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¿A quién voto en el Frente Amplio?

¿A quién voto en el Frente Amplio?
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Se acercan las elecciones internas y comenzamos una compulsa en la interna de los partidos. ¿A quién vota de los precandidatos? ¿Por qué?

 

Mi voto por Óscar Andrade por Benjamin Nahoum

 

Hace diez años, en una ocasión similar, escribí lo siguiente en BRECHA (“Mi voto por José Mujica”, febrero 2009):

“Primero, una presentación. Desde 1971 y hasta 1989 voté exclusivamente al lema Frente Amplio, por el engorroso método de poner en el sobre dos listas de dos sub-lemas diferentes. (…). No sentía, en aquellos años, otra necesidad que la de expresar mi adhesión al Frente más allá de sus sectores. Y votar de esa manera era también una forma de hacer una opción por el movimiento, en lugar de hacerla por la coalición.

El Programa, por otra parte, era lo suficientemente claro y preciso, y la historia lo suficientemente determinante, para asegurarse que cualesquiera fueran los compañeros que tuvieran la responsabilidad de llevarlo adelante, el resultado sería semejante.

En 1994, luego de la primera experiencia de gobierno frenteamplista en la historia del país, de la que fui modesta parte durante dos años, sentí en cambio la necesidad de apoyar con mi voto a los compañeros y compañeras que a mi entender mejor interpretaban las ideas y los principios por los que veníamos luchando (…).

Es que, por aquella época, de caída del socialismo “real”, de globalización y de inéditas experiencias, muchas certezas de la izquierda se habían vuelto dudas y aparecían tendencias y corrientes, incluso al interior de los partidos de la izquierda histórica, que, en la necesaria búsqueda del aggiornamiento desdibujaban las propuestas y confundían el rumbo.

(Hoy) con muchas cosas hechas de las que nos sentimos orgullosos, pero también con otras no hechas que están en el debe, nos enfrentamos al desafío de elegir a la persona y al equipo que tendrán la misión, no de continuar los cambios, sino de profundizarlos (…).

Ese mandato tiene detrás un programa (…) (que) toma todo lo bueno que hizo el actual gobierno como plataforma de lanzamiento para ir más allá, sobre todo en aquellos aspectos en que sentimos que no se hizo lo suficiente. Y así debe ser, porque ésa es la condición histórica de la izquierda, y porque a este pueblo que hace sesenta años viene buscando el cambio, elección a elección, derrotando cada vez las alternativas continuistas, no podemos ofrecerle más de lo mismo, sino mejor de lo mismo.”

Ese razonamiento, que me llevó a apoyar hace diez años a José Mujica en vez de a Danilo Astori, y que para mí sigue siendo válido, me lleva hoy a apoyar a Óscar Andrade. No es una elección por descarte, sino por convencimiento, porque valoro y admiro la ductilidad del compañero Daniel Martínez, la firmeza de la compañera Carolina Cosse, la inteligencia del compañero Mario Bergara, pero valoro también, y fundamentalmente, la personalidad, la trayectoria y el conocimiento del “Boca” y veo en él la posibilidad más firme de reconstruir y consolidar el fuerte espacio de izquierda que el Frente necesita, y que he estado añorando desde hace quince años. Porque esta elección interna no sólo elige un candidato: define los espacios internos de poder en el Frente.

En 2009 terminaba mi nota diciendo que, además de la razón, el afecto me decía que “a este país increíble en el que nacimos, que le ganó un plebiscito a la dictadura, victoria que sólo pudo festejarse con un millón de sonrisas; que hizo la gesta del voto verde contra la impunidad, venciendo la presión y el miedo; a este país, sólo le falta, para transformarse definitivamente en milagro, elegir como presidente a este hombre libertario, que la dictadura tuvo doce años en un pozo por luchar por sus ideas y que salió de allí sólo para seguir peleando por ellas.” Eso ya lo hicimos. Hoy diría que le falta también poner como presidente, después de muchas décadas de doctores y empresarios, a una persona surgida de las entrañas de la clase trabajadora. Por todo eso, mi voto por el “Boca”.

 

Lo importante es el proyecto por Hugo Achugar

 

La pregunta es simple y mi respuesta también. Votaré en la interna del FA para demostrar que, más allá de algunas desprolijidades ocurridas en circunstancias puntuales; el proyecto de país que impulsa el FA es el único viable para lograr la equidad y continuar con nuevos cambios que hagan posible una sociedad más justa.

Voto por el FA porque el relato armado por la oposición sobre la inseguridad, la inclusión financiera y otros “cucos” alentados por aquellos que no quieren más justicia social, más Fonasa, más reparto igualitario no me convence. Porque los “falsos relatos” repetidos una y otra vez han generado un imaginario que no se corresponde con la realidad y con lo logrado en estos últimos tres gobiernos. Porque los avances en la agenda de derechos deben continuar y profundizarse.

Dado que desde hace muchos años soy un frentista “no sectorizado” es innecesario decir por cuál de los cuatro pondré mi voto en la urna. Lo importante es el proyecto, la unidad y el necesario consenso dentro de nuestra fuerza política, al modo de lo practicado por el General Liber Seregni.

