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Amir Hamed, escritor: Cuanto más ignorante seas, más fácil es esclavizarte

Amir Hamed, escritor:  Cuanto más ignorante seas,  más fácil es esclavizarte
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Lo veníamos leyendo desde hace tiempo en la página web Interruptor y nos pareció una entrevista interesante. Acepto de entrada nuestra propuesta, aunque luego de las dos horas de charla nos reconoció que se había sorprendido gratamente por nuestra llamada porque en general dice cosas que no quieren ser escuchadas. Es ácido, incisivo, se mete con todo el mundo y dice lo que piensa. Vale la pena leerlo, te deja pensando.

POR Jorge Lauro y Alfredo García / fotos Rodrigo López

¿Cómo era tu familia?

Tengo un hermano menor. Mi madre era maestra. Mi viejo terminó de  canciller de Paraguay. Era músico, era el cantante en una banda que era muy famosa en la década de 1950, Amerindia. Alejandro Franco, lo hacía con el apellido de la madre. Cantaba muy bien, verdaderamente. Después lo agarró el pan arabismo y se fue para Egipto a estudiar árabe.

¿Era de origen egipcio?

No, sirio. Agarró a Nasser y al furor panarabista. Mis primeros recuerdos son de El Cairo, lo he escrito en alguna novela. Cuando tenía tres años arrancamos para allá. Después él trabajó en la embajada de Egipto, y después lo echaron cuando cambió la relación con Israel. Era la dictadura acá y se fue a Paraguay y se quedó allá de ahí en más. En los últimos años volvió a la diplomacia, había sido embajador en Beirut, y después estuvo un rato de canciller en el gobierno supuestamente progresista de Lugo.

Vos te quedaste en Uruguay.

No quise ir a Paraguay. Me quedé, de adolescente, viviendo solo con mi hermano por un tiempo. Estudié en Humanidades y me recibí, y después me fui a estudiar a Estados Unidos. Hice un doctorado en Literatura Hispanoamericana y Teoría.

La dictadura te la comiste toda acá.

Sí, sí, soy un hijo de la dictadura. Entré al liceo en dictadura y egresé de Humanidades en 1984. Ahora: la educación era mucho mejor que la actual.

¿Aún en dictadura, en Humanidades?

De Humanidades no quiero hablar. Pero en Secundaria, sin duda.

Generalmente se le atribuye el deterioro o el origen…

No, no. Te puedo decir que amigos míos y yo estudiamos en dictadura y nos dicen que somos unos sabelotodos. Yo doy clase y veo lo que salen sabiendo los estudiantes que entran en la Universidad: no hay comparación. Tenés que estar preguntándoles si saben quién fue Montesquieu y quién fue Napoleón. Estuve muchos años sin dar clase, y tengo otros amigos que son docentes y me cuentan. Me acuerdo en una clase de preguntar por Napoleón y que una alumna levantara la mano y dijera que le parecía que estaba vinculado con María Antonieta porque había visto la película de Sofía Coppola. Eso es lo que quieren tapar hoy. Y perdón: trabajo en una universidad privada, por lo tanto se supone que esos estudiantes son los que el sistema dice que son privilegiados. No me quiero imaginar los otros.

¿Es atribuible a falencias de la educación institucionalizada o estamos viendo a jóvenes que llegan vacíos desde sus casas?

Eso no lo puedo saber. Lo que es evidente es que el sistema no funciona. El sistema se debería adaptar para tratar de encontrar dónde está el déficit. Se puede hablar de un montón de cosas, de que la familia está desintegrada y de que no tienen con quien hablar, pero bueno, el centro educativo es un centro disciplinario, y lo fue siempre. En términos distintos, la educación es como el ejército: un centro de disciplinamiento. Evidentemente lo que no funciona es el disciplinamiento, en este caso la disciplina en saberes. No es correcto atribuirle la culpa a la dictadura. Lo que empeoró fueron los profesores, no los programas y el sistema. Los militares mayormente no se metieron con eso. Como yo soy una especie de hijo de la dictadura tuve algunos profesores horrendos en la Facultad de Humanidades, y otros no tan malos, pero había un sistema, y entonces vos no tenías más remedio que aprender un poco de latín, un poco de griego. Nos íbamos auto educando, nos pasábamos libros. Pero había un régimen que de alguna forma estaba orientado hacia algo. Terminabas sabiendo algo, a pesar de haber tenido docentes calamitosos. Claro, la dictadura es una situación —como dirían algunos— de emergencia: es un momento del que vas a salir. Entonces se cantaban loas de los profesores que estaban proscriptos. Después volvieron esos profesores, y había un cierto punto de mitología en el asunto. Como se dice en inglés, estaban totalmente overrated, sobrevalorados. Nunca fueron tan buenos. La Facultad de Humanidades se fundó en 1948 y casi no producía investigación. En setenta años. Más que una facultad parece un prontuario. Si te ponés a rascar y a ver la producción en investigación en setenta años de la Facultad de Humanidades, básicamente no hay nada. Hay varios puntos mitológicos. Esa acusación de todo a los militares… No los podés acusar de la falta de investigación.

Se les atribuyen muchos de los males.

Y sobre todo por parte de quienes no lo vivieron. No es que estuve del otro lado: fue una cosa horrenda y mi familia se disgregó; en mi casa se escondía gente para salir del país, por la investidura que tenía mi padre en la embajada, y un día venías de jugar al fútbol y te los encontrabas escondidos ahí. De la misma forma que yo me caracterizo por decir cosas que la gente no quiere escuchar —por lo visto—, no sé ustedes pero cualquiera que haya vivido la dictadura sabe que mucha gente la apoyaba. No es cierto que se hizo “contra el pueblo”. No hay ninguna dictadura que dure doce años si no tiene un apoyo en algún lado. Cuando rompió la tablita y cuando quisieron cambiar la Constitución, bueno, ahí la población dijo: tu bienvenida está durando demasiado. Y pasó lo que pasó.

Sí, encontrabas gente que estaba a favor.

La mayoría. Era la mayoría. Esa era la realidad. Acá nos especializamos en mentirnos, y en mentirnos con respecto a ese período. Como escritor a veces toco esos momentos, porque son parte de la vida, y también lo hace Gustavo Espinosa, que es mi amigo de toda la vida: fue horrible, horripilante, lo pasamos y lo vivimos, y no nos pasó lo que nos pasó a otros, como se ve en la novela de Gustavo, que tenía a todas las primas adentro. Todos conocemos historias. Estaban, te perseguían y te vigilaban cuando eras estudiante. Tuve la suerte de que no me agarraran, como agarraron a compañeros míos. Buena parte del país estaba dispuesta a fumarse eso, a mirar para el costado. Eso no se dice.

El país de la cola de paja.

Estábamos todos instruidos para no hablar, para no disentir. Había un montón de cosas que no se podían decir. Lo otro que tenemos es mitología.

¿Por qué es necesaria esa mitología por parte de la izquierda?

