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Congreso de TODOS en Flores: A la búsqueda de acuerdo entre distintos

Congreso de TODOS en Flores: A la búsqueda de acuerdo entre distintos
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El fin de semana pasado se realizó en Trinidad el tercer congreso del sector Todos del Partido Nacional, encabezado por el líder de la oposición Luis Lacalle Pou. Más de quinientos participantes se encontraron para discutir política pura y dura. Durante dos días Flores fue más blanca que de costumbre.

Por Alfredo García

 

La cita era a las once de la mañana y el punto de encuentro era la Sociedad Criolla Tabaré Regules de Trinidad ya que el Teatro Artigas estaba ocupado durante el sábado. Una enorme carpa llena de sillas aguardaba la llegada de los congresales de todo el país. Con media hora de retraso comienza la sesión plenaria y los primeros en hablar fueron dos militantes que realizaron un exhaustivo informe  sobre la reciente elección de los jóvenes blancos. Para el Partido Nacional ese evento fue muy relevante por la adhesión alcanzada, más de sesenta y ocho (68178) mil jóvenes entre catorce y veintinueve años, y para el sector Todos significó una reafirmación de su liderazgo ya que obtuvo el 58% de los votos y ganó en catorce departamentos. Como dato interesante sobresale que hubo casi una paridad de género en los 23484 candidatos en las más de quinientas listas, ya que 48% fueron mujeres y 52% hombres. Los datos presentados analizaron cada uno de los departamentos y se desagregó por grupos etarios, mostrando un importante número de votantes primarios, menores de dieciocho años (51%). El grupo de Todos jóvenes tendrá nueve de los quince miembros de la Comisión Nacional de Jóvenes y por primera vez alcanza la presidencia de los jóvenes blancos.                                                                                                          Culmina el informe y pide la palabra Lacalle Pou: “Para mí, esta es la noticia más importante de este año. Atrás de cada uno de estos números, de cada voto y de cada lista, hay una historia personal, grupal, de amigos, de familia. Es como un gran puzzle. ¿Se acuerdan de aquella marca internacional Benetton, que hacía los avisos con centenas de caras, donde cada cara significaba algo? Bueno, esta elección es justamente eso: historias personales que después terminan de coagular en un sector más vital y en un partido aún más vital. Esta elección tiene una importancia capital en la vida de una nación, de un país. Hay un traspaso generacional de liderazgos comunitarios. ¿Por qué es esto? ¿Porque Uruguay es distinto al mundo? No, porque el mundo es así. Siempre repito tres conceptos que son fundamentales. El primero es que cada cinco años se duplica el conocimiento. Eso es bestial. Segundo, dentro de treinta años supuestamente el 52% de los trabajos se va a automatizar. Y tercero, y para mí esta es la gran revolución, hay una alteración enorme en aquellos que son los que rompen los límites, los que están en la punta del conocimiento. Siempre fue el que tenía más experiencia, los adultos. ¿Por qué? Porque trabajaron, porque leían, investigaban. Bueno, eso ahora cambió. En la punta de la sociedad están los nativos digitales. Ser joven hoy genera muchas más obligaciones y responsabilidades que ser joven hace veinte años. Por eso quería dejarles este mensaje. Para mí esta es la mejor noticia del año. Es como cuando uno es padre: Cuando sos padre te asegurás que la cosa sigue. Y un partido de ciento ochenta años está con un nuevo ciclo, con nuevas generaciones. Tenemos mucho partido por delante”.