 

Todos a votar, no quedarse en casa. La oposición viene trabajando desde hace mucho y nosotros no podemos seguir esperando para recorrer las calles y visitar a los vecinos.

 

 

 

 

¿VOTAR?  ¿A QUIENES?  ¿POR QUÉ? Por Isabel Viana

 

Parece darse por sentado que votaré en las próximas internas dentro del Frente Amplio y que lo haré por alguno de los candidatos proclamados. Se me solicita que lo fundamente.

No voy a votar en las internas, lo que deja contestadas las interrogantes planteadas. ¿Razones? No me convencen los partidos ni sus propuestas de más de lo mismo, en materia de candidatos y de propuesta de país futuro.

Muchos no votan en las internas. En las elecciones internas de 2014 sólo lo hizo el 37% de los 2.620.791 ciudadanos habilitados. Si restamos de esta cifra que el 11% de los que concurrieron a las urnas y votaron en blanco o anularon el voto, podemos concluir que alrededor del 75% del padrón electoral se abstuvo de optar. La cifra no causó alarma, se arguyó, para mantener la conciencia tranquila, que las elecciones no eran obligatorias.

Pueden distinguirse diferentes grupos entre los que votarán en junio.

En todos los partidos, hay adhesiones racionales y otras que se fundamentan en lo irracional, lo emotivo: fundan el sufragio en amor o miedo, fidelidad “debida” a antepasados o muertos por las causas, en relaciones de víncularidad interpersonal que se traducen en seguir a “caudillos”.

El primero de los grupos de votantes es el de aquellos que, plenos de racionalidad, evaluaron positivamente la gestión realizada por su partido, aprueban los programas y los candidatos.

Integran el segundo grupo los que adhieren a una opción desde la emoción, como quienes dicen “soy” de tal cuadro de futbol. No conciben no “ser” del partido de pertenencia, más allá de que discrepen con lo hecho, reconozcan errores y que no hayan leído ni la carátula del correspondiente programa presentado. Es una profesión de fe. No aceptan que se hayan torcido ruta, procedimientos o personas, ni que pueda haber opciones mejores. Abandonar la bandera se categoriza como haberse acomodado con otro de los grupos enfrentados en la lucha por el poder.

Hay un tercer grupo de votantes que es el de quienes están en desacuerdo con lo hecho, con sus resultados y con quienes han representado la fracción política. O que no están de acuerdo con los procedimientos empleados para elegir los pre-candidatos o con quienes fueron elegidos, pero que entienden que no puede haber candidatos fuera de las estructuras partidarias y deciden votar en las internas para sumar.

El más significativo sector ciudadano es la multitud de los que se sienten fuera de un sistema que no los representa, no los informa ni escucha, no propone ni discute con ellos acerca de los grandes problemas del presente o del mañana. Reitero, en las últimas elecciones internas, este grupo fue abrumadora mayoría. En él están los que dicen “no me interesa la política”, sin comprender que es la arena donde se está decidiendo su vida actual y futura. Parecen creer en el “sálvese quien pueda” del individualismo. También están los hartos, los desesperanzados.

La sociedad uruguaya avanza sensiblemente hacia una sociedad de outsiders. Hay quienes mantienen el compromiso y se movilizan en torno a graves temas específicos, con reivindicaciones particulares en cada caso: la educación, la minería de hierro, la basura desquiciada, los “ñoquis” multiplicados, el puerto de aguas profundas, la celulosa, los predios de la compañía del gas o las inconductas políticas. Pero se ha perdido (tras los múltiples y superpuestos velos de silencio que ocultan las decisiones clave de gobierno) el debate comprometido con la construcción de un futuro deseable.

En el ínterin se soportan crecientes aluviones de propaganda que venden a candidatos y partidos como si fueran hamburguesas o colchones de marca.

Hace ya muchos años, vibraba la consigna “ha nacido una esperanza”, marcando la ruptura de la encerrona del bipartidismo. Hoy se necesita un alumbramiento similar, para que se pueda volver a sentir pasión por la cosa pública. Precisamos de un buen pampero, que barra lo desechable y limpie el horizonte político para poder encarar, con verdades y sin tapujos, temas como el empleo, los cambios inexcusables en la educación o la transformación del estado-paquidermo que soportamos entre todos.

Más de lo mismo… conduce a lo mismo y ni siquiera con distinto collar.

 

 

El presidente que Uruguay merece por Andrés Copelmayer

 

Bergara es quien más y mejor representa el legado y la sensibilidad seregnista que el FA y Uruguay necesitan. En tiempos políticos violentos, con turbulencias económicas derivadas de la confrontación entre potencias; se requiere un liderazgo firme que trace rumbos claros para el futuro país que reúnan los más amplios consensos. Bergara es un político vocacional, fino estratega que sabe resolver los conflictos de coyuntura sin perder de vista la perspectiva futura. Construye su propuesta desde la mañana siguiente, y por eso es de los muy pocos que plantea públicamente que hay que generar debate, masa crítica y políticas de estado articuladas para resolver 3 desafíos profundamente inter vinculados: trabajo, seguridad social y educación. Sin equipos que lideren un cambio de paradigmas educativos, difícilmente tengamos población con capacidades de inserción al nuevo mundo laboral, que logre a largo plazo modificar la ecuación negativa entre activos y pasivos.

