel tricolor se quedaba con la supercopa 2019, a lo que respondió: “Se les terminó el recreo”, haciendo clara referencia al descanso de unos meses que el decano del futbol uruguayo le proporcionó a su tradicional rival. *Un saludo para todos los bolsos que me conocen*.
Por donde también se terminó el recreo es por la redacción de VOCES, los directores de éste maravilloso antro volvieron a convocar a sus “soldados del lápiz”, justo en febrero, justo en carnaval, justo cuando La Catalina se autoconvocó en el teatro de verano levantando polvareda -entre sus fieles- con un cuplé que al parecer ya no es tan oficialista, no defiende a Envidrio, ni los gastos de Sendic y encima se “asesora” con la directora de Cultura de Paysandú. Ahora resulta que los hermanos Cardozo ya no quieren ser más soldados de una idea; a Un Sólo Uruguay y a su mochila cargada de glifosato les gusta ésto, -al compañero militante de todas las horas; comité de base TwitterFocaFest- no le gusta esto. Ni un palo a Bolsonaro, ni una caricia a Maduro. Tibios y “descafeinados” fueron algunos de los adjetivos para con la ahora “ex-murga del Pepe”. Parece que Agarrate Catalina se suma a la lista de actos fallidos de Mujica, donde ya se encuentra: Murro, la perra de tres patas, los tupamaros, el fusca y la vespa que no arrancan.

Más allá de las humoradas, entiendo que se puede compartir o no el mensaje de la actuación, aunque humildemente y desde la vereda del respeto no creo que el cuplé de una murga sea decisivo para definir la instancia electoral que se nos viene. Aclaro esto último porque la intensidad que se manejó en el mundo virtual llegó a picos elevados.
En lo personal defiendo mis ideas – sin grieta, de lo contrario ya no tendría familia ni amigos- y estoy convencida de que la izquierda nació hace 48 años para cambiar la realidad del país y hace tres períodos de gobierno lo viene haciendo. Pero, caería en un profundo error si como militante frenteamplista no fuera autocrítica, cosa que al parecer por estos tiempos no tendría el mínimo espacio dentro de discursos cargados de demagogia y corazoncitos en las redes, pero sí dentro de las causas perdidas.

 

Entre líneas por Melisa Freiria

Para hablar sobre este tema, primero hay que prestar atención a la letra en su totalidad y darse cuenta que en el salpicón se adelantan a todo lo que sucedió en las repercusiones de las redes sociales; advierten que las letras de las murgas están cargadas de metáforas y así es como hay que entenderlas, el niño que no las entiende por ese lado, se pone a llorar. Esto no significa que no haya lugar a múltiples interpretaciones, pero sí que debemos pensar un poco más y no quedarnos con lo textual.

Entre los puntos que me parecen más controversiales, la Catalina plantea como causa perdida la lucha de clases. Sobre este tema creo, no tenemos que dejar de lado que en cada relación económica entre partes, siempre hay una más débil que la otra. Para decirlo de otra forma, siempre una de las dos es más fuerte en algún sentido y por lo tanto tiene mayor poder sobre la otra en dicho vínculo. Negar eso es negar la naturaleza de las relaciones en nuestro sistema. Si bien, buena parte de las ideas marxistas han quedado obsoletas en base a la propia experiencia y el transitar de la humanidad –si Marx despertara se llevaría bruta sorpresa-, hay conceptos de fondo como éste que siguen con plena vigencia y las consecuencias de ello no hace falta que las explicite.

La mirada crítica de la murga permite dejar en evidencia lo peor de los “ismos”. Exagerando en sus letras nos plantea una ironía sobre el Capitalismo y el Comunismo. Son todos comunistas hasta que se chocan con el pensamiento único, con la pérdida de libertades, con la imposibilidad de expresarse libremente sobre todo en la discrepancia con ese discurso único.

Sin embargo hay que mirar el bosque y no quedarse con una o dos frases. La catalina sigue siendo de izquierda le pese a quien le pese. En su propia letra lo dejan entrever. Quizás no caen en el chiste fácil, en la crítica sencilla, o en la palabra directa, capaz te hacen pensar un poco más. Y para que la barra se quede tranquila y otros no exageren tanto, en un momento mencionan: “Fronteras que jamás voy a cruzar, maneras de vivir innegociables” (…) “Quiero estar en la mitad del mundo que se juega el cuero por el otro medio mundo”. También denuncian la exclusión y el desprecio de “la burguesía” por “el pobre”; por lo que toman una posición ideológica muy clara y desde allí realizan su crítica. Aunque muchos crean que esto no sea posible, quizás por haber abandonado esta costumbre.

Nos hablan del dogmatismo, de aferrarse a una idea como los dueños de esa verdad sin posibilidad de ser permeables a críticas, ni de escuchar otros argumentos o puntos de vista. Nos muestran un rechazo a que las etiquetas nos lleven al odio mismo. Porque somos capaces de odiar a la otra persona sólo por estar en las antípodas de nuestro pensamiento.

Yo me aferro a mis ideas pero no con hermetismo, no con una trinchera que me aleje de las personas. Siempre voy a ir incansablemente contra las ideas que creo que no construyen, pero no contra las personas que las llevan como banderas. Es que al final del día, si lo que quiero es generar cambios en algún sentido, ¿de qué sirve el ataque al que piensa distinto sino para alejarlo aún más de mis propias convicciones y hacer insalvables las diferencias?  ¿De qué sirve ser soldado de una idea o rebaño de la izquierda, si nos limitamos a pararnos en la vereda de en frente y nunca cruzamos la calle para ver si logramos hacernos entender por qué pensamos como pensamos? Debemos comprender al otro para ser mejores nosotros mismos y así hacer posibles los cambios. ¿O acaso todos nacimos con nuestra verdad impoluta? Debiéramos resistirnos a conformarnos con lo que somos, con nuestra forma de pensar y nunca dejar de trabajar sobre nuestras convicciones.

 

 

 

 

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