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Bibi por más de lo mismo por Ruben Montedonico

Bibi por más de lo mismo por Ruben Montedonico
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Resulta claro que estas no son las Naciones Unidas con menos de 60 integrantes que nacieran luego de la Segunda Guerra, donde el delegado de Uruguay, que participó en la partición de la británica Palestina, era Enrique Rodríguez Fabregat; la organización devino otra cosa, sobrevivimos una primera guerra fría y parece que estamos mejor preparados para una segunda, ahora con casi 200 miembros. Todo organismo internacional está poblado de conspiradores, espías y como apuntara el doctor Nelson Iriñiz Casás(*) también por hetairas al servicio -preferentemente- de los intereses de Washington, explotando confesiones suministradas por sus clientes en la intimidad.

Aquellos tiempos estuvieron acompañados en el hogar de don Enrique por el nacimiento de George, al que cargaban tozudos cabilderos en favor del establecimiento de un estado judío: Luis Alberto Monge Álvarez (tico) y Golda Mabovitch (ruso-ucraniana), luego Meir. El dolorido Reino Unido azotado por los bombardeos nazis, como potencia europea triunfante en la conflagración, en su declive y decadencia como nación colonialista tuvo adhesiones europeas, estadunidenses y latinoamericanas para dar país a los judíos al conjuntar a Occidente en esa maniobra -sin consultar a los musulmanes del Medio Oriente. Esa creación, convertida en un estadunidense portaviones terreno en la región, creció militarmente -en parte- a costa del territorio apropiado a los palestinos mientras un bien aceitado aparato de difusión relataba (y sigue haciéndolo) las desventuras impuestas a los judíos de Europa por los criminales nazis -que retomaban la inspiración y ejecutoria inaugurada por los Jóvenes Turcos que cometieron con impunidad el genocidio armenio-, circunscribiendo a libros de historia que las diferencias y luchas contra el nacional-socialismo cobró vidas republicanas, socialistas, comunistas, anarquistas, gitanas, religiosas, de 30 millones de rusos y millones más de opositores.

Cuando el gobierno de Nasser nacionalizó Suez, el disgusto sionista y europeo se hizo sentir, pero apareció la nueva superpotencia imperial para detener los ánimos guerreristas y privatizadores, considerados fuera de tiempo por la Casa Blanca que ordenó la retirada. Se confirmó al mundo que un cambio de mando, de consecuencias futuras y funestas para la región, había surgido: el de Estados Unidos.

Fue así que inmediatamente los sionistas confirmaron “bondades” en la asociación protectora con su par occidental que libremente permitía a miles de millones de dólares fluir hacia su plataforma -asegurando el anclaje y la extensión por Medio Oriente-, que les transferiría tecnología y le sumaría grandes avances militares (complementarios a los de Alemania actual y a los franceses iniciales), desembocando en Dimona, con la fabricación de centenares de bombas atómicas aprovechando la mano de obra calificada de emigrantes rusos. Con esa asociación también se allanarían y se construirían alianzas políticas con los peores y más antidemocráticos regímenes vecinos -como Arabia Saudita y su reino de opresores criminales- se podrían tejer redes para la indagatoria con los servicios de inteligencia propios, promover división entre los palestinos y hasta influir en grupos dichos terroristas a los que se decía combatir y perseguir.

Es cierto que concretar ciertas acciones trajeron aparejados algunos tropiezos con relevantes judíos, como Albert Einstein o Hannah Arendt, pero no tuvieron gran trascendencia para la aplanadora mediática sionista que superó el trance sin consignar heridas.

Habrá comicios adelantados en Israel (debieran ocurrir a finales de septiembre y antes terminar noviembre) el próximo 9 de abril, debido a que el premier Benjamín Netanyahu disolvió el parlamento (la knéset) el 24 de diciembre. El sistema parlamentario con que el régimen de derecha gobernó los últimos años -sin mayoría propia- apoyado en una coalición, entró en crisis y el primer ministro (al que se llama por su apodo, Bibi) optó por los comicios con la certeza que otra vez las fuerzas aliadas de la derecha radical serán mayoritarias a las consideradas de izquierda y él resultará encargado de conducir el gobierno.

Entre los elementos que llevaron a Bibi -contra el que existen dos cargos criminales por sobornos- a convocar comicios anticipados hay una ley pendiente que autoriza el reclutamiento de militantes ultraortodoxos (supremacistas conservadores) en las fuerzas armadas. Sólo la ocurrencia de algo fuera de cálculo impediría que Bibi y su partido, el Likud, fuesen la bancada conservadora mayoritaria en la knéset y encabecen la coalición de derecha dominante del escenario. El permanente hostigamiento y los ataques a la franja de Gaza, la extensión de muros que mediante represión separan a colonos judíos de tierras arrebatadas a palestinos, la extensión en el tiempo de la ocupación en los altos del Golán (asegurada con la observación de la ONU) y, sobre todo, la evaluación como exitosa de la operación internacional del traslado de la capital a Jerusalén, son ingredientes presentes que actúan sobre la decisión de los votantes.

Asimismo, por encima de todo, las acciones cuentan con indiscutido apoyo de Donald Trump y familia, de los gobiernos de la Unión Europea y el marco de respaldo con resonancia futura del parlamento europeo -que se renovará con la elección de 751 diputados en 27 países, entre el 23 y el 26 de mayo, y habrá de discutir la salida británica (brexit). Ese parlamento tendrá la presencia (insurgencia es un término más apropiado) de una abultada representación de ultraderecha euroescéptica que también apoya -en su mayoría- al gobierno de Netanyahu.

No hay que olvidar que el adelanto electoral israelí se da en el contexto del amplio crecimiento ultraderechista mundial que afecta la referida esquina del Mediterráneo e infecta otras partes del mundo, en particular la inmediata, Latinoamérica, donde el sionismo tiene distribuidos amplios intereses.

(*) Autor uruguayo del libro Corrupción en la ONU (1961)

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