Bergara también destaca por su postura respecto a la defensa de la institucionalidad democrática y republicana, atacando de frente y sin ambigüedades sus mayores males. Por eso practica y proclama: “ser inflexibles con la corrupción y los desvíos éticos, más aún cuando se producen en nuestras propias filas.”  Y va más lejos aún que los demás precandidatos de todos los partidos, postulando que debería ser norma que, ante cualquier cuestionamiento de esta naturaleza, el o los involucrados, con o sin actuación judicial, deberían presentarse espontáneamente a la Jutep y al tribunal de ética partidaria correspondiente. Lo propone como un acto de transparencia que beneficia al cuestionado, también a la fuerza política a la que representa y ayuda a recomponer el vínculo de confianza entre la ciudadanía y la política, progresiva y sistemáticamente corroído durante los últimos 20 años.

Bergara, como lo hacía Seregni, asume el costo político de sus actos defendiendo posturas contra corriente o supuestamente impopulares. Cuando el miedo al miedo multiplica a los pregoneros de la militarización de las calles, e instan a la gente a armarse hasta los dientes frente a la delincuencia; Bergara defiende una política global de desarme ciudadano acompañada de represión e intervenciones interministeriales integrales en los barrios vulnerables tomados por los narcos. Lo funda en la indelegable función del estado de brindar seguridad a los ciudadanos da cifras contundentes: casi el 85 % de los asesinatos intrafamiliares, por desavenencias callejeras de momento y suicidios se producen con armas de fuego. La estrategia territorial de los narcos, con complicidad y falta de controles varios, ha generado un mercado negro de armas de fuego que duplica a las que están legalmente registradas.

Mario Bergara defiende los logros del gobierno, pero aporta una nueva mirada. No se queda en señalar los pendientes ni se casa con el eslogan vacío de dar comienzo a la segunda generación de reformas estructurales del FA. Por el contrario, insiste con elocuencia que se necesita un nuevo FA para un nuevo Uruguay. Por tanto, aun manteniendo los principios y valores fundacionales del FA, propone un cambio radical en el diagnóstico sobre cuales son hoy los principales retos del país. Para él hay que rediseñar todas las políticas públicas, transversalizarlas, haciendo foco en la población más vulnerable al impacto de los cambios tecnológicos, para evitar mayor fragmentación social intra e intergeneracional. Ello sólo se logrará consensuando política y socialmente una nueva agenda de prioridades con eje en la educación, las cadenas productivas y el mundo del trabajo.

Bergara tuvo el coraje de lanzar su pre candidatura sin el apoyo de ningún gran sector del FA, por su convencimiento de que la fuerza política necesita renovación de liderazgos, nuevas modalidades de acceso a la participación ciudadana, y un proceso de toma de decisiones que trascienda los acuerdos cupulares, y respete y valore la opinión del frenteamplista de a pie. Su lema: “Un frenteamplista un voto” es disruptivo del status quo dirigencial actual.

Aun siendo dialoguista y un negociador nato, no acepta el vale todo y marca claramente los límites de lo negociable. La democracia y la república se defienden siempre bajo cualquier circunstancia. No transa con quienes aún conspiran a favor de la impunidad, de la doctrina de la seguridad nacional, de la sistemática violación de los derechos humanos durante la dictadura, y del tóxico pacto de silencio para no buscar y encontrar a los desaparecidos tal como lo establece el Art. 4º de la ley de caducidad.

Lo que por humildad y pudor nunca le vas a escuchar decir a Bergara, es que, por convicción frenteamplista, rechazó innumerables propuestas de trabajo privadas e internacionales para dedicarse a la política y al servicio público. Que durante 14 años fue pieza clave en el equipo económico que en 2009 superó con éxito la mayor crisis global de la historia del capitalismo, deteniendo la inflación y valorizando el peso, lo que, junto a otras medidas, sacó a de la pobreza a miles de uruguayos. Tampoco le van a oír decir que renunció a su cargo de carrera ganado por concurso para hacer campaña como pre candidato presidencial del FA; y que practica y respeta la equidad de género también en casa. Contra todas las recomendaciones de los expertos en comunicación política, mantiene a rajatable el pacto ético con su compañera, la exitosa periodista Blanca Rodriguez, de respetar la autonomía y desarrollo de sus respectivas carreras profesionales, siendo rigurosísimos en no tener apariciones públicas conjuntas para evitar cualquier tipo de suspicacia mal intencionada.

Ganando o no la interna, votar a Mario Bergara es un voto útil para generar una nueva corriente frenteamplista independiente que reivindique al FA como coalición y movimiento. Movimiento que impulse vencer el miedo a perder el confort del poder, para volver a ser la fuerza de izquierda constructora del futuro, la que se renueva para estar a la altura de los nuevos desafíos de un mundo convulso que expulsa y requiere redefinir rumbos con creatividad y responsabilidad.