Sabemos que hay historias totalmente falsas. Poco menos que se le hace creer a los niños que el MLN peleó contra la dictadura. La “izquierda” fue la gran víctima de la dictadura. Casi todos los exiliados, los torturados y los muertos los puso la izquierda. Eso está fuera de discusión. Tampoco se cuenta la historia del pacto del Club Naval, ¿no? De cuando la historia se da vuelta y lo cuelgan a Wilson, que pagó como también pagó Gutiérrez Ruiz, que no era de izquierda. Lo vendieron a Wilson y arreglaron con Sanguinetti, porque esa es la triste verdad de lo que sucedió hace tanto tiempo, en 1984. Nadie le cuenta la historia del pacto del Club Naval a la gente. No se cuenta que se vendió todo.

Aceptaron la proscripción de los dirigentes.

Les convenía. Sabían que el Frente no iba a ganar. El que estaba para ganar era Wilson. Fue un arreglo entre Seregni y Sanguinetti. Lo que pasa es que nadie quiere hablar de eso. A nadie le interesa. Para mí, en lo personal, el pacto del Club Naval fue una cosa espantosa. Y también viví el estar solo en eso.

Hubo sectores minoritarios de la izquierda que estuvieron en contra, la IDI, Germán Araújo.

Muy chiquitos. Hay un montón de cosas de las que nadie se quiere acordar.

Ese origen espurio, ¿cómo los marca después en la evolución subsiguiente?

Es un ciclo de treinta años. Los tiempos en Uruguay son muy lentos, y las inercias son muy grandes. Hay cosas enterradas de las que nadie quiere hablar. ¿No lo tenemos a Huidobro en el Ministerio de Defensa, tapando todo lo que puede? ¿No estamos sangrando por los desaparecidos y por un montón de cosas hace treinta años? ¿Alguien se va a olvidar que en el segundo llamado del voto rosado no hubo un solo candidato que apoyara el pedido? No hubo ninguno. Nadie se embanderó con eso. Fue un “no hagamos olas”.

Entre el gobierno y el plebiscito no quisieron arriesgar el gobierno.

Es parte de lo que estamos pagando ahora. Lo voy a decir sin más: es claro que lo verosímil del progresismo ya se acabó. Eso no quiere decir que no puedan ganar una elección más, pero el proyecto verosímil del progresismo en Sudamérica está liquidado. Mirá Argentina, mirá Brasil, mirá los problemas que está teniendo Evo. Hay algo muy improvisado en todo esto, en ese acomodar el cuerpo a las cosas. Me parece que el progresismo fue eso. En la mayoría de los casos fue lavarle la cara al capital.

Un capitalismo con rostro más humano.

Con otra cara. Mientras tanto, ya no podemos tomar agua de la canilla. Me acuerdo que cuando fui a Estados Unidos no se podía tomar agua de la canilla y no podía creer. Ahora no la podemos tomar acá. Ahora el agua es carísima. Tenemos que estar comprando agua. Eso ha ocurrido en estos gobiernos progresistas, que han vendido todo el país al que venga, porque sus premisas son las del capital. ¿En qué cambió? La hipótesis de la redistribución, por la cual no se grava a los que verdaderamente tienen la  plata. Se grava a los que trabajamos. Cuando hicieron la reforma tributaria, yo en aquel momento tenía un buen sueldo. Cuando vi que después de mi franja ya no seguía subiendo para los que verdaderamente tenían plata… ¿Qué clase de estafa es esta? Al capital no lo estás tocando. Estás poniendo a la gente que trabaja para que te financie lo que querés hacer. Y a los que verdaderamente tenés que tocar, no los tocás. Se mintió descaradamente. A los que verdaderamente ganan, no se los toca: “Por favor, no te vayas”, se les dice. Ahora ya está perdida totalmente la decencia, y a los jubilados se les aumentan doscientos pesos. Verdaderamente cuando vi la noticia no lo pude creer. Es el desmoronamiento del progresismo. No sé qué están haciendo, es como un sonambulismo. Es ultrajante darle a alguien un aumento de doscientos pesos. Alguien pueda tener la idea, lo que me llama la atención es que no haya otro que le diga: “No, loco, eso no lo podés hacer.”

Está tan desnaturalizado que no solamente se da sino que se anuncia.

Alguien les tiene que decir que no, que son locos, que cómo van a anunciar un aumento de doscientos pesos, que los van a prender fuego. Y nomás este país no se prende fuego porque… Si esto fuera Francia…

Por la humedad que hubo estos días.

Y hay un montón de cosas que responden a eso, a la falta de verosímil que hay. Otro caso es el de Sendic. En el gobierno existe la teoría de que por actos de habla —la teoría del speech act— se modifica realidad. Entonces, por un acto de habla vos decís que Sendic es licenciado y que en ANCAP no pasó nada, y pensás que con ese acto de habla modificás la realidad, aproximándote ya a la magia, al abracadabra. Pensás que con eso ya lo solucionaste, con una medida corporativa. Es un papelón magistral, que lo están agrandando cada vez más. Y ahora hablan de los enojados del Frente. ¡Si es indignante todo lo que están haciendo! Para cualquiera. La gente que se jugó, que se comprometió, que militó, que hizo un montón de cosas, cuando ve esto, ¿en qué va a pensar? Gente que se jugó la vida, la ropa, las horas.

¿Dónde se desvirtúa el tema? ¿No había un proyecto de la izquierda, de cambio real, que pierde fuerza al llegar al gobierno?

Había un proyecto de izquierda, y lo vendieron en el pacto del Club Naval. En la primera de cambio.

Eso fue posibilismo. Te decían: “Salen los presos antes, vuelven los exiliados”. Se decía que eso era lo que se podía lograr.

Si vos vas a entregar y a negociar, eso es lo que podés lograr. Está en frente el caso de Argentina.

En Argentina la diferencia fue la derrota de Malvinas.

Todo lo quieras, pero ya había sucedido lo de Argentina, donde estaban mandando a militares presos. La cúpula militar estaba yendo presa. El problema de Alfonsín es cuando se empezó a meter con grados más bajos, y ahí se le levantaron los militares. Pero todavía no había sucedido eso. El ejemplo que estaba vigente era el de Argentina. Entregaron, verdaderamente entregaron. La izquierda, moralmente, ya entregó algo. Pasó a ser víctima en lugar de agente. Nosotros pusimos las víctimas. He estado muy solo en esto, en todo este tiempo, pero para mí fue clarísimo en ese momento.

Ahí estuvo el acto de palabra de Seregni.

Para mi gusto, fue así. Esa medida de poner la comodidad política por encima de la obligación moral, y por otro lado revolucionaria, entre comillas. Cuando aceptás eso como regla del juego. ¿Cuánto hubieran podido durar los militares? Estaban entregados. Todos los días había una caceroleada. Y aparte los militares se estaban yendo de Brasil, de Argentina.

Los chilenos demoraron un montón más.

Nosotros teníamos juntas, ellos tenían un tirano con nombre propio. Aparte los chilenos estaban contentísimos con Pinochet.

