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Colgate de este boicot

Colgate de este boicot
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La semana pasada la firma Colgate Palmolive anuncio el cierre de su fábrica en Uruguay, para pasar a importar sus productos, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo. La noticia motivo diversas reacciones y surgieron propuestas de boicotear a la firma. No es la primera vez que vemos este tipo de iniciativas en nuestro país. Se impulsó contra una cadena de supermercados porque no cerró una de sus sucursales tras un accidente de trabajo mortal. También se intentó contra algún canal de televisión en el pasado. En otros países este tipo de acciones son muy frecuentes. En Estados Unidos en la década del 60, Rosa Parks se negó a entregarle el asiento en el ómnibus a un hombre blanco. Esto provocó el boicot a los Autobuses de Montgomery, lo que disminuyó los ingresos de la compañía en un 65% y produjo una decisión de la Corte Suprema por la cual la discriminación en los autobuses es inconstitucional. En la década del 80, los boicots contra el atún que no fuera “sin dañar delfines” hicieron que los fabricantes de atún enlatado tuvieran que evitar la práctica de lanzar redes contra los delfines. Fue muy efectivo también como arma para terminar con el régimen del apartheid sudafricano hace muchos años y algunos intentan emularlo ahora contra los productos y servicios de Israel. ¿Es válido impulsar el boicot contra alguna empresa? ¿Es una herramienta de los ciudadanos para protestar? ¿Es hacer uso de los llamados derechos del consumidor? ¿Se podría realizar contra empresas estatales? ¿Por qué los sindicatos no lo utilizan con más frecuencia? ¿Es un instrumento útil para exigir mejores servicios? En este paradigma ¿podría quedar alguna empresa sin irse a lugares donde la mano de obra sea aún más barata o las cargas impositivas menores?

 

Capitalismo puro y duro por Benjamín Nahoum

 

Inicialmente pensé titular esta nota “Es el capitalismo, ¡estúpido!”, parafraseando al esposo de Hillary Clinton, pero después me pareció que podía ser muy agresivo, sobre todo porque no quedaba claro a quién estaba tratando de estúpido (en el caso de Clinton el destinatario indudable era George Bush, ex presidente de los Estados Unidos y padre de George Busch, ex presidente de los Estados Unidos, y nadie, con justicia, podía ofenderse).

Sin embargo, con anestesia o sin ella, de eso se trata este cierre y otros que lo acompañan o están en el horizonte: de capitalismo puro y duro, con la ganancia como fin central y único, por lo cual no importa si se quedan sesenta trabajadores en la calle, o varios miles, como quedaron por ejemplo cuando quebró, hace casi treinta años, la gigantesca Pan American, la empresa de aviación más grande de la historia.

Es que cuando la ecuación ya no dé, cuando la tasa de ganancia no sea la que se espera (ni siquiera hace falta que haya pérdidas, alcanza con que el lucro no sea el deseado) la empresa se va a otro lado, en busca de más ventajas impositivas o arancelarias, salarios menores o coimas más reducidas. O lisa y llanamente quiebra y es el dinero el que va a otro lado. Porque el capitalista, salvo en las crisis más extremas, no pierde su dinero, el dinero lo pierde la empresa y por eso hay empresas quebradas, pero raramente empresarios quebrados.

Este es el resultado, fatal y previsible, de modelos económicos que sólo se basan en atraer inversión privada sin las garantías suficientes (y si es extranjera peor, porque el capitalista criollo al menos tendrá que cruzarse por la calle con los obreros que dejó sin trabajo, mientras el capital internacional nunca más oirá hablar de ellos).

¿Esto se puede impedir boicoteando la compra de los artículos de esa empresa (que ahora serán importados), ocupando los locales de trabajo, llamando a la solidaridad de otros gremios, pidiendo explicaciones a los ministros? Es difícil, pero se vuelve imposible si ni siquiera hacemos eso; si aceptamos el desmadre como lógica e inevitable consecuencia de un sistema en el que siempre perdemos; si no tenemos claro cuáles son los actores de este juego feroz y cuáles son sus reglas.

¿Y entonces? Pues que necesitamos, ya, una legislación más protectora para el país y menos para los capitales extranjeros, en la que este tipo de decisiones empresariales tenga costos, sociales, políticos y sobre todo económicos, que no hagan tan fácil romper la cadena por el fino eslabón de los trabajadores. Y una política de estímulo a las inversiones que tenga en cuenta no solamente cuánto va a crecer el PBI por unos meses, sino también como termina la película. Ya tenemos una ley de protección de las inversiones, ahora parecería que lo que nos hace falta es una ley de protección contra las inversiones.

