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Candidatos a la cancha

Candidatos a la cancha
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Pasaron las elecciones internas y ya se conocen los ciudadanos que serán los presidenciables por cada partido. ¿Cómo evalúa la participación alcanzada? ¿Cuál es su opinión sobre los diferentes ganadores en cada partido? ¿Hubo alguna sorpresa destacable en las internas partidarias? ¿Condicionan los resultados las fórmulas? ¿Está satisfecho con el desarrollo de esta instancia democrática?

Alternancia en puerta por Francisco Faig

Los resultados del 30 de junio dejaron al país en puertas de una alternancia en el poder. Pero para que ella se confirme, importa muchísimo lo que ocurra en estos meses.

El Frente Amplio (FA) quedó en manos de sus sectores más izquierdistas, que ganaron la interna con más del 50% de respaldo electoral. Martínez, si quiere tener chances reales de ser presidente, deberá correrse con urgencia y credibilidad al centro del espectro político. El FA votó poco y además condicionó a su candidato. La tiene pues difícil para alcanzar mayorías propias en octubre y para ganar el balotaje.

El Partido Nacional ganó en varios sentidos. Plebiscitó con luz el liderazgo de Lacalle Pou, cerró su fórmula de unidad rápidamente, y abrirá ahora muchas listas al senado para ampliar su oferta electoral para octubre. Como siempre, su desafío es hablarle ahora a un electorado distinto al que votó el 30 de junio. Si lo hace con éxito, tiene por delante la alternancia en la mano.

El Partido Colorado se renovó de la mejor forma: votando muy bien a Talvi. Con discurso socialdemócrata, con coraje político, con convicción y clara idea de formar un gobierno de coalición, los colorados pueden transformarse en el vigoroso socio de los blancos para, tomados en conjunto, recibir mayoría parlamentaria en octubre y encarar con fe el balotaje de noviembre.

Además, el partido de Manini mostró fuerte presencia. No es impensable que alcance un senador y tres diputados en octubre, protagonistas todos, seguramente, de la gobernabilidad futura. En sentido contrario, Mieres y Novick salieron disminuidos no solo por sus pocos votos, sino porque la nueva configuración blanca- colorada los deja sin mucho espacio discursivo.

El país quedó así en la puerta de un futuro gobierno blanco y colorado con, quizá, la necesidad de algún apoyo más para anudar amplias mayorías parlamentarias. Algo que, por cierto, ya ha previsto Lacalle Pou con acierto e inteligencia.

Empero, quedar en la puerta no quiere decir tener asegurado el triunfo. La madurez política, la flexibilidad negociadora y la capacidad de articulación, serán protagonistas de aquí a octubre. Si la gente se convence de que blancos y colorados son capaces de conducir el país con seriedad, entonces este primer movimiento de junio se traducirá en una gran y saludable alternancia. Sino, el país sobre todo conservador y despolitizado (que son sobre todo las características del 60% que no votó el pasado domingo) preferirá al FA.

El pueblo marcó el rumbo. Hay una gran esperanza de cambio. Ojalá se confirme en la próxima primavera. Porque la verdad es que el país precisa de la alternancia como del aire para respirar y seguir vivo.

Internas: Ganadores y perdedores por José Manuel Quijano

La experiencia de las internas fue positiva y la participación en torno al 40% es bastante satisfactoria.  El voto, como se sabe, no es obligatorio en esta instancia (y está bien que no lo sea) pero la ciudadanía se movilizó y eligió a sus candidatos. El uruguayo es votador.

Nos enfrentamos a varias sorpresas. La primera: se percibió, en los días previos al 30 de junio, mucha militancia blanca y colorada   pero bastante menos frentista, a diferencia de elecciones anteriores.  Este juicio se emite, por cierto, con apoyo en la limitada experiencia en Montevideo y en algunos barrios de la capital. La segunda: parece claro que hubo cuatro ganadores (si se define al ganador como aquel que logró una votación superior a la esperada según todas las encuestas). Estos son Lacalle en el PN, Talvi en el PC, Andrade en el FA y Manini en Cabildo Abierto. Este último caso, que muy probablemente pueda interpretarse como la emergencia de un partido de arrastre militar, es curioso porque, a diferencia de los otros tres, votó por encima de las expectativas sin competencia interna.