Había una base social.

Y con Pinochet había habido mejoras económicas.

Lo que no pasó acá.

No pasó acá. En Chile la situación era distinta. Pero acá, ¿cuánto más habrían durado los militares? ¿Seis u ocho meses más? ¿Un año más? Estaban entregados, estábamos golpeando cacerolas todos los días.

Hubo uno sociedad que aceptó contenta esa mutación de la izquierda, ese resignarse. ¿Es un reflejo de la sociedad?

Hablando claramente, la dictadura fue bienvenida por muchos sectores de la sociedad uruguaya. Y mucha gente estaba cansada de lo que llamaban “el quilombo” de lo que está pasando. Esa sociedad, en primera instancia, bienvino el golpe de Estado. Eso no se dice. Es una sociedad muy conservadora, siempre lo fue, y cuando pasa algo, se pasa con armas y bagajes, y es una sociedad de consenso, y eso fue lo que tuvo al Partido Colorado gobernando tantos años. Lo que es llamativo es que a la velocidad del sonido el Frente Amplio está cayendo como cayeron los últimos gobiernos colorados, con la pérdida total de credibilidad. Con la lógica natural de este país, cuando llegó al gobierno, el Frente Amplio estaba armado para gobernar por treinta años, porque se había convertido en el partido del consenso. Y sin embargo…en once años dilapidó ese capital. Ahora lo están intentando tapar con una hipotética reforma constitucional. Mientras tanto les dan doscientos pesos de aumento a los jubilados. Es mucho más práctico decir que no te puedo dar nada. O por lo menos es más realista. Si te digo que te doy doscientos pesos te estoy insultando, y creo que nadie que haya trabajado toda su vida merece que lo insulten así. En este momento estamos en un quiebre total del verosímil del progresismo. Esto no quiere decir que no puedan seguir ganando elecciones, porque por ejemplo en Uruguay la oposición es inexistente como proyecto, más allá de gestualizaciones. Con algunos acomodos estratégicos, eso no quiere decir que no se gane alguna elección más. El problema es cuando una sociedad vive con un verosímil roto. Ese es el verdadero problema, ya no importa quién esté en el gobierno. En Argentina se fue Cristina y Macri se la ingenió para generar cinco o siete millones de pobres nuevos. Siempre puede ser peor. Acá también la hipótesis podría ser peor. Habiendo un consenso más o menos frenteamplista sería más difícil llevarte por delante a la población con medidas de austeridad. Me parece que ya llegamos a ese punto en que el verosímil del Frente Amplio como progresismo está totalmente deteriorado, porque hay que deslindar progresismo de izquierda. A mí, en lo particular, lo que me preocupa es el futuro del país. Se suponía que íbamos a tener más plata de la que tenemos, y no la tenemos porque hicimos cosas como extraviar un satélite, por ejemplo, que se ve que no se precisaba. Digo, porque lo extraviamos y nadie lo echó de menos, no pasó nada. La administración anterior fue un desbunde, como dicen los brasileros. Si nadie puede rendir cuentas por un satélite que se pierde, ¿qué es esto? Ni la oposición pregunta qué pasó con el satélite. Fue una noticia de uno o dos días en el diario. Después dicen que los diarios les hacen campaña en contra. Te están cuidando el satélite ese que perdiste. Nadie va e investiga. ¿Te la vas a agarrar con los medios de prensa? Dicho sea de paso, me causó gracia que una vez Caras y Caretas hablaba de la prensa opositora, y los incluían a ustedes. Es muy llamativo, para una publicación que se empezó llamando Voces del Frente. Cualquier gesto de disidencia es apreciado como una traición, por mínimo que sea.

La izquierda no acepta la disidencia, históricamente. O el pensamiento plural. Es una iglesia, tenés que respetar los dogmas y los papas.

La disidencia normalmente es mal tolerada. Cuando sacamos “Interruptor” tuvimos la experiencia de que en Facebook al principio venían los perseguidores rutinarios. Y nunca comentan lo que decís, tratan de hacer una especie de acusaciones ad hominem y ese tipo de cosas.

No discuten los conceptos.

Claro. También es un síntoma el que eso haya ido retrayéndose. No se puede ser más realista que el rey, hay cosas que a esta altura es muy difícil defender. Y estamos en esta situación que es horrible, porque no hay alternativas.

El régimen languidece y no aparece el régimen nuevo.

No. ¿Quién es la alternativa? ¿Novick? No se ve que Novick pueda ser una alternativa a nada. Y con la renovación de los partidos tradicionales tenés dos candidatos que se llaman Lacalle y Bordaberry.

Ahí estás acusando ad hominem.

Pero es sintomático de la falta de renovación, si seguís manteniendo las familias y los apellidos.

La izquierda trajo a un Sendic.

Y tenemos Vázquez. No hay renovación ni proyecto por ningún lado. Eso es también, para mí, parte de una coyuntura global. Pero a mí me interesa lo que pasa acá, me interesa este país. Yo podría haberme quedado en Estados Unidos, por ejemplo, y no me interesó. Me pareció que si había aprendido algo también tenía que ver con haber estudiado acá, y con la posibilidad de devolverlo, aunque después no te dejan.

A vos te borraron de la Facultad.

Ah, sí. Hicieron todo lo posible para que me fuera. Yo me fui.

¿Sabías demasiado?

Probablemente. Además yo era doctor y eran todos licenciados.

Eras una competencia jodida.

Desleal. (Risas.) Yo había estudiado en una de las mejores universidades de Estados Unidos, Northwestern. Hoy está en el puesto doce, en aquel momento estaba en el dieciséis, pero en Estados Unidos hay tres mil universidades. Siempre está por arriba de Berkeley, por ejemplo. Si vos tenés un egreso de una universidad así, es natural que puedas dar clases allá, es tu destino natural. No me interesó. Primero, no me interesa vivir en un país que bombardea y mata.

Y con tu nombre.

Sí, bueno, ahora Barack Obama tiene un nombre como el mío y termina de presidente, y él es negro y yo soy rubio. Bueno, era rubio. Pero de todas formas me resultaba violento, y mucho más violento me resultaba los que se decían izquierdistas y no decían nada. Los que se proclamaban críticos marxistas desde la academia, pero totalmente desvinculados de lo que pedía Marx, que era la praxis. Marxistas de salón.

De Sorocabana, diríamos.

