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Claudia Cardinale, la extrema sensualidad, cumple 80 años

Claudia Cardinale, la extrema sensualidad, cumple 80 años
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En cine fue la encarnación de lo felino. En el abanico erótico de Claudia Cardinale hubo lugar para el aterciopelado ronroneo de una gata enamorada o el sensual y voraz ataque de una pantera enfurecida. En esa combinación reside la clave de su embrujo, a lo que debe sumarse una inteligencia natural que desde el inicio intuyó que esos matices intensifican el erotismo, y por ende la vida. Quién sabe qué le sucedió a John Wayne para que la definiera como “un marimacho”, porque lo cierto es que las curvas de Claudia enloquecieron a los hombres de todo el planeta. Para David Niven era “la más bella invención italiana después de los espaguetis”, y era cierto: Claudia mide 1.73 de estatura y en su mejor época portó una marca inmejorable: 90-60-93. Tenía una voz enloquecedora, áspera, ronca, que durante ocho años los italianos se empeñaron en doblar, hasta que en Hollywood la dejaron hablar en inglés y agregó un nuevo tipo de sensualidad sonora a la que ya exhibía con su cuerpo y su rostro. Con 120 películas y 34 premios en 60 años, la vida de Claudia Cardinale es digna de una película.

 

INICIOS. Claude Josephine Rose Cardinale nació en La Goleta, Túnez, el 15 de abril de 1938, en una familia de inmigrantes sicilianos compuesta por un padre ingeniero ferroviario, una madre ama de casa y nueve hijos. Desde niña se caracterizó por su osadía e indisciplina, y por eso recibía constantes castigos en el colegio. Soñaba con ser aventurera, aunque en la adolescencia ya hablaba de ser maestra. Pero cierto día un joven galán egipcio llamado Omar Sharif y el director Jacques Baratier la vieron en la puerta del liceo, la llamaron y la convencieron para que asomara fugazmente en la película que estaban rodando, Goha, el simple.

Al verse en pantalla desterró su futuro como docente y participó en un concurso de belleza. Tenía sólo 17 años, y lo ganó. El premio era asistir al Festival de Venecia, y allí demostró que era una verdadera adulta metida en un envase adolescente, porque al instante de llegar advirtió la importancia de los paparazzi en el evento. Claudia sabía de sobra que era un prodigio de fotogenia, y a ello sumó la brillante idea de usar un biquini tan minúsculo que de lejos no se veía. Los italianos reaccionaron en forma previsible: la inundaron de flashes y la convirtieron de la noche a la mañana en una diosa. En ese momento murió la tunecina Claude, la inquieta joven enamorada del desierto, y nació Claudia la diva, el mito erótico, la mayor sensualidad de la historia del cine. Decidió trasladarse a Roma, donde estudió en el Centro Sperimentale, se contactó con el mundo del cine y debutó en 1958. Pero para entonces había sucedido un acontecimiento muy importante en su vida, que la diva mantendría en secreto durante casi 40 años.

El misterioso episodio tenía que ver con su hijo Patrick, a quien tuvo a los 19 años de edad. Claudia relató toda la verdad recién en 1995, al publicarse su libro “Moi Claudia, Toi Claudia”. Dejemos que ella misma lo relate: “Viví en aquel período inicial, que debió haber sido feliz, un momento muy delicado. Un hombre que no conocía, mucho mayor que yo, me obligó a subir a un auto y me violó. Fue espantoso, pero la cosa más bella es que de aquella violencia nació Patrick. Pese a que era muy complicado para una joven madre, decidí no abortar. Hablé con mis padres y mi hermana Blanche, y decidimos que mi niño crecería en familia como un hermano menor”. Claudia dio a luz en Londres, y hoy Patrick lleva el apellido del productor Franco Cristaldi, que había conocido a Claudia y era su representante. Casi de inmediato pasaron a vivir juntos, y cuando se casaron en 1966 el magnate adoptó legalmente al niño. Para entonces la joven ya era una diva completa, y no podía seguir manteniendo la mentira, por lo que declaró que el chico (que ya tenía nueve años) era su hijo, fruto de un error juvenil. Desde ese momento pudo asumir su rol de madre, pero recién 29 años después blanquearía toda la verdad sobre su terrible experiencia. El matrimonio con Cristaldi se rompió en 1975, y la diva pasó a vivir con el cineasta Pasquale Squittieri, de quien se separó en 2003.

