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AY, Alicia, ¿qué hiciste?

AY, Alicia, ¿qué hiciste?
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Tomb Raider: las aventuras de Lara Croft (Tomb Raider), Gran Bretaña/USA 2018. Dirección: Roar Uthaug. Libreto: Geneva Robertson-Dworet y Alastair Siddons sobre historia de la primera con Evan Daugherty. Fotografía: George Richmond. Música: Junkie XL. Con: Alicia Vikander, Dominic West, Walter Goggins, Daniel Wu, Kristin Scott Thomas, Derek Jacobi. Estreno: 15.03.2018. Calificación: Regular.

 

La resurrección del icónico personaje sexual y aventurero de Lara Croft bajo los parámetros victorianos del actual Hollywood sólo dan cuenta del patetismo y la falta de creatividad que padece la más poderosa industria del cine mundial. Desde el inicio hay que decir que ningún fanático del personaje gustará de esta película. Por más que en los últimos años hayan cambiado la esencia sexual de Lara en el cómic original, esa acción no tiene justificación. No importa que en la vida diaria defendamos la idea que la mujer no es un objeto sexual. Esa es la realidad de la vida: Lara, al igual que James Bond, es parte de un imaginario colectivo ficticio, por lo cual siempre será un sexo caminando. Convertirla en un ser humano de dimensión real resulta un mayúsculo error.

En el macabro puritanismo al que nos han llevado las desubicadas acciones de los sectores hembristas del feminismo (y las verdaderas mujeres no tienen culpa de eso), el físico que Hollywood nos da hoy de Lara se adaptó al asunto. Que Alicia Vikander me perdone, pero eso empeoró las cosas: ahora Lara no tiene boca carnosa ni prominentes senos, y tampoco usa pantalón corto sino jeans, no sea cosa que los acechantes machos la confundan con el objeto pecaminoso que dejó de ser. Tan ridícula es esta situación de querer igualar los géneros eliminando sus bienvenidas diferencias, que la película no le permite a Lara ni siquiera un mínimo amorío con nadie. Y de sexo ni hablemos, porque capaz que mi abuela Lola se enoja. Esta suerte de “igualdad realista” que persigue la producción lo único que logra es desestabilizar absolutamente al personaje y, por ende, todo lo que tenga que ver con él. Algo tan irreal como descubrir que, tras 25 aventuras, después de todo quizás James Bond resulte gay.

Había que ser Dios o Gardel para que partiendo de un concepto tan errado la película funcionara. Pero el ignoto Roar Uthaug, cuyo nombre no ruge como el león de la Metro, no es Dios y canta peor que yo bajo la ducha. Hay desbordes continuos de acción que parecen vertiginosos (y quizás en 3D hagan pegar saltos un par de veces), pero que en realidad funcionan por acumulación, sin ton ni son. La dirección de actores brilla por su ausencia, por lo cual el villano no tiene ningún carisma, y eso tampoco luce. No todo es culpa de Roar empero, porque el libreto también aporta lo suyo al descalabro. En parte porque hacer simpática a Lara desde su vulnerabilidad es imposible, y también porque los diálogos parecen dichos por y para descerebrados. Al debe aún habría que sumar el aspecto visual irreal, donde todo es CGI y nadie suda la camiseta. Por eso la pregunta del título: ¿qué hiciste, Alicia, para canjear tu indiscutible talento por este disparate? ¿Tanto te gusta actuar en Hollywood? ¿Tan rápido te olvidaste de Ana Karenina, Un asunto real, Una chica danesa o Ex Machina? En esos personajes brillaba por entero tu potencial. Que te quede claro, Alicia: Lara es Angelina Jolie.

Amilcar Nochetti Tiene 58 años. Ha sido colaborador del suplemento Cultural de El País y que desde 1977 ha estado vinculado de muy diversas formas a Cinemateca Uruguaya. Tiene publicado el libro "Un viaje en celuloide: los andenes de mi memoria" (Ediciones de la Plaza) y en breve va a publicar su segundo libro, "Seis rostros para matar: una historia de James Bond".