(Risas.) De pasillo, de salón. Me resultaba profundamente indignante. Yo llegaba de una realidad distinta, para mí eran “un bicho diferente”, pero ahora lo que hace ese bicho es lo hace el resto del planeta, y nosotros también. Es como la canción de Charly García: “Todo esto ya lo viví”. Lo conocí, lo viví en los años ochenta y a principios de los noventa en Estados Unidos. Ahora nos lo quieren imponer a nosotros. Y uno tiene que fumarse a Mujica, al que le pasan cosas en una servilleta y él después las repite. Dice que hay otras izquierdas en la academia yanqui. Lo dice, es lo que declara. La izquierda académica, en Estados Unidos, es liberalismo demócrata. Me acuerdo cuando Bush padre compite con Dukakis por su elección, después de Reagan, y le dice que una cosa es ser liberal, pero que si habría que irse tan a la izquierda como él, y Dukakis le dice: “Yo no le permito que usted me diga que no soy un estadounidense.” El asunto es que ser de izquierda, verdaderamente, es no ser estadounidense. Decir que hay una izquierda en Estados Unidos es nada más que el concepto de la revolución francesa: gente que se sienta a la derecha y gente que se sienta a la izquierda. Están los republicanos, que ya a esta altura son la cosa más troglodita y evangélica que se pueda pedir, incluyendo a los que quieren rebatir a Darwin. Eso ya no se puede llamar derecha. Es inquisitorial, a esta altura. Y después están los otros que son liberales, nada más. Son un partido de derecha, tranquilamente. Un partido de derecha que aboga por derechos en algunos casos, y en otros no. Y ahora están por elegir a Hillary Clinton, que es una mujer que cuando mataron a Gadafi, declaró “Vini, vidi, murió”. Es una declaración de psicópata. Digamos, el país más poderoso del mundo está peleando su elección entre eso. Los llaman halcones o palomas, pero eso no es un halcón, es un pterodáctilo. Y el otro es Trump. ¿Qué tipo de elección es esa? ¿En qué manera puede ser esa una elección?

Pero estuvo Sanders hasta último momento.

Bueno, están viendo si tienen que armar un tercer partido o una cosa así. Pero está todo el mundo entregado. Chomsky por ejemplo le ha hecho mal a este país. El departamento de lingüística, cuando yo estudiaba, era chomskiano. Se sabe que en lingüística la teoría de Chomsky no sirve para nada. Ahora, y es parte del desastre educativo del país, le dan a los estudiantes libros con gramática chomskiana, como para aprender a escribir con gramática chomskiana, lo cual es imposible y se sabe que no funciona. Somos el único país chomskiano del planeta en materia lingüística. En Estados Unidos no le dan la menor pelota a la lingüística, les interesa como lingüística aplicada, para aprender lenguas, y uno aprende lenguas con gramática. Somos el único país, y un poco con Argentina, donde se piensa que como Chomsky es un intelectual que habla de política entonces sabe algo de lingüística, y no es cierto. La gramática generativa de Chomsky no sirve para nada, y eso está totalmente comprobado. Chomsky ahora, en estos días, se molesta con los que no están con ninguno de los dos candidatos, y predica, como siempre ha hecho, votar por el mal menor. Yo, honestamente, no sé cuál es el mal menor. Lo digo en serio. La gente se escandaliza y dice: “¿Pero Trump?” Sí, ¿y la otra? Yo estaba preocupad cuando la elección de Bush y Gore, que se acuerdan que fue muy pareja, con denuncias de fraude. Yo estaba muy preocupado, porque era el futuro del mundo. No sé si se acuerdan de Pepe Pampín, el fotógrafo de Postdata, que decía: “Lo que pasa es que no nos dejan votar”. Todos tendríamos que votar en esa elección, para qué nos vamos a preocupar por la nuestra, si estamos todos afectados por ellos. Votemos todos en la elección de Estados Unidos.

Después tenemos que votar a los virreyes acá.

Bueno, pero eso es como una elección municipal. El último síntoma visible de lo que está sucediendo es el Brexit. ¿Qué pasa con el Brexit? Después salen todos los liberales a decir que son nacionalistas. En Austria está por ganar el partido nazi, que ya no es neo nazi, es el partido nazi. Abajito de Alemania. La versión liberal es que los ingleses no son lo suficientemente cosmopolitas, que nunca lo fueron, que siempre fueron una isla, y que es un atraso, etcétera. La versión que se escucha por otro lado es que todas las decisiones las están tomando unos burócratas de Bruselas en las que ellos no tienen injerencia. La clase trabajadora, nuevamente, los que trabajaron y conocieron otra cosa, están en contra. No sé si se separarán o no, pero estamos en un mundo, como ya lo dicen varios, donde hay socialismo para los ricos y capitalismo para los demás. Si vos tenés un banco y te fundís porque estafaste y te comiste todo, viene el Estado y te salva. Y los demás, a la calle. Y eso está pasando en todo el planeta. Ahora, que pase en todo el planeta no es una justificación para que pase acá. Nosotros estamos viviendo una situación de desigualdad social espantosa. Yo recuerdo haberme criado jugando al fútbol en todos lados y andando por todos lados. Hoy en día es al revés: está todo guetizado y si pisás en falso en una cuadra no sabés si salís vivo. Yo ya tenía esa experiencia en Chicago, donde ya no era equivocarte de barrio sino de cuadra. Me pasó más de una vez, y salí todavía no sé cómo. Ahora está pasando lo mismo acá. Está bien que tuvimos la crisis con el gobierno de Batlle, pero se siguieron implementando políticas que lo único que fomentan es la desigualdad, y desigualdad a futuro, porque es todo problema de la educación.

Y ahí no se ha encarado en serio el tema.

Para nada. Y es un tema fundamental. ¿Qué puede hacer un país de tres millones de habitantes sino ser el mejor preparado de todos? Como más o menos lo veníamos haciendo. Ahora tenemos indicadores educativos que son peores que los de países pobrísimos. Estamos abajo del mundo. Es una apuesta por nuestra extinción como país. Si hemos vivido toda la vida en tensión entre Argentina y Brasil, tenés que ganarte el derecho a ser el Estado tapón, si no, mañana vas y sos una provincia otra vez. La única forma de defenderte, porque no vamos a tener ni misiles ni ejército, es con una población que tendría que ser muchísimo más instruida que aquella con la que nosotros crecimos. Tendría que ser una población con muchísimos más egresados universitarios, para poder defenderse en este mundo híper competitivo. Y sin embargo, todos los días, nuestras apuestas son por la ignorancia. Eso me parece bastante notable. Ustedes saben la gente que va de bermudas al Parlamento y aparece una vez cada tanto. Si vos no tenés educación, no podés hacer nada. No podemos fomentar la ignorancia, y se viene fomentando el valor de la ignorancia en casi todas las cosas que hacemos. Eso es tan viejo como el tiempo: cuanto más ignorante seas, más fácil es esclavizarte.

¿Vos decís que hay un propósito?

No sé lo que hay, pero Mujica, por ejemplo, fue un gran instigador de la ignorancia. Y lo es. Porque él en realidad es un parvenu de la política, alguien sin cultura, sin formación.

Universidad de la calle.

Así nos fue. Cuando vos tenés que operar una máquina, y esa máquina es el Estado, solamente das déficit. Si no estás preparado para hacerlo, podrás hablar y reunirte con Soros y ser una especie de estrella mundial,  pero el aparato, que es el aparato del Estado, lo tenés que saber manejar. Y yo lo siento mucho: salvo que seas un genio que verdaderamente trasciendas esas cosas, la enseñanza universitaria te ayuda con el verdadero aprender, que es el aprender a aprender.

