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¿Balotaje con final abierto?

¿Balotaje con final abierto?
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El 24 de noviembre los uruguayos votamos la fórmula presidencial.  Los resultados del 27 muestran un Frente Amplio con 40% y la coalición opositora con un porcentaje que supera cómodo el 50%. ¿Es posible para el FA revertir estos números? ¿Cómo? ¿Quiénes pueden ser más proclives a sumarse a la candidatura de Martínez? ¿Y por qué? ¿Qué estrategia debe usar el oficialismo para captar votos? ¿Los votantes acatan la opinión de sus candidatos? ¿Logrará Lacalle Pou obtener el apoyo suficiente de los ciudadanos que votaron a los otros partidos? ¿Está definido el balotaje en su opinión? ¿Cómo deberían encarar los candidatos su campaña para obtener el triunfo?

Balotaje por Gonzalo Abella

En líneas generales, el plan imperialista se va cumpliendo. Las dictaduras abiertas de los 70 fueron sustituidas por democracias tuteladas. En ellas se instala una alternancia planificada entre la derecha clásica y una ex izquierda domesticada. Esta última levanta la nueva agenda de derechos, pero se aleja todo lo posible de cualquier denuncia, aún la más tímida, contra el saqueo transnacional, del cual es cómplice y brazo ejecutor.

Ahora irrumpe un partido militar, que volvió a levantar cabeza por las propias inconsecuencias del Gobierno. Yo lo defino como fascista. No es un insulto, es una definición científica que existe desde la década del 30. El fascismo es una definición mucho más amplia que el nazismo, el cual fue la variante más abiertamente racista del fascismo. El fascismo tiene como objetivo final la dictadura terrorista del capital, pero sabe enmascarar sus fines últimos en su escalada inicial. Siempre tiene una fachada demagógica: en Alemania fue la de un “socialismo nacional”, en Italia la de una Patria “que debía recuperar la grandeza del antiguo Imperio”, en el Uruguay de hoy, una irracional y demente autodefinición de “artiguista”, cuando en realidad sus fines y su estructura interna son la antítesis de la doctrina del Protector de los Pueblos Libres, impulsora de la Patria Grande y de la democracia popular.

A pesar de su crecimiento, por ahora el fascismo abierto tiene un techo y un freno. La carta actual del imperialismo es el neoliberalismo en alternancia controlada, y no el golpe de Estado.

Neoliberalismo, saqueo ambiental, contaminación, privatización creciente de la Salud y de la Educación, desempleo, inseguridad. Ese es nuestro trágico presente.

En ese marco ¿qué puede hacer la socialdemocracia para obtener un cuarto mandato?

No hay mucho tiempo. Creo que con urgencia debe abandonar ese desdibujado “centrismo” de Martínez y levantar sus viejas banderas de izquierda, las que lo llevaron a triunfar 15 años atrás. Con autocrítica y rectificación se puede recuperar terreno en 20 días; pero eso parece entenderlo mejor el ambiguo Andrade con su discurso de izquierda, en contradicción con su votación cómplice, y sus silencios que aturden más que su verborragia. El Candidato debería prestarle más atención.

Vienen tiempos duros. La UP está analizando en profundidad su retroceso electoral, que le impide tener voz en el Parlamento, voz que seguirá resonando en la inserción social, en los muros, en los boletines y en las redes sociales. Aún con la peor variable de administración neocolonial, nuestro pueblo sabrá defender sus conquistas históricas.

De Frente, siempre por Mauro Mego

El FA votó muy bien, es el gran partido del país luego de 15 años de gestión, luchando con errores propios y operetas externas. Hubo y hay gente que no tolera a la izquierda en el gobierno.  Pero a pesar de todo, de que 4 de cada 10 orientales voten al Frente Amplio, esto no es suficiente en el extremadamente exigente sistema de elección uruguayo. Un partido que le lleva 10 puntos al segundo no tiene nada asegurado, increíblemente. Se habla del “castigo” al gobierno, pero no se dice nada del estancamiento y retroceso del Partido Colorado y del Partido Nacional. Curioso.