EL EMPLEO DEL FUTURO                                                                                                                                                    Le tocó el turno después a un informe sobre la situación del empleo y la economía en nuestro país que presentó la economista Azucena Arbeleche, seguido de un análisis posterior realizado por Guillermo Dutra sobre el futuro del trabajo. Una vez finalizados los informes se abrió el debate para comentarios y preguntas sobre los temas planteados. Hubo diversas intervenciones, como la de un delegado de Paysandú que puso en duda las cifras de desempleo que da el INE, mirando la realidad de su propio departamento. Arbeleche le respondió que el INE aplica la metodología internacional que se usa en muchos países y que realiza el trabajo correctamente.                                                                                           El diputado Gastón  Cossia planteó que el grupo haría un gran diferencial político si propusiera un paquete de medidas de alto impacto para favorecer a las pequeñas y medianas empresas, en contraposición a los beneficios que se brindan a las inversiones extranjeras. “Regalamos todo para que vengan al Uruguay y nuestras empresas se están fundiendo, no aguantamos más”, afirmó.                          El tema de la educación fue planteado por Norma Espinoza de Juan Lacaze y consultó sobre cuáles deberían ser las asignaturas que se deberían enseñar a los jóvenes para poder ingresar al mercado de trabajo. Pablo da Silveira pidió la palabra para responderle: “Muchas veces se nos dice, que tenemos que enseñarle a los uruguayos que están naciendo hoy, las cosas que van a tener que saber dentro de treinta años para que puedan trabajar y tener oportunidades. El tema es que no tenemos la menor idea que cosas será necesario saber dentro de tres décadas. Pero si sabemos que si un chico no es capaz de leer y entender un texto de mediana dificultad, ni es capaz de resolver una regla de tres, no va a poder hacer nada dentro de treinta años”.                                                                                                                                       Luego participó sobre el tema Graciela Bianchi: “La escuela primaria tiene que volver a enseñar a leer, escribir, hacer cuentas, razonar. Y lo que no está haciendo y debe hacer es que nuestros chicos aprendan a aprender. Tenemos que formar en ciudadanía y en humanismo porque si no tenemos ciudadanos responsables y bien formados no tenemos gente libre. Y si hay algo que es columna vertebral de lo que queremos en el gobierno, es la libertad. No hay ninguna justicia social que justifique la pérdida de la libertad”.                                                                                                                                                                           A continuación habló Jaime Trobo: “Nos vamos a enfrentar al discurso de quienes nos quieren presentar como que venimos a desmontar el sistema de protección laboral y de protección social. Van a decir que queremos desmontar derechos. Y de aquí tenemos que salir muy convencidos que nosotros venimos a reformar la protección social, a reformar el derecho laboral y a darle más posibilidades a los trabajadores del futuro. Cuidado con entrar en el debate de que venimos a liquidar, porque quieren interpretar que queremos hacer eso. Pensamos en el dialogo social para que la gente sea más rica y sobre todo más libre. Somos el partido de la libertad y nosotros como sector mayoritario tenemos una gran responsabilidad.”