Los resultados sugieren que de los tres partidos principales el que sale peor posicionado es el FA, no solo por su perceptible declive en militancia sino, además, por tenue pero persistente alejamiento del centro político, un fenómeno que se registra desde hace cierto tiempo. El desplazamiento de la conducción, tiempo atrás, del ala moderada en el Partido Socialista; la gravitación creciente del PIT y su protagonismo en el área de las ocupaciones (avaladas por un decreto que rechina con el resto del ordenamiento jurídico); y ahora el arrastre electoral de Andrade en las internas del FA son tres evidencias que indican el deslizamiento hacia posiciones más radicales y que se inscriben en un contexto poco satisfactorio para muchos frenteamplistas. El triunfo en las elecciones generalmente corresponde a quien captura el centro político.

Es evidente, además, que hay temas muy irritativos.  Es el caso  del manejo secreto – y con filtraciones inquietantes –  de las negociaciones  con UPM; la relación ríspida entre el Poder Ejecutivo y los tamberos que están pasando  dificultades; el convencimiento de que el gran  tema de la seguridad social y sus desequilibrios se “vinieron encima” y el gobierno no tiene una ruta clara para resolverlo; y  la persistente sensación de que, si triunfa el FA, no hay visos de que la inseguridad (que ha dado hasta muestras de fugas jocosas) y la educación (gobernada cada vez más por corporaciones que no cuidan el interés general) se encaminen y resuelvan sus problemas persistentes. Estas son decisiones, omisiones  o posturas del gobierno que  no contribuyen a  generar un clima  favorable  para la instalación de un cuarto gobierno frenteamplista.

La coalición opositora emerge de esta consulta fortalecida y es de esperar que haga una campaña electoral profesional, con recursos y mensajes presumiblemente certeros. El FA tiene cuatro meses para recuperar militancia y plantear, con realismo y firmeza, soluciones a los principales temas que preocupan a los uruguayos. ¿Lo logrará?  Y si no lo logra dará paso a un cambio que no debe sorprender: es inherente a la democracia que los partidos se alternen en el gobierno.

¿Cambia? Nada cambia por José Luis Perera

Desde que se realizan las elecciones internas, ha quedado bien claro que si las elecciones no fuesen obligatorias la abstención sería enorme. En estas, apenas se logró un 3% más que en la anterior (que fue la de más baja participación), y posiblemente ese repunte se deba a los fenómenos de Sartori y Manini, que convocaron a un electorado diferente del habitual.

En 1999 concurrieron el 53,7 % de los habilitados, en 2004 el 45,7%, en 2009 el 44,8%, en 2014 bajó al 37%, y ahora, el 40. La enorme mayoría de los uruguayos es indiferente a lo que pasa en las internas.

En el Partido Nacional, nada que sorprenda, salvo señalar lo positivo que significa que, al parecer, en este país no puede venir un tipo con mucha guita y con ese solo expediente ganar una elección.

En el Partido Colorado, la buena nueva de que los dinosaurios se extinguen.

En lo que tiene que ver con el oficialismo, la comprobación de algo que es evidente, aunque se diga lo contrario: el FA vota bien cuando lleva candidato único, y quienes sostienen que la competencia aumenta la participación o bien lo hacen de ignorantes o bien de interesados. Porque los datos puros y duros dicen todo lo contrario:

Año 2004, candidato único: 53% votaron en las internas al FA

Año 1999 y 2014, dos candidatos: 44% y 35% respectivamente

Año 2009, tres candidatos: 41%

Año 2019, cuatro candidatos, 24%

Esto es, a más candidatos, menos votos.

El resultado en la interna oficialista no debería sorprender a nadie, desde luego. Ni por la cantidad pobre de votos ni por el ganador (Martínez). Cosse no logró convencer a nadie y cuando intentó hacerlo en una parodia de debate lo que logró fue transferir votos a Andrade. El resultado de tanta mediocridad oficial fue que el FA votó menos que en las elecciones anteriores (47 mil votos menos) y la oposición aumentó su votación.

No debería sorprender tampoco la votación de Manini Ríos. En un país que por dos veces perdonó los crímenes de la dictadura, que haya 40 mil votos por un militar parece hasta poco.

En cuanto a lo más importante -el futuro del país- el panorama es patético. De acuerdo a los resultados del fin de semana, los partidos con aspiraciones a gobernar el país son el Partido Nacional y el Frente Amplio, muy probablemente luego de un balotage entre Lacalle y Martínez.

Cualquiera sea el resultado luego de esas instancias, nada cambiará. Seguirá el mismo modelo económico que hasta ahora, el campo se seguirá extranjerizando, la economía concentrando y primarizando, los eucalíptus, la soja, los agrotóxicos y transgénicos tienen su futuro asegurado, al igual que las megainversiones como la de UPM2 y otras.

