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Agricultura industrial y Uruguay natural por Ariel Asuaga

Agricultura industrial y Uruguay natural por Ariel Asuaga
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Cuando critico la agricultura industrial siento sensación de estar a destiempo. Puedo tener razón, pero no puedo hacer nada para detenerla. Es como un auto sin freno que avanza hacia un precipicio, pero que no se puede parar. Este tipo de agricultura consiste en la producción masiva de algunos cultivos bajo modelos intensivos que requieren fertilizantes, herbicidas, insecticidas, fungicidas y a veces se riegan. Para la agricultura industrial la tierra es un factor de producción y el objetivo de su explotación es la rentabilidad.  Con frecuencia los agricultores se atribuyen el papel de alimentar a la humanidad, lo cual es cierto, pero la razón de su actividad es ganar plata. Es el dinero y no la necesidad, quien asigna los recursos.

En Uruguay no conozco estudios que cuantifiquen cuánta energía se obtiene y cuánta se necesita para producir. Los investigadores de la prestigiosa Universidad de Cornell, (EUA), Pimentel y Pimentel, calculan que la relación para un maíz que rinda 8.000 kg/ha es de 2,8:1, es decir que por cada unidad de energía que se invierte, se obtienen 2,8 en el grano. En la energía invertida se incluyen la contenida en la maquinaria, los combustibles, los agroquímicos, los fertilizantes, las semillas, el transporte, el secado, etc. Los principales costos energéticos son: maquinaria, nitrógeno, riego, herbicidas, secado y combustibles. Cuando luego se produce etanol a partir del maíz, es probable que la relación sea negativa, es decir que se obtenga menos energía que la que se invierte en obtenerla.

Tampoco conozco estudios uruguayos que cuantifiquen los costos ambientales. Estos autores calculan un costo ambiental de U$S 300/ha para ese cultivo de maíz, lo cual incluye pérdidas de fertilizantes, erosión y daños por pesticidas. La agricultura y todas las actividades contaminantes deberían internalizar estos costos con el concepto de que sea quien contamina quien los pague. El problema es que si se agregan, la actividad puede no ser rentable.

En su trabajo, Pimentel y Pimentel proponen medidas para hacer más sostenible este tipo de producción. Por ejemplo: reducir el uso de insumos, reducir la erosión y el escurrimiento, seleccionar los cultivos y las rotaciones, asociar a la ganadería, aumentar el rendimiento. Generalmente sabemos lo que debemos hacer, pero la realidad económica impone lo que se puede hacer, a veces de manera perversa.

En el mundo, más de un tercio de la tierra cultivable se destina a producir alimentos para animales. La segunda ley de la termodinámica es implacable y en cada paso que damos dejamos energía en el camino. La agricultura industrial es fuertemente dependiente de los combustibles fósiles. ¿Es posible pensar en un uso del suelo más eficiente desde un punto de vista humano? No solamente es posible, sino que es necesario. Hoy está de moda la comida vegetariana o vegana. Los principios de las personas siempre son dignos de respeto, pero también es necesario ser racionales. En el mundo existe una gran superficie de pasturas que no permiten el cultivo, pero sí la ganadería. En ellas se convierte pasto, que no podemos comer, en proteínas de alta calidad, que sí podemos comer. Además estas pasturas conservan el suelo, protegen a la vida silvestre, mantienen el paisaje y capturan carbono. Si dejáramos de consumir carne y leche estaríamos aumentando notablemente la presión sobre las tierras agrícolas y aumentaríamos la deforestación en procura de más tierra cultivable. ¿Cuántos agroquímicos y fertilizantes se necesitaría aplicar para alimentar a la humanidad excluyendo a la ganadería? No podemos destinar tanta tierra a la alimentación de animales, ni tampoco es sensato no utilizarlos como fuente de alimento.

En Uruguay contamos con más de 10 millones de hectáreas de campo natural donde se desarrolla gran parte de la ganadería. Disponer de esta superficie es uno de los pilares que sostienen al Uruguay Natural. Tenemos un tesoro que debemos conservar y trasladar intacto a las generaciones que vienen. Esta superficie funciona con la energía del sol y prácticamente no requiere combustibles fósiles. La ganadería sobre campo natural es una actividad absolutamente sostenible, que además brinda servicios ecosistémicos imprescindibles.

Una idea clave es que hoy podemos hacer muchas cosas porque el petróleo provee la energía necesaria. Los combustibles fósiles, no solamente son responsables de gran parte del efecto invernadero, sino que se agotan. Las consecuencias de la agricultura industrial son marcadamente negativas y se impone trabajar para un tipo sostenible de agricultura pensada en términos humanos y ecológicos.

Posiblemente este artículo sea considerado tibio por algunos e ingenuo por otros. La intención es no polarizar las opiniones, de modo que podamos pensar juntos imaginando un mundo para todos.

Pimentel,D. y Pimentel,M. 2001. El uso de la energía en la agricultura. Leisa Magazine, Vol.21, Nº1.

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