Muchos queridos compañeros y compañeras me  dicen que prefieren a #Bergara Presidente como candidato del FA pero que no lo votarán porque creen que su voto será más útil si votan en contra de, o favor de tal o cual aunque no los convenza, para incidir más en puja macro entre grandes sectores. Incluso hay quienes estarían dispuestos a votar a Sartori para afectar a L.Pou.

Recordar que, en las internas de 1982, en plena dictadura con Seregni preso y el FA proscrito, una gran cantidad de dirigentes del FA convocaron a votar a los sectores más progresistas de los partidos tradicionales por la misma razón. El General desde la cárcel se mantuvo firme y con cartas y casetes convocó a votar en blanco. Esos 85.000 votos en blanco que festejamos con sábanas en 18 de julio, salvaron al FA del naufragio político. Sepamos cumplir. Un frenteamplista un voto, a quien quieran, pero por convicción.

Se rompió el molde de los liderazgos por Roberto Elissalde

Una parte de tradición, de la inercia del Frente Amplio se está rompiendo, se rompió para siempre. Hay oportunidades de cambio.

Puede ser que el “vazquismo” mantenga algo de fuerza, que Mujica y Astori sean electos senadores, pero lo que no va a existir más es el taburete de tres patas que ha llevado a nuestra fuerza política a conseguir tres gobiernos nacionales al hilo, con mayoría parlamentaria. La propia fuerza política, con su estructura y su programa único son garantía de continuidad, pero las voces de Óscar Andrade, Mario Bergara, Carolina Cosse y Daniel Martínez serán oídas de otra manera. Que existan cuatro “sensibilidades” o formas de llevar adelante políticas de izquierda parece razonable (no así los casi 40 grupos y grupúsculos que”existen” en el FA).

Elegir a uno de entre ellos puede no ser fácil: la fidelidad interna de muchos sectores se vio resentida porque algunos militantes (muchos, tal vez muchísimos) no comparten las decisiones de sus directivas, mesas o comités centrales y han arrancado con sus historias en la espalda para ver si pueden influir en el futuro de otra manera. Casi todos los partidos y organizaciones han visto como esos militantes se alejan, temporal o definitivamente, para fortalecer una candidatura que les permite creer y crear más. El debilitamiento de las organizaciones no es bueno, pero la recuperación del entusiasmo creador, el sentimiento de estar edificando pilares nuevos para la casa frenteamplista es sin dudas un capital positivo para todos.

Mario Bergara arrancó solo y de atrás. Ninguno de los grandes partidos de la izquierda lo apoya y apenas tres o cuatro pequeños colectivos nuevos se han creado para fortalecer su campaña. ¿Qué ventajas puede ofrecer esto? Depende de los objetivos de cada uno.

Si alguien se propone, como Mario Bergara, poner a la democracia como una de las tres aristas de la convivencia (las otras son los derechos y los deberes de los ciudadanos), no tener compromisos con el status quo (o incluso con las inercias) que impiden perfeccionar la democracia en el país y en el FA puede ser una ventaja.

Bergara no tiene tampoco una estructura de cuadros rentados que deba mantenerse trabajando y que quiera ser cuidadosa de los pasos políticos a dar. Él puede hablar de la necesaria reforma de la Caja Militar, de la ineficiencia de algunas políticas desarrolladas en nuestros gobiernos por nosotros mismos o de la inconveniencia de usar los trabajos en el Estado para sostener la actividad partidaria porque no tiene compromisos que lo aten a una barra o a un elenco estable.

Hay que saber fortalecer las oportunidades. Para mí, la candidatura de Bergara permite generar cambios en el Frente Amplio y en el país que para otros compañeros o compañeras serían más difíciles. Una gran votación de su precandidatura podría propiciar cambios en la estructura interna del FA, en la forma de encarar el armado de los futuros elencos de gobierno, en la forma de relacionarnos con los militantes que ocupan cargos de gobierno, en la seriedad con la que deben evaluarse (y eventualmente cambiarse) las políticas que han creado nuestros propios gobiernos.

Por su compromiso, su formación, su experiencia y su decisión de cambio en el cambio, Mario Bergara representa una oportunidad para el Frente Amplio y para el país. Hay que aprovechar el momento.

Seguro, Mario Bergara por Eduardo Vaz

La coincidencia del ciclo electoral con la salida de los 3 líderes actuales, abre un desafío mayor a la izquierda democrática y una enorme oportunidad.

No alcanza más de lo mismo en ningún sentido. Ni el país tiene los problemas de 2005, ni el mundo tiene la dinámica de aquellos años ni la región es progresista. Tampoco el FA, sin la virginidad de la fuerza siempre opositora, es el mismo.

Las 4 candidaturas en el FA son suerte y mérito. Habla de riqueza y diversidad. Los referentes populares no se inventan ni se compran, surgen de luchas y experiencias.