 

CARRERA. Esa penosísima experiencia juvenil nunca se reflejó en la pantalla, porque la línea recta que le trazó Cristaldi la llevó directo hacia la cúspide. Notables películas y cineastas se sucedieron en la mejor etapa de su carrera, ubicada desde 1958 a 1971. Asomó en la sensacional comedia de Mario Monicelli Los desconocidos de siempre (1958), donde se codeó con pesos pesados como Vittorio Gassman, Totó y Marcello Mastroianni. De inmediato fue la inocente novia del asesino Nino Castelnuovo en El enigma maldito de Pietro Germi (1959), y por entonces era tan bella que sumergió en la impotencia al torturado Mastroianni de Il Bell’Antonio de Mauro Bolognini (1959). Luego pasó con nota el examen de actuar para Luchino Visconti como cuñada de Alain Delon y Renato Salvatori en Rocco y sus hermanos (1960). El director declararía luego que “Claudia es el día, la diafanidad, respeta cada línea de libreto y me da todo lo que le pido”. Por eso la llamó más tarde para situarla junto a Delon y Burt Lancaster en El Gatopardo (1963), y para protagonizar la polémica Sandra (1965).

Pero el año fundamental para Claudia había sido 1960, cuando Valerio Zurlini le dio el rol más importante de su carrera, el de la inocente y vapuleada Aída en La muchacha de la valija. En esa amarga historia de amor mostró que también tenía quilates de actriz, aunque medio siglo después la sigamos recordando por su diáfana belleza al bajar una escalinata envuelta en toalla de baño, al compás de los sones de Verdi: es una imagen erótica sin parangón en el cine italiano. El film era además una obra mayor, al igual que La Viaccia (Mauro Bolognini, 1961), donde fue una prostituta enamorada de Jean-Paul Belmondo, y Ocho y medio (Federico Fellini, 1963), en el rol de la musa del cineasta italiano interpretado por Mastroianni.

Los éxitos italianos continuaron con El magnífico cornudo (Antonio Pietrangeli, 1964), donde realizó un striptease para el mejor de los infartos, o La Ragazza de Bube (Luigi Comencini, 1964), que tuvo muchísimo éxito fuera de Italia y le valió el acceso a Hollywood. Allí encandiló a David Niven en La pantera rosa (Blake Edwards, 1964) y explotó su máxima sensualidad en los notables westerns Los profesionales (Richard Brooks, 1966) y Érase una vez en el Oeste (Sergio Leone, 1968). Y, aunque la película no tenga relevancia, en este listado hay que incluir Las petroleras (Christian-Jaque, 1971), porque no todos los días se ve a dos hembras como Claudia y BB agarrándose de las mechas en un lodazal: esa batalla campal salvaba el valor de la localidad.

Sin Cristaldi y con Squittieri Claudia se dedicó al hogar, y retornó esporádicamente al cine, aunque se las ingenió para intervenir junto a gente talentosa como Mastroianni y Lancaster en La piel (Liliana Cavani, 1981), Klaus Kinski en Fitzcarraldo (Werner Herzog, 1982) o Philippe Noiret, Fanny Ardant y Jean-Louis Trintignant en El próximo verano (Nadine Trintignant, 1984). Hace poco asomó junto a Jean Rochefort en El artista y la modelo (Fernando Trueba, 2012) y al lado de Jeanne Moreau en Gebo y la sombra (Manoel de Oliveira, 2011). Allí advertimos que guarda el verdadero secreto del oficio, porque ahora que está envejeciendo usa la sonrisa y la mirada para seguir manteniendo con ellos la belleza, eliminando las arrugas de un rostro que felizmente nunca pasó por el quirófano. Una vez dijo: “Mi cuerpo tan sólo ha sido una máscara de expresión. Considero más importantes mis ojos”. Tiene razón: cuando se tienen ojos gélidos no se comunica nada, pero por suerte los de ella aún conservan toda su calidez.

 

 

 

Amilcar Nochetti Tiene 58 años. Ha sido colaborador del suplemento Cultural de El País y que desde 1977 ha estado vinculado de muy diversas formas a Cinemateca Uruguaya. Tiene publicado el libro "Un viaje en celuloide: los andenes de mi memoria" (Ediciones de la Plaza) y en breve va a publicar su segundo libro, "Seis rostros para matar: una historia de James Bond".