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“Aguante el teatro”

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III edición del Festival Teatro para el Fin del Mundo de Montevideo

“Aguante el teatro, porque gracias al teatro salimos” afirmaba uno de los integrantes del elenco de la obra El día después el pasado jueves 9 de noviembre. La función de la obra, escrita y protagonizada por personas privadas de libertad, abría la segunda fecha de la tercera edición del Festival Teatro para el Fin del Mundo (TFM) de Montevideo. Luego del intercambio con la platea actuaron Kung-Fu Ombijam junto a parte de la banda de rock Toke y Salga, todos artistas integrantes de la Usina Cultural Matices, compuesta por presos de la cárcel de Punta de Rieles. Más allá de la innecesaria violencia de la custodia policial que condujo a los integrantes de la Usina desde la cárcel al Espacio Cultural Barradas, la experiencia fue muy poderosa. Entre el público de ese día había muchos actores, directores y creadores teatrales (de Uruguay, Argentina, Brasil y México) que explotaron en aplausos y elogios al finalizar la función. “Son buenísimos” se escuchaba decir a la coordinadora del TFM en Uruguay Susana Souto, mientras Ángel Hernández, director del TFM en México, afirmaba: “Ojalá en México hubiera actores con la mitad de esta potencia”.

Frontera y Periferia

Como hemos narrado en varios artículos previos, el TFM surge en el año 2012 en la ciudad de Tampico, estado de Tamaulipas, México. Y surge por la necesidad de reapropiarse de espacios abandonados a causa de la violencia que protagonizan tanto las bandas de narcotraficantes como el estado mexicano. Al decir de Ángel Hernández: “el teatro tiene de fondo una capacidad muy poderosa de hablar sobre el contexto social que está viviendo cada uno de los países donde es instalado (…) A nosotros fue la única alternativa que nos dejaron, hablar por medio del teatro sobre la realidad violenta de nuestro país”. De esa forma se desarrolló un programa de intervención en espacios abandonados con el objetivo de: “consolidar un circuito de intercambio escénico entre países latinoamericanos para la generación de un programa continuo de intervenciones en espacios condicionados por estado de abandono”.

En Montevideo el TFM tiene su primer festival en el 2015, siendo la del 2017 la tercera edición. Ha transcurrido desde el origen en los barrios del Cerro y La Teja, siendo esta la primera vez que cruzan el Miguelete, desde la periferia al centro. Justamente la consigna del festival de este año fue Frontera y Periferia, lo que nos lleva al borde que delimita el adentro y el afuera. El eje conceptual trasciende los espacios geográficos, como se afirmaba en el dossier del festival: “Nos centraremos en esos tránsitos  que nos hacen pensar y re pensar en nuestras identidades asumidas, que nos colocan frente al otro (…) Parece que más que nunca podemos elegir quienes somos casi como seleccionando productos de moda en las góndolas de algún supermercado (…) TFM Uruguay en su III edición pretende intervenir desde el límite: nuestros límites como personas, artistas y uruguayos que recibimos a otros, que también transitamos espacios de otros tan parecidos y sin embargo…distintos (…) Pondremos en cuerpo, a través de nuestras prácticas escénicas, el concepto de frontera,  los tránsitos, las mutaciones y las salidas de nuestras zonas de confort”.

 “Que otros sean lo Normal”

La tercera edición del festival comenzó el miércoles 8 de noviembre en el Centro Cultural Florencio Sánchez y en el espacio semi abandonado del Cerro conocido como La Planchada. Actuaron ese día la compositora española Queyi y las bandas locales Boom Boom Plan e Ian Go y Los Dirties. El teatro el miércoles estuvo a cargo del espectáculo Cuerpo en estado de sitio, de Argentina.