Mario aparece como el gran candidato de la renovación. ¿Por qué?

independencia: sin los grandes líderes ni sectores fuertes del FA atrás, pero respetado por todos, retomando la tradición de Seregni o Crottogini, surge como la figura capaz de superar barreras sectarias y el voto “anti”.

– formación: altísima en materia económica, reconocida dentro y fuera de fronteras, por seguidores y adversarios. Y sigue vigente la famosa frase “¡es la economía, estúpido!” que dejó la campaña de Clinton.

experiencia: 14 años en el equipo económico, viceministro y ministro de economía y presidente del BCU, le han dado un conocimiento profundo del país.

aportes: en la práctica, al frente del BCU con notables éxitos en los objetivos planteados de estabilidad, control inflacionario, manejo de la moneda y regulación del sistema bancario, que son ejemplo en toda América. Conceptualmente, sus dos libros sobre las Reglas de Juego en Uruguay con colaboradores, antes del FA y luego de los cambios operados, son un valioso material para entender el proceso de cambios institucionales seguido.

gestión: la transformación del BCU en una de las dos instituciones públicas en obtener el certificado de calidad total de sus procesos (LSQA) así como el de InMujeres del MIDES por no discriminación de género, hablan de una gestión avanzada y son parte de la reforma real del estado.

creación: la URSEC lo tuvo, en el gobierno de Batlle y con aval de Seregni, como el principal de un área estratégica, la regulación de las comunicaciones.

militante: desde la adolescencia en dictadura peleando contra el examen de ingreso a la Universidad, su incorporación a la generación 83 en aquella marea incontenible de movimiento popular, su pasaje por la UJC hasta el 90, la incorporación al trabajo con Seregni en el Centro 1815 hasta la muerte del General, su contribución a las Redes Frenteamplistas y su rol en los tres gobiernos, dan cuenta de un frenteamplista cabal.

– seregnismo: hoy todas y todos lo somos, ¡enhorabuena! De Mario se puede certificar que lo fue siempre, especialmente en las horas difíciles, cuando se llegó a dejar de lado e insultar al General.

Con él hizo el “doctorado” en ciencias políticas y su título es haber sido el discípulo predilecto, como pueden atestiguar quienes realmente rodearon a Seregni y Lilí hasta el final.

Aprendió su ética y coraje, su artiguismo esencial, la visión estratégica y fundada de la política, el priorizar el país, luego el partido y, muy atrás, si mismo, el compromiso unitario y la búsqueda empecinada de entendimientos, su diálogo respetuoso con todos los sectores y dirigentes incluyendo a la oposición y, siempre, el compromiso popular.

Lo mostró al lanzar su candidatura poniendo, muy alto, el tema de la ética cuando el FA demoraba el caso Sendic. Renunció, lo hizo no solo a la presidencia del BCU que era obligatorio, sino a ser funcionario cosa que había logrado por concurso en los años 90. Ha sido un servidor público y no se ha servido de lo público ni para enriquecerse ni para hacer campaña electoral.

 

  • profundidad: Sus planteos sobre todos los temas han sido argumentados, sin eludir ninguno, y poniendo algunos ejes que nadie quiere abordar como FFAA o seguridad social. Centró los problemas principales con claridad: Trabajo, Seguridad, Educación y Fragmentación con una visión multidimensional.

 

  • autocrítica: en aspectos importantes como seguridad pública o educación o UPM2 pero sin pasarse al oportunismo del “yo no tuve nada que ver” sino siendo parte de la cosa.

 

  • firmeza: su denuncia encendida de Manini o de la actitud vergonzosa de los senadores opositores al no destituir a los generales cómplices, hablan de su compromiso con la Verdad, la Justicia, la Memoria y la Reparación, y su fidelidad democrática y republicana.

 

¿Nos animaremos los frenteamplistas a dar este salto cualitativo en la renovación del FA y su propuesta electoral?

 

El Frente precisa a Bergara por Héctor Musto

 

Voy a intentar resumir las razones de mi apoyo a Mario, sin entrar en polémicas con los otros tres candidatos. Bergara, en mi opinión, surge de lo más profundo y entrañable del FA. Tengo en cuenta su historia. Desde sus épocas de militante clandestino de la UJC, hasta ser uno de los cuadros de confianza de Seregni (¡nada menos!) en el Centro de Estudios Estratégicos 1815 y transformarse en su referente para temas económicos. Tiene una gran experiencia de gobierno, que arranca, por pedido de Jorge Batlle y con la anuencia de Seregni, como director de la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicaciones entre 2001 y 2005, subsecretario de Economía y Finanzas, Ministro de Economía, Presidente del Banco Central, cargos ocupados hasta hace poco en los gobiernos del FA. O sea, fue uno de los cuadros decisivos para la exitosa política económica del Frente Amplio. Y cumplió con estas tareas “sensibles” siendo hoy un político de 54 años. O sea, pasó más de un tercio de su vida como un cuadro crucial para el Estado, hasta por encima de Partidos. Sumo su formación profesional, que va desde sus títulos de Contador y Economista en nuestra Universidad, hasta su Maestría y Doctorado obtenido nada menos que en la Universidad de Berkeley: un cuadro de primera que siempre se movió desde una perspectiva progresista, Seregnista, de izquierda. Representa, por lo tanto, no solamente la continuidad en una de las políticas más exitosas del FA (la económica), sino que además es joven, y sintetiza lo que el FA precisa: recambio generacional en los cuadros de dirección, solvencia técnica, experiencia política de muchos años, y, por si fuera poco, Seregnista. Claro, Seregnistas somos todos en el FA, pero una cosa es definirnos como tales, y otra es haber sido elegido por el General. No muchos tienen ese galardón.