Pero ahora se viene otra elección y más que nunca tenemos dos modelos, a pesar de que a algunos les moleste la evidente dicotomía. Siempre fue así en nuestro país, hace más de cien años hay dos grandes familias ideológicas y políticas cuyos ejes vertebradores han ido cambiando de lugar, pero no de concepciones. Un modelo de república social, solidarista, promotora de libertad a través de la igualdad, democrática en todas las dimensiones humanas, económica y socialmente, y, por otro lado, un modelo liberal/individualista/conservador, expresado ahora por esta coalición cuyo giro a la derecha es cada vez más pronunciado. Ese choque de modelos es imposible no verlo.

Pero las reglas de juego son estas y Martínez-Villar deben convocar mayorías más amplias. Dependerá, en parte, del tipo de campaña que se encare, dónde se haga, cómo se haga y con quiénes se haga. Se debe convocar al diálogo a sectores amplios, tratando de conversar y convencer a sectores no tan partidizados ni politizados que pueden llegar a ver con buenos ojos la continuidad del proyecto frenteamplista o evitar el advenimiento de la derecha. En cualquier caso, ya estamos viendo señales positivas. Varios colectivos sociales se están pronunciando y movilizando por la candidatura de Martínez. Hay una gran movilización joven que emociona y le espeta en la cara a los agoreros del desastre que el Frente Amplio está más vivo que nunca. Veremos qué sucede con esta movilización social amplia, luchamos con adversarios poderosos y con una coalición tragicómica cada vez más a la derecha, pero con un sólido consenso en su arrasador plan económico.

No está cerrado el partido. Ni harakiris, ni sobredosis de analistas o intérpretes de “la gente”, que de eso está lleno el boliche. Hagamos lo que siempre hicimos, incluso contra el aparato mediático, que ha sido estrechar la mano de la gente, no valernos del miedo ni de la desgracia y decir siempre qué vamos a hacer, cómo y con quienes. Nosotros no tenemos programa oculto. Se trata de qué país queremos, y tenemos que ir al encuentro con alegría, pero con firmeza. “Vacilar es perdernos”.

Última oportunidad para el mamado por Benjamín Nahoum

“El susto despertó al mamado” (Lucía Topolansky, en 2014 explicando el importante crecimiento del Frente en esa elección, con relación a la votación en las internas y los pronósticos de las encuestas)

 

Si se analiza nuestra historia política, por lo menos de la dictadura para acá, y aún antes, se observa que el pueblo uruguayo muy pocas veces o casi ninguna ha votado por más de lo mismo. Si bien hay partidos que se han mantenido en el poder por un número importante de años, en cada elección la decisión ha sido por algún tipo de cambio: de partido, de sector, o aún de figuras dentro de los sectores.

Por eso creo que fue un error que el Frente Amplio haya basado su campaña para la primera vuelta, después de elegir una buena consigna, como lo era “No perder lo bueno, hacerlo mejor”  (que permitía plantear cosas nuevas sin dejar de reivindicar lo conseguido) en volver una y otra vez sobre lo hecho y muy poco sobre lo por hacer, que sigue siendo muy importante y para lo cual hay muchas propuestas en las bases programáticas aprobadas por el Congreso de diciembre pasado, lamentablemente muy dejadas de lado en la campaña frentista. El Congreso llamaba a “Mismos principios, nuevos sueños”. ¿Por qué no hablamos de los sueños?

Pienso además que debió ayudarse a los futuros votantes a hacer memoria, porque esta coalición que amenaza gobernarnos por cinco años, tiene poco de original, si bien presenta la novedad de la sorprendente irrupción del maninismo, un grupo casi sin discurso, a excepción de dos o tres consignas muy vagas sobre la corrupción y la seguridad, pero que supo reunir en uno solo una derecha que estaba dispersa entre varios partidos.

