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Almagro y Zapatero por José Manuel Quijano

Almagro y Zapatero por José Manuel Quijano
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Desde que asumió el cargo de Secretario de la OEA Luis Almagro se empeñó en la defensa de los derechos humanos y  la democracia en la región.  En verdad, nadie esperaba que un  burócrata de un organismo regional  comprometiera tanta  energía  en esa tarea. Quien  le había precedido – como tanto otros antes – hacia lo posible por evitar pronunciamientos y esquivar responsabilidades.

El choque de Almagro con las autoridades venezolanas fue cada vez más estridente y a medida que el desastre bolivariano – que en sus aspectos político, económico y social  es solo atribuible a Chavez y su heredero –  se hacía más evidente, el clima interno se enrarecía y la resistencia popular aumentaba, el Secretario de la OEA fue consecuente con los más débiles y afectados. Maduro fue aumentando el tono de sus insultos y amenazas y, por fin,  eliminó de hecho la Asamblea Nacional electa (la sustituyó por un grupo de amigotes), trucó elecciones y desató una letal represión, como queda en evidencia según un informe de setiembre de Amnistía Internacional. Caminó hacia la dictadura, y llegó a ella, siempre anunciando que  quería el dialogo con los opositores.

En el ámbito internacional el más tenaz opositor  al dictador  Nicolás Maduro fue Almagro. Fácil le hubiera resultado hacer fintas o mirar para otro lado. No lo  hizo y  denunció en reiteradas ocasiones lo que ocurría en Venezuela; llamó a reuniones de los representantes de los países miembros para tratar el caso;  convocó a expertos e impulsó la redacción de un documento que  ha sido la base de la presentación ante el Tribunal Penal Internacional. La imagen  del dictador Maduro  en el mundo se la debe a sus decisiones antidemocráticas,  a sus gritos,  sus insultos y amenazas, a sus gazapos con el idioma castellano y sus pruebas de  ignorancia. Pero en alguna medida se la deba, también, al Secretario de la OEA y su marcación constantes de los desvíos bolivarianos hacia la dictadura.

Y entonces Almagro visitó la frontera colombo venezolana y, quizá al calor de las circunstancias, dijo que no se debe descartar ninguna medida para contribuir a la caída de la dictadura, incluida la incursión armada. Almagro cometió – con esas palabras infelices y apresuradas – un error grueso. No le corresponde al Secretario de la OEA  hacer anuncio semejante y menos cuando los países que integran el sistema ya habían dicho ( y la mayoría de ellos volvió a decir después del exabrupto) que rechazaban esa medida. Desde entonces, negó lo que había dicho,  se amparó en que lo  malinterpretaban y  recurrió a los insultos personales. Trato a quienes lo cuestionaron, de imbéciles.

Varios entraron en la escena a castigarlo. Lugar de destaque correspondió  al español José Luis Rodriguez Zapatero quien desde  que se  empezó a desbarrancar  la  revolución bolivariana, oficia supuestamente de mediador.  La mediación del  exjefe del gobierno español reviste características muy curiosas.  Cuando la oposición venezolana juntaba firmas – contra reloj porque había plazos perentorios – para convocar a un revocatorio del presidente (previsto en la constitución), apareció Zapatero a mediar. Se supo que él creía un desatino convocar a un revocatorio (prueba  palpable de su parcialidad como árbitro) y contribuyó en lo que pudo a que los plazos  de convocatoria caducaran mientras el mediaba.

Cuando la situación entre gobierno y oposición se ponía ríspida el gobierno recurría a  la mediación y aparecía otra vez Zapatero. En una ocasión el opositor Capriles hizo saber- con toda razón- que no confiaba  en el español y  que él no concurriría a una mediación con ese árbitro.  Un árbitro cuestionado por alguna de las partes, si tiene un mínimo de decencia, se repliega. Pero  Zapatero no.  Aprovecho para declarar que si Capriles lo rechazaba,  a él correspondía convencerlo de que lo aceptara. Ahí siguió, entonces, tan campante. Y ahora llega la última entrada en escena de este sorprendente personaje.

¿Por qué razón millones de venezolanos  huyen de su patria  y tratan de radicar en  otro país de América Latina? Según Zapatero por las medidas de castigo  que ha aplicado EEUU al régimen madurista. Las medidas de Trump han sido de dos tipos:  las que castigan , con nombre y apellido, a personajes del régimen acusados de enriquecimiento ilícito y narcotráfico y  las que impiden o limitan operaciones financieras con la moneda y las instituciones bancarias de EEUU. Son estas últimas (adoptadas después que Maduro y Goldman Sachs acordaron  una  refinanciación  parcial de deuda con garantía de pago para esos papeles, los únicos que están cobrando intereses) las que agravaron, muy probablemente, una situación que ya era insostenible.

Con un poco de buena fe – un atributo del cual Zapatero parece carecer – no se puede sostener que  el derrumbe debe atribuirse a  esas medidas. No solo porque ese es el triste juego al cual se apega el régimen  sino, además, porque no contribuye en nada a analizar con seriedad por que se ha llegado a esa hecatombe y  como salir de la desgracia venezolana.  El retorno de Luis Almagro al equilibrio que exige su cargo (sin perder por cierto la energía y la voluntad de denuncia) y la evaporación   del mediador José Luis Rodriguez Zapatero (que en la mejor suposición es simplemente un torpe que cree, como Maduro, en los cinco puntos cardinales) podrían contribuir  a crispar menos los ánimos.

 

 

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