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“Cada día que nace me subo al cuadrilátero”

“Cada día que nace me subo al cuadrilátero”
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Esteban Isnardi es uruguayo y reside en Suiza. Es bailarín, escritor y caricaturista. Ha recorrido el mundo con su danza y ahora sus dibujos aparecen en el más reciente video de los legendarios Van Van.

Esteban Isnardi es uruguayo y es maestro de salsa cubana. Ha bailado en todos los continentes. Fue miembro elegido del subcomité del IDO (International Dance Organization) para los bailes latino-caribeños (salsa, mambo, rueda, merengue, bachata, etc.) del 2005 al 2012. También director para América Latina de la WADF (World Artistic Dance Federation) desde el 2019 y directivo de la Federación mundial de formación de Casino y bailes populares cubanos. Ha sido varias veces campeón internacional de baile. También presidente del jurado y escrutador del Campeonato del Mundo de Rueda 2018 (España) y 2020 (Eslovaquia) y juez de 19 Campeonatos y/o Copas del Mundo. Padrino de escuelas de baile en Panamá, Francia y Estados Unidos. Es dibujante y escritor, autor de la trilogía «El mundo alrededor de la salsa», publicada en París.

¿Cómo se dio tu acercamiento a la salsa?

Mi comienzo con la salsa se da oyendo los tamboriles en Uruguay. Sé perfectamente que la salsa no es nuestra música pero el candombe tiene lonjas y tiene clave, con lo cual tiene “cubanía”. Como canta mi gran amigo Dino (Gastón Ciarlo), del cual fui testigo de casamiento, refiriéndose al candombe : “… dicen que sí, dicen que no, dicen que es primo del guaguancó”. Éste último es un ritmo cubano por excelencia. Después, tras mi exilio en Europa, a la cual llegué adolescente, me fui formando con maestros cubanos en grandes ciudades como Barcelona, Madrid o París.

Has sido juez internacional, ¿cómo y qué se juzga en un certamen?

Efectivamente y aún sigo siendo juez internacional. Como tal y como director de la World Artistic Dance Federation para Latinoamérica, debo haber sido juez de más de 50 campeonatos continentales y mundiales, en muchos países. Las reglas pueden variar pero se juzga siempre la musicalidad, la técnica, la originalidad, la conexión, la presencia y el vestuario. En lo que se llaman “las baterías”, o sea en las eliminatorias, se usa sobre todo el método de cruces, eliminando por ejemplo a la mitad o al tercio de los participantes, según los requisitos de la organización, más que nada en timing. En la final se usan los lugares; los jueces levantan los paneles o escriben manual o digitalmente la ubicación de cada solista, pareja o grupo

¿Cómo te acercaste al dibujo?

Revisando viejos papeles el otro día encontré una carpeta que mi madre había armado durante los años de primaria, con mis dibujos. Más que acercarme al dibujo, yo creo que, como la música y la escritura, es él que me aferró. Y fue el primero en no soltarme. Es increíble – lo digo sin pedantería ninguna pero con los ojos del adulto que mira a un niño cualquiera – lo que yo era capaz de dibujar a mis 4, 5 o 6 años. En Montevideo fui a la escuela italiana, y mi talento era tal que mandaron un dibujo mío a Rusia, y creo recordar que ganó un premio. La primera caricatura que tengo en mi posesión fue la que hice a mis seis años del político uruguayo (Juan José) Crottogini, mirando una foto suya en el diario. Al llegar a Europa tuve un verdadero amor a primera vista con los libros publicados por tres caricaturistas franceses, Morchoisne, Ricard y Mulatier. Pasaba horas, hipnotizado, mirando sus obras en un centro comercial, sentado en las escaleras en vez de ir a la escuela. Hoy, gracias a las redes sociales, tengo una buena relación con dos de ellos. Un buen día, a mis 20 años, decidí que yo también sería caricaturista. Salí del hogar de jóvenes donde vivía, con una carpeta debajo del brazo y, a prepo, bloqueando la puerta con el pie como un vendedor ambulante que mete la pesada, convencí al director del diario más importante de Ginebra que yo era el hombre de la situación.

¿Y cómo fue tu acercamiento a los Van Van?

Mi primera vez con los Van Van fue en el 2004, cuando, habiendo sido invitado para enseñar en la ciudad de Lyon, donde ellos tocaban, con un colega cubano y dos chicas de nuestro grupo, bailé con ellos en el escenario. Pero aunque luego hayamos compartido lindos momentos durante la noche, yo no dejaba de ser, para ellos, otro bailador más que hizo un show con ellos en alguna parte del mundo. En el 2016, sentado en mi casa, viendo que ellos iban a tocar en la ciudad de Hamburgo donde yo también estaba invitado, se me ocurrió una locura: interrumpiría su concierto para regalarle a cada músico su caricatura enmarcada. Me costó un mundo convencer al organizador, asegurándole que sería el mejor momento del festival, y así fue. Delante de 1.500 personas incrédulas y del mismo grupo que no sabía qué hacer, agarré un cartón con los cuadros, crucé el escenario en medio de ellos y del cablerío, y empecé a distribuir los dibujos. El recinto se vino abajo con los aplausos y el histerismo de la gente. Desde entonces tenemos una relación entrañable y el mismo director, Samuel Formell, firmó en Perú un diploma acreditándome como el caricaturista oficial de la orquesta. Lo máximo fue hace unos pocos meses, cuando el director de sus nueve últimos videoclips, Alejandro Valera Losa, me pidió permiso para incluir y animar mis caricaturas en el último clip, “VanVaneo”, que acaba de salir y va por 150.000 visitas en tres semanas.

¿Por dónde irá tu camino artístico cuando el mundo “empiece nuevamente a girar”?

En una situación como la mía, la pandemia no se puede vivir bien. Hago de tripas corazón, hago de angustia razón. Me dijo y me repito que estoy lejos de ser uno de los más desfavorecidos en el mundo. Aprovecho para romper tópicos y dejar bien claro que, así como no todo lo que brilla es oro, nadie debería pensar que mi situación de semi estrella internacional me dejó a salvo en lo económico. Pero sigo afirmando que cada día que nace me subo al cuadrilátero para un nuevo round. No es fácil bailar, y menos escribir o dibujar con guantes de boxeo, pero es lo que hay. Agrego que, accesoriamente y tal como lo explicaron el otro día en el programa de televisión “La mañana en casa”, yo tuve el covid-19. Pero se ve que mis defensas respondieron bien. A ella también les gusta el boxeo.

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