Es que ya tuvimos coalición de blancos y colorados en el 90, y de colorados y blancos en el 94 y el 99, y sabemos qué tipo de ajustes y fragmentación social podemos esperar de ellos, que entonces y después nos obligaron a usar “la motosierra buena” en tantas cosas, por ejemplo, para que no remataran las empresas públicas o sembraran el país con núcleos básicos.

Pero el pueblo uruguayo, si bien es proclive al cambio (y eso lo explotó muy bien Lacalle en la campaña para la primera vuelta, repitiendo hasta el cansancio esa palabra), no es afecto a dar saltos en el vacío. Y en este caso, para peor, para atrás. Por eso creo que todavía hay tiempo de que el mamado de la historia se despierte de su somnolencia y defienda todo lo conquistado en estos quince años de gobierno y reclame lo que falta conquistar y profundizar lo hecho, cosa que solamente el Frente puede lograr, porque está en su legado, mientras en el de enfrente está el statu quo y el mantenimiento de esta organización social injusta que los favorece.

¿De dónde pueden salir los votos para pasar del 40% que tuvimos, al 50% necesario? De esa gente que no nos votó en primera vuelta, pero que tampoco votó a Lacalle, a Talvi o a los grupos menores, sino que votó cambiar. Mostrando que la única fuerza política que puede generar esos cambios en un sentido positivo es el Frente y que el cambio conservador no es sino un retroceso, como lo mostraron sus quince años de gobierno previos a los del Frente y como lo muestran también los ejemplos de Argentina, Brasil o Chile, para citar sólo los más cercanos.

Entonces, se trata de redoblar, pero también de cambiar la dirección, de aceptar que para rescatar esos miles de votos que perdimos, tenemos que imaginar el futuro con audacia y no quedarnos en la autocomplacencia de que hicimos todo bien y sólo se trata de seguir por el mismo trillo, sino convencernos y convencer a la gente que hay caminos nuevos a recorrer, para mejorar y no para retroceder.

¿Qué deberíamos gobernar sin mayoría parlamentaria? Lacalle tampoco la tiene, incluso está más lejos de ella y si quiere conseguirla deberá aliarse con Manini y aceptar sus condiciones, y las de los colorados y Novick, que ahora parecen mínimas, por el apuro que tienen para ganar, pero que van a aparecer nítidamente si gobiernan. Daniel Martínez, en cambio, tendrá que gobernar con la gente, haciendo propuestas para que su situación mejore, y ahí habrá que ver quien se anima a votarlas en contra en el parlamento. Por ejemplo, la coalición multicolor repite una y otra vez que no va a suprimir los consejos de salarios, porque sería suicida reconocerlo, pero tampoco decían que iba a haber fiscalazos, y sus gobiernos estuvieron llenos de ellos.

Memoria, mucha memoria. Y volver a nuestros nuevos sueños.

Retroceder, imposible por Mercedes Vigil

Esta campaña electoral ha sido muy diferente a las anteriores y la disyuntiva está entre retroceder o introducirnos en el nuevo milenio.

El oficialismo se ha mostrado poco creativo y en su discurso ofrece mejorar lo mismo, cuando lo mismo ha fracasado a ojos vistas. Tampoco ha dado señales de desmarcarse de sus primos ideológicos que avasallan derechos y libertades, aferrándose al poder y derribando pilares republicanos cada vez que lo necesitan.

Hoy el acceso a internet permite al ciudadano común informarse rápidamente de lo que acontece en el mundo, sin someterse al filtro de la prensa oficialista u oficializada. Se advierte resurgir una corriente de pensamiento que reivindica la violencia como manera de dirimir asuntos que deben resolverse pacíficamente. Esto ha hecho crecer a una mayoría silenciosa que no quiere para Uruguay lo que sucede en Cuba o Venezuela y siente que todo cambio debe pasar por las urnas.

Por otro lado, la discusión de ideas, que se dio mayoritariamente en las internas y antes de la primera vuelta, muestra la imposibilidad del oficialismo de plantear cambios, dejando a la oposición la tarea de programar reformas sustantivas en temas acuciantes.