Y nada hubiese cambiado (hablo de verdaderos cambios) si las cosas hubiésen sido diferentes este fin de semana. Imagine usted lector que en lugar de Martínez hubiese ganado Cosse, o que en lugar de Talvi hubiese ganado Sanguinetti, o que en lugar de Lacalle hubiese ganado Sartori. O imagine cualquier otra combinación posible de nombres. ¿Cree usted que algo sería diferente?

En este sentido, lo que marcan las elecciones internas es claramente eso: la enorme mayoría de los uruguayos sigue apostando a las mismas caras, todas con el mismo proyecto de país, y comportándose como si fuesen diferentes; nada nuevo bajo el sol.

¿Lacalle, en primera vuelta? Por Jorge Pasculli

Todo depende del cristal con que se mire. Algunas miradas sobre lo vivido y lo que vendrá.

Para empezar: si tomamos en cuenta el marco en que se dieron estas internas, el aumento de solo 3% en la cantidad total de votantes con respecto a la elección anterior es un resultado muy escaso. ¿Por qué?

1) Por la enorme cantidad de publicidad y despliegue desde febrero, fundamentalmente en las campañas de Lacalle y Sartori, que multiplicó lo realizado en anteriores internas y se acercó mucho a dos campañas por la presidencia en octubre. Fue más ruido que votos.

2) Porque si bien los dos últimos años, tanto en seguridad como en economía (los dos aspectos que más duelen), fueron malos para el gobierno y desde la oposición no paraban de gritar que “la gente no daba más y pedía un cambio a gritos”, esto no se vio reflejado en la cantidad de votantes totales ni en el resultado entre “gobierno y oposición”.

Sartori fue el “siempre se puede estar peor”

“Más vale malo conocido que bueno por conocer” fue la reacción que suscitó en una parte de la ciudadanía que como un desagravio a la democracia fue a votar a último momento. Que aún sin sentirse motivado por la oferta de partidos y candidatos conocidos, sintió en Sartori el peligro de un desconocido con mucha plata, mucha demagogia y pocos escrúpulos a la hora de hacer política. Esa irrupción atrevida, desafiante por el primer puesto de Lacalle, atrapó a algunos incautos ganados por el exitismo y las promesas fáciles. Sartori acercó a muchos votantes nuevos a la interna, no politizados, que si no fuera por él la mayoría no hubiera votado por nadie. Fue la “novedad” que agitó un poco el avispero ante una interna que se suponía estable y anodina. Que así lo fue, salvo por el primer debate en 25 años, entre Talvi y Andrade, dos nuevos que sí aprovecharon la campaña. Sartori se presentó como el desafiante, no solo de Lacalle, sino de la manera de hacer política de nuestros políticos. Pasó a ocupar un lugar preponderante en la agenda de la prensa y los políticos terminaron hablando siempre de él. Esa especie de desafío: “¿Ganará Sartori, será el “5 de oro sorpresa”, a cuánto llegará?”, pasó a ser la penca deportiva de estas internas.

Sartori favoreció a Lacalle

¿De dónde salen esos puntos imprevistos que sumó Lacalle a último momento? De Larrañaga la mayoría. Muchos blancos que creyeron que Sartori amenazaba la interna blanca corrieron desesperados a votar a Lacalle. Larrañaga primero perdió a los intendentes blancos y luego le apareció este cuco que provocó la corrida. Cuco que él como Talvi ayudaron a alimentar, por intereses electorales diferentes sí, aunque coincidentes en sus denuncias. Sin embargo, ambos terminaron favoreciendo a Lacalle.

Manini perjudica a Sanguinetti ahora y a Talvi en octubre.

A otro que le salió un competidor, en este caso fuera del Partido, fue a los colorados. Normalmente era el Partido Colorado quien recibía los votos de los militares y sus familias. Esta vez –en juego la reestructura militar y su sistema de jubilación- saltaron a la cancha a defender ellos mismos sus ideas e intereses. Sin competencia interna, saliendo tarde y sin publicidad, Manini sacó un 5% del total, casi la misma cantidad de votos que Sanguinetti.