 

Colgate de tus derechos por Esteban Valenti

En el simple debate sobre la conveniencia o no de hacer pesar la actitud de los consumidores ante una empresa o un producto y como se colocaron otros temas y he decidido seguirla, hasta donde sea necesario. Me refiero a mis tuits sobre no comprar productos de Colgate Palmolive.

Aquí el cañonazo ideológico del diario El País. (bienvenido sea) Esteban Valenti, exfrenteamplista y actual dirigente de la coalición denominada La Alternativa, formuló la semana pasada un tuit que es revelador de por qué el país no logra salir del subdesarrollo. Refiriéndose al cierre de la fábrica de Colgate Palmolive, con la consiguiente pérdida de 59 puestos de trabajo, Valenti apeló al “poder de la gente” y propuso “dejar de comprar absolutamente todos los productos” de esa empresa. Agregó: “cierran, nosotros también. Si está de acuerdo circule el mensaje. Uruguay libre de Colgate Palmolive” .

…” Pero igual elegimos el tuit de Valenti, porque la reflexión del veterano dirigente de izquierda dice mucho sobre la mentalidad uruguaya a la hora de analizar la realidad económica. Evalúa el cierre de la fábrica no como una decisión objetiva sino como una traición al país, que amerita un castigo ciudadano

Sobre las dificultades y problemas que tienen hoy diversas empresas en el Uruguay he escrito abundantes columnas y opinado, aquí se trata de otra cosa, de una empresa que tiene décadas en el Uruguay y decide maximizar sus ganancias apelando a su derecho a dejar el país. Y con el mismo criterio y con el mismo derecho que nos da el sacrosanto mercado, yo decido no comprarle más ni una tapita de sus productos.

Confieso que le tengo un poco de tirria a esa empresa porque de un lado de la frontera – y desde siempre, cobra la pasta dental tres veces más barata que del nuestro – y porque te vende una caja enorme y adentro un pomito miserable. Son avivados por naturaleza. En Uruguay ya no fabricaban productos sólidos, sólo líquidos, para ser más precisos: nos perfuman con Fabuloso.

Y un día decidieron irse e importar todo del exterior. Es el juego natural de las empresas, incluso algunas que tienen décadas en Uruguay y que soportaron todas las crisis, 1982, 2002, etc. etc. con atrasos cambiarios fenomenales, pero ahora se “avivaron”, mudan su producción a México e importan desde allí y desde Brasil.

Mi convocatoria, que no incluyó pedidos de prohibir la importación, ni nacionalizaciones ni reclamos legales de ningún tipo, levantó olas de ira. En las redes e incluso en El País. Creo que fue precisamente esta nota que me invitó a seguir la campaña. Y soy tenaz.

En muchos países bien capitalistas y serios, el poder del consumidor – es decir la primera condición del ser humano desde que nace hasta que muere – y un derecho reconocido por la inmensa mayoría de las legislaciones, es utilizada en forma individual, promovida por las redes o por organizaciones de la sociedad civil. Para algunos fanáticos deformados del mercado, en Uruguay es un pecado mortal propio de terribles izquierdistas.

Sin consumidores no hay mercado, y no tenemos porque ser flácidos objetos del marketing y de lo que decidan las empresa, podemos reaccionar y opinar de la manera más contundente: no comprando un producto o protestando. Se hace en muchos países. Pero resulta que, en esta época de restauración reaccionaria, llamar a no comprar a una empresa que se benefició con nosotros, que tuvo sus buenas ganancias, bien habidas, y ahora nos abandona con un portazo, es un pecado mortal y convoca a todas las furias y a páginas del principal diario. Dan vergüenza.

Hacer la lista de los boicots que en los Estados Unidos se practicaron contra el servicio de transporte racista, hasta el consumo de diversos productos, sería interminable.

Hay otro aspecto importante, no reclamé ninguna ley, decreto o medida administrativa, al contrario, declaré MI VOLUNTAD como consumidor de no ser un número un monigote de las empresas. Es mi derecho y pienso utilizarlo. Otros quieren seguir comprando, tienen exactamente el mismo derecho a perfumar sus pisos y sus bocas y nos los voy a catalogar ideológicamente. Lo prometo.