Este año, muchos ciudadanos hemos decidido votar por el mejor programa educativo en la convicción que, si no cambiamos la educación, ningún otro cambio será duradero. Los jóvenes seguirán emigrando en busca de mejor destino y no tendremos ciudadanos aptos para elegir dignamente en qué país quieren vivir.

Debo confesar que personalmente, elegir no me fue fácil ya que tanto el Partido Nacional como el Partido Colorado proponen una reforma sustantiva en un tema tan postergado. Necesitamos desesperadamente otra reforma Vareliana que nos despegue de esta chatura creciente, que eduque y no adoctrine, que forme ciudadanos y no analfabetos.

Hoy, llevar a la práctica estas propuestas resulta imprescindible si no queremos que los jóvenes uruguayos nacidos en el siglo XXI sigan atrapados en un sistema diseñado hace más de un siglo, obsoleto y que los deja a un lado de la carretera que conduce al futuro.

Vivimos tiempo de cambios vertiginosos y quedarse en el mismo lugar es sin dudas, retroceder. Por eso creo que el próximo gobierno será del PN, que deberá gobernar con el resto de la oposición si pretende llevar a cabo los cambios necesarios para volver a ponernos en el mapa del desarrollo.

Estos incómodos resultados electorales por David Rabinovich

Dijo Daniel Martínez: “sabíamos que el FA venía de 15 años de gobierno y que es difícil, ya que 15 años siempre desgastan”.

Una de arena. Estaba dispuesto a escribir en tono crítico sobre esa afirmación que suena como inapelable verdad: ‘el gobierno desgasta’. Me cuestiono por qué desgasta y qué es lo que desgasta de su ejercicio. ¿El buen gobierno, desgasta? Si es natural e inevitable el ‘desgaste’ en el ejercicio del gobierno ¿qué pasa con los gobiernos departamentales: ¿Cerro Largo, Colonia, San José…? ¿Y Montevideo? No me parece que sean ejemplos similares, ni todos buenos gobiernos.

Otra afirmación que me rechina es que la Reforma de Larrañaga fracasó. No alcanzaron los votos porque Montevideo se opuso y Canelones no acompañó, pero ¡sacó más de 1:100.000 votos!

El 27 de octubre las derechas uruguayas -centro y ultra- obtuvieron más del 50% de los votos. Hicieron hincapié -desde el 2005 para acá- en un supuesto y anunciado fracaso de las políticas de seguridad, educación, las relaciones internacionales, el derroche irracional de recursos y en la corrupción. Yo soy de la época en que los policías tenían que comprar las balas y salían a la calle con no más de 3 o 4; los patrulleros recorrían la campaña si los vecinos hacían una ‘baca’ para el combustible; las policlínicas dependían exclusivamente de los vecinos con la buena voluntad de algún médico y las ambulancias se entregaban a la población ¡sin motor! (Chiruchi en Villa Rodríguez).

Otra de cal. Después de 15 años el FA es el partido más votado. Si bien apenas supera el 40%, obtuvo una diferencia superior al 10% sobre los blancos. Con este resultado, en otros países de la región en los que también hay segunda vuelta, Martínez ya era presidente. Pero es cierto sí que la izquierda perdió un montón de votos; todo el amplio espectro del centro político perdió votos. Y apareció consolidado un partido de derecha que obtuvo una decisiva representación parlamentaria: 3 senadores y 11 diputados.

Un poco de agua. El 40% ¿es poco o mucho? Es poco acá, para la izquierda que ganó y disputa la segunda vuelta, pero es mucho en Argentina, para la derecha, que ya perdió en la primera. La percepción también importa y está construida en gran parte por un sistema de medios que no es neutral ni objetivo.

Estoy convencido que las elecciones no se pierden o se ganan en las campañas electorales; importan los plazos más largos de acumulación o desgaste. Gustavo Remedi en La Diaria propone “atender todos estos problemas … que están en la base del enojo, la angustia, la desazón y hasta la desesperación de sectores importantes de las clases populares que el domingo 27 buscaron respuesta e ilusión fuera del FA, porque en estos años no se pudo o no se supo darles la debida respuesta.”