Tener método.

Pero no esto que están haciendo ahora, que es aprender a aprender pero sin contenido. Vos tenés que conocer algún tipo de contenido. Esto es la oficialización de la ignorancia por cuadros educativos, por supuestos formadores de docentes. Hay gente que cree, y esto es en serio, que la gramática es una suerte de dominación. Nosotros en América tenemos la gramática de Andrés Bello, desde hace bastante tiempo, y no, te enseña a formatear las cosas y ser unos crédulos en la oralidad. Eso que llaman oralidad no es nada más que el analfabetismo. Nosotros estamos condenados a tener que escribir. Hablan de datos de la oralidad, como si eso fuera una manifestación de aquel que está destituido. Es un folcklore, u neo Rousseau mal aplicado. El problema es que va a haber algunos que sí van a saber escribir, y te van a dominar. Veo que cada reforma, cada cosa que plantean, es una cosa en favor de la ignorancia, y de sacarte las herramientas del conocimiento, y eso, me parece, es un problema muy grave para el país. Hay mucha gente convencida de eso, de que básicamente no hay que enseñar nada. Es un problema de país. El país, las instituciones, no saben qué es lo que deben enseñar. Si vos no sabés qué es lo que tenés que enseñar, es porque no sabés qué sos, ni lo que querés. Eso es muy serio. Este país no sabe cómo transmitirse para las generaciones que vienen. No tiene la más pálida la idea. Ya se rompió ese verosímil del que estábamos hablando, que obviamente no podía durar, pero tampoco hay idea de cómo transmitirse como país. Una cosa es el problema del gobierno y otra cosa es el problema del Estado. Este país, en este momento, no sabe cómo transmitirse, cómo valorarse, no tiene idea de qué es ni para dónde va, en el sentido de un Estado. Quieren hacer una reforma constitucional latinoamericanista, por ejemplo. Es un pelotazo grande como una casa. Quieren reformar la constitución, cuando no saben para dónde ir. Quieren culpar a otras cosas. ¿No podés arreglar el suministro de gas y querés arreglar la constitución? Lo que se ve es eso, conductas más bien autistas, de una máquina que no funciona y no percibe el entorno, obcecada y ensimismada en sí misma. Eso es lo que por lo menos yo, que no participo de nada, percibo desde afuera. Y eso es suicida. Me causa gracia que Vázquez en su momento tenía la capacidad de imponer cosas, y ya no digo “Frente Amplio”, porque era una especie de Frankenstein, Nuevos Espacio, Encuentro Progresista. Fue astuto con la idea de “fuerza política” en lugar de partido. Y todo el mundo repite esa idea, y hasta logró que Sanguinetti la repita, en lugar de “colcha de retazos”. Ahora veo que todo el mundo la usa. Es el Frente Amplio, que quedó dominado por los compañeros de ruta. Porque antes se distinguía entre “los que somos” y los compañeros de ruta. Ahora los que gobiernan son los compañeros de ruta. (Risas.) Eso es lo que tenemos. Estamos en una situación horripilante. Antes se pensaba que estábamos en el mejor país del mundo, hoy nadie lo cree ¿no?

Ellos, los autistas.

Se estaban viendo que los síntomas de resquebrajamiento estaban por todos lados. Lo que pasa es que la gente tiene una gran capacidad enorme para meter la cabeza en el agujero y no ver.

¿Qué opción se visualiza?

Yo, ninguna. Hay una cosa que no se percibe. La cultura, que está siendo masacrada por estos gobiernos, es la responsable de imaginar al país. Desde los cielitos de Bartolomé Hidalgo, cuando cantaba a la patria que todavía no existía. Este país no sería país si no fuera por eso. La cultura funciona por negatividad, no te tiene que decir a todo que sí. La negatividad está, por ejemplo, en alguien que haga ciencia ficción. Alguien que pueda imaginar otras cosas. Se habla de innovación, pero eso es todo nada. ¿Qué es innovación, pasar de un 4.0 a un 5.0? No es lo de Rodó, “renovarse es vivir”. No es pensar radicalmente distinto para ver otra cosa. Las artes, las letras, la cultura, son las áreas que por negatividad manifiestan el motor de las sociedades, la posibilidad de pensarse. Yo lo que noto es que eso está totalmente relegado hoy en el planeta y acá también. En un país tan chico como este, ¿nos podemos dar ese lujo? En cualquier lado te dicen que no hay plata, en este país que tuvo plata para hacer una fiesta de cuatrocientos mil dólares a la que nadie fue, porque resulta que después nadie había ido. Cuatrocientos mil dólares en vasos de plástico, entonces, porque parece que no había nadie, que nadie fue. O para perder un satélite y que no pase nada. ¿Tenemos que aceptar que digan que no hay plata para la cultura? ¿Qué es más importante, una fiesta de ANCAP que dura media hora, o la imaginación?

O darles cincuenta pesos más a los jubilados.

Te dicen que no tienen plata para la cultura y te lo hacen vivir como que es un gusto que te das. Y no, es un área fundamental y lo ha sido siempre en todas las sociedades, como lo ha sido la escritura. Si lo que se maneja es la oralidad, ¿qué va a pasar con la sociedad? ¿Va a estar en manos de dos o tres escribas, empleados divinos del faraón? No, el proyecto emancipatorio es que todo el mundo escriba y lea bien.  Eso es la modernidad, y no veo por qué tenemos que renunciar a ese proyecto, con el que se armó este país: que el ciudadano pueda elegir porque está formado. Está en nuestros mitos que nosotros somos un país culto. Nunca lo fuimos, no en la medida en que lo dicen. Está probado que en los momentos previos a la dictadura, los sesentas y setentas, eran diez mil personas que se movían por ahí. Amigos libreros me dicen que tampoco ha cambiado mucho. No hay ningún entusiasmo por fomentar que la gente lea. ¿Por qué se sienten mal los políticos de aparecer con un libro? Los políticos de antes todos tenían su biblioteca. Hoy día parece tabú, hay que ser canchero y como la gente. ¿Qué, la gente no lee? ¿Por qué no hay un gesto político de decirle a la gente que todos deberíamos leer más? Empezando por ellos. ¿Qué mal le puede hacer a una sociedad que la gente lea? Sin embargo están todos renuentes. En un libro que sacó hace unos años Oscar Larroca, que incluía a varios autores, entre otros yo, y decía “Trece intelectuales uruguayos”. Cuando salió eso en Facebook parecía que eran categorías totalmente distintas, como que no se puede ser intelectual y uruguayo. “Serán intelectualoides”, decían. ¿Y en qué se basa la gente para decir eso? Eso solo lo pueden decir por esa impunidad que está generada por Mujica, sobre que cualquiera que se tome su tiempo, se instruya y lea, es una especie de papanata. Eso que le pasó a Oscar fue notable, poner “Intelectuales uruguayos” para que la gente, sin leer el libro, saliera con un ataque a mansalva y diciendo, que eran “intelectualoides”. Antes tendrían que repasar el currículum de cada uno. En ese sentido, nosotros tuvimos un presidentoide. Y senadoides, diputadoides. No pueden argumentar. Cada vez que sale uno a hablar, da lástima. Y se tienen que andar desdiciendo, porque lo que dicen no funciona. Cuando uno está convencido de una cosa, la dice y se acabó. Ahora declaran y a los dos días reculan y dicen que no quisieron decir eso. Si usted no sabe lo que quiere decir, no lo diga.