DEBATE DE IDEAS                                                                                                                                                         Culmina la discusión sobre el primer tema y comienzan a tratar el documento que se elaboró bajo la supervisión de Pablo Da Silveira para el congreso. Toma la palabra Lacalle Pou, que pide que levanten la mano los que leyeron el material previamente, solicitando que digan la posta.                                               “Este es un documento que alguno puede tildar de aburrido. No me extraña. En realidad lo que pretende hacer es mirarnos en el espejo y decir que por qué hacemos lo que hacemos. ¿Qué es lo que nos mueve? Y creo que ataca esa falsa dicotomía que se está viviendo hoy en muchos ámbitos, que es ideología versus acción. Hay una barra que se queda en la ideología, sobrevolando, y como andan sobrevolando eso les permite tener ideologías que son totalmente inaplicables, hasta contrarias a la esencia del ser humano. Y después hay otros que dicen “no me hables de ideología, yo hago gestión”. En general lo hacen porque no están en la gestión. Ninguna de las dos tiene elementos comprobatorios, unos porque nunca gestionaron, y otros porque solo se han quedado en el tema de la ideología. Hoy los que nos tiene que iluminar un poco es por qué queremos obtener el poder. ¿Por qué? No alcanza con decir que porque pertenecemos a un partido político. De eso trata ese documento, y después pretende entrelazar la idea y la acción.  Y en estos dos conceptos mezclamos otro que es fundamental: la conducta.                                     Acá hace un instante se mencionaba el concepto de libertad como nuestro faro. Y el tema de la idea, que tiene elementos que son inmutables, que son la esencia,  pero también está la flexibilidad. Es muy importante la flexibilidad que uno tenga en sus ideas. Eso no quiere decir cambiar o travestirse. No, no. Es la posibilidad de encontrar puntos de contacto con otras ideas. Si no, nos vamos a quedar solos acá. Y todos sabemos que dentro de un año no solo vamos a estar en un terreno electoral sino que vamos estar mirando a otros partidos políticos con los cuales podamos decir que podemos tener una coincidencia, y si tenemos que modificar un poco lo que nosotros pensamos en nuestra acción a seguir para poder conseguir mayorías que sean sustentables. Hemos dicho una y otra vez que vale la pena ganar, y tiene que valer la pena cumplir después. ¿Con qué vamos a cumplir? Con nuestras ideas. Discutámoslas acá, démosle carne y sentido, no solo el esqueleto, y a partir de ahí, vamos a estar de acuerdo en la acción. El gran desafío es saber quiénes somos, la tranquilidad de saber de la diversidad de lugares que venimos, y por eso a veces nuestras ideas las conforman sensibilidades distintas, y entendiendo en esa certeza y seguridad que tenemos sobre nuestras ideas que necesariamente en estos tiempos que vienen tenemos que caminar hacia el distinto. Por tres razones: primero porque como futuros gobernantes, pretendemos representar, y cuanta más capacidad tengamos de representar a más gente, mejor. De eso se trata. Segundo, porque tenemos que gobernar, y si bien nuestro país es semi presidencialista la realidad dentro de dos años puede llegar a marcar un parlamentarismo atenuado.                                                                        Y después les voy a decir una cosa que para un partido político no es menor: la única manera de ganar es con un acuerdo entre los distintos, si no, no vamos a ganar. A lo que estoy dispuesto es a que alguien me diga una connotación negativa de ir al encuentro de lo distinto. Para ir al acuerdo de lo distinto tenemos que saber quiénes somos, para saber de dónde partimos, para saber qué negociamos y en qué no transamos”.

Termina el líder su alocución y se satura la lista de oradores para emitir opinión. Se discute fuerte, participan simples militantes y legisladores. Se pide más comunicación, se reclama marketing, se habla del Frente Amplio, de Weber, de problemáticas locales, de experiencias en Artigas, Ciudad del Plata, Rocha o Tacuarembó. Se analiza la situación futura de Montevideo y Lacalle Pou se define a favor de la Concertación como instrumento para alcanzar el gobierno de la capital. La reunión que iba a finalizar a las 19 horas se alarga por una hora más, y quedan muchas cosas pendientes por discutir, porque se aplica estrictamente el límite de tres minutos en el uso de la palabra.

Tan solo una hora y media después todos vuelven al mismo lugar donde se realiza la cena y vuelve a brillar la tradicional buseca, que se combina con la parrilla y   por supuesto el postre son los infaltables pasteles de dulce de membrillo. Las charlas, los encuentros y las discusiones avanzan hasta altas horas de la noche, y una vez más, la política reina en la sede de la Sociedad Criolla de Trinidad.

El domingo de mañana el encuentro es en el Teatro Artigas y simplemente se reduce al discurso del líder del sector, que transcribimos a continuación.

