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Alimentando a la derecha

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¿Entendería la generación que hoy tiene entre 40 y 50 años de qué estamos hablando cuando los argumentos se relacionan con el socialismo real, con países que ya no existen como tales, y que fueron decisivos en su momento? ¿Cuántos entenderían la lógica de la Guerra Fría si la URSS no sólo ya no es motivo de conversaciones diarias, sino que ni siquiera existe. Tampoco tiene vigencia el Pacto de Varsovia, ni la unión económica llamada “CAME”. Dejemos de lado a los politólogos, a los nuevos historiadores y a las élites partidarias que sí tienen la obligación y la necesidad de informarse; pensemos en la militancia llana, que adhiere porque comparte los argumentos, el discurso, y la fe en sus dirigentes.

Con el siglo XX desaparecieron muchas cosas. Por ejemplo, desapareció del discurso de la izquierda la Dictadura del Proletariado, como eje estratégico. El Partido Comunista de la Unión Soviética fue el motor excluyente de la vida soviética, como hoy lo es el de China, y toda su política interior, así como el filtro ideológico para hacer sus alianzas internacionales, pasaron por la Dictadura del Proletariado. Pero mientras el Partido Comunista de China ha dado un silencioso giro en torno a sus definiciones ideológicas, el PCUS se hundió en su propio fracaso, acusando a la CIA de haber creado la glasnost y la perestroika, y demonizando a su líder más visible: Mijaíl Gorbachov, que, para decirlo sintéticamente, quería más o menos lo mismo que querían los dirigentes checos de la llamada Primavera de Praga. Los chinos comprendieron con mucho más claridad el agotamiento del modelo socialista, y la trampa en que el discurso los había metido.

Si nombramos a Checoslovaquia estamos hablando de un fósil. Un país que existió sólo durante 74 años, como producto del final de una guerra, y desapareció amistosamente, para volver atrás, y así salvar la identidad étnica y cultural de Bohemia y Moldavia, unidos a la fuerza tras el hundimiento del imperio austro-húngaro, en 1918.

Checoslovaquia era uno de los tantos países que había quedado bajo la zona de influencia soviética al finalizar la Segunda Guerra Mundial, ejerciendo su predominio local a través del Partido Comunista, que gobernó apoyándose en un frente de partidos minoritarios, pero más por la cercanía soviética

La Unión Soviética ya había dejado en claro cuáles serían las reglas del juego entre los países del Este al invadir Hungría, en 1956, como respuesta a salirse del Pacto de Varsovia, una decisión que fue acompañada por la inmensa mayoría de la población húngara. Trece años más tarde, Checoslovaquia proponía un modelo de socialismo diferente, al que bautizaron: “Socialismo con rostro humano”.

Para los jóvenes uruguayos que nacieron después de 1968, puede resultar difícil comprender las diferencias entre lo que querían los checos y el socialismo a secas. Así como se ha pretendido vender la idea de que hay una única versión de izquierda ante cualquier circunstancia de la vida, también ha predominado, como socialismo, aquella interpretación leninista de que es imprescindible monopolizar el poder del Estado para edificar una sociedad sin clases. Los checos no renegaban del socialismo, pero discrepaban rotundamente con los soviéticos. El Socialismo con Rostro Humano implicaba libertad de prensa, autorización a la formación de partidos políticos y derecho de huelga. ¿Ese camino era contraproducente para el socialismo? ¿Qué diría un uruguayo de izquierdas, nacido después del 68, ante la desaparición de esos derechos en la vida cotidiana?

Si los partidos comunistas latinoamericanos y la dirección política del gobierno cubano se hubiesen opuesto firmemente a la invasión de Checoslovaquia, ¿qué hubiese hecho la URSS? ¿La URSS y el resto de los países del Pacto de Varsovia no se lo hubiera pensando mejor antes de invadir a un país que sólo planteaba otro socialismo, como el que planteó Gorbachov, algunos años más tarde?

Pero el tiempo pasó, y la historia del siglo XX dejó en claro lo que en aquel momento parecía no estarlo para quienes apoyaron, en 1968, la sangrienta invasión a Checoslovaquia. Hoy la izquierda regional vuelve a estar frente a otro dilema ético. La evidencia de que el régimen chavista poco tiene que ver con el socialismo aparece por distintos lados, y sin que resulte muy convincente, una minoría de la izquierda del FA  arrastra a la coalición de gobierno a sostener una posición ambigua, un día que sí, otro día que no. Esa minoría, en los hechos, vuelve a proteger a quienes usurparon su discurso y se coloca del lado de los poderosos. Seguramente la imagen de Maduro les dé tanta risa como a quienes lo detestan pero igual aceptan su ineptitud, hasta su insanía mental, creyendo que es un mal menor frente al imperialismo. Siempre el mismo comodín.

Al parecer un grupo de notorios frenteamplistas quieren dar la batalla dentro de la coalición, para lo cual está haciendo circular un documento en el que se enumeran las violaciones a la Constitución, el uso desmedido de la fuerza ante la ciudadanía, y donde se caracteriza al régimen de Maduro como una dictadura. Tiene algún pasaje discutible, como que el gobierno actual de Venezuela emanó de elecciones “avaladas por organismos internacionales”, o que la oposición ha apostado por la desestabilización antidemocrática y el ejercicio de la violencia. La MUD presentó ante gobiernos y organismos internacionales, las evidencias de que hubo fraude en las últimas elecciones presidenciales del 14 de abril de 2013, y la institucionalidad internacional le dio la espalda a la oposición venezolana. Por otra parte, lo que hay en Venezuela hoy es un acto continuo de desobediencia civil ante el desconocimiento del Parlamento por parte del gobierno de Maduro. Un Parlamento, cabe recordar, que surgió de elecciones organizadas por el propio régimen, y que la oposición ganó por amplísimo margen.

Pero el documento que está circulando para provocar la reflexión entre la militancia frenteamplista apela a tomar en cuenta que la defensa a ultranza de un régimen dictatorial, aunque mantenga un discurso de izquierda, es ajeno a los principios progresistas. Y señala algo claro como el agua: “La defensa del autoritarismo de Maduro es funcional al juego de la derecha conservadora y autoritaria en todas partes.”

No se pude adherir a cualquier cosa que suene parecido al discurso de la izquierda y no señalar el plagio. Hay un fuerte abandono moral cuando se pretende utilizar la figura del imperialismo para cualquier cosa. Aquí el único aliado del imperialismo parece ser el gobierno venezolano que mientras hace una jugosa donación de medio millón de dólares para la fiesta de inauguración del gobierno Trump, se disfraza como el paladín del antiimperialismo.

Bienvenido el debate dentro de la izquierda, y que haya gente que se reivindica como tal sin dejarse arriar con el poncho por temor a que lo escrachen. Justamente, cuando se abandona el camino de la ética en algún momento se comienza a dejar por el camino a la propia militancia, que tarde o temprano verá pocas diferencias entre sus dirigentes y los otros, y dejarán de creer en el progreso moral de la política. No hay derecho, los uruguayos merecen un mejor destino.