Finalizo con dos reflexiones que me parece importantes. De acuerdo a las encuestas no parece hoy que Mario pueda ganar la interna. Cierto. Existe una polaridad dominante en el FA que lleva a que la interna sea entre Martínez y Cosse. Y en esa, Mario pierde. Es probable. Sobre todo, porque cuenta con muy poco apoyo de grupos orgánicos del FA. Pero claro, esa “debilidad” es dialécticamente una fortaleza, ya que implica también que no tiene compromisos con ninguna orgánica. De ganar, no le deberá nada a ningún grupo “grande”. Y eso le da un valor agregado: no está atado a ninguna orgánica. Y además, no agotamos la política en junio. Queremos que se proyecte hacia octubre como Senador. Y que su lista tenga una buena representación parlamentaria. Para colaborar con el 4to gobierno del FA teniendo siempre, como guía, a Seregni. Por eso apoyo y milito con todo por el compañero Mario Bergara.

Votaré a Daniel Martínez por José Pedro Rodríguez

Creo que es la mejor opción para lograr un cuarto gobierno del FA y dar continuidad al trabajo de los gobiernos anteriores. Creo en  su capacidad, su conocimiento, experiencia y su potencial electoral.
Lograr el cuarto gobierno exige trabajo, organización y el abordaje de temas fundamentales, después de tres gobiernos del Frente Amplio hay que seguir adelante corrigiendo los errores cometidos, comenzando a hacer las cosas que no hemos podido realizar aún y pensando en nuevas transformaciones, es una agenda muy importante, dando participación fundamentalmente a jóvenes y mujeres. Martínez ya demostró en la Intendencia de Montevideo, estar capacitado para dirigir y armar equipos. Aprecio la calidad de los otros precandidatos, pero creo que, además, Martínez va a aportar al equilibrio a la interna del Frente Amplio.

Mi candidato es Seregni por Por Jorge Pasculli

 

Quiero al Frente Amplio. Es parte de mi vida. Y la de muchos otros que la remaron desde mediados del siglo XX para forjar un instrumento político que agrupara a aquellos que queríamos luchar por una sociedad más justa. Costó décadas unirse. Costó décadas llegar al gobierno. Sin duda, ya no se puede pensar en el Uruguay sin el FA como una fuerza protagonista desde su creación. Más allá del legítimo sentimiento que muchos podamos tener, más allá de lo sacrificado del pasado, la pregunta es: ¿sigue vigente? ¿Sigue siendo necesario?  La realidad parece decir que sí.  En todo caso “es lo que hay…”. No todo ha sido tan bueno, no todo ha sido tan malo. ¿Hay algo notoriamente mejor?

“APELIGRAMOS GANAR…”

Razones y sinrazones para descontentos siempre hay y habrá.

Más allá del balance sobre estos quince años, ¿el FA tiene candidato, hay propuestas para estos 5 años, hay sectores fuertes y activos, hay militancia entusiasta y laboriosa como para pedirle de nuevo el voto a la gente? Se empezó a construir esta etapa. No hemos terminado una y al mismo tiempo hay que prepararse para lo que viene en pocos meses. Sin los grandes líderes al frente. Con un parlamento dividido. Pero si la ciudadanía nos pone al gobierno nuevamente por algo será. Porque “la sensación térmica” que se ha volcado contra el FA ha sido muy fuerte. Los dos últimos años parecen ser la “sensación térmica” preponderante donde centra la oposición su mayor fuerte.  “Seguridad y empleo”, dicen varios. “Empleo y seguridad”, dicen otros. Como si tuvieran la varita mágica para dos complejas situaciones que atormentan a cada ciudadano, a toda la región y a gran parte del mundo. Nadie toma en cuenta los quince años. Nadie recuerda las frases atemorizantes del 2004: “si gana el FA…” Ni el país se fundió a los 3 meses, ni se llevaron los niños a Rusia…Se hizo mucho. Leyes y cosas que no se hubieran hecho sin el FA en el gobierno. Tampoco se puede negar que hubo errores o desviaciones. Pero nada que ya no hubiera pasado en gobiernos blancos y colorados a pesar de todo su historial en el poder. ¿Estamos en condiciones

de encarar un nuevo gobierno en esta nueva situación política, económica y social? Sí, lo estaremos. Por corazón, ideas, compromiso, responsabilidad, como lo ha demostrado en su vida, con aciertos y haciéndose cargo de sus errores. Queda mucho por hacer. En el país y en el FA. Toque donde toque.