DISCURSO FINAL

Buen día para todos. Veo que a pesar de los festejos están casi todos presentes, cosa que es importante. Quiero agradecerle una vez más al departamento de Flores por la organización, a los que salen en la foto y a los que no salen. En enero de este año, en La Paloma, en una reunión de carácter informal pero donde marcamos algunas líneas, dividimos nuestras palabras en dos ámbitos, uno interno, partidario, y después, una vez más, nuestra gran tarea, que es el instrumento dedicado a mejorar el país. Quiero detenerme un minuto en lo que definíamos que debía ser este 2017 con respecto a la vida partidaria. Manejamos dos conceptos, el de paz y el de movilización partidaria. Dos conceptos que necesariamente tienen que ir entrelazados. De nada sirve tener una paz partidaria si no nos movemos, y no se va a dar por el solo hecho de no tener actividad. Y la movilización partidaria sin paz termina siendo un caos, sin armonía. Empezando a terminar el año hemos conseguido las dos cosas. Hemos tenido una gran movilización partidaria. El hito más importante fue la elección de jóvenes, pero si miramos a nivel local, departamental y nacional, a nivel de militancia y de gobierno, en todos los ámbitos ha habido una movilización del Partido Nacional. Una movilización que tiene como característica que no nos tuvo en el pelotón ni en la inercia de los demás, sino al revés, nos tuvo adelante. Y el que hace punta siempre tiene un riesgo: es el que va proponiendo, transgrediendo, rompiendo límites, aportando ideas nuevas, y como todo, es esencialmente criticable. Obviamente eso a veces lo padecimos pero creemos que es nuestra esencia: movilizarnos haciendo punta, tratando de convencer al resto de que nuestro camino es el mejor. Ha habido una excelente movilización partidaria en todos los ámbitos.

PAZ PARTIDARIA

Y ha habido paz partidaria, lo que no significa no tener diferencias. Cambio el término: no significa no tener matices. Una pareja tiene matices, los tiene un grupo de amigos, una familia. El tema es la capacidad que tengamos de resolver esas tensiones. Cuando estamos todos de acuerdo es muy fácil demostrar paz y cohesión. Lo difícil es cuando alguien piensa algo distinto o con matices con respecto a otros compañeros. Allí tenemos que tener los procesos de encontrar la paz, de reencontrar los caminos del medio. Sé que a veces vende más cuando un hombre muerde a un perro que cuando un perro muerde a un hombre. A veces cuando un partido que está en paz y en movilización partidaria tiene algún destello. Bueno, allí vamos. Y esta movilización y paz partidaria ha tenido la capacidad de impregnar algunas acciones en parte de la oposición. Lamentablemente no todas las que uno hubiera querido. En La Paloma de este año también marcamos que había un hito distinto a los últimos doce años: la pérdida momentánea, finalmente, de la mayoría del Frente Amplio en una de las cámaras. Y pudimos lograr algún avance. No lo que nos gusta, que es crear y hacer, pero sí en ese otro deber que tenemos como oposición, que es controlar. O sea, terminamos el año habiendo fomentado comisiones investigadoras que tienen dos fines: primero, investigar y eventualmente sancionar a los que hicieron las cosas mal, pero que también tiene, como elemento positivo, el corregir. Y allí el Partido Nacional, en su paz partidaria en acuerdo con la oposición, tuvo un año positivo en ese sentido. Por eso lo primero que quiero es estar tranquilo, como partido y con ustedes en tranquilidad, que en el año anterior al comienzo de la campaña electoral el partido llega movilizado y en paz, con matices, pero en paz. ¿Y por qué quiero hacer hincapié en esto? porque este es el último congreso de este tipo. Es el último congreso en el cual podemos discutir un documento como el de ayer, donde no tenemos configuraciones electorales. Fíjense cuando salgan afuera: no hay banderas con nombres de lista. El año que viene van a aparecer, con nombres y con número, y es lógico que así sea. Este es el último congreso que, como decíamos ayer, nos permite mirarnos hacia adentro, juntar fuerzas, tener la base para el año que viene ya tener un congreso electoral. Y al mismo tiempo, o lo más importante, es que esto que estamos haciendo con el partido es lo que pasa en el país: al gobierno le queda un año y dos meses, aproximadamente, de gobierno sin campaña electoral. Y para un gobierno que no ha tenido la dimensión de los tiempos de la gente va a ser muy difícil que los pueda llevar adelante en momento de campaña electoral. Porque la campaña electoral no la tienen solo los partidos de la oposición, sino que también la va a tener el partido de gobierno, y es natural y lógico que empiece a enlentecerse en la acción de gobierno. Por eso quiero dejar algunos conceptos de algunas cosas que nosotros queremos para el país. Rescato lo que ayer decía Pablo da Silveira, con un sentido trágico de su explicación, cuando hablábamos de que en algunos foros se está conversando de lo que hay que hacer en treinta años con la educación, de hacia dónde vamos a ir y de todo lo que desconocemos. Ahora, es imposible pensar en treinta años si no pensamos cómo vamos a terminar este y a empezar el que viene. Y me parece que eso da en el clavo de lo que hoy, aquí y ahora, en octubre de 2017, tenemos que hablar. Tenemos que mirar los próximos tres o cuatro pasos, porque si Uruguay no da bien esos pasos y no toma un camino en ese sentido, no se puede volver atrás, o hay muchos uruguayos que quedan al costado del camino. Por eso este año y dos meses que faltan para el congreso que viene diría que hay que convocar al gobierno, al presidente de la República, y convocarnos todos.