El jueves 9 se instaló la muestra fotográfica Mala Madre y luego, como decíamos antes, fue el turno de la obra El día después. El pensar el concepto de borde e intentar trascenderlo a partir de la práctica artística estuvo particularmente presente el jueves. Por un lado los presos de Punta de Rieles “representan” discursos de una sociedad que los estigmatiza y discrimina. Hacen el esfuerzo, teatro mediante, de entender las razones de parte de la sociedad que desearía no verlos, y logran, mediante ese ejercicio, que los espectadores hagan el camino inverso, desde la zona de confort el público ve a quien no quiere ver. Las acusaciones no importan, sí el encuentro, el salirse del lugar de los “dedos acusadores”. Por otro lado ese mismo jueves cerró la fecha la actriz, poeta y cantante argentina Susy Shock. Susy, quien se ha presentado como “artista trans sudaca”, habla de reivindicar la diferencia, pero no bajo los cánones de la tolerancia posmoderna light y conservadora, sino desde el basural que esa tolerancia deja al costado. Susy habla desde el mismo lugar que hablaba Néstor Perlongher, no desde el lugar de los artistas gays que dirigen compañía de ballets estatales. Prefiere la palabra “puto” a la palabra “gay”, porque de la palabra puto, afirma, la burguesía se aleja. Nada mejor que el poema manifiesto Yo monstruo mío para graficar esta postura: “…Yo, pobre mortal/ equidistante de todo/ yo D.N.I: 20.598.061/ yo primer hijo de la madre que después fui (…) Yo, perra en celo de mi sueño rojo/ Yo, reivindico mi derecho a ser un monstruo/ ni varón ni mujer/ ni XXI ni H2o/ (…) Poeta de la barbarie/ con el humus de mi cantar/ con el arco iris de mi cantar/ con mi aleteo/ Reivindico mi derecho a ser un monstruo/ que otros sean lo Normal”

Viva la sociedad alternativa

El festival volvió el viernes 10 al ex parador del Cerro donde Kalibán Teatro de Uruguay presentó Los restos de Hernández, mientras que desde Brasil llegó el espectáculo de danza ¿Hay violencia en el silencio? Ese día el vínculo con los habitantes del espacio en ruinas, niños del asentamiento que rodea al parador mayormente, fue otro de los protagonistas de los espectáculos. Los límites entre el “artista” y el “público” también son borroneados en las prácticas escénicas del TFM.

El sábado el “circuito de intercambio escénico entre países latinoamericanos” funcionó en su sentido más amplio. El colectivo Alter Ego de Uruguay montó una instalación en La Planchada en que el nylon transparente atrapó en su red una multitud de signos culturales vinculados a los habitantes habituales de ese espacio (gorros con visera, camisetas de fútbol, o crocs entre otros objetos). Luego llegó el turno de Historias comunes de anónimos viajantes, portadores, desde México, de historias de sueños que traspasan las posibilidades de la realidad. Desde Córdoba, Argentina, llegó Sensación Cuarteto, un potente espectáculo unipersonal en que la actriz Daniela Enet, bajo la dirección de Guillermo Baldo, cuenta historias de mujeres vinculadas de diferente forma al universo de la movida cordobesa del cuarteto. Una vez más Baldo demostró su enorme capacidad de adaptar sus propuestas a los espacios seleccionados. El sábado otro grupo de artistas cordobeses montó la obra Padre fragmentado dentro de una bolsa, del mexicano Ángel Hernández. El intercambio entre colectivos artísticos de diferentes puntos de Latinoamericana se conjugó para contar una historia del narcotráfico contada desde un lugar que deja poco espacio a la inocencia.

El domingo fue el cierre, desde México llegó al ex parador del Cerro Sin Ítaca, que puso en primer plano la situación de los cientos de miles de migrantes indocumentados que pierden poco a poco la noción de su lugar, de su identidad, de sí mismos. Luego la intervención sonora (muy noise) de Chino-Fryslab dio paso, ya en el anfiteatro del Cerro, a las escalas del rock blues de Rústica. Por último, y con el fondo de las luces de Montevideo, Tabaré Rivero al frente de su banda cedía la posta a las nuevas generaciones para construir un arte que salga de la lógica de las góndolas. El estribillo de Contracrisis de La Tabaré nunca fue más acertado. “Viva la sociedad alternativa” cantaban banda y público para cerrar la tercera edición del TFM en Uruguay. Solo agradecer a sus hacedores.

Leonardo Flamia

Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga.
Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.