Los logros del FA s no se miden sólo por el confort y el consumo. ‘El buen vivir’ incluye seguridad, trabajo, educación, salud, vivienda, tiempo libre… Más otras cosas que deberían determinarse de forma democrática. ¿La izquierda en el gobierno no fue capaz de hacer o de explicar? Creo que le faltó capacidad de permitir a la gente que participara en los procesos de cambio. Quizá por miedo al reclamo. La docencia política que no se hizo, la participación que no se supo promover, todo tiene su precio electoral. Ganar es recuperar el rumbo y la identidad de izquierda. Anticapitalista. Porque dentro del sistema no hay respuestas para todas las demandas.

El voto castigo está muy instalado por Pablo Díaz

A mi entender no tiene margen Martínez para revertir la tendencia. Pienso que mejora algunos puntos en base a ex-votantes del FA que este 27 de octubre apoyaron a Manini, Talvi, Abella,Vega o votaron en blanco o anulado. Sin embargo, el voto castigo está muy instalado. La renovación del oficialismo se realizó principalmente con un perfil de candidatos «gestores» que ofrecían más de lo mismo. Esto quizás explica en parte el crecimiento de Andrade, que estaba en minoría respecto a los “gestores”.

En la edición del 26 de octubre de este Semanario, planteamos el “voto Huidobro” pensando en la segunda vuelta, pero por ahora pareciera que Manini tiene mejores ofertas con Lacalle.

No se puede generalizar de que en todas las situaciones los votantes acaten lo que dicen sus candidatos ni al revés. Depende del contexto, en algunos casos como en el escenario del “voto Huidobro”, ir en contra del voto castigo requeriría de una lealtad tipo disciplina militar o religiosa.

Me parece muy escaso un mes para dar un volantazo rabioso que reperfile al FA como atractivo. Por eso creo que está definido que, si Lacalle no comete grandes errores, gana con tranquilidad. Reitero que la única novedad la podría haber dado Manini. Se puede pensar que, si la competencia es entre “viejos” y “nuevos” gestores, la oposición intentará aprender de los errores de las tecnocracias progresistas para neutralizar los puntos altos de las gestiones del FA. A mi entender esta derrota electoral implicara un nuevo punto de quiebre donde los espacios vacíos hacia la izquierda serán aprovechados por la izquierda no frentista y un giro del FA a la centro-derecha podría amenazar su principal capital: la unidad.

¿Quién puede hacerlo mejor? Por Melisa Freiría

Matemáticamente no tienen chances, pero si alguien da al Frente Amplio por muerto, no entendió la génesis de esta fuerza política.

El Frente Amplio durante años trabajó en la comunidad, permeó en sindicatos y gremios, potenció organizaciones de la sociedad civil, se mantuvo presente en su militancia de base. Logró que los vecinos vayan al comité a discutir sobre política. Como oposición supo leer conflictos y los tomó como bandera aferrándose a esas causas. Luego llegó al gobierno y período tras período esos vínculos valiosos que un día construyó se fueron deteriorando, los líderes se aburguesaron y dejaron de patear los barrios. Los discursos mutaron, se llenaron de técnicos y se olvidaron de aquellas banderas que como oposición levantaron. No sólo se las olvidaron sino que gobernaron en su contra, como es el caso de UPM o del accionar del aparato represivo del Estado. Sumando la mala gestión, la postergación de las reformas, la falta de autocrítica y la enorme soberbia, el Frente Amplio se encargó de estar en condiciones de perder el gobierno.

La oposición en estos años ha mostrado madurar. Lacalle Pou, comenzó a hacer política desde otro lugar. Ya no es el candidato de 2014 que flaqueaba en cuanta entrevista tenía, carente de cintura, que no manifestaba emociones claras de ser presidente. Hoy es otro y a pesar de que no lo voto, reconozco que armó un equipo formidable con una solidez técnica y humana, que funcionan al unísono cuando de hablar sobre el país se trata, que piensan y se proyectan a futuro mucho más que los líderes y equipos improvisados del Frente Amplio. También lo acompaña en su fórmula una vicepresidenta feminista quien tuvo que romper estructuras en un partido de tradiciones y allanó su camino con una fuerza tremenda, una candidata que no titubea ni le faltan reflejos para condenar lo condenable y potenciar a los jóvenes y mujeres a su alrededor.