PRUDENCIA

Ayer también hablamos de algunos conceptos necesarios, y no van en orden de importancia. El primero es la prudencia. La prudencia, históricamente, es vital para los ciudadanos pero sobre todo para los gobernantes. Antiguamente las acciones de los gobernantes, los hechos, que derivaban en actos jurídicos, generaban consecuencias. Una ley, un decreto, un tratado internacional. Ahora, en este mundo, antes de un acto jurídico, antes de una acción, el solo hecho de verbalizar algo genera resultados. Vamos a los hitos más disparatados de los últimos tiempos: el anuncio del candidato y ahora presidente de Estados Unidos Donald Trump sobre el muro en la frontera con México. Generó reacciones. La prudencia es necesaria, sobre todo en ese año, donde quizás cuando se empiece a olfatear el proceso electoral uno o algunos tenderían a ser un poco más comprometedores, prometedores, piropeadores. Sería bueno que nadie lo haga, pero menos el presidente de la República, menos el gobierno. ¿Qué estoy queriendo decir? Hubo un anuncio este año por parte del presidente de la República sobre un TLC con China. ¿Se acuerdan? Viaje oficial y TLC con China para el año 2018. Me gustaría entretenerlos un poquito con cómo fue el proceso del anuncio de este TLC. Viajó el presidente y desde China, por sí y ante sí, anunció que Uruguay iba a firmar un TLC con China. No había hablado formalmente con el presidente de la Argentina, que está tratando de reconstruir la relación bastante dañada, a pesar de las supuestas afinidades con los gobiernos K, no dijo que no pero tampoco dijo que sí. Con el gobierno bastante endeble de Brasil, por todo lo que pasó, ni siquiera se tuvo una reunión formal. Y de buenas a primeras se le anuncia que vamos a firmar un TLC con China. Pero peor aún son los efectos de la falta de prudencia en el país. Vamos a poner dos ejemplos bien notorios, un agricultor que a principio de año vendió al mercado futuro trescientos ochenta dólares de soja que después bajó a trescientos treinta, pero que recupera con una gran cosecha, viene el presidente de la República y le dice que vamos a un TLC con China. ¿Qué hace ese agricultor? Se prepara, va a un banco, arrienda un campo, porque dice que si Uruguay va a un TLC con China el gran beneficiado es la agricultura.                  Vamos a la inversa: yo estuve reunido con los pocos uruguayos que todavía se la juegan a producir calzado en el país. Si yo soy un fabricante de zapatos de la ciudad de Santa Lucía y me dicen que vamos a hacer un TLC con China, yo ya estoy mirando a los trabajadores para decirles que la cosa viene complicada. Empiezo a discontinuar algunos modelos y a agrandar mi trader para traer zapatos importados de ese país. Uno se prepara en este mundo tan vertiginoso. Por eso la prudencia en estos tiempos que vienen, y que no se tuvo, es muy importante. Prudencia del gobierno y nuestra, de lo que propongamos.

