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Argentina: ¿El futuro sin valores? Agustín O´ Reilly

Argentina: ¿El futuro sin valores?     Agustín O´ Reilly
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Una mirada a la Sociedad y a la Política desde Argentina

El mundo se encuentra en una larga y delicada pugna, entre muchas y diversas corrientes de valores. Y en esa pelea, se van debilitando construcciones sociales que fueron las que hicieron de nuestros pueblos, lugares donde la promesa del Estado Nación se cumplimentaba. Está en la visión y en el liderazgo de los dirigentes políticos y sociales restablecer un camino de política que nos lleve al buen vivir social.

Los valores fueron mutando. Podríamos trazar una imaginaria gran línea divisoria entre Oriente y Occidente, y así y todo, esa sería una división totalmente desacertada. Podríamos hablar de “primaveras” o de “contra-revoluciones”. Proponerse acordar un solo proceso político dominante en las relaciones internacionales actuales, es simplificar la política internacional al punto de no poder entenderla.

Argentina no es ajena a esta crisis de carácter estructural. La concordia política, la justicia, los procesos políticos, sociales y hasta su piedra angular son motivo de debate. Los últimos procesos políticos desde el agitado comienzo de siglo, no dieron respiro a la población. La pobreza en los últimos 50 años paso del 4% al 33%. Con lo cual la crisis del sistema político y económico no es coyuntural, ni se explica con las corridas cambiarias de cada década.

La grieta real que existe en Argentina, es la grieta histórica con sus valores que se fue acrecentando a medida que se fue descomponiendo el tejido institucional del país. Todos los actores están en crisis. Los partidos políticos desaparecieron del mapa político y sus dirigentes ya no son más que los “tenedores de votos”, se miden y se desechan según las máximas de la investigación de mercados. Es lo mismo un político que un perfume. La Iglesia es catalogada de revolucionaria y agorera por cada gobierno que sube al poder. Cuando en realidad es la institución que mantiene la mayor cantidad y calidad de asistencia social en los lugares de mayor pobreza del país.

Los medios de comunicación vivieron una transformación por lo menos apabullante, con la desaparición de ciertos “canales de venta” y la aparición de toda la plataforma digital, la independencia del cuarto poder ha sido a veces más limitada por la necesidad de generar plataformas de entretenimiento y el “just in time” de cuantos clics tienen las notas publicadas por los periodistas en los medios digitales

La nueva izquierda se mezcla con el nuevo liberalismo libertario y las consideraciones sobre valores se mezclan en combinaciones nunca vistas en el pasado. El concepto es el hiper-posmodernismo. El no basar las acciones en líneas de pensamiento ni en ideologías pensadas desde lo que Hegel llamo el “Volksgeist”, la cosmovisión desde el “Espíritu del Pueblo”.

En cambio, se construye de lo que sin sentido surge desde el sinsentido. Un hiper-anarquismo deslucido, sin involucramiento físico, sino una utopía de Smartphone. Lo que temporariamente se supone es bueno para el agente político, y no para la política vinculada hacia el bien común.

Lo que sale de la boca y de la mente en ese instante, es lo que importa como aporte de valoración.

Los viejos “héroes” de los movimientos políticos han dejado el espacio vacío para los campeones de consolas de videojuegos, que compiten por uno de los valores que no ha perdido vigencia, el dinero.

Hasta nuestros días, no había tenido rival la construcción subjetivista de valores en el lenguaje político. La construcción exclusivamente sensible de los comportamientos sociales y la transformación de la legislación de derechos civiles, han traspasado barreras de la moral que han producido nuevas grietas. Sin embargo y con una conformación amplia en lo social, está surgiendo una mayoría nueva, que propugna una especie de contra-revolución.

En el campo social, la famosa brecha conceptual de valores, es cada vez más propugnada por “la política”, que insiste en temas definitivamente fuera de la agenda práctica del servicio público. La popularidad se busca en la disrupción comunicacional y no en la construcción de tejido político que conformen los vasos comunicantes para poder continuar con un plan de desarrollo de la comunidad sostenible.

El Hiper-posmodernismo es la construcción de la realidad a través de la realidad virtual que se manifiesta por las redes sociales. Una realidad más cercana a un emoticón. Fotos con filtros que nos hacen más flacos, más jóvenes, o de otro sexo. Pondera el pensamiento humano a través de macro datos de consumo digital (Big Data), las estadísticas de los estímulos son los consumos realizados, y a través de esos consumos se quiere inferir la manera de pensar y razonar de los habitantes de un país.

Atrás quedaron los temas de debate de los clásicos teóricos políticos sobre la centralidad de la comunidad política, hoy el centro del debate político es el individuo. Ni siquiera Benjamín Bentham imagino un animal político tan desquiciado por sus deseos. Pero ese deseo que motiva el accionar social, en este nuevo sujeto, quiere obligar a la mayoría a cumplir la voluntad de la minoría.