Sanguinetti vio muy claro esta pérdida y salió muy rápidamente a criticar la nueva opción, así como a la de otros partidos chicos porque así dividían los votos de los dos partidos tradicionales. Cabildo -que también arrimó nuevos votantes al total de las internas – es una presencia creciente que le resta muchas posibilidades para que Talvi pueda desbancar a Lacalle en el claro liderazgo que este ostenta y ejerce en la coalición opositora hacia octubre. Se sabe –además- que hay un sector de la ciudadanía que acostumbra a acompañar al candidato que pinta para ganar. Lacalle, que ha hecho una campaña muy desde las alturas, –cómodo en su rol- ya eligió vice y está buscando coincidencias en los otros partidos de la nueva coalición que acompañarán su gobierno.  Talvi obtuvo una resonante victoria en su interna. Pero sobre un Sanguinetti desangrado por Manini. Si sumamos a Sanguinetti los votos de Manini, Don Julio María le ganaba a Talvi. El mismo Talvi reconoció que un 60% de sus votantes no habían votado al PC en el 2014. ¿Cuántos cientos de miles de votos extrapartidarios debería juntar para vencer a Lacalle…? Para tener una idea: Talvi triunfó en los colorados sí, pero apenas sacó 4.000 votos más que Sartori…

Martínez estaba cantado

La interna del FA –por sus propias características (unidad, fácil triunfo de Martínez) no generó avidez por su definición. Sólo Andrade, por sus propias virtudes, generó interés y apoyo especial. Cualquiera sea su candidata/o a vice, el FA la tiene complicada para octubre. Porque un partido con quince años en el gobierno y los dos últimos malos, aun estando en el máximo de su plenitud interna(que no es el caso), es difícil que pueda conquistar el mandato de la ciudadanía para un nuevo gobierno de 5 años.

¿Y el 60% que vota en octubre?

El tema es cómo los partidos le llegan al 60% que ahora sí deberá votar en octubre. Una pista: no puede ser que gastándose tanto dinero en publicidad no se haya informado qué y cómo debería votar el ciudadano, mucho más con la cantidad de listas que había. El escrutinio definitivo mostrará cuántos ciudadanos pusieron una sola lista en el sobre, por desinformación. Algo de eso puede estar sintiendo ese 60%: dedíquense “al pan, pan y al vino, vino”, a lo práctico y urgente que tenemos preocupación por resolver y “déjense de pencas y peroratas entre ustedes” …

Lo del título de la nota no es una exageración. Es una posibilidad más. Si el FA no despega… Así como “el susto despertó al mamado” hace 5 años, hoy puede ser “al mamado no hay susto que lo despierte.” Presentándose como el candidato “multicolor”, como él dice, Lacalle puede terminar “arrastrando” muchos votos y ganar en primera vuelta.

No debe llevar a falsas conclusiones por Gonzalo Pérez del Castillo

La mejor noticia es que ganó el Uruguay. Ganamos los uruguayos. Nuestro electorado es demócrata, pluralista, republicano, respetuoso de sus instituciones y tradiciones políticas. Está cansado de radicalismos, de falsas oposiciones y de confrontaciones estériles que solo perjudican al país. Solo un porcentaje menor se deja seducir por oportunistas.

La victoria de los tres candidatos Talvi, Martínez y Lacalle deja claro que la población está pronta para un cambio generacional en el liderazgo político. Eso es excelente.

Queda demostrado que la línea radical del Frente Amplio tiene el poder, pero no la mayoría de los frenteamplistas. Tal vez ahora Martínez se atreva a reconocer públicamente algo tan obvio y consabido como que la URSS fue un fracaso sin tener que pedirles disculpas a sus dogmáticos compañeros.

Talvi ha hecho una campaña admirable. Fue coherente en no apoyarse en las viejas estructuras partidarias hasta el final. Le propuso a su partido recuperar la audacia política y la sensibilidad social de los gobiernos de Batlle y Ordoñez. Una jugada difícil para un economista de la Escuela de Chicago, pero lo hizo. Invitó con convicción a soñar, a volver a creer que Uruguay puede, y fue convincente.

Lacalle Pou llevó la peor parte de una campaña electoral que quedará en la historia por lo desleal y sucia. La enfrentó con serenidad y grandeza y en el momento de la victoria llamó a la unidad y no pasó factura. Demostró a todos, propios y ajenos, que es un político de raza y que va por más.

Entre los partidos chicos la sorpresa fue la performance de Cabildo Abierto. Es lamentable que las fuerzas armadas consideren que necesitan tener su propia expresión política. Peor aún sería que, de ahora en adelante, un Comandante en Jefe pueda aprovechar el cargo para armar su carrera política, como se ha hecho desde la presidencia de ANCAP, ANTEL o UTE.