Sí, cállese la boca.

Claro, si no sabés qué decir, el silencio es inapreciable. Y el problema es que eso se confunde con democracia, es charlatanería, la feria. Facebook es la feria. Y Twitter. Y por ahí se manejan los políticos ahora, declaran y se retractan. Existe una especie de gran impunidad con lo que se dice. Cada palabra que uno diga se supone que es algo importante. Ahora hay una especie de impunidad, de decir lo que se me antoja. Uno tiene que decir lo que piense, y yo normalmente digo cosas que pienso y que no le gustan a la gente, pero no es porque se me antoje.

Existe el razonamiento que ahora la gente común está ejerciendo el poder.

¿Qué es la gente común?

Antes eran los doctores.

Los doctores eran los abogados. Yo lo que digo es que uno puede ser un autodidacta, pero no es la universidad de la calle. Uno puede ser un genio, pero los genios no abundan. Lo primero que dicen, frente a alguien que sabe, es que se transformó, que es un pedante. Antes era que la persona sabía, ahora se dice que es un pedante. Porque sabe. ¿Cuál es el valor que se defiende? La ignorancia. La humildad no tiene nada que ver con la ignorancia. Está lleno de gente presuntuosa que es muy ignorante.

Y hay muchos sabios que son humildes.

Claro. La mayoría. Ese emparejamiento entre la sabiduría y la pedantería fue muy usado sobre todo en la administración anterior. Yo no acepto una distinción entre la gente común y la otra. Los egresados universitarios son gente común que estudió más años que otras, porque tuvo la suerte —a veces— o el interés, la tenacidad y la inteligencia para hacerlo. Pero es gente común. Veníamos del modelo de que para entrar al Parlamento había que ser abogado, pero eso es otra cosa de la que yo estoy diciendo. Lo que estoy diciendo es que la mayoría de la gente en este país debería tener formación. Si en un país tan chico como somos se aboga por la ignorancia, estamos liquidados. Lo que nos hizo siempre no ya sobresalir sino sobrevivir como Estado…

Fue el nivel educativo.

Es claro. Nosotros resignamos eso muy temprano. Era lo único que tenía que hacer este gobierno nuevo.

Y lo del ADN.

Sí, eso lo dijo Tabárez y después lo usaron para lo de la educación. No sé si hay que cambiar el ADN de la educación, lo que no puede seguir habiendo es analfabetos técnicos saliendo del liceo. Eso es intolerable. Hay gente que pasa por el sistema educativo y no aprende a leer. Antes eso no sucedía. En mi escuela de barrio había un repetidor. Hoy el abandono y la repetición son marca común. ¿Qué es, una factoría de Ni-Ni? ¿Quién es el Ni-Ni? Es alguien que no cree en el futuro. Si no le das educación, no le das futuro.

Hablaste del centro de estudio como un lugar de disciplinamiento. ¿Es eso lo que está fallando? Están con la agenda de los derechos y no se exige contrapartida.

A nadie. Es un país sin responsabilidades. ¿Alguien vio a Sendic hacerse cargo de lo que mintió?                  Se generó una cultura donde la gente tiene derechos pero no obligaciones. “Yo tengo mis derechos.” Sí, todos tenemos, pero la ciudadanía comporta obligaciones. Algunas te gustarán menos que otras, pero ese es el pacto social. El que piense que la educación no es un sistema de disciplinamiento está equivocado. Siempre lo fue. Es un sistema de disciplinamiento para la república, como de alguna manera querían Platón y Aristóteles. Eso ya está discutido hace dos mil quinientos años. Y sí, la reforma vareliana es disciplinamiento. Está en el libro de Barrán. Todas las reformas educativas que se hicieron, el comienzo de las universidades, la instrucción de las mujeres en Europa y cómo fue llegando. Es un modelo que es muy difícil que ocurra si no hay un Estado. Pero el Estado tiene que saber qué es lo que disciplina. El primer disciplinamiento es el del pensamiento. Cuando hablo de la educación terciaria es porque normalmente ayuda mucho más a sistematizar las ideas. Uno puede tener muchas ideas, pero el asunto es poder ponerlas en un cajoncito o en otro. A eso ayuda la educación universitaria. En Estados Unidos, donde hay tantas universidades, ahora están en un caos educativo enorme. Con este sistema de lo políticamente correcto, un estudiante universitario en Estados Unidos no puede leer la palabra nigger en una novela de Mark Twain, que es algo del siglo XIX. Es el fetiche, como si un vocablo tuviera una especie de poder vudú sobre las cosas. Mientras tanto están siendo defalcados por instituciones de préstamo, y cuando logran recibirse resulta que están endeudados hasta la nariz. Cuando a uno no le enseñan a pensar, a debatir ideas, está entregado. Pensar que tres millones de uruguayos puedan ser universitarios tampoco debería ser tan utópico. Finlandia es un país de cinco con una gran población de universitarios, sobre todo educadores, porque les pagan muy bien. Una muestra de que eso no interesa es que los docentes siguen recibiendo sueldos malos. El problema es que la gente está pensando con modelos de antes. El problema es que ya no tenemos ningún espacio sagrado. Ya lo decía Walter Benjamin hace casi cien años. El problema con el capitalismo es que nada queda que no haya sido ya profanado. Lo que hay que hacer es es establecer espacios consagrados, decir que “esto no se toca”, y la educación debería ser uno de esos espacios. Cuando todo está profanado, nada vale. Puede costar dinero, pero valer, en términos de valor, no vale. Una obligación que tiene el Estado uruguayo es la de empezar a consagrar cosas, y esto es parte de lo que dije sobre no saber qué quiere y a dónde va, porque no sabe qué es lo que puede ser consagrable. Todos esos manoteos de ahogado de comprar ideas afuera para implantarlas, son nada más que cosas para ganar tiempo, y no se sabe bien para qué. No se sabe qué es lo importante, qué es lo que no se puede tocar, a dónde se debe dedicar el esfuerzo, y qué es lo que tiene que respetar toda la ciudadanía. El problema es incentivar la capacidad de aprendizaje de la gente. Producir sujetos capaces de raciocinio y, como decía Kant, capaces de no necesitar tutela. De poder pensar y elegir por sí mismos. Eso es lo fundamental. Después cada uno va encontrando su camino. El tema de la educación es el tema del futuro, formando a los que van a venir. Y eso lo dejaron de lado. Yo no sé si lo que quería hacer Filgueira era bueno o malo. No sé. Conozco gente muy inteligente que se opone radicalmente. Pero por lo menos era un proyecto. Cuando vos lo entregás a los seis meses, es porque no tenés nada para hacer. Y te dedicás a administrar. ¿Pero qué estamos administrando? Yo no sé.