Una especie de Contrato Social invertido, y contrario al que propuso Jean Jaques Rousseau. La Voluntad General suena a opresión finalmente, nadie quiere que lo obliguen a ser libre. Sin embargo las “aldeas”, las minorías, se tornan autoritarias e intolerantes, minando los cimientos de las sociedades.

La política carece de liderazgo para oponerse a la fuerza del marketing individual. Una nueva escuela de política agonal sabe claramente cómo hacer llegar a candidatos al poder, pero no sabe cómo implementar políticas públicas ni liderar a un país hacia la virtud. Todas las acciones de los hombres online u offline dejan rastro en el mundo digital y sirven a los políticos y sus equipos de comunicación para hacer llegar el “mensaje esperado”

En el caso de Cambridge Analytica, la plataforma usada por Facebook en la elección de los Estados Unidos, psicólogos y marketineros proponían con la información obtenida que mensajes llevar a la sociedad. Esas herramientas sirvieron también para que el Brexit salga victorioso en Reino Unido y produzca la crisis institucional más prolongada de Inglaterra de los últimos años.

Aquellos que descreen de las tendencias que los grandes medios de entretenimiento y redes sociales proponen para llevar la vida adelante, piensan hoy en la necesidad de construir alternativas de representación, basadas en la promoción de los valores tradicionales, con menos marketing político.

Sin dudas, muchos años dieron por sentado valores compartidos como nación con sus conciudadanos pero hoy esa circunstancia no sigue vigente.

Escribió Aristóteles en la Política, que la conservación de la unidad y estabilidad política de una sociedad o de una polis, se da a través de lo que él denomina “concordia” (homónoia).

En todas las comunidades existen las tensiones que producen fuerzas y luchas contrapuestas, pero si prima la discordia, pone en juego la estabilidad de la nación como conformación social común.

En estos últimos años, la renombrada y utilizada “grieta” que sufre la argentina, no es más que una discordancia amplia entre sus ciudadanos sobre los valores que tienen que regir la república y que virtudes deben tener sus gobernantes.

También, la grieta es la pobreza, la diferencia entre los habitantes y que desarrollo de largo plazo le espera a un niño que nace en el conurbano del gran buenos aires del lado de afuera de los barrios cerrados.

Una gran grieta se ha formado en Argentina con su propia historia. Aquel país donde la gran masa del pueblo era clase media instruida, técnicamente preparada y con cultura nacional, ha generado con el transcurrir de las crisis políticas y económicas, el “reggaeton político social”. La transnacional no ha sido exclusividad de las grandes corporaciones económicas. Sino que han sido las grandes transnacionales culturales la que han desdibujado el “sentir nacional” de nuestra sociedad.

La nueva generación política ya está a cargo de las decisiones sociales de la Argentina. La nueva agenda, es contradictoria y llevo a este país a separarse por una nueva grieta.

Un nuevo paradigma de confrontación se abrió camino y trata de poner en duda la base misma de la sociedad. Si los “bienes” sobre los cuales se fundó nuestra Nación, y que fueron consagrados por la constitución de 1853 y reafirmados en la reforma de 1994, continuaran rigiendo las acciones políticas de los cuerpos intermedios. Si Dios y la Iglesia católica siguen siendo actores relevantes en la vida de la patria, si la representación democrática y la partidocracia continúan siendo el camino indicado para que se conformen los gobiernos que en su gran mayoría carecen de éxito. Si la familia es o no la pieza fundamental de nuestro país; son las “grietas” a resolver.

En todo caso, la sociedad argentina, como la mayoría de las sociedades de Iberoamérica, caminan en un sendero complejo, donde la preeminencia de lo libertario y la carencia de lo filial, constituyen una gran amenaza. La amenaza es la falta de motivos para la Unión Nacional. Ante una plataforma “liquida” de los partidos políticos históricos, grandes en edad pero adolescentes en valores, una gran porción del electorado tiende a decidir si se respetan los valores fundacionales de nuestra Nación Argentina, como la comunidad organizada hacia el Bien Común; o si nos dirigimos a la deconstrucción de la patria y a una nueva sociedad liquida sin más valor y ley, que la voluntad individual.

El complejo conjunto de instituciones, políticas públicas, líderes políticos que llevaron adelante el desarrollo de nuestro país, en la búsqueda del Bien común de la sociedad, hoy parecen ser desterrados y ubicados en altares de veneración exigua. Se están reemplazando por máquinas de política agonal constante, que solo requieren del impulso del dedo pulgar en un teléfono celular o un clic en una pantalla.

Todas las fases y planos de la política están en crisis, ya que hoy el hombre más que nunca “nace desnudo”, pero la sociedad en vez de “vestirlo” parece dejarlo de esa manera frente a los desafíos de la vida.

 

Politólogo argentino (UCA), Magister en acción política y participación ciudadana (Francisco de Vitoria, España), MBA (UCA). Profesor de Estrategia Corporativa. (MBA UCA). Director General de Moody Brook.

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