En cuanto a los que comparan la situación con los precios de ANCAP, no me duelen prendas, si pudiera no le compraría a ANCAP ni a UTE a esos precios escandalosos. No puedo hacerlo. Y en el caso de Fleishman u otros, lo voy a pesar caso por caso. Tengo todo el derecho. Lo hice cuando los argentinos nos bloqueron los puentes, no compré ni un solo producto argentino durante todo ese tiempo. ¿Estuve mal? Lo lamento.

Estoy seguro que si los consumidores hiciéramos sentir toda nuestra enorme potencia, nuestra fuerza, algunas empresas no nos trataría como ganado, por ejemplo, muchas de las compañías aéreas. Ser consumidor, aún en este mundo tan justo y equitativo, no quiere decir ser un rebaño. Algunos desnudan su condición, en este tipo de situaciones, balan.

¿Rechazar a quienes se van independizarse? por Isabel Viana

 

El término se originó durante luchas contra arrendamientos excesivos en Irlanda a fines del S XIX, cuando el capitán Boycott sugirió a arrendatarios cortar todo tipo de vínculos con un terrateniente. Creo que la práctica debe haber sido anterior al nombre, vista la lógica impecable de la medida.

Es una práctica que, basada en la libertad de opción del ciudadano, permite la decisión individual de no consumir ciertos productos, que, si responde al interés general, puede transformarse en una radical medida colectiva de rechazo a ciertas prácticas o productos.

La negación de comprar, el rechazo a trabajar para o para prestar servicios a una firma, persona y hasta invasores (políticos y económicos) ha demostrado ser una medida eficaz y, sobre todo, un conjunto de acciones pacíficas, en este mundo signado por la violencia.

Creo que el mejor ejemplo, por su escala y alcance, es el Gandhi, en su lucha por la independencia de la India respecto al Imperio Británico. Sus acciones se basaron en la no violencia y usó métodos alternativos a las sangrientas revoluciones que lo precedieron en el objetivo de expulsar a los ingleses.

Ante el monopolio impuesto por los británicos respecto a la producción y comercialización de u n producto básico como la sal. Gandhi encabezó la marcha de la sal en 1930: instó a los hindúes a acompañarlo en una marcha a pie de 300 km. hasta el océano Índico, donde recogieron sal con sus propias manos y la distribuyeron a su retorno. Para no consumir otros productos británicos, hiló y tejió su propia ropa, en acción que tuvo gran repercusión, particularmente en las clases más bajas de su país.

En lo que refiere al caso Colgate – Palmolive, la fábrica en Uruguay da trabajo a 60 obreros. El cierre de la empresa en Uruguay y su traslado a México deja, por tanto, a muchas familias sin su fuente de ingresos y es importante que reciban respaldo.

Pero no es sólo ese el motivo de expresar a la firma el repudio de la sociedad uruguaya. Sus pastas para higiene bucal marcas Colgate y Kolynos son hoy casi única oferta en las góndolas y tienen altos precios. Han hecho desaparecer otras marcas del mercado. En nuestro medio sus marcas más conocidas son, además, Palmolive, Speed Stick, Fabuloso, Axion, Hill´s y Protex. La pequeña fábrica de jabones y velas creada por William Colgate en Nueva York a comienzos del S XIX, es hoy una empresa global, sin adhesión territorial y con la única meta de incrementar sus ganancias por medio de estrategias financieras.

Debemos preguntarnos porqué se van y que acciones ha llevado a cabo el estado para fomentarlo o impedirlo, así como porqué se anuncia el inminente cierre de muchas otras empresas. Es obvio que nuestros obreros están mejor pagos y tienen más beneficios sociales que los mexicanos. También es obvio que las cargas impositivas actuales encarecen los procesos productivos.

Con boicotear a una sola firma que hace sus cuentas y decide producir en otro lado, poco vamos a cambiar. A ella seguirán otras firmas globales con idénticos criterios y nuevos uruguayos desocupados.

La alternativa es que existan políticas económicas que alienten la sustitución del trabajo barato foráneo por trabajo uruguayo, que puede producir con alta calidad. En ese caso, el boicot, asumido por la sociedad uruguaya, es un arma clave para crear un mercado para esos y otros productos de marca nacional y con ello, combatir eficazmente la desocupación y la invasión de monopolios extranjeros.