Nosotros tampoco.

Hoy parecería que lo que más se administra es el Frente Amplio como partido de gobierno y mal. No se administra al Estado. Pero no se ve nada que implique administrar el país como un proyecto verdadero. Vázquez declaró trabajar por un país que pudiera entrar en la OCDE. Eso es un proyecto. Bueno, ¿con qué lo va a hacer? ¿Con dos escarbadientes? Si está renunciado a todo lo importante. Pero era la manifestación de un proyecto de algo. Puede ser utópico, desquiciado, no lo voy a juzgar, pero era algo. Ahora, ¿con qué lo está haciendo?

¿Y una herramienta como el Plan Ceibal?

Hasta los diez años Bill Gates no deja a los hijos tener una computadora. Los manda a escuelas donde enseñan sin computadora. Algún tipo de asesoramiento tiene. Quisieron disfrazar de gesto de inclusión social algo que Vázquez tenía como una reforma educativa. Porque como revolución educativa no funcionó para nada, y menos va a funcionar si tenés maestros que no sepan utilizar las máquinas. Es obvio que si no sabés utilizar una computadora sos un analfabeto en estos tiempos, pero la máquina sola es una opacidad. Si tenés la máquina de Kubrick en 2001: Odisea del Espacio y tenés a Sócrates, la gente va a ir a la clase con Sócrates. El problema es tener buenos docentes. Los buenos docentes se sobreponen a casi todo y para serlo tienen que saber su disciplina. Hoy estamos formando maestros que tienen errores de ortografía. Esa es la verdad de la milanesa. Y conozco docentes de secundaria que están escandalizados del nivel de ignorancia de muchos de sus colegas. Pongamos el ejemplo de Ceibal: yo tengo alumnos a los que mando a buscar cosas en Google y no las encuentran. Y andan con la máquina todo el tiempo. Uno diría que alguien que creció con eso debería volar con la computadora, y no vuelan. Subutilizan el recurso. El problema no es la Wikipedia, yo la uso como loco. Pero el problema es que yo sé qué buscar en la Wikipedia, y el que no sabe va a ver siempre lo mismo. Es como los libros, que son una excelente herramienta si sabés leer. Si vos no sabés para qué usar la computadora o qué pedirle, terminás viendo porno de chiquito.

Las respuestas están todas, el tema es saber que preguntar.

Claro, es para eso que sirve la educación. Eso es lo que sucede con el mundo. La otra vez un ingeniero muy notorio con un cargo muy importante, dijo que todo era lo mismo, la literatura y la ingeniería, porque de alguna forma todos resolvemos cosas. Y no. La literatura y las artes lo que hacen es preguntar. Y eso es una cosa tan importante como resolver. Saber preguntar. Cuando se les acusa de falta de pragmatismo, no es así. Si vos al apretar el botón rojo vas a desatar la tercera guerra mundial, ¿no te valió la pena que alguien un segundo antes te dijera que por qué vas a hacer eso?

¿Por qué decías que se está masacrando la cultura?

Primera cosa, el Frente Amplio ¿no fue un proyecto intelectual antes que un partido político? Cuando los sucesivos gobiernos del Frente básicamente lo que desarrollan es una tecnocracia, ¿no están abandonando por completo el proyecto intelectual que los formó? ¿No es una traición a sus orígenes? El Frente era un espacio de discusión intelectual, y eso desapareció por completo. Por eso te digo, que si alguien comete la temeridad de encontrar trece intelectuales uruguayos, es toda muchachada frenteamplista la que sale a censurarlos y el Frente era el partido de los intelectuales.

Y fue pensando por los intelectuales, en primera instancia.

Antes que partido fue una idea, fue un proyecto de los intelectuales de este país. Y el Frente Amplio, sencillamente, lo que ha venido haciendo es traicionar su origen. No han atendido ni fomentado a nadie que les sepa hacer esas preguntas que son incómodas. Foucault manejaba una noción de origen griego, la parreshia, es decir, la obligación de decir la verdad, que le costó la vida a Sócrates, porque entre otras cosas Sócrates se tiró contra el gremio, porque no cobraba las clases. Era un defensor de la parreshia, de la verdad. ¿No es parte del problema que nadie les diga la verdad que no quieren oír? El asunto es: ¿no será que parte de lo que está sucediendo es porque la maquina se volvió tan uniforme que no tolera la verdad y prefiere matar al mensajero, no oír las malas noticias, no discutir las cosas? Se ha vuelto una máquina autoritaria y suicida. Aquellos que podrían ser responsables por la imaginación, por pensar algunos temas, son dejados de lado abruptamente. Cuando trabajaba en Postdata me gané la fama de no creer en politólogos.

¿Por qué?

Yo solamente había escrito una columna, pero los gremios son muy solidarios y muy susceptibles. Había dicho que muchas de las cosas que uno escucha decir a los politólogos en realidad son estados de situación que son los mismos que puede ver mi tía Maruja. No quiero decir que eso agote el saber de los politólogos, pero cuando salen a decir cosas, más que nada son tautologías. Nunca sacan a nadie que ponga en jaque las cosas que están sucediendo. Es como una especie de comentario deportivo del partido: “Hubo dos goles”, y vos ya lo viste. Hay una maquinaria que está armada y que es muy homogénea. Porque se hace un análisis estratégico de por qué alguien hace algo y se olvidan de analizar qué es lo que dice la medida que se propone. La ciudadanía tendría que poder decir si está a favor o no de la medida, y eso es lo que no se analiza. Lo que se analiza es el juego político, y no las políticas. Por el otro lado, es un horror lo que hacen con los sociólogos, que son los que dirigen las políticas, y se meten a hablar de cosas que no tienen idea. Diseñan la política de cultura, y por lo menos en este país no tienen ni la más pálida idea acerca de qué puede ser la cultura. Nunca han tenido mucha. Existe ese fetichismo de los talking heads y de los agentes específicos que diseñan cosas para las que muchas veces no están capacitados. Y no saben. Todo el mundo te dice amén a lo que hacés y a cómo lo querés. La posibilidad del disenso verdadero dentro de la izquierda ha sido cancelada.

Ha habido plata como nunca para la cultura.