Si bien desde lo personal tengo mis enormes reparos en la coalición que se está gestando en los partidos de oposición, principalmente porque no la considero creíble, hay que reconocer la madurez y apertura con la que se están tratando las propuestas de gobierno. Las críticas suelen vincularse a Cabildo Abierto. Manini construye su liderazgo ejerciendo su cargo de comandante en jefe, y no sé qué tanto miedo le despierta a los frenteamplistas si se supone es una persona de confianza de Tabaré Vázquez. Pero no olvidemos que en última instancia son las urnas las que lo pusieron donde está, ahora hay que remangarse y articular el parlamento para que no se desmadre hacia la ultraderecha conservadora y nefasta que representa.

Creo que a lo que la campaña se refiere, a las personas no les gusta que les mientan, prefieren mensajes claros, y que les hablen más de un proyecto propio que de chismes de la vereda de en frente. Si la estrategia del Frente Amplio continúa siendo denostar al rival electoral y plantear la crítica burda y simplista, consideren lapidado su gobierno. ¿Hay quienes pueden hacerlo mejor?

 

Ponerle el hombro al Uruguay  por Alejandro Sciarra

La pregunta que nos hace VOCES hoy, me la ha hecho más de un amigo, más de un familiar y varios conocidos. En asados, reuniones, en el supermercado o donde venga. La pregunta del momento es “¿Y? ¿Ganamos?”

Sinceramente, tengo mucha ilusión. Pero, además, creo en la capacidad, en la solvencia del equipo de Lacalle Pou. Solvencia que quedó más que demostrada en los últimos meses. Pero como no soy un gran conocedor del intrincado mundillo electoral y prefiero no subestimar a mi rival, habitualmente respondo a esa pregunta con cautela.

Vivimos en Italia desde mediados de 2017 y el viernes 18 de octubre desembarcamos en Montevideo. Vinimos los dos llenos de ilusión. El domingo 27 en la sede de TODOS, teníamos los resultados a la vista y escuchábamos las palabras de Lacalle Pou. Todos los presentes venían de meses de intenso trabajo, cansados, sin voz, habiendo hecho infinitos sacrificios y quilómetros. Todo eso y la ilusión de las cifras nos sonó a interpelación. Acá había que quedarse a trabajar. Ponerse a la orden de este proyecto que tanto nos inspira. Y entonces decidimos quedarnos un mes más.

Así que vuelvo a la pregunta que nos hace VOCES; ¿balotaje de final abierto?, ¿ganamos? Personalmente, no me interesa demasiado dar una respuesta. La ilusión que me provoca el proyecto de alternancia en el poder en Uruguay; la ilusión que me provoca la capacidad de liderazgo, el talante estadista y la sensibilidad social de Lacalle Pou, a quien tengo el gusto de conocer personalmente, me genera, además, ganas de volver a ponerle el hombro al Uruguay. Además de un profundo agradecimiento hacia mi candidato.

Si me preguntan en concreto qué es lo que tiene que hacer Lacalle Pou para ganar el 24 de noviembre, mi respuesta será, “que siga haciendo lo que está haciendo, que no cambie.” Y me gustaría que, en caso de ganar la elección, gobernase de la misma manera. Con sinceridad y honestidad, con humildad para negociar y ceder, con estrategia y visión de futuro, con apertura para recibir críticas y propuestas. Lacalle Pou ha demostrado una altura, una calidad y una claridad envidiables.

¿Qué tiene que hacer cada candidato para ganar? No tengo idea. Pero sé lo que me gustaría que hiciera mi candidato. Unir, acordar y ejecutar las transformaciones que el país necesita. Con aplomo y paciencia, caminando hacia la integración, la justicia y la paz social.

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