 

La violencia social por Jorge Zabalza

En memoria de Ronald Scarzella (cuyo asesinato continúa impune) y a 30 años del cortejo que acompañó a Raúl ‘Bebe’ Sendic hasta el cementerio de La Teja.

Nací en 1943 y Colgate Palmolive ya era una de las multinacionales que distribuía buenos dividendos entre sus accionistas. Prevalecida de su posición dominante del mercado, si los pequeños comercios querían que los corredores dejaran media docena de pasta de dientes, estaban obligados a comprar gomina Brancato u otros productos invendibles. Más tarde, la ley de inversión redujo aún más su carga impositiva y, gracias a la protección de los gobiernos, su rentabilidad promedió el 12,5% según el STIQ (Sindicato de Trabajadores de la Industria Química). También informan que, en 2018, la DGI le devolvió un millón doscientos mil dólares por exoneraciones.

Sin embargo, pese a todos esos privilegios, apenas vio la oportunidad de acrecentar su tasa de ganancia ampliando su planta en Méjico, hizo las valijas y emprendió la retirada. El costo de los productos que importará desde allá le permitirá destrozar deslealmente a los competidores que continúen produciendo en el Uruguay. Excitados por la perspectiva de mayor ganancia, rompieron el convenio que los obligaba a avisar antes de cualquier reestructura de la empresa. Arrojaron a la calle, sin la menor piedad, un centenar de asalariadas y asalariados e hicieron desaparecer unos 500 puestos de trabajo indirectos. Un acto tremendamente violento que vuelve a demostrar que de nada vale bajarse los pantalones, los abusadores no tienen escrúpulos.

Los dueños del capital sienten que los asalariados son la máquina que les permite vivir felices a costillas del trabajo ajeno, alcanzar la finalidad de su vida. Se deja de percibir la condición humana de quienes están condenados a venderse para sobrevivir. La violencia latente en las relaciones salariales emerge a la superficie cada vez que el capitalista decide aumentar su rentabilidad. La tasa de ganancia es la fuente de inspiración del burgués. Le hace perder su compostura habitual, se quita su traje y corbata y se coloca la armadura del afán de lucro. En pie de guerra, ataca violentamente a los proletarios, ya sea con las armas de su poder económico, ya sea con las que monopoliza el aparato policíaco militar.

Para ganar más se debe explotar más y más, mientras que, para aumentar los salarios es preciso reducir las ganancias del patrón o la recaudación del Estado. Los intereses del que paga salario y del que lo cobra son antagónicos, es una ley de la naturaleza. Podrán firmar convenios en los consejos de salarios o podrán votar al mismo candidato a la presidencia, pero a la hora de decidir el salario, se levanta la muralla inexpugnable que los separa más allá de los juramentos de amor o de la muy mentada paz social.

¿Cómo impedir que los dueños de Colgate Palmolive hagan sus cuentas y decidan irse a Méjico? ¿Cómo pedirles que sean humanos y no despidan trabajadoras y trabajadores? ¿Apostando a los buenos sentimientos de las patronales? No, es inútil. La clase empresarial se enceguece y agrede a su enemigo, la clase trabajadora. La lucha de clases hace perder sentido a la educación para la paciencia que promueven los Cardozo, la Catalina, el Pepe Mujica y otros predicadores. Es la hora de la poesía clasista y combativa de Miguel Hernández y César Vallejo.

El STIQ reclama que se paguen despidos triples, que el seguro de paro sea complementado por la empresa hasta cubrir el sueldo de cada uno de los despedidos. Que a los mayores de 58 años se les hagan los aportes a la seguridad social para que puedan jubilarse con el 75% de su salario. Que las maquinarias pasen a propiedad de una de las tres cooperativas que gestionan los laburantes en el marco del sindicato. Que Colgate Palmolive done unos 300.000 dólares -apenas el 5% de su botín- al hospital de niños con cáncer del Pereira Rossell. Al defender su clase, el sindicato lucha por el pueblo uruguayo, para que se respeten los derechos laborales y los convenios logrados en consejos de salarios, para que no se lleven las máquinas y ellas puedan seguir produciendo en Uruguay y la riqueza que se genera en el cuidado de la salud bucal quede en el país.