TRANSPARENCIA

El otro elemento que no ha abundado en estos tiempos es la transparencia. Quizás el Frente Amplio, mal acostumbrado o sintiéndose a sus anchas por las mayorías parlamentarias no tuvo como práctica constante el difundir, abrir, lo que sucede en el gobierno. Esa falta de trasparencia redundó muchas veces en actos irregulares, ilícitos, de corrupción. Cuando hablamos de idea y acción nuestro documento habla de la conducta, de la ética. Claramente cuantificable, ya no solo moralmente, que debería ser suficiente, cuánto castiga la vida institucional del país  la falta de transparencia y la corrupción. No quiero llover sobre mojado, y estaba en la boca de toda la sociedad, ¿pero cuánto habría significado la transparencia en ANCAP? ¿Cuánto más dinero podría haberse volcado para no tener tanta deuda externa o para invertir en infraestructura o para finalmente bajar los combustibles? La transparencia en los procedimientos es fundamental. La falta de transparencia en seguida genera el nacimiento de vicios, que en todos los partidos hay, pero que en el poder, a veces, con estas condiciones hay tierra fértil. Y la transparencia, ¿en qué embarcamos al país? No quiero entrar en la falsa dicotomía, que es muy taquillera, de discutir que por qué sí para UPM y para los otros nada. No quiero hablar de eso, porque no es una dicotomía. Deberíamos hablar de los distintos subsectores y de cómo se ha castigado, se ha facilitado y se ha generado la posibilidad en nuestro país. Ayer se hablaba por parte de Gastón Cossia de las pequeñas y medianas empresas, que son el gran motor nacional. Cuando uno mira la cantidad de gente que trabaja en determinados emprendimientos, notoriamente ve que las PYMES son el motor nacional. Obviamente no existirían de no poder conseguir capital que llegue a nuestro país. La llegada de UPM a nuestro país genera más trabajo en las PYMES. ¿Cómo vamos a entrar en esa falta dicotomía? Una gomería, un taller mecánico, un carrito de chorizos y todo lo que generan estas inversiones. Sin entrar en esa falsa dicotomía, ¿qué es lo que le pedimos al gobierno? Transparencia. A todos los gobiernos, transparencia. Porque lo que está haciendo el presidente de la República, lo que está haciendo el Poder Ejecutivo, es representarnos. El primer mandatario, nuestro mandatado, en las negociaciones con una empresa está diciendo qué es lo que nosotros vamos a aportar y necesitar. No puede ser una empresa un motivo de estar en el bronce del presidente de la República. No puede ser lo que yo voy a tener como logro. No, es un camino de cohesión nacional. Yo me quedo con un discurso de ayer de Julio Silveira, cuando hablaba de la continuidad histórica. Es cierto, y creo que ahí tenemos que vernos un poquito al espejo, porque a veces, con un sentido vergonzante que no tendríamos que tener, nosotros mismos permitimos ese corte histórico. Y por eso la llegada de este emprendimiento mucho tiene que ver con políticas de por lo menos el año 87 a la fecha. Y tiene que ver con lo que va a pasar en los próximos años. Y por eso es muy importante que el gobierno tenga la capacidad de abrir la información, porque no se trata de un emprendimiento que está haciendo procesos licitatorios. Es claro: viene una industria a instalarse y requiere determinadas cosas. Lo que es notorio y que marca las dificultades que estamos teniendo con esta empresa internacional es que el gobierno no hizo los deberes. Si el gobierno hubiera preparado al país en estos años de bonanza, hoy no estábamos en esta discusión. Podríamos estar en tema de canon, de tributos, pero tendríamos vías férreas, carreteras, puerto, todo aquello que se prometió y que de alguna manera no retornó. Por eso nosotros necesitamos transparencia del gobierno en la información de este emprendimiento, como en muchas otras cosas. No es de recibo decir que se va a informar después de que esté todo cocinado. Porque así como yo pensaba en el discurso de Julio sobre la continuidad histórica, también hay continuidad en el