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Cianobacterias coloradas por Eduardo Gudynas

Cianobacterias coloradas por Eduardo Gudynas
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Los serios problemas ambientales que vive Uruguay son, en parte, reflejo del escaso debate político en esa materia. Por eso debe ser bienvenido que desde un sector del Partido Colorado, liderado por el economista Ernesto Talvi, uno de sus asesores comparta sus visiones y propuestas en ecología política.

En efecto, en “Ciudadanos” se presentó como un asesor destacado al agrónomo Eduardo Blasina, conocido analista y periodista en temas agropecuarios, que en recientes entrevistas y notas abordó temas ambientales.

El inicio es auspicioso, porque Blasina reconoce que problemas como la contaminación del agua. Pero enseguida utiliza varios argumentos, entre los que se destacan indicar que no habría “números” suficientes, dudar sobre las alternativas ecológicas, y proponer soluciones que resultan convencionales.

Diagnosticar, rotar y plantar

Ese primer aspecto, la ausencia de “números” para un diagnóstico, es equivocado. Por el contrario, existe mucha información científica en temas como la contaminación de las aguas, las cianobacterias y su vínculo directo con agroquímicos. Todo ello es conocido desde hace años, con aportes sustantivos desde la Universidad de la República y hasta desde el gobierno. Claro que es bueno tener más datos, pero el problema es no volver a caer en una de las trabas de nuestra gestión ambiental como es la de encargar una y otra vez diagnósticos mientras poco se hace.

Blasina sostiene que la solución a la contaminación de las aguas de origen agropecuario parecería estaría en hacer rotaciones entre cultivos y ganadería, y la plantación de bosques nativos en cursos de agua y represas. Ese esquema de rotaciones no es nuevo, y ha sido promovido por el Ministerio de Ganadería y Agricultura (MGAP). La cuestión es que no está claro si funciona adecuadamente, ya que la contaminación sigue progresando. Entonces, una renovación de las políticas ambientales debería estar en reformar su aplicación para que efectivamente evite la contaminación y conserve los suelos.

Del mismo modo, plantar bosques ribereños es bienvenido, pero eso tiene una limitada efectividad en detener el escurrimiento de nutrientes derivados de los agroquímicos. Y por si fuera poco, habría que esperar por el crecimiento de esos montes casi un siglo, y entretanto la contaminación seguirá su marcha.

Blasina también desafía a los críticos: ¿cuál es la alternativa? A quienes pregonan la agricultura orgánica les pregunta dónde se la práctica a gran escala y con beneficio económico. Este es otro ejemplo de la vieja lógica que defiende las situaciones actuales argumentado que no hay alternativas a ellas. Pero justamente en la agropecuaria uruguaya hay evidencia de otras opciones, que son a gran escala, y económicamente viables.

En efecto, en el nuevo anuario estadístico de la organización mundial en agroecología (IFOAM), nuestro país ocupa el séptimo puesto a nivel global en la superficie bajo prácticas orgánicas (estimada en 1,88 millones de hás); y el 10º puesto cuando se la considera en proporción a la superficie total (13%). Casi todo eso se debe a la ganadería pastoril u orgánica, donde esa condición le permite acceder a mercados. El punto aquí es que estamos rodeados por las alternativas que pocos quieren ver.

Pocas novedades, muchos parecidos

Como balance, estas primeras ideas vinculadas al Partido Colorado son muy parecidas a lo que ya viene haciendo el MGAP frentista. Esa cartera también entiende que se debe seguir intensificando la agropecuaria pero a la vez se resiste a distintos controles ambientales, insiste en nuevos diagnósticos mientras no apoya decididamente las alternativas agroecológicas.

Los “verdes” colorados estarían atrapados en las mismas contradicciones que padece el Frente Amplio en el gobierno. Es que si realmente quieren controlar las cianobacterias y limpiar las aguas, serán indispensables modificaciones sustanciales en la agropecuaria nacional.

El slogan del MGAP o la idea de Blasina de una intensificación que sea ecológicamente sostenible es imposible.  Los aumentos de cosechas o ganados, implicará incrementos de fertilización y el resto del cóctel de químicos, profundizándose la presión sobre el ambiente y la contaminación. Medidas como las rotaciones agrícola ganaderas o plantar montes nativos son positivas, pero no alcanzan para frenar esos impactos. Es necesario adoptar acciones de emergencia.

Entre las más evidentes están desmontar los beneficios económicos sobre los agroquímicos, fiscalizar efectivamente sus modos de aplicación, dejar de trasladar el costo de la contaminación a los consumidores como ha hecho OSE y cargarlos a los responsables, independizar y transparentar los planes de uso y manejo de suelos, imponer rigurosos controles a las futuras represas de riego y detener la nueva planta de celulosa en el Río Negro porque sus aguas ya no toleran más contaminantes. El problema es que este tipo de medidas de urgencia no asoman en las posiciones de Blasina, quien, por el contrario, ha sido defensor de la intensificación agropecuaria, de la ley de riego o de UPM.

El gobierno podrá cambiar, y hasta ser Colorado, pero sin esas reformas políticas, las cianobacterias volverán.

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Eduardo Blasina: Mujica se perdió a los Beatles, entrevista en Hora de Cierre, Radio Sarandí, 31 enero 2019.

 

Aparición de cianobacterias en zonas turísticas debe “hacer sonar todas las campanas”…, entrevista en En Perspectiva, Radio Mundo, 12 febrero 2019.

 

Cianobacterias, preconceptos que sobran y números que faltan, E. Blasina, El Observador 23 de febrero de 2019.

 

Organic agriculture worldwide 2017: current statistics, FiBL e IFOAM, Nuremberg, 2019.

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