Para defenderse de la violenta agresión multinacional, los trabajadores emplean medios pacíficos y legales de presión: el paro, la ocupación de la planta y la huelga de hambre. Toda la población debería apoyar esta lucha donde están en juego sus intereses, los consumidores deberíamos hacer piquetes frente a los supermercados, llamando a no comprar los productos de Colgate Palmolive. El gobierno de Tabaré, si no quiere ser cómplice, debería impedir la entrada al país de los productos Colgate Palmolive. Hasta la portada de VOCES debería llamar al boicot.

 

Boicot: Participación social contra la injusticia por Ruben Elías

 

El boicot es una medida legal, válida para enfrentar la injusticia, que sufre un colectivo, mediante la participación de la sociedad local, nacional o internacional, fundada en principios éticos que condenan hechos reprobables. Siempre es una interpelación a eliminar las actitudes cuestionadas. No es sinónimo ni de embargo ni de bloqueo.

Empresa Colgate-Palmolive y similares

Hablamos de empresas transnacionales (ET) que como tal tienen una estrategia global independiente de los estados donde se asienta, lo que la habilita a abrir y cerrar plantas donde y cuando se le ocurra. La no producción en el país no impide que los bienes se puedan importar y comercializar. Los trabajadores y sus familias son sacrificados en beneficio de la empresa, como peones de un tablero de ajedrez.

El Sindicato de Trabajadores de la Industria Química (STIQ) informó que la decisión del cierre de la planta “no está vinculada a la falta de rentabilidad en el mercado uruguayo”, ya que tienen un beneficio “de un 12,5%”.

El STIQ llamó al boicot (no compra) de todos los productos de la empresa, provengan de donde provengan.

Si las ET operan a nivel mundial los trabajadores deben hacerlo de la misma manera fortaleciendo el internacionalismo como ocurre con algunas ramas. También, debería haber disposiciones nacionales que impidan que estas empresas, favorecidas económicamente a costa del país, hagan lo que quieran.

El BDS a Israel  

El Boicot, ha sido y es una herramienta muy efectiva contra la discriminación. Destaca la Campaña de BDS (Boicot, Sanciones y Desinversiones) contra el apartheid en Sudáfrica que contribuyo a la abolición del mismo. El pueblo palestino inspirado en ella, la adopto contra el régimen de Israel.

Nelson Mandela condenó el apartheid israelí y agregó “sabemos demasiado bien que nuestra libertad está incompleta sin la libertad de los palestinos”. En 2018, el parlamento israelí, aprobó la controvertida Ley Básica del Estado Nación, que declara a Israel como “el hogar nacional del pueblo judío”, legalizando el apartheid existente.

Si le sumamos todas las condenas al Estado de Israel de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad de la ONU, está más que justificada la Campaña.

Producto de los avances logrados por el BDS, los defensores de Israel alegan que es una campaña antisemita e intentan criminalizar a quienes la apoyan. Olvidan que en los últimos 70 años quien ha tenido una política antisemita feroz ha sido el régimen israelí, haciendo sufrir al pueblo palestino (semita) una limpieza étnica que no cesa, mediante la conquista, la colonización, la deportación, el genocidio y el apartheid.

 