Pero el resultado de elecciones internas, sin competencia en estos partidos, no debe llevar a falsas conclusiones.  La cuarta fuerza política del país sigue y seguirá siendo el Partido Independiente porque si algo han demostrado estas elecciones internas es la naturaleza de la vocación política del pueblo uruguayo. Las coaliciones que serían capaces de introducir las profundas reformas que el país necesita (educación, seguridad, productividad y relaciones internacionales) no deben ser contra el FA o contra los Partidos Tradicionales sino entre todos los que compartimos convicciones democráticas similares y contra los dogmas de uno y otro lado que vienen jaqueando el desarrollo del Uruguay desde hace décadas.

Ganamos todos por Fernando Marguery

 ¿Y? ¿Votaste?

Claaaaro

¿Ganaste o perdiste?

El domingo 30 de junio ganamos todos, aún hasta los que se postularon y no alcanzaron su objetivo en las urnas o aquellos militantes cuyo candidato o partido no salió favorecido. Quizás les duela el momento. Quizás no sean capaces hoy de mirar el bosque, pero tuvieron la posibilidad de competir, de poner todo su esfuerzo, de exponer libremente sus ideas y pedirle a la gente su voto libre. Ese es el valor más preciado de una democracia. Una democracia que también esos hoy circunstancialmente “derrotados” ayudan a construir todos los días. Deberían sentirse orgullosos, tan orgullosos como el más de un millón de personas que fueron a votar, comprometidos, ilusionados, convencidos de que estaban eligiendo a quien los represente mejor.

Una Democracia fuerte, vigorosa, vibrante, participativa, limpia, sólo empañada por algunas prácticas político – electorales que parecería que vinieron para quedarse y que ojalá el pueblo uruguayo sepa rechazar y darle la espalda con su voto como parece haberlo hecho –en gran medida- en esta última contienda.

Aunque se superó la cantidad de votantes de 2014 quebrando una tendencia desde que se implementó el sistema de elecciones internas, hay un 60 % de gente que se quedó en sus casas. Muchos de ellos habrán tenido razones fundamentadas para no ir a votar y otros tantos habrán estado omisos simplemente por desidia o por desinterés. Es una lástima que tanta gente no concurra si no la obligan. Participar es decidir, y no dejar que otros decidan por mí. Participar, aunque más no sea con el voto, es tomar las riendas, es comprometerse con sus propias ideas, es ser leal y honesto con uno mismo. Participar es fortalecer a los partidos, pilares de cualquier Democracia.

Es probable que el sistema no sea perfecto y que mucha gente esté enojada con la clase dirigente que a veces muchos de sus integrantes parece que hicieran esfuerzos adicionales para merecer el rechazo. Pero también es absolutamente cierta la frase bien conocida de Winston Churchill: “La Democracia es el menos malo de los sistemas políticos”, y eso, a esta altura, está más que demostrado en todo el mundo.

Mucha de esa gente habrá puesto el grito en el cielo y hasta hoy seguirán despotricando por lo que perdieron cuando se produjo la disolución de las cámaras en 1973. Muchos de esos habrán visto cercenadas sus libertades durante 12 años de dictadura, muchos habrán sufrido y a otros tantos se les habrá quitado la posibilidad de elegir su propio destino.  Muchos otros, los más jóvenes, quizás no sepan lo que se pierde cuando se pierde la Democracia. Es probable que sean los partidos políticos y sus integrantes quienes tengan la responsabilidad de dignificar la política y mostrarles a esos jóvenes apáticos el valor que ésta tiene. Ellos, los que no van a votar, los más veteranos y los más jóvenes, los que no se comprometen, los que no se involucran, tampoco ven el bosque, ellos se miran el ombligo.

 

Otra vez deja vu por Leo Pintos

La realidad uruguaya cada cinco años nos hace vivir un deja vu electoral. Tanto en aspectos objetivos, como los niveles de participación y poder de convocatoria de cada partido, así como en aspectos subjetivos como la sensación que nos queda tras conocerse los resultados. Pero cierto es también que esta vez la elección interna dejó algunos datos novedosos. El millón setenta mil votos emitidos dan por tierra los pronósticos catastrofistas que hablaban del desinterés por la política del uruguayo promedio. Además, los noventa y dos mil votos de Sartori demuestran que ninguna sociedad está a salvo de fenómenos electorales disruptivos que combinan el poderío económico y la demagogia rampante. En este mismo sentido, los cuarenta y seis mil votos de Manini Ríos dicen de cómo se puede preparar una candidatura a partir de un proyecto personalista a partir de la conspiración y el corporativismo. Lo sucedido en el Partido Colorado sí es algo absolutamente novedoso y destacable, en el que un líder emergente se constituye en un revulsivo político que termina por sepultar una manera de hacer política. Por último, los casi cuarenta mil votos menos del Frente Amplio reflejan el desinterés por una interna sin posiciones antagónicas, que no significa unitaria. Parece apresurado sacar conclusiones definitivas, pero la votación de Cabildo Abierto y de Sartori quizá explique el aumento en la afluencia de votantes. O sea, la fiesta cívica creció por el voto subordinado y el voto rentado. Nada que celebrar entonces.

