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Angela Davis: “Por un continente feminista, antirracista y libre” por Verónica Amorelli

Angela Davis: “Por un continente feminista, antirracista y libre” por Verónica Amorelli
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Angela Davis en Uruguay: encuentro con las mujeres negras del continente  

La primera visita a Uruguay de la académica y militante afro Angela Davis, duró menos de una semana, pero trajo al país una vida entera dedicada a la lucha por los derechos de las mujeres negras en el mundo.  La llegada de esta mujer de 75 años, que supo estar condenada a muerte en Estados Unidos, se transformó en un estímulo para continuar la militancia de las mujeres afro de Uruguay y el continente.

 Durante su estadía en Montevideo brindó una conferencia magistral en el Teatro Solís, fue declarada Visitante lustre de la ciudad y recibió el reconocimiento Honoris Causa de la Universidad de la República. Claro que hizo mucho más que todo eso. Destacó que nuestro país es un “un faro para el resto del mundo” por sus avances en la agenda de derechos, nos advirtió sobre el peligro que un aumento de la militarización implica para la democracia y nos recordó que la lucha feminista será también contra el racismo y las estructuras de dominación o no será.

Lejos de los grandes auditorios y las pantallas gigantes, Davis mantuvo una reunión con integrantes de colectivos de mujeres afrodescendientes de Argentina, Brasil, Colombia, Chile y Uruguay. La activista negra llegó al país para hablarnos a todos, pero en la mañana del sábado lo hizo a la sede de la Institución Nacional de Derechos Humanos para escucharlas a ellas.

Algunas de las presentes crecieron, maduraron y se hicieron mujeres mirándose en el espejo de Angela, otras nacieron cuando ella ya era un ícono.  Todas celebran el encuentro, contienen la emoción y con la voz quebrada intentan recrear sus realidades. De momento, Davis solo escucha, mueve levemente la cabeza, asiente. Escucha que el mundo ignora que en Argentina hay colectividades de mujeres negras organizadas, aunque no figuran en estudios, estadísticas ni acceden a las políticas públicas. Escucha que en la sociedad chilena hay un “racismo voraz” que tan solo reserva para las mujeres negras los lugares de servidumbre o de trabajo sexual. Escucha que las afrocolombianas son asesinadas impunemente, que en Brasil hay un feminismo negro muy avanzado que no ha logrado permear una institucionalidad política hecha por blancos para blancos, y que en Uruguay los avances legislativos son todavía insuficientes para revertir siglos de discriminación.

Ahora todas las miradas apuntan hacia ella con la esperanza de que haya traído en su maleta todas las respuestas. Angela toma la palabra para decir que no ofrecerá consejos porque el aprendizaje es colectivo. “Tenemos que aprender la una de la otra, construir un liderazgo colectivo y romper con el modelo masculino de liderazgo”, dice. Confiesa que algunas de estas realidades son poco conocidas en su país y agrega: “Siempre me sentí incomoda con la identidad afroamericana, la gente negra en Estados Unidos cree que los únicos afrodescendientes del continente son los que viven en Estados Unidos”. Davis cierra una breve intervención precisando que este es uno de los principales desafíos del feminismo negro. Destaca la necesidad transformar esta realidad y generar “vínculos de solidaridad” a nivel de todo el continente.

El encuentro culmina con la entrega del premio que recuerda a la activista afrouruguaya Amanda Rorra, otorgado a Davis “en reconocimiento por su lucha, su entrega y su solidaridad”. En realidad, el verdadero cierre llega desde el público a través de un grito espontaneo que clama por “un continente feminista, antirracista y libre”.  Angela sonríe y asiente.

 

El Uruguay racista

La llegada de Davis a Uruguay, a instancias del proyecto Horizonte de Libertades, es indefectiblemente una interpelación.  La idea de ser “faro en la región” resulta estimulante para seguir en camino, pero no es de ninguna manera la concepción de todas las metas.

Ruth dos Santos Cardozo y Carla Méndez son dos jóvenes activistas uruguayas que nacieron lejos de la efervescencia de los años 60 en la que Davis plantó bandera. Sin embargo, su convicción y su lucha contra el racismo llevan el mismo sello en el Uruguay de hoy. Ambas afirman que seguimos siendo un país racista también para las generaciones más jóvenes y especialmente para las mujeres. “En Uruguay las mujeres negras sufren machismo y discriminación. Son más pobres que las blancas, tienen menos educación, más hijos, trabajan más horas y cobran menos salario”, sintetiza Carla.  Reconocen que se avanzó en materia legislativa con la aprobación de la ley 19.122 que establece acciones afirmativas como la incorporación de una cuota de población afro en los empleos públicos, pero denuncian que la normativa no se cumple. Carla recuerda que la ley ya lleva 5 años de aplicación y estará vigente por 10 más. Su meta era alcanzar un 8% de población afro en cargos públicos y solo se aplicó en tres organismos que no superan el 2% de población afro entre sus funcionarios.

 

 Ruth vive en Rivera y afirma que la información y las políticas públicas destinas a la población afro están centralizadas en Montevideo y no llegan a los departamentos de frontera. “Seguimos lejos, estamos distantes, hay muchas cosas de las que no somos participes. Falta la presencia física de las instituciones en el interior”, según relata. El hecho no es menor teniendo en cuenta la alta presencia de población afro en esa zona del país donde, según dice, “las mujeres siguen siendo sumisas y subordinadas”. Para estas activistas jóvenes la presencia de Angela Davis en Uruguay representa “una oportunidad para renovar el compromiso, el aliento y las esperanzas” en el camino de trabajo por la igualdad de derechos. Angela dejó Montevideo, se fue a llevar su vivo testimonio por el mundo y a escuchar a otras mujeres negras. Ruth, Carla y muchas otras se quedan en Uruguay, luchando por ser escuchadas acá.

 

 

 

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