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Al maestro, siempre por Nelson Di Maggio

Al maestro, siempre por Nelson Di Maggio
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La semana pasada la muerte sorprendió durmiendo a Hermenegildo Menchi Sábat, único modo de silenciarlo. Numerosos obituarios coincidieron en recordar al personaje entrañable y querible, generoso e irascible, intolerante con los poderosos, incluso en los medios de comunicación.

Heredó la capacidad de dibujar de su abuelo, la elegancia en el comportamiento social y la mirada irónica sobre sus semejantes. Pintor, dibujante, periodista, fotógrafo, escritor con numerosos libros publicados, Sábat fue un caricaturista excepcional. Empezó a los 16 años y lo ejercitó hasta los 85 años, al morir. Lo fundamental en su vida consistió en defender la libertad de expresión en cualquier época y en cualquier sistema, democrático o dictatorial. Ciudadano de dos orillas —de madre argentina—, tuvo el coraje de asumir situaciones de alto riesgo de su propia vida sentenciado por los militares golpistas de turno, así como se enfrentó a Jacobo Timerman, director del diario La Opinión, al no ceder a sugerencias sobre sus imágenes. Su libertad de crear era absoluta, como pocos caricaturistas del mundo, sin ceder ni un ápice a posibles encomiendas. No fue tarea fácil publicar todos los días, editorializar sin palabras y mantener el pulso lineal captador de notabilidades de la música, el cine o el teatro, o seres abyectos y corruptos, empresarios y gobernantes. Nadie le fue ajeno a su crítica certera e implacable.

Merodeó la pintura de todos los tiempos y aceptó las benévolas influencias de Munch, Toulouse-Lautrec, Bacon, la Escuela de Nueva York, los expresionistas alemanes, Cuevas y especial atención hacia Dubuffet, subversivo en varios aspectos, que supo asimilar dejando rastros en variedad de telas. Así como entre los dibujantes aparecen los caricaturistas satíricos ingleses del siglo xviii, estadounidenses de siglo xx, entre los franceses, Daumier y el inevitable Goya. Curiosamente esos artistas desaparecen en el registro de las caricaturas diarias de Sábat, porque los medios de comunicación contemporáneos obedecen a otro estatuto de creación: la inmediatez de la publicación. Lo formidable de Sábat fue mantener la dinámica inventiva día a día, con una visión perforadora de cada rostro, concentrada en un aspecto parcial, en apenas un trazo enérgico que define y desnuda la condición del retratado con espontánea e imparable libertad de registro. Son obras únicas, surgidas de un intenso acto de reflexión para después construir la imagen con líneas casi sin cuerpo material, limpias de sombras que admiten el rayado continuo como sucede en Al troesma con cariño (1971), referido a Carlos Gardel.

Músico y fotógrafo, dejó testimonio de sus preferencias en varios libros: Yo Bix, Tú Bix, por Bix Beiderbecke (1972); Dogor (1979), sobre Aníbal Troilo; Monsieur Lautrec (1980); Georges dear (1999), por Borges; El pájaro murió de risa (2007), por Charlie Parker; Anónimo transparente (2007), por Fernando Pessoa; Que no se entere Piazzola (2008), entre otros. Denunció el terrorismo militar en la serie pictórica Desaparecido (1983). Riguroso analista político, artista integrado a la cultura de su tiempo, Sábat hizo de la libertad su modo de vivir.

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