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¡Arriba el imperialismo!… con perdón

¡Arriba el imperialismo!… con perdón
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Victoria y Abdul (Victoria and Abdul), Gran Bretaña/USA 2017. Dirección: Stephen Frears. Libreto: Lee Hall basado en libro de Shrabani Basu. Fotografía: Danny Cohen. Música: Thomas Newman. Con: Judi Dench, Ali Fazal, Tim Pigott-Smith, Eddie Izzard, Michael Gambon, Olivia Williams. Estreno: 09.11.2017. Calificación: Aceptable.

 

Hallar el acento correcto para analizar Victoria y Abdul no resulta fácil, ya que no quiero parecer ciego ni malhumorado. El riesgo está en no señalar al lector la peligrosa idea que subyace debajo de la simpática y pulida superficie de la película. Porque, más allá de inspirarse en un hecho real, Victoria y Abdul aplica el concepto del Tío Tom a la India. Es decir, resucita a Gunga Din, sólo que lo hace en pleno siglo 21, cuando una película favorable al concepto colonialista parecía inconcebible. ¿Por qué Gunga Din puede ser disfrutada plenamente, mientras que Victoria y Abdul plantea tantas dudas? Porque aquel clásico de 1939 buscaba divertir sin preocuparle la Historia. Cuando Cary Grant se metía solo en una cueva llena de hindúes y decía: “Quedan todos detenidos en nombre de la Reina”, el espectador sólo podía reaccionar mediante la carcajada ante tal disparate. En ese instante la película desvelaba su declaración de principios como obra pensada sólo para el goce aventurero. En esos términos el resultado es válido, más allá que los thugs no fueran los villanos unidimensionales que proponía Hollywood.

Victoria y Abdul se esfuerza en derrochar voluntad de tolerancia e integración, pero si uno piensa un poco advertirá que muestra la hilacha imperialista de principio a fin. La película cuenta la historia de Abdul Karim, el Munshi (el maestro), convertido en siervo de la reina Victoria en 1887. Ese joven se ganó el afecto de la anciana y terminó siendo secretario personal y confidente suyo durante sus últimos catorce años de vida, lo cual nunca fue bien tolerado por la Casa Real. Judi Dench vuelve a encarnar a Victoria (ya lo hizo en Su Majestad la Sra. Brown) y durante la primera mitad torna muy disfrutable el material, al liderar una auténtica comedia de situaciones, hábilmente orquestada por el director Stephen Frears y su libretista Lee Hall. Es que el carácter obsoleto de la reina causa risa y permite que su amistad con el joven hindú se desarrolle de forma distendida y sea aceptada con facilidad por la platea. Allí también se luce Mohammed, musulmán de quien surgen los chistes más amargos y suspicaces sobre la magnanimidad imperial. Los únicos dardos que por política correcta se permite el film.

Promediando el anecdotario todo se reviste de tonos más intensos, y allí Victoria y Abdul termina empantanada en un ampuloso melodramatismo. Allí se quiebra el pulso del film, mientras quedan al desnudo sus íntimas incomodidades. Es que Frears parece haber aceptado el encargo sabiendo los peligros que contenía, y entonces por un lado caracteriza a Victoria como ejemplo de dama con amplitud de miras, mientras por otro la retrata como una absoluta ignorante sobre política internacional o la forma en que el Imperio administra a India. Por otro lado, lo único que sabemos de Abdul es que se siente muy contento de servir a la reina, aunque nunca se explique por qué se muestra tan agradecido con los ocupantes de su suelo natal, o cómo se siente un sirviente que pasa a tener él mismo su propia servidumbre. Incluso no se muestra cómo fue recibido en India al volver. Porque no olvidemos que el simpático Abdul fue un colaboracionista, un traidor. Frears lo sabe y parece pedir perdón por lo bajo, mientras visiblemente se inclina y dice “¡Viva el imperialismo!”. Eso convierte a Victoria y Abdul en un film bastante hipócrita, más allá de su vistosa e innegable amenidad.

 

 

 

Amilcar Nochetti

Tiene 58 años. Ha sido colaborador del suplemento Cultural de El País y que desde 1977 ha estado vinculado de muy diversas formas a Cinemateca Uruguaya. Tiene publicado el libro “Un viaje en celuloide: los andenes de mi memoria” (Ediciones de la Plaza) y en breve va a publicar su segundo libro, “Seis rostros para matar: una historia de James Bond”.