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Anestésica catarata de efectos especiales

Anestésica catarata de efectos especiales
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La Momia (The Mummy), USA 2017. Dirección: Alex Kurtzman. Libreto: David Koepp, Christopher McQuarrie y Dylan Kussman basados en libreto original de Jon Spaihts, Jenny Lumet y Alex Kurtzman. Fotografía: Ben Seresin. Música: Brian Tyler. Con: Tom Cruise, Russell Crowe, Annabelle Wallis, Sofía Boutella, Jake Johnson, Courtney B. Vance. Estreno: 8 de junio. Calificación: Aceptable.

 

Los cinéfilos que gustan del refresco y el pop acaramelado están de parabienes. Al suceso de taquilla de Rápidos y furiosos 8, Piratas del Caribe 5 y Mujer Maravilla, ahora se suma la resurrección de uno de los monstruos más redituables de la Universal, La Momia, nacida hace ocho décadas con el rostro de Boris Karloff. Ese film tuvo tanto éxito que originó varias secuelas y dos revisiones. La primera fue realizada en Inglaterra en 1959 y consagró a Christopher Lee. La otra llegó de la mano de Brendan Fraser en 1999, y generó dos secuelas y un derivado (El rey escorpión). Esos films eran vistosos pero canjeaban la cualidad siniestra del viejo título por un ágil espíritu de aventura deudor del ciclo de Indiana Jones.

No resulta fácil indicar al lector si esta Momia es una empresa lograda o un fracaso absoluto, por la sencilla razón que no es una película. Es, en cambio, un sagaz operativo comercial para mantenernos durante casi dos horas muy entretenidos, sin recordar el mundo real que nos espera a la salida. Desde ese punto de vista, el emprendimiento cumple con su cometido, porque despliega tal catarata de efectos visuales y sonoros que la sensación del espectador es similar a la del anonadado Tom Cruise, que lo único que hace es correr hacia cualquier lado para salvar su vida de los peligros que la acechan.

Y esa es sólo la punta del iceberg, porque La Momia es el inicio de una serie de películas independientes que intentarán reflotar a los viejos y exitosos monstruos que en los años 30 permitieron a Universal convertirse en una de las más poderosas majors de Hollywood. Sabido eso, el espectador entenderá por qué aquí hay material para seis o siete películas, aunque casi todos entren con calzador en la historia de esta vengativa princesa egipcia. Porque no sólo con momias se topa Tom, sino con una invasión de ratas en un callejón londinense que parece extraída de Nosferatu o Drácula, e incluso con el mismísimo Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Y también hay lugar para tres o cuatro saltos en la butaca que emparentan algunos encuadres de La Momia con el cine de terror puro y simple. Todo eso salpicado con dosis varias de Indiana Jones y una estética bastante cercana al comic. Claro, nadie le va a pedir seriedad al asunto, y así queda por el camino cualquier intento de mínima lógica: en medio de la tormenta de arena que invade Londres vuelan coches y ómnibus, pero Tom y la chica no. Esta Momia  es un tómelo o déjelo, y como tal hay que aceptarla.

Amilcar Nochetti

Tiene 58 años. Ha sido colaborador del suplemento Cultural de El País y que desde 1977 ha estado vinculado de muy diversas formas a Cinemateca Uruguaya. Tiene publicado el libro “Un viaje en celuloide: los andenes de mi memoria” (Ediciones de la Plaza) y en breve va a publicar su segundo libro, “Seis rostros para matar: una historia de James Bond”.