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Cartelera con colores de Oscar

Cartelera con colores de Oscar
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Como sucede cada febrero desde hace años, la cartelera ofrece al cinéfilo un amplio panorama referido al Oscar. Ese abanico de ofertas es atractivo, y aunque no todas las películas tienen un parejo nivel de calidad, vale la pena detenerse en ellas para que el espectador pueda elegir.

Roma de Alfonso Cuarón es una de las dos líderes, con diez candidaturas. Pese a la enorme cantidad de premios recibidos, el film es muy discutible y no colmó mis expectativas, porque en casi todas sus escenas, aún en las más dramáticas (la asonada callejera, un parto difícil, el instante de angustia en la playa), la labor estética se impone por encima de lo demás. Su exacerbada apuesta visual hace que lo cotidiano y auténtico se vea espectacular y exagerado, hasta hacernos sentir que éste es un film demasiado calculado, al punto que en muchos momentos olvidamos qué es lo que se nos cuenta, abrumados por ese esteticismo. Por supuesto que no es un fracaso, pero tampoco la obra maestra que pregonan, porque los contenidos quedan sepultados ante la omnipresencia de ese esteticismo preciosista.

La favorita de Yorgos Lanthimos también lidera con 10 nominaciones. Gira en torno a la historia real de la enfermiza e inepta reina Ana (Olivia Colman), envuelta en una lucha de poderes entre su consejera y amiga Lady Marlborough (Rachel Weisz) y una joven advenediza y muy inteligente (Emma Stone). A nivel estético la propuesta es formidable, y su referente más notorio es Barry Lyndon, a lo que Lanthimos suma majestuosas tomas en angular y ojo de pez, dando forma a una obra cuya mordacidad política y sexual la conecta a los Monty Python. Por encima de ese preciosismo visual hay aquí un análisis durísimo del instante en que el poder pasa de estar vinculado con la destreza de sobrevivir, a directamente convertirse en un fin en sí mismo, conectado a su condición de mecanismo sexual y suicida, porque siempre surgirá alguien con el mismo anhelo maquiavélico de acumular autoridad, llevándose puesto a quien sea.

El vicepresidente de Adam McKay explora la historia real sobre cómo Dick Cheney (Christian Bale), callado burócrata de Washington, acabó por convertirse en el hombre más poderoso del mundo como vicepresidente de USA durante el mandato de George W. Bush (Sam Rockwell), con consecuencias nefastas para su país y el resto del mundo.  McKay utiliza un vasto abanico de recursos y redondea un cuadro lúcido e hilarante, que apela al intelecto mediante flashbacks, exageraciones, intertítulos, ironías, montaje agitado, material de archivo y sarcásticas locuciones en off de un narrador que jugará un rol fundamental en el desenlace. La película compite en ocho categorías.

Nace una estrella de Bradley Cooper, también con ocho nominaciones, es la quinta versión del ascenso a la fama de una joven cantante, mientras su mentor masculino cae en picada. El film permite a Cooper redondear una sentida actuación y debutar como director y colibretista. También trae a la camaleónica Lady Gaga, que debuta en cine y se encamina firme rumbo al Oscar. Las canciones son muy adecuadas y lo demás es lo mismo, mejor que lo hecho por Barbra Streisand en 1976, pero inferior al film de 1937 y a la obra maestra de Cukor con Judy Garland y James Mason. Mientras tanto, uno puede pensar que “todo es igual, nada es mejor: lo mismo Cooper que George Cukor”.

Green Book, una amistad sin fronteras de Peter Farrelly tiene cinco nominaciones, pero podría dar el batacazo. En 1962 el racismo está en la gente y también en las leyes, y un pianista y compositor de jazz, negro refinado y de buenos modales, debe viajar en gira por el Deep South. Para protegerse contrata los servicios de su opuesto, un guardaespaldas y chofer italoamericano tan bruto como efectivo. La película cumple con el manual de la corrección política y la buena intención, y no se mete en ninguna polémica. Pero lo curioso es que ese despliegue de lugares comunes funciona, porque la narración es fluida, los episodios que se suceden son previsibles pero también creíbles, y los protagonistas Viggo Mortensen y Mahershala Ali se sacan chispas.

Bohemian Rhapsody de Bryan Singer también corre con cinco candidaturas, y ha sido un gran éxito de público en Montevideo. Como se sabe esta historia de Freddie Mercury sigue la fórmula del biopic musical, resaltando los logros del protagonista y citando de pasada sus demonios personales. Pero quien desee que se hable en profundidad de los momentos oscuros de la vida del cantante se decepcionará. Y es que lo que realmente le interesa a la película es mostrar cómo Mercury se convirtió en mito. Todo lo que vino después del concierto Live Aid en 1985 se lo ahorran, así que usted decide…

Cold War del polaco Pawel Pawlikowski, que compite por mejor película extranjera, también merece una mención. El título no alude exclusivamente al período histórico en el que tiene lugar la acción, ni a las consecuencias que esos años tuvieron sobre aquellos que los padecieron en forma directa, sino a la inevitable confrontación que implica vincular la felicidad personal con la de otro ser humano. Y es que si algo queda claro a medida que avanza la trama es que la pareja protagónica no puede ser más opuesta por origen, edad, cultura, aspecto e intereses. Sin embargo les unen otras cosas importantes: la atracción física, el amor, la fe y fundamentalmente la música. A la vez sensual y espiritual, y fotografiada en memorable blanco y negro, esta historia de amor en tiempos de cóleras merece el Oscar que, debido a Roma, seguramente no conseguirá.

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Amilcar Nochetti Tiene 58 años. Ha sido colaborador del suplemento Cultural de El País y que desde 1977 ha estado vinculado de muy diversas formas a Cinemateca Uruguaya. Tiene publicado el libro "Un viaje en celuloide: los andenes de mi memoria" (Ediciones de la Plaza) y en breve va a publicar su segundo libro, "Seis rostros para matar: una historia de James Bond".