De todo lo anterior se pueden extraer algunas conclusiones con miras a la elección de octubre. La primera es que la derecha tendrá un problema grande para comparecer ante el electorado. Si los cuestionamientos de Ernesto Talvi ante los posicionamientos xenófobos y anti sistema de Cabildo Abierto son sinceros, será difícil imaginar acuerdos que incluyan posturas tan opuestas. Por otra parte, el segundo puesto de Juan Sartori en la interna del Partido Nacional –y pese a la aparente armonía de la noche del domingo- es un problema enorme a la hora de elaborar el programa de gobierno. El deja vu del que hablaba al principio incluye la euforia del Partido Nacional tras cada elección interna, aunque esta vez el problema no parece ser curar las heridas entre los sectores wilsonistas y herreristas, sino que será convivir con Juan tras haberlo conocido. Más problemas para la derecha, a esta altura una verdadera colcha de retazos.

Y el deja vu también se vive en el Frente Amplio, que otra vez no consiguió movilizar a las masas. Que otra vez presentó una interna insulsa, con candidatos preocupados más en dar una imagen de unidad que por marcar diferencias. La falta de visibilidad de Bergara, la ausencia absoluta de carisma de Cosse, el dogmatismo de Andrade y la superficialidad de Martínez en varios temas, no parece ser un menú atractivo para una renovación. Y otra vez el deja vu, que nos hace sentir que ya pasamos por esta falta de entusiasmo militante. Otra vez el proyecto político en una inercia que vaya a saber uno si le dará para volver a ganar.

Sí, otra vez el Frente Amplio enredado en esa eterna lucha entre sectores. Sí, otra vez la derecha diligente ante la opinión pública, pero con la misma falta de llegada a enormes sectores del electorado. Sí, otra vez lo mismo.

Nace una nueva opción de gobierno por Diego Riveiro                                                               

Las elecciones internas de los tres partidos mayoritarios dieron que hablar. En el Frente Amplio abunda la preocupación de cara a octubre: tuvo su peor votación en la historia en lo que a estas instancias se refiere, y las declaraciones del ex presidente José Mujica en las últimas horas generaron conflictos en la interna del partido de gobierno. En definitiva, se comienzan a ver las diferencias ideológicas dentro del mismo partido, disfrazadas tantos años por acuerdos políticos y fotos artificiales que intentaban denotar unidad.

Por otro lado, el Partido Nacional hizo honor a sus mejores tradiciones democráticas y tuvo un resultado contundente que deja a Luis Lacalle Pou nuevamente como su candidato, luego de sufrir unas elecciones internas sucias, plagadas de noticias falsas a la que no estamos acostumbrados los uruguayos. El anuncio de Beatriz Argimón como integrante de la fórmula del Partido Nacional es la frutilla de la torta para todos los nacionalistas en una jornada motivadora de cara a lo que se viene.

Por último, el Partido Colorado tuvo una elección interna histórica. El economista Ernesto Talvi, con tan solo 10 meses de trabajo, logró derrotar al máximo referente del partido de los últimos 40 años, el Dr. Julio María Sanguinetti, quien pierde su primera elección a los 83 años en una de las elecciones internas más reñidas de los últimos tiempos. El anuncio de Pedro Bordaberry de que no sería candidato luego de tantos años de liderazgo, dejó un hueco que había que llenar. Las encuestas en estos meses daban como favorito al ex presidente, pero todas coincidían en que el economista tenía una tendencia a subir. Fue el choque de dos modelos que se da en el tiempo de un partido en reconstrucción, y ganó el nuevo.
La izquierda más ortodoxa gana lugar en el Frente Amplio, así lo mostró la elección. Esto aleja al espectro político más demócrata, que podrá encontrar en Talvi una opción más que confiable, Batllista, que busca posicionar a Uruguay como un pequeño país modelo basado en la educación, como lo supo hacer Don Pepe.

El caudal de votos de Manini Ríos lo posiciona a priori como la cuarta fuerza política, desplazando al Partido Independiente y al Partido de la Gente, en pocos meses de trabajo.