Partamos de la base de que para los partidos Colorado y Nacional la cultura era un coto del Frente Amplio. Eso lo tocaban lo menos posible. El asunto es qué hacés con la plata. Yo marco una línea que para mí es muy clara: está la cultura y está el entretenimiento. Muchas veces cuando se da plata para la cultura incluyen la publicidad, la murga, y meten todo en el saco de cultura. Lo que han dado estrictamente para cultura es mucho menos que lo que han dado a las murgas, que han sido fortunas. Y aparte dicen que eso es popular y no es así, es una industria. Antes había muchos más tablados, cuando eso era una manifestación cultural. Hoy casi no quedan tablados, y se cobra precio de ópera para ir a ver murgas al Parque Rodó. ¿O me equivoco? Hasta la Comedia Nacional quisiera tener la décima parte de plata que se pone en una murga, para hacer Shakespeare. A nivel de producción una murga tiene mucha más plata de la que puede tener cualquier compañía de teatro. Cuando se habla de cultura, están poniendo muchas cosas adentro. Yo por ejemplo no estoy dispuesto a estar en el mismo rubro que los muchachos que hacen malabares acá en frente a La Esmeralda. No. Porque considero que no es el mismo rubro. Hagan un rubro que sea “malabares callejeros”, pero no digan que al darle plata a eso —no digo que no se la den— le estás dando plata a la cultura. Tiran eso en un bolsón y hablan de cultura. ¿Cómo van a poner la publicidad dentro de cultura? Y la ponen. Si la cultura es todo, de acuerdo al criterio antropológico, entonces no hay nada que sea cultura. Y si vas a estudiar todo como un fenómeno cultural, estudiá los maníes, yo qué sé. Pero eso no tiene nada que ver con la cultura. ¿Se entiende? Hay un registro, que es la gente que escribe, que pinta, que piensa…

Pero “escribir”, ya a esta altura cualquier cosa es un bestseller.

No, pero estoy diciendo los que escriben determinadas cosas. Los bestsellers siempre fueron libros malos, históricamente, en todas las épocas. Siempre fue así. El problema es este, sobre todo con algunos autores uruguayos que son muy malos y que no voy a nombrar, hijos pródigos de la izquierda.

Si la escritura hizo a la nación, desde Hidalgo para acá, la generación del ’45 también hizo el Uruguay que vivimos.

Claro, yo nunca tuve problema con la Generación del ’45. ¿Qué surgió, a la larga, de la Generación del ’45? El Frente Amplio. La posibilidad de imaginar un país sin bipartidismo, donde haya por lo menos otro agonista en la arena política. Eso empezó a surgir con la Generación del ’45. Con respecto a la calidad, metieron mucha gente en la bolsa de esa generación. Algunos de ellos fueron mis amigos y algunos de ellos me parecen admirables. Después, no. Hay gente que escribe y gente que no. El ’45 creo que tuvo una gran virtud: generó muchísimas instituciones culturales, como revistas, editoriales, los cineclubes, las cinematecas. Una necesidad que no se ha perdido, y mal que bien funciona, aunque no creció, si lo comparamos con Argentina, que es una sociedad parecida. Hoy se nota una diferencia que en otro momento no. En aquel momento estaba estudiado, eran diez mil personas. Pero son diez mil personas, las mismas que iban al teatro, las que iban al cine, las que compraban los libros. Es decir, no era tanta gente como se dice. Hoy, esas diez mil personas están disgregadas. En aquel momento lo que había era la necesidad de la cultura. Sin esa necesidad de la cultura no hubieran salido Viglietti, Zitarrosa, el Sabalero, para hablar de otros fenómenos culturales populares. Si no fuera por la necesidad de creer que la cultura tenía algo para decir, es muy difícil que eso hubiera acontecido. Pero aconteció, al punto que con eso nos ganamos una dictadura. Porque había una fuerza de pensamiento que la dictadura la calificó como la calificó.

Sí, de anti patria.

Había esa necesidad. Hoy eso es lo que no se percibe, salvo intentos aislados como algunos columnistas que están en el semanario de ustedes, que son disidentes, y nosotros, que también somos disidentes. Está Sandino. Nadie es disidente por vocación, sino por decir lo que se plantea. Se ven esfuerzos que no estaban tan visibles hace cinco años, eso también es claro. Si surgen esas cosas es porque de alguna forma es grande la necesidad de la disidencia.

O sea que hay una luz de esperanza.

Se logran manifestar. Muchas veces por disciplina partidaria la gente no decía un montón de cosas que pensaba. Eso siempre me pareció una gran hipocresía. El intelectual tiene la obligación de ser indisciplinado. Cuando el intelectual es disciplinado políticamente es un semi intelectual, porque verdaderamente ha renunciado a ese espacio de libertad.

Los intelectuales orgánicos son una farsa, entonces.

Voy a contar una anécdota. En la Facultad de Humanidades, allá por 1985, yo era poco menos que un agente del imperialismo. Después vieron que escribía en El Popular, porque me llevó Saul Ibargoyen, que era amigo de la familia. Salió el primer número de El Popular, el primer lugar en el que yo escribía. Y era un mazacote hipotéticamente teórico, que no se podía leer, y en todo el diario había una sola cosa para leer que estaba muy bien, una columna de Alfredo Zitarrosa. Hablaba de un auto que tenía, un Jaguar, que si no recuerdo mal estaba tapizado con piel de leopardo. Contaba lo que él quería el auto, que le servía para negociar los cachets. Claro, me encontré con Saúl y me preguntó qué me había parecido el primer número, y yo de lo único que le hablé fue de la columna de Alfredo. “Qué linda la columna de Alfredo.” “Por suerte no va a escribir más”, me dice. Y no escribió más. Zitarrosa. Por escribir una columna sobre un coche que tuvo, fue…

Censurado.

Para siempre. Era Zitarrosa, que tocó no sé cuántas veces gratis para el Partido Comunista. Eso es para medir un poco, cuando te piden disciplina partidaria, que aparte es totalmente angurrienta, porque vos no sabés hasta dónde llega, qué es lo que se te exige. Por eso cuento esta anécdota. Yo nunca tuve problema, escribía lo que me parecía, pero que le pasara eso a Zitarrosa. El problema no es la disidencia, el problema es la libertad. Uno tiene que poder pensar con libertad. Por ejemplo, cuando analizás la plata que dan para cultura, te piden un montón de contraprestaciones que no tienen sentido, porque le quieren encontrar a la cultura una utilidad. Los criterios de pragmatismo hoy son tan absorbentes…

Tiene que ser útil, tiene que dar algo.

Su utilidad es la negatividad. La cultura no está a tu servicio. De la misma forma te piden que demuestres que a lo que hacés va gente. No importa si van cien. Si hacés una muestra de plástica y va uno, y es Miguel Ángel, tiene catorce años y nunca vio una muestra de plástica, ya con eso alcanza, si la muestra lo inspira y le cambia la vida. Pero es la sociedad de control y te están pidiendo contraprestaciones, números. La cultura no son números. El problema no son los números, el problema es la verdad. Vos deberías dar por que das, nada más, sin estar haciendo esos reclamos. En ese sentido es que a la cultura se la maniata y se la barbariza. Todo este proyecto es masacrante para la cultura. Bueno, y después está el escándalo de los Premios Onetti. ¿Quién hace eso? Alguien que no leyó a Onetti. Verdaderamente. ¿Cómo podés poner en la sección de letras de la Intendencia, a gente que no sabe nada de literatura? Porque no les importa, sencillamente. Y cuanto menos te importe, mejor.               Ese es el punto, siempre están poniendo a la cultura como una cosa accesoria.

Publicada en VOCES Nro. 525 el 14/7/2016

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