futuro. Lo hemos dicho más de una vez: nosotros no tenemos complejos refundacionales, no creemos que haya que hacer borrón y cuenta nueva cada vez que cambia la administración, pero sí el gobierno y especialmente el presidente de la República deberían darse cuenta de que les queda poco. Les queda poco, y no saben quién va a gobernar. Mejor dicho: no es que no sepan, es que no debería importar. Quizás sí en su corazón partidario o en su ideología, pero políticamente, como jefe de estado y como jefe de gobierno, no debería importarle quién va a ganar. Debería informar a la población y tratar este emprendimiento sin perjuicio de quién vaya a ganar. Pregunto, y esta pregunta obviamente no es para el Partido Nacional, que si el gobierno llega a algún acuerdo en este proceso de preparación de infraestructura, ni siquiera de construcción, ¿el Partido Nacional va a sostener esos acuerdos? Ya sé, todos sabemos que sí, porque somos el Partido Nacional, y tenemos una responsabilidad. Pero porque somos este partido, porque si fuera otro seguramente trataría de cambiar las condiciones. Y por eso, conjuntamente con la prudencia debe existir la transparencia, en los procedimientos y en la información, en cómo nosotros embarcamos a todo el país a través de distintas decisiones que van rumbo a sacrificar el erario público, que van rumbo a hacer concesiones, y nosotros tenemos que saber. La falta de transparencia genera consecuencias negativas en todos los uruguayos, y por lo general las genera en los que menos tienen. Siempre terminan pagando la factura los que menos tienen, siempre. En mayor o menor medida, siempre el que menos tiene es el más castigado. Y por eso en este sistema nacional integrado de salud, que no es sistema y que no es naciónal ni integrado, en el cual todos los años le cobramos de más a los ciudadanos y después les tenemos que devolver, no parece lógico a esta altura que no se sepa. Fíjense como está el sector privado y cómo está el público. Notoriamente no ha habido ni hay igualdad en los tratamientos. Las metas asistenciales no son las mismas. Y el gobierno se da el lujo de no ser duro y contundente con jerarcas que aparentemente ocupando un cargo público se benefician económicamente en el alquiler de ambulancias, por ejemplo. Y eso redunda en pérdida de recursos para los uruguayos. Y por eso ahí nosotros tenemos que pedirle a este gobierno que en lo que le queda sea transparente. No que espere estos procesos tan engorrosos y largos de saber… No, cuando se sabe, cuando se conoce, hay que actuar en seguida. Porque también es muy fácil irresponsabilizarse. Creo que el gobierno ha tenido un posgrado en irresponsabilizarse. La autoridad no se ejerce un 60 o un 70 o un 110%. Se ejerce un 100%, en el límite legal y constitucional. Cuando sucede algo que no me gusta decir o hacer, no vale pasarle la pelota al parlamento. Es una excusa, si sabemos que se tienen las mayorías en el parlamento. Cae por su propio peso. En realidad lo que no se tiene es coraje político. Cuando nosotros el año pasado hablamos de un gobierno congelado y dijimos que no se congeló en una helada, sino que se había autocongelado, parte de la imposibilidad de ejercer la autoridad es que la concedimos: cuando me tocó, la repartí, y ahora no la puedo retomar. Y de nuevo: el que no ejerce legítimamente toda la autoridad, cuando no se ejerce el que paga el plato es el que menos defensa tiene. Por eso le reclamamos al gobierno el ejercicio de la autoridad. El gobierno ya renunció a muchas cosas, y hay cosas que no va a hacer. No va a reformar la educación, no va a generar una seguridad pública real, y no solo por el ejercicio de la autoridad legítima, sino también por algo mucho más profundo y grave: perdió una época de oro para tratar de incluir a todo el mundo. No lo va a hacer. Y no lo quiero decir simplemente para pasar culpas o responsabilidades, sino para saber qué es lo que nosotros le podemos exigir. Si sabemos qué le podemos exigir a un gobierno, sabemos qué le podemos proponer.