La política, así como la sociedad, se encuentra cada vez más polarizada. Afortunadamente y contrario a lo que podría pensarse basado en los resultados de las elecciones internas, nuestro país siempre tiende a la democratización y al racionalismo, y no se deja llevar por extremismos. El Frente Amplio luego de 15 años al frente del país, se ve amenazado por una oposición que crece, y un Partido Colorado que encabezado por Ernesto Talvi, será nuevamente opción de gobierno.

Lo nuevo se vino por Felipe Schipani

La del domingo fue una jornada histórica para los colorados. En primer lugar porque con el 19% de los votos en todo el país, posición que no se alcanzaba desde el año 1999, el viejo Partido de la Defensa empezó a consolidar un proceso de recuperación que le permite mirar al horizonte con enorme esperanza.

Durante los últimos cinco años no fueron pocos los que vaticinaron la desaparición del Partido de Batlle. Había datos objetivos que permitían llegar a esta conclusión, la mala votación en octubre de 2014, la pésima votación en mayo de 2015, la fuga de dirigentes y legisladores colorados al Partido de la Gente, la falta de funcionamiento orgánico, las encuestas que nos ubican por debajo del Partido de la Gente y a la par del Independiente y la renuncia de Pedro Bordaberry. Todo contribuía a abonar un clima de enorme pesimismo sobre la viabilidad del Partido.

Hubo alguien que leyó esta realidad y tomo una decisión difícil, pero que a la postre fue determinante para lo que vino después. Pedro Bordaberry renunció a la competencia electoral convencido de que era necesario dar lugar a nuevos liderazgos, de modo de revitalizar a la colectividad. Un gesto de desprendimiento y generosidad inusual en estas lides.

Luego de la renuncia de Pedro, asumió la Secretaría General del Partido el diputado Adrián Peña, quien le imprimió a la conducción partidaria un dinamismo que no tenía. Contra todos los pronósticos más de 30 mil jóvenes votaron en las elecciones juveniles. Este empuje juvenil fue el mojón de un cambio de clima en la vieja casona de Martínez Trueba.

Luego de eso, ocurrieron dos hechos determinantes, el regreso del Presidente Sanguinetti a la arena electoral y la irrupción de Ernesto Talvi con el nuevo sector Ciudadanos. La vuelta de Sanguinetti reagrupó a muchos colorados que estaban en sus casas alejados de la política y a muchos otros grupos que se encontraban dispersos.

En paralelo irrumpió Ernesto Talvi y su nuevo sector Ciudadanos, con un discurso de renovación y cambio sacudió la interna colorada.

Sanguinetti en todo este proceso confirmó su grandeza, con 83 años y dos presidencias a cuestas, asumió una responsabilidad sin ningún otro objetivo que colaborar con el fortalecimiento del Partido que lo vio nacer.

Con la conducción de Talvi el Partido Colorado se renovará en lo político, con nuevos elencos de dirigentes comprometidos con una nueva cultura política, se renovará en lo ideológico con una mirada de centro alejada de posiciones conservadoras y se destacará en la gestión de gobierno, con un plantel de hombres y mujeres formados y preparados para llevar adelante las transformaciones que el país necesita. El futuro es nuestro, vamos por él, lo nuevo se vino.

 

Este asunto de la mujer por Verónica Amorelli

La campaña para estas elecciones internas y el liderazgo de las mujeres en política deja un sabor amargo que trasciende ideologías y tiendas partidarias. Llegamos al 30 de junio con Carolina Cosse como la única precandidata entre 28 postulantes de 15 partidos. Por el camino quedó la postulación de la nacionalista Verónica Alonso que optó por fusionarse con uno de sus competidores, Juan Sartori. Compartidos o no, los preceptos de Alonso quedaron perdidos en la plataforma de generalidades propuesta por el multimillonario. La vimos, luego, más aferrada a la defensa del empresario en la reñida interna blanca que a sus propias ideas.

La primera de las fórmulas presidenciales paritarias anunciadas para octubre no corrió con mejor suerte que la candidatura de Alonso. Fruto de La Alternativa, conformada por el Partido Independiente, Navegantes y otros grupos minoritarios, se anunció la fórmula Pablo Mieres – Selva Andreoli. El binomio duró poco más de una semana porque la mujer osó salirse del libreto. Un libreto, claro está, escrito y dirigido por los hombres.  El pecado fue, como suele ser, imperdonable.