Mi “candidato” de y para toda la vida es el Gral. Líber Seregni. Por su conducción clara y esperanzadora hacia la unión de todos los frenteamplistas en la construcción de una sociedad más justa y democrática. Por su conducción clara y esperanzadora hacia “la unión de todos los orientales honestos”, voten a quien voten.

Martínez puede llevar al Frente a un nuevo gobierno por Pablo Anzalone

 

El 30 de junio voy a votar al Frente Amplio. Ya conocemos lo que es la derecha en el gobierno. Lo sufrimos en nuestro país antes de 2005 con décadas de gobiernos blanquicolorados. Lo vemos hoy en la región. No queremos para Uruguay el desastre económico de Macri ni su aumento de la pobreza. Menos aún gente como Bolsonaro y sus políticas racistas, violentistas, antifeministas y su subordinación vergonzosa a Estados Unidos. Nos duele América Latina y queremos que Uruguay avance mucho más en justicia social y democratización.

Soy crítico y autocrítico de estos 15 años de gobierno. Y también estoy orgulloso de los derechos que se han conquistado, que han sido muchos durante estos años.  Ambas cosas van juntas. Las visiones autocomplacientes no son buenas ni tampoco “tirar el niño con el agua”. Siento que debemos seguir rebelándonos contra la injusticia y por la libertad. Sabiendo que es paso a paso, valorando y defendiendo cada avance. Luchando por utopías que nos ayuden a caminar, como decía Galeano.

Octubre y noviembre serán elecciones reñidas. Creo que Daniel Martínez es quien puede llevar al Frente Amplio a un nuevo gobierno en esta situación compleja, con esta ofensiva reaccionaria. Por eso lo apoyo. Lo conocí cuando era un dirigente sindical muy querido por los trabajadores de Ancap en tiempos de formación del PIT CNT a la salida de la dictadura. Eso también importa.  Andrade, Bergara y Cosse están aportando mucho y bien para la campaña frentista y respeto todas las opciones en junio. En nuestra opinión, este junio no es la dilucidación de correlaciones de fuerza dentro del FA sino un paso hacia octubre.  La izquierda uruguaya tiene el gran desafío de renovarse, afirmar su unidad, aprender de los errores propios y latinoamericanos, para defender los derechos alcanzados y profundizarlos, abatiendo las desigualdades que subsisten. ¿Alguien de izquierda puede resignarse a tener 17% de los niños y jóvenes en condición de pobreza? No hablamos solo de ingresos en hogares sino de derechos. ¿Podemos aceptar una sociedad con violencia de género y generaciones? No son tareas solo de un gobierno, cualquiera sea, sino también de múltiples actores, movimientos sociales, culturales, comunitarios. Y también fuerzas políticas. La política no puede quedar recluida en el gobierno y sus instituciones. Se precisa una sociedad movilizada y en eso nos falta mucho. Este gigantesco 20 de mayo, conmovedor, es una demostración de que hay cosas que nos mueven. Los 8 de marzo multitudinarios, las marchas de la diversidad, son ejemplos de ello.

Estuvimos en la formación de Casagrande y hemos visto a Constanza y las compañeras y compañeros dar muchas batallas que importan. En causas vinculadas a los Derechos Humanos, a desigualdades de género y generaciones, en temas de convivencia y seguridad, ambientales, militares y en muchos otros. Por estas razones sumaremos como independientes en la lista 3311. Por estas razones votaremos al Frente Amplio.

ES CON DANIEL por Leonel Groisman

Sobre cómo llegamos a Junio

Creo que el sentimiento de todos los frenteamplistas es unánime: el Plenario nos la ha puesto difícil. Con una visión amplia y generosa, aquel Plenario doloroso (tal vez el más doloroso que recordemos los frenteamplistas), dio a luz un escenario nuevo.

Quedaron atrás decisiones difíciles en las que no todos coincidimos. Decisiones que tenían que ver con nuestra esencia frenteamplista, y que nos habían estancado hasta lo inimaginable.

Emergieron de allí, cuatro candidatos. Cuatro candidatos con perfiles distintos, con improntas distintas. Candidatos que seducen segmentos distintos y que, parecen cubrir todo el espectro de frenteamplistas.

Llegamos a junio con UN solo programa, hijo de una larga etapa de elaboración al frente de la cual estuvo el entrañable compañero Ricardo Erlich. Y ese programa, tiene cuatro formas de priorizar sus temas, cuatro formas de enfocarlos, de llevarlo adelante. Eso son nuestros candidatos. Aquí no hay nadie ofreciendo 100.000 puestos de trabajo. Aquí hay dos largos años de elaboración y evaluación por medio de profesionales, de aprobación por las bases y los sectores; acá hay un programa responsable para gobernar, con cuatro estilos, improntas, priorizaciones,  y visiones. Por eso es con el Frente Amplio (hoy infinitamente menos amplio que el espectro opositor, claramente).

 

¿Por qué Daniel?

