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Al ataque Por Jorge Pasculli

Al ataque     Por Jorge Pasculli
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“El día que me caliente, salgo a correrla yo”, sentencia El Sabalero en su canción “La muerte”. Ha llegado esa hora. Mis 66 con 50 años de fumador no me permiten estar en una olla popular como quisiera. Es dura la impotencia. Es duro darse cuenta que el mundo que les va a quedar a hijos y nietos está lleno de incertidumbres y tu mayor aporte es quedarte encerrado y tratar de no joder a los demás… Es duro llegar a veterano y ver como en una situación como esta la mayoría de los viejos queda todavía más a la intemperie. Injusto, pero no es culpa del coronavirus, en todo caso. Como tampoco es su culpa que hayamos sido fumadores. Como tampoco es su culpa la pobreza, la indigencia, la miseria en la que están sumergidos millones de personas en el mundo y por las cuales desde hace mucho tiempo vienen muriendo decenas de miles por día sin que nadie se despeine. Aunque las diferencias económicas siguen pesando, hoy nadie está a salvo. Y esto sí ha sembrado el pánico colectivo.  Todo está en juego, todo está en revisión. Por supuesto que hay que cuidarse y cuidar a los demás. Pero la salud no sólo es cuidarse físicamente. Nuestra salud es también anímica y psicológica. Si rajamos de la muerte seguro la huesuda nos alcanza. Hay que trancar fuerte y pasar al ataque.

¿Cómo? “Calentándonos”. Rescatando el valor de nuestra propia vida y de la humanidad, en plena incertidumbre. Sentir agradecimiento por la vida que hemos acometido con lo que tuvimos a mano. Sentir con energía, esperanza y convicción que al final del túnel una luz nos espera. Y que hacia esa luz caminaremos si el amor y la conciencia nos iluminan, en vez de que sea el miedo inconsciente el que nos domine. Al ataque es negarse a correr. Es pararse, compartir con los demás por los medios a nuestro alcance. Comunicarse de alma a alma, sacarnos las vergüenzas y pudores y apoyarnos compartiendo. Como fue la inyección contagia vida de los artistas el domingo y la respuesta de los demás colaborando en la colecta. O los que están al pie del cañón en las ollas. Ayudarnos de la manera que podamos. Así es la muerte la que se asusta de nosotros. Así salimos a correrla nosotros. Unidos. Dispuestos a dar lo mejor de nosotros para salir todos adelante.

Usemos aún más a los medios. Para los viejos, para los niños, para todos, la televisión es una herramienta impresionante. Para difundir informaciones necesarias, pero también para compartir todo lo bueno por lo que seguir luchando. Vernos, escucharnos, apoyarnos, ayudarnos. Eso junta corazones. Calienta el alma. Combate el aislamiento psicológico y afectivo que de eso también se muere. Alimenta, contagia y da sentido al esfuerzo personal de cada uno. Este para mi es el principal énfasis que siento que debemos asumir hoy como sociedad de una forma más decidida a través de los medios de comunicación: acá estamos, luchando juntos, aprendiendo, día a día, a ser mejores seres humanos.

En cuanto a lo demás, seguimos siendo unos privilegiados en relación a otros países. Pero eso es el fruto del esfuerzo y de la responsabilidad de este gobierno, de los anteriores, y de las personas en general. Pero no alcanza. Hay que extremar esfuerzos y hacerlo unidos, con fuerza. No hay recetas milagrosas y la incertidumbre vino con ganas de quedarse. Nos espera un arduo y paciente camino. Pero como cantaban los adolescentes de Agárrate Catalina en el 2004: “Todavía es nuestro el tiempo que nos queda”.

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