Boicot versus Mercado por Miguel Manzi

Con diferencia de pocos días, Esteban Valenti propuso un boicot a Colgate y Lucía Topolansky reclamó comprar productos de industria nacional. Ambas exhortaciones tienen algo en común: suponen posible que el país se erija en una Arcadia, o peor, en una Utopía, más o menos marxista pero seguramente leninista. La propuesta viene con muro perimetral incluido, como el de Berlín, o como el de Trump. Topolansky pide comprar nacional para defender el trabajo de los uruguayos; ¿se imaginan si a los chinos se les ocurriera lo mismo? Digo, comprar chino y no uruguayo. O a los gringos, los europeos, los brasileros, los argentinos, todos los que nos compran las cosas que hacemos y nos pagan por ello, con lo que nosotros pagamos salarios, damos trabajo, compramos petróleo, maquinarias, remedios y otras chucherías. Valenti, por su parte, pide dejar de comprar los productos de Colgate-Palmolive, esos que no se pueden fabricar más en el país porque en la feria se venden de contrabando a mitad de precio. A un click de distancia, nos enteramos que en 1806, William Colgate abrió una pequeña fábrica de almidón, jabones y velas en la ciudad de Nueva York (nosotros estábamos distraídos con las invasiones inglesas). Al cumplir 100 años la compañía tenía 100 productos en el mercado; y en 1908 empezó a cotizar en la bolsa de Nueva York. Hoy tiene 38.000 empleados, presencia en más de 200 “países y territorios”, y ventas por USD 15.000 millones anuales. El cierre de su planta de producción en Uruguay afectará a 59 empleados; en adelante, importará sus productos desde México. Como dijo Vázquez en Pueblo Centenario, toda la vida cerraron empresas (le faltó decir “jódanse”). En efecto, son las famosas reglas del mercado, esas que informan el sistema capitalista, que hoy prevalece con matices en todo el orbe, salvo en casos excepcionales que están siempre acompañados por dictaduras. Sin embargo, no hay que temer que tooodas las empresas se vayan a lugares donde la mano de obra sea aún más barata y las cargas impositivas sean menores. Por un lado, va la lógica de la empresa multinacional, cuyos intereses económicos no se ven interferidos por factores emocionales, que produce y vende globalmente, le importa tres pitos un boicot en el minúsculo mercado interno uruguayo, y no hay escrache posible que perturbe la vida y prestigio social de sus propietarios o accionistas. Pero por otro lado va la lógica del empresario nacional, o afincado en el país, que vive acá, cría a sus hijos acá, se junta con sus amigos acá, y espera morir acá; ese prospera acá o se funde acá. Y no espera un decreto gubernamental que obligue a la gente a comprar lo que él vende, sino apenas condiciones razonables para poder trabajar. Verdades de Perogrullo, que en Uruguay no terminan de entenderse.

Lucha de clases por Esteban  Pérez

Por más que la burguesía sueñe que la lucha de clases no exista y haga todo lo posible, dentro o fuera de la Constitución, para erradicarla, mientras exista una sociedad con explotados y explotadores la lucha se manifestará bajo distintas formas y métodos, encontrando siempre, por duras que sean las medidas represivas, algún huequito por donde poder expresarse.

Por más que alguna murga la dé por perimida, o algún ex-revolucionario pregone andar a los besitos con las clases dominantes, la lucha de clases seguirá existiendo.

No es posible que la burguesía como clase se enamore de un proyecto en el que deba entregar sus medios de producción o achicar sus ganancias a favor de los trabajadores, por más que se le palmee la espalda.

No hay conquistas duraderas para los explotados si no es con acumulación de fuerzas y luchas. Todos los métodos son válidos aplicándose  cada uno según las circunstancias y grado de conciencia del pueblo en general.

Un país que apuesta más a las inversiones de multinacionales que al trabajo nacional (como por ejemplo UPM, Palmolive o Fleischmann), está expuesto a que dichas empresas, cuando ya no les sea más rentable ese territorio, levanten vuelo y se vayan a invertir donde más les conviene.

Las multinacionales son eso: multinacionales, por lo tanto son apátridas, sin otra ideología que la ganancia. Son capaces, por lucro, de generar guerras o voltear gobiernos que no les sean funcionales.

Hoy, luego de casi 15 años de gobierno progresista, podemos afirmar aunque alguno se enoje y nos otorgue calificativos, que Uruguay profundizó más aún el largo camino iniciado por blancos y colorados de sumirnos en la dependencia de multinacionales no sólo a nivel industrial sino también a nivel agrario.

El gobierno para sobrevivir humilla a la nación pidiendo de rodillas que vengan inversores. Tampoco se visualiza, en las plataformas electorales, apuestas fuertes a la generación de genuino trabajo uruguayo. Una vez más, al pueblo oriental sólo le queda la consigna acuñada desde el fondo de su historia: Nada podemos esperar sino de nosotros mismos.

En la tapa del libro…que no quieren leer por Melisa Freiría

Estaba en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Económicas y Administración de la UdelaR., cuando el profesor M. Davrieux nos decía a un grupo de pichones de economistas que cursábamos Economía internacional, que “los bienes se producen en el país donde sea más barato”.No era un invento de esa tarde de abril ni una decisión perversa de los empresarios; sino que era parte de la teoría ricardiana que concluía de esa forma la regla para determinar la asignación de la producción mundial y el patrón de comercio, considerando los precios relativos y las relaciones de productividad entre países.