Nada de lo que se diga acá es en desmedro de ninguna de sus tres alternativas. Si se trata de representación, sólo los frenteamplistas podemos decir que nos sentimos representados por TODOS nuestros candidatos. No se trata de eso, sino de características individuales que hacen que pensemos que uno, mejor que otro puede interpretar mejor lo que todos aprobamos.

Y en ese sentido, la principal característica de Daniel es el ser un experto en tender puentes. Desde el principio de su mandato en la Intendencia de Montevideo, cuando parecía que no tenía los votos para aprobar el barco insigna de su gestión, allá tejió tan bien, y tan en silencio, que un día estuvieron los votos y no dio el tiempo ni para debatirse. Consiguió sin esas mayorías especiales, aprobar su proyecto, con la misma simpleza que si las hubiese tenido.

Según las empresas encuestadoras, al día de hoy, es poco probable que tengamos esa mayoría de la que hemos gozado hasta hoy. Si eso fuese así (todavía falta mucho, y me temo que votaremos mucho mejor de lo que esas encuestadoras dicen), Daniel ha demostrado tener la capacidad, y fundamentalmente la disposición, para tejer las alianzas necesarias para avanzar en nuestro Programa de gobierno. Sin estridencias y con su bajo perfil característico, Daniel ha sabido hacerlo maravillosamente. Es un dialogador nato, desde aquellos tiempos en que hilvanaba (en plena crisis interna), la unidad del movimiento sindical uruguayo. “El Pelado”, como se lo conoce habitualmente, escucha y dialoga, no porque tenga que hacerlo, sino porque es su forma de ser (salvo que hablemos de su Defensor, claro está, porque una cosa es el mundo racional y otro el mundo de las pasiones).

Los ciclos económicos tienen sus fluctuaciones, y al próximo gobierno le tocará administrar en un ciclo bajo. Agravan la situación, las profundas crisis de nuestros vecinos. Y si bien es cierto que en años anteriores el Frente Amplio ha sabido manejar en forma espectacular los ciclos de crisis mundial (especialmente la del 2008 de la que la mayoría de los uruguayos no sabe ni que existió), es posible que el nuevo escenario sea aún más difícil. Ni la Argentina parece tener una salida fácil, ni el Brasil caminando hacia el abismo. Y de este último habría que agregar entre otras cosas, su visión anti MERCOSUR que mucho daño le hace a nuestra economía.

Y si todo esto es cierto, el próximo Presidente necesitará tener un gobierno administrativamente impecable.  Y en ese sentido, Daniel ha demostrado saber manejar un plan de austeridad institucional, que llevó a la Intendencia de Montevideo a pasar de un déficit casi suicida, a un superávit que permitió devolver impuestos a los montevideanos. Allí hay experiencia concreta y logros demostrables. No necesita prometer nada. Va a hacer en el país, lo que ya hizo en Montevideo.

A esta altura, el Frente Amplio, para su próximo gobierno, necesitará una profunda renovación generacional. Aquellos viejos dirigentes que nos trajeron hasta acá, cumplieron su rol histórico. Es hora de dejar gobernar a la juventud, también en los mandos medios. Habrá que saber armar equipos, conjugar la dosis justa de experiencia política y audacia juvenil.

Y eso es exactamente lo que ha hecho Daniel al frente de la Intendencia de Montevideo: un gabinete joven, audaz, ejecutivo y planificador con la precisión de un Ingeniero (y no es casualidad). Daniel no es que vaya a poner jóvenes porque hay que hacer renovación generacional. Daniel cree en los jóvenes. Y eso es ampliamente mejor y diferente a lo conocido. En su gabinete no hubo personalismos, ni cabezas que quisieran resaltar. Los montevideanos podemos hablar de una gestión que tuvo al frente a Daniel Martínez, pero pocos podemos nombrar más de tres integrantes de su gabinete. Su fuerza no fueron las individualidades, sino esa extraordinaria capacidad que siempre ha mostrado Daniel Martínez en el armado (y sobre todo en el funcionamiento), de sus equipos de trabajo. Y un dato no menor: sin hacer alarde de lo que hacía, ha hecho una gestión paritaria, en la que varones y mujeres han actuado a la par y codo a codo. Esa es también otra demostración de su capacidad de armar equipos.

Ese es Daniel, un líder nato, de bajo perfil, y sin estridencias. Un liderazgo que no pierde altitud por llevar termo y mate, y que no usa la bicicleta sólo para la campaña electoral, sino como deporte habitual de su día a día. Es un líder moderno que no necesita vestirse distinto (pero que lo hace si la ocasión lo amerita), ni alzar la voz, ni mostrar con elementos simbólicos su liderazgo. En él es algo natural. Es su esencia. También por eso es con Daniel.

Y un buen líder necesita un buen relevo. En la Intendencia de Montevideo, Daniel Martínez lo ha confiado en Christian Di Candia.

Joven, audaz, con un liderazgo muy parecido en sus características, ha hecho que casi no se haya sentido el cambio. Así que sí es con Daniel, pero también es con Magnolia, la lista del joven Intendente de Montevideo en el que Daniel confía.

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