En el Frente Amplio las cosas no parecen estar mucho mejor. La candidatura de Cosse tuvo que ser abalada por un hombre, defendida e impulsada por el. Sin la bendición de José Mujica la historia para Cosse hubiese sido otra. El propio Mujica habló de “este asunto de la mujer” como una suerte de moda o de imposición de los tiempos que corren. Enredados en la cuestión de la fórmula paritaria y con el resultado de las internas a la vista el asunto se puso aún peor. Con un segundo lugar consolidado y más de 60.000 votos en su haber el futuro político de Cosse es definido por estas horas, por hombres y entre hombres.

La bocanada de aire fresco en cuestión de género llegó en la noche del domingo cuando Luis Lacalle Pou confirmó a Beatriz Arjimón como su compañera de fórmula. El beneplácito de propios y ajenos no fue cuestión de paridad, fue de justicia.  Era tiempo de que el Partido Nacional comenzara a redimirse con una de sus mujeres más destacadas, que, si no llegó antes y más lejos fue, precisamente, por ser mujer.

Tras la campaña solo quedan confirmaciones. La paridad no es equidad y está lejos de serlo.  Las mujeres políticas no necesitan que las salgan a buscar para cerrar fórmulas cual tapas de revista, las mujeres políticas están, militan, trabajan y solo necesitan llegar hasta donde las lleven sus talentos y virtudes. Ese es el verdadero asunto de la mujer, que es en realidad un asunto clave para todos.

Miedo a la autocrítica por Melisa Freiría

Es una obligación luego de esta interna que en todos los partidos hagamos una profunda autocrítica. Los resultados dejan mucho que pensar y el transcurso de los últimos meses también. Vivimos una campaña para el olvido, plagada de mentiras y agravios, con un déficit de contenidos que avergüenza.

Por un lado la irresponsabilidad del Partido Nacional que dejó permear entre sus filas a un antisistema con una propuesta íntegramente demagógica y peligrosa para los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. Quien a pesar de sus constantes ataques de noticias falsas y de gastar millonadas en hacer política por lo bajo, no logró imponerse pero sacudió la arena política y aún sigue siendo motivo de preocupación en una democracia sólida, si no hacemos autocrítica. Lo que creo es una consecuencia positiva para los blancos, es que Sartori los unió. Luego de las internas terminaban desgastados y en este caso indirectamente tenían un mismo objetivo y es que triunfaran los blancos frente a un outsider. No sólo lo lograron sino que tomaron la mejor decisión que podían haber tomado al nombrar a Beatriz Argimón esa misma noche. El PN se perfila para octubre con gran respaldo a su candidato, la mejor votación, fórmula paritaria y vicepresidenta feminista.

Por otro lado, un Frente Amplio que sigue perdiendo votos interna tras interna (casi 47000 votos menos que en 2014) a pesar de haber tenido una competencia más interesante que las elecciones anteriores. Además confirma por si quedaban dudas, que el poder dominante sigue siendo el MPP (609 la lista más votada del FA) y el Partido Comunista. Sabemos lo que hay detrás de Daniel Martínez, no sólo mirando los números sino viendo lo rápido que lo obligan a retractarse de alguno de sus dichos más lúcidos como sucedió con su crítica al régimen de la URSS. En el Frente Amplio gana un candidato que se mostró con rasgos antidemocráticos al rechazar la aplicación de un plebiscito en caso de conseguir su aprobación, al igual que Vázquez fue contra la voluntad del pueblo en su primer mandato. Por lo menos podemos decir que no se desvían de su propia línea.

Sin embargo, bien sabemos que las internas no nos pautan demasiado lo que sucederá en octubre. Como ha pasado en ocasiones anteriores, el Partido Nacional vota mucho mejor que el FA pero luego se desploma. El Partido Independiente vota a niveles bajos en junio, pero jamás se condicen con la votación en las nacionales. Ello no implica no hacer una autocrítica, ya que nos estaríamos perdiendo la oportunidad de salir fortalecidos como este partido lo ha sabido hacer.

El escenario que se configura con los precandidatos electos es de una disputa por el electorado de centro donde el Partido Independiente es el único que se puede perfilar, si así lo deseara, hacia una centro izquierda o izquierda moderada. Si no logra marcar un perfil claro se pierde en la pluralidad de oferta electoral que existe hoy entre los nuevos grupos políticos, pero si consigue mostrar y transmitir lo que verdaderamente es sin que otros lo etiqueten, el Partido Independiente es la llave del gobierno. Comienza una nueva campaña, queremos debatir ideas y estamos para darlo todo.

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