Es que en medio de cargas impositivas, costo de mano de obra, tamaño de mercado, dotación de factores, logística, precios y demás: nos guste o no, la decisión de Colgate-Palmolive es parte de la lógica maximizadora. Para no perder de vista en este juego de elegir dónde producir e importar y exportar productos, lo importante es la forma en la que lo hacemos y cómo distribuimos las ganancias dentro del país. Para esto último -además de las políticas de inserción internacional- es fundamental la determinación de los precios incluido el salario de los trabajadores, por lo que desembocamos en la negociación colectiva, en nuestro país tripartita,perfectible e imprescindible.

Me permito cuestionarme entonces ¿qué pasa cuando los propios sindicatos que deben velar por los intereses de los trabajadores, ven a todo esto como una “competencia desleal”y entonces convocan a “boicot”? ¿Qué pasa cuando en lugar de la lógica del entendimiento priman los juegos políticos? ¿Qué pasa cuando en vez de tener una mirada que trascienda nuestro tiempo, nos aferramos al amiguismo con el Gobierno?

Si históricamente no le exigimos más a las fuerzas políticas de izquierda ¿a quién se lo vamos a exigir?

 

Trabajemos menos para trabajar todos por Lucía Siola

 

El retiro de la empresa Colgate Palmolive del mercado uruguayo para alojar su producción en México, dejó en evidencia la acción de las multinacionales en nuestro país, quienes al igual que otros sectores capitalistas comienzan a presionar por una reforma laboral que termine con las conquistas de los trabajadores. No había pasado ni una semana del anuncio, cuando la multinacional Fleischmann cerró su fábrica dejando a 29 obreros y obreras sin trabajo. La realidad es que en los últimos años son cientos de empresas que se han presentado a concurso, una ley hecha a medida, que les permite a los empresarios cerrar sus emprendimientos de forma co-gestionada con el Estado, a través de un síndico que establece la justicia. Se trata de un mecanismo, por el cual las patronales rearman sus negocios a partir de descartar a sus trabajadores. Un ejemplo muy claro de esto, fue el caso de la Spezia, proceso en el cual un testaferro de los empresarios compró la firma, posibilitando así la continuidad de la empresa luego de deshacerse del personal – la mayoría mujeres- que no sólo se quedaron sin su fuente de trabajo, sino que también debieron custodiar bienes durante varios meses para cobrar lo que la empresa les adeudaba por concepto de salario atrasado, licencia, aguinaldo y por despido.

La lista de las empresas que han cerrado en los últimos años es larga, recordemos por mencionar algunas de gran magnitud; los casos de Fanapel y de Fripur, que destruyeron más de 2000 puestos de trabajo.

De conjunto, en la actualidad hay más de 153 mil trabajadores desocupados, una cifra alarmante que constituye el fracaso económico de la política llevada adelante por el FA, algo que Vázquez quiso esconder con mucho cinismo en el último consejo de ministros.

 

La respuesta de los trabajadores, y del movimiento sindical a este proceso de cierres de empresas ha sido sacrificada pero modesta. En la mayoría de los casos, los trabajadores han ocupado las instalaciones como mecanismo de custodiar los bienes, para evitar el vaciamiento, pero de conjunto se ha impuesto una política de resignación y aceptación de la destrucción de las fuentes de trabajo, una orientación que ha sido fomentada férreamente por la dirección oficialista vinculada fundamentalmente al PCU. Recordemos lo que el ex director del Ministerio de Trabajo, y ex dirigente del PIT-CNT  Juan Castillo dijo en referencia al cierre de Fanapel;  los empresarios “si quieren pueden hacer un parrillero con la fábrica de papel”. Para Castillo y su corriente, el respeto a la propiedad privada está por encima  del derecho al trabajo, que puede ser negociado.

 

En el caso de Colgate Palmolive, frente al anuncio del cierre se impulsó la medida del boicot que es el método por el cual se realiza una campaña para no que la población no compre los productos de la empresa. Algo similar a lo que se ha impulsado en condena al régimen de Israel por su política de exterminio al Pueblo Palestino. Se trata de un método válido, que puede aportar en la concientización sobre el problema, siempre y cuando acompañe la acción colectiva de los trabajadores, y no la sustituya, porque en definitiva el método del boicot es una medida medianamente pasiva, individual, que ataca un aspecto de la circulación de mercancías, del consumo.

