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Algo que no tiene nombre

Algo que no tiene nombre
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“Macbeth: Siniestras, torvas, misteriosas brujas, negros fantasmas de la medianoche, ¿qué estais tramando?

Brujas: Algo que no tiene nombre”

Seguramente la traducción del diálogo entre las brujas y Macbeth no sea la más exacta, pero captura esa capacidad de comunicar algo que está más allá de la comprensión humana, que solo se puede experimentar, mas no comunicar. Esta idea atraviesa la obra de Shakespeare, ya el espectro del rey le dice a su hijo en Hamlet: “De no estarme prohibido descubrir los secretos de mi prisión, podría hacerte un relato cuya más insignificante palabra horrorizaría tu alma, helaría tu sangre joven (…) Pero estos misterios de la eternidad no son para oídos de carne y sangre”

Hay algo que trasciende el entendimiento humano, siniestro, que vertebra parte de los textos de Shakespeare. Pero si uno vincula lo siniestro con la estructura familiar es inevitable recordar el ensayo sobre lo siniestro de Freud. En ese artículo el fundador del psicoanálisis habla del “unheimlich” de “lo extraño inquietante” o “lo siniestro” como algo que debía haber quedado oculto, pero sin embargo se ha manifestado. Unheimlich es el antónimo de heimlich, una palabra que refiere a lo que es familiar, pero también oculto. Así, heimlich tiene acepciones que se vinculan a unheimlich, lo familiar, lo íntimo se vincula en una misma categoría con lo que debe permanecer oculto. Así llegamos a que siniestro es algo que se manifiesta cuando debió permanecer oculto, dejando entrever el otro lado de lo amable, de lo familiar. Si bien Freud hace una separación entre los espectros explícitos que pueblan Macbeth y Hamlet de lo siniestro como lo percibe en las obras de E.T.A. Hoffmann, no deja de tener un rol relevante en Shakespeare la mención, de forma oblicua, de lo que debe estar oculto, de lo que “no tiene nombre”.

Lo que debía permanecer oculto pero emerge casi casualmente, intercalado entre recuerdos familiares, es central en el trabajo Casi sin pedir permiso de Leonor Courtoisie. Lo siniestro cotidiano es tan fuerte que incluso se establece un pacto con el espectador para que fuera de la vivencia en sí no se hable de lo que sucede allí. Lo innombrable debe seguir así, solo se puede experimentar, mas no narrar.

Casi sin pedir permiso se presenta como un documental teatral, y así lo experimentamos, como un documental sobre una serie familiar que ha habitado una misma casona, repleta de objetos que delatan el paso del tiempo, para unir desde épocas señoriales hasta un presente en que las sillas piden “sentarse con cuidado” porque en cualquier momento se pueden quebrar. En la serie familiar, que se ramifica por continentes y hemisferios, las ausencias a veces son más protagónicas que las presencias. Hay una suerte de “parálisis” que afecta a algunos integrantes de la familia, mientras la muerte, como en muchas casonas de este tipo, parece ser una habitante más. Courtoisie plantea un juego en que los límites entre el “documento” y la “ficción” se pulverizan, en donde la “actuación” casi no es identificable, y potencia así, para el espectador, la vivencia de lo siniestro, de lo oculto que emerge en lo cotidiano.

En el mismo ensayo sobre lo siniestro Freud afirma que si “el poeta aparenta situarse en el terreno de la realidad común (…) adopta entonces todas las condiciones que en la vida real rigen la aparición de lo siniestro (…) nos engaña al prometernos la realidad vulgar, para salirse luego de ella. Reaccionamos ante sus ficciones como lo haríamos frente a nuestras propias vivencias; una vez que nos damos cuenta de la  mixtificación, ya es demasiado tarde, pues el poeta ha logrado su objeto”. La propuesta de  Courtoisie parece ir en esta dirección, el tema es que el engaño nunca se aclara, los límites nunca se reconfiguran. Sobre los hechos de sangre que se mencionan al pasar no hay certezas, aunque sí sabemos que en esa casa parece haber un objeto en que se cristalizan algunas pulsiones, un objeto a extirpar, logrando quizá de esa forma que un ciclo de deterioro se detenga. Esa promesa justamente difiere nuestras certezas, no nos permite terminar de entender los límites y lo siniestro dentro del juego permanece aún cuando abandonamos la casa con el compromiso de no hablar de lo que escuchamos. Es un recurso que también menciona Freud, el “dejarnos en suspenso, durante largo tiempo, respecto a cuáles son las convenciones que rigen en el mundo por él (en este caso ella) adoptado; o bien en esquivar hasta el fin, con arte y astucia, una explicación decisiva al respecto. Pero, en todo caso, cúmplese aquí la circunstancia anotada de que la ficción crea nuevas posibilidades de lo siniestro, que no pueden existir en la vida real”

Lo teatral, hablando aquí de cuerpos que conviven en un mismo espacio, potencia las intuiciones de Freud sobre lo siniestro en lo literario. La casa está repleta de signos, materiales y virtuales, que se linkean unos a otros para configurar una historia que toma contornos siniestros shakesperianos, algo que se explicita ya desde el comienzo. El propio ciclo de la vida, con la muerte invernal y la resurrección primaveral,  que como celebración da comienzo a la tradición teatral occidental es retomada en Casi sin pedir permiso de forma explícita, simbolizada en las hojas de otoño que prometen reverdecer en primavera. Uno no esconde nada aquí cuando habla de un pacto para no hablar, ni de una estrategia que difiere la aclaración respecto a cuales son las convenciones que rigen el mundo creado por Courtoisie, esa es la experiencia que se propone. Para experimentarla hay que escribir a laseriefamiliar@gmail.com, desde donde se les indicará la dirección y el día que pueden asistir. La participación es limitada y quedan pocas funciones, no se la pierdan.

Casi sin pedir permiso, de Leonor Courtoisie. Con Leonor y Sebastián Courtoisie Macaneschii y Sandra Macaneschii. Por funciones escribir a laseriefamiliar@gmail.com o a 099487078.

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Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.