URGENCIA

Temas de las asignaturas en educación, por ejemplo. Ya se mencionó por muchos acá, las asignaturas que van a necesitar los chiquilines en los próximos años. Eso el gobierno no lo va a cambiar, entre otras cosas porque no tiene sentido de la urgencia y porque no ejerce la autoridad en la educación. ¿Y por qué no la ejerce? Porque entre otras cosas la ley de educación comparte la autoridad, y la autoridad que a mí me encomiendan los ciudadanos yo la comparto con las corporaciones. Y por eso, volviendo al concepto de la urgencia, sabiendo qué es lo que no va a hacer, vamos a proponerle qué es lo que puede hacer. La otra cosa que queda es apagar la luz y decir “que se arregle el gobierno, que hagan lo que puedan”. No somos así, nos mueve algo distinto. Si dijéramos “que los senadores y diputados no propongan más nada” sería una orden que no cumpliríamos, porque tenemos la vocación de proponer, de hacer, de liderar. Y también un factor de coherencia. ¿Qué es lo que estamos haciendo nosotros aparte de tratar de mejorar la vida de los uruguayos? Actos preparatorios de gobierno. Si propusimos en el 2015, en el 2016, en el 2017 y vamos rumbo a proponer determinadas cosas en 2018. Lo pensamos, lo discutimos, lo propusimos, fuimos generosos. No nos lo guardamos. Y aparte fuimos coherentes. Porque también a veces lo que genera la falta de prudencia, de transparencia y la noción de urgencia, es la falta de coherencia. En el año 2003 el Frente Amplio votó en contra del tratado de protección de inversiones con Finlandia. ¿Se acuerdan el día en que el Frente Amplio cambió el punto de vista sobre las plantas de celulosa? Me acuerdo perfecto. Ya había ganado el presidente Vázquez las elecciones, estábamos en la transición y se produce una reunión con dos empresas de celulosa, y había una natural expectativa, porque el Frente Amplio que había militado en contra de la instalación de las plantas de celulosa había llegado al gobierno. La declaración de los empresarios de la planta de celulosa, básicamente fue que “está todo arreglado”. Y eso, con ese cambio que unos pueden catalogar de madurez y otros de vuelta en el aire o de asunción de responsabilidades rápidamente, a veces genera la imposibilidad de actuar. En este año y poco que queda, antes de empezar la campaña electoral, una vez más el Partido Nacional y nuestro sector dice que estamos a la orden del país. Estamos para colaborar. Miren lo importante que puede ser esta semana, lo determinante que puede ser: no q1uizás en la macroeconomía, pero sí una señal de oportunidad, de urgencia, de avance. El otro día se dijo por parte del gobierno, que se pasa vergüenza cuando se juntan con Bachelet. El presidente de la República dice que cada vez que la ve poco menos que tiene que pasarle por el costado porque firmó un TLC con Chile, modificó su relación internacional y el parlamento no se lo vota. Domingo, doce menos diez del mediodía, le puedo mandar un mensaje al gobierno de enorme tranquilidad para decirle que el martes en el senado tiene los votos para votar el TLC con Chile. Es tan simple como eso. Es tan simple como que el presidente de la República en ejercicio de la autoridad, con prudencia y con noción de urgencia, diga que va a cumplir con lo acordado, y aquí está el Partido Nacional para dar los votos y hacerse cargo.                                    Urgencias educativas, con este tema de nunca acabar que es la elección de horas. Hemos recibido todo tipo de calificativos. Todos, Pablo, Graciela, algún otro compañero, nos han dado como quien lava y no tuerce. Nunca tuvimos una respuesta de agravio, de insulto, pero sí de molestia. Estoy seguro que casi todos ustedes han escuchado. La incapacidad de gobierno de realmente generar una comunidad educativa. Yo suscribo lo que dijo el presidente hace pocos días cuando habló de la importancia de la comunidad educativa. Esto está en nuestra agenda de gobierno, la idea que es el faro que después permite mejorar la educación. Ahora, una comunidad educativa, tiene que tener un equipo docente y no docente estable en un centro de estudio. Se lo