 

El método activo, colectivo e histórico de la clase obrera, que es la expresión más cabal de la lucha de clases en este régimen social en donde unos pocos concentran la riqueza y la gran mayoría es condenada a la miseria y la peuperización, es la ocupación de la fábrica, su control y puesta en marcha por parte de sus trabajadores. Se trata del método más eficaz contra los despidos, y contra los cierres y vaciamientos, en primer lugar, porque esta práctica ataca directamente a la producción, pone en cuestión la propiedad privada, el poder empresarial y el régimen que lo sustenta, es efectiva contra los lock-out y evita la contratación y el uso de rompehuelgas; en segundo lugar, porque cohesiona y organiza a los trabajadores en defensa de su fuentes de trabajo, aportando en la conciencia de que los trabajadores no necesitan de ningún patrón para producir. La ocupación y control obrero de las empresas como mecanismo para enfrentar los despidos, es un elemento casi de supervivencia para los trabajadores actuales y futuros, porque la destrucción de puestos de trabajo engrosa el ejército de desocupados y los cordones de miseria, que son utilizados como presión para rebajar las condiciones de trabajo y el salario, así se extiende la flexibilización, la precarización laboral, y los salarios de miseria. En suma, la batalla por defender el derecho al trabajo, es una lucha que une a trabajadores y desocupados y que no puede excluir los métodos históricos de la clase obrera, la huelga, el piquete y la ocupación, que deben ser acompañados con la exigencia del reparto de las horas de trabajo sin rebaja salarial, para que trabajemos todos y trabajemos menos. Sólo de esta forma, podremos superar la política actual de adaptación y abrir un verdadero curso de acción para la defender nuestras condiciones de vida: una salida donde los trabajadores seamos sujetos de una reorganización económica sobre nuevas bases sociales.

 

 Estos se van y otros vienen… por Valeria David de Lima

Una amiga adoptó un gato que al final terminó siendo gata, no es que el animal fuera trans, es que la experta en cuestión le erró y finalmente el veterinario “diagnosticó”; una gatita. La nueva mascota está ayudando a trabajar la adaptación, aceptación, pero, sobre todo; la tolerancia.
Salvando las distancias, parece que el segundo mes del año ya nos dejó el primer Consejo de Ministros abierto y como ya sabemos nuestro héroe de la salud y padre de los ambientes libres de humo de tabaco está en absolutamente todos los detalles; Tabaré trasladó el gobierno de cercanía hasta Durazno y si decimos Durazno automáticamente nuestro sistema nervioso direcciona todas sus células gliales hacia la instalación de UPM2. En el lugar, Vázquez afirmó que si la planta contamina: “la vamos a cerrar…” (se escucharon aplausos de los directivos de Colgate entre los compañeros autoconvocados que fueron a saludar al presidente y a sus ministros). Ustedes se imaginan que con éstas afirmaciones al titular del MEF no le alcanzaría solamente con un gato, gata o gate, tendría que adoptar a todos los hermanos de la gata de mi amiga.
-Danilo, si me estás leyendo sé dónde encontrar el resto de la familia de felinos.

Ante el anuncio de cierre de la multinacional Colgate en el país rápidamente las “fakes news” se pusieron en marcha y comenzó a circular un listado de fábricas cerradas durante el gobierno del “fraude amplio” difundidas por bots, trolls , Salles, Sartoris, Pentecostale’s, Veronica’s.
Desde la vereda del respeto -siempre- me animé a redactarles un ranking de “Sonrisas Colgate’s cerradas” en éstos días, ahí van: la de Andrade cuando se enteró que la 711 de Sendic apoya su precandidatura.
La de Talvi cada vez que Sanguinetti aparece en público.
La de Juan Andrés Roballo escuchando a Tabaré preguntar por los niños de dos cabezas que iban a nacer tras la instalación de la primera planta de celulosa en Fray Bentos.
La del presidente de UTE al leer a Cosse decir qué hay un excedente del ente para repartir entre la población – Carolina activando modo tribuna-
La de uno de los directores de éste medio el domingo por la tarde-noche; cuando el inoportuno de Gastón Rodríguez mete el gol más feo de la fecha, en la hora.
En ningún caso hubo sindicato ni boicot que los defendiera.
Aia. ¡Perdón!

Si bien el retiro de la producción de Colgate no es una buena noticia por generar pérdida de puestos de trabajo, no comparto la idea de boicotear la firma. Contradice nuestra visión sobre política económica y puede dañar la llegada de nuevas inversiones. Estos se van y otros vienen. Lo que tenemos que hacer es asegurar las condiciones para que vengan.

*Escribiendo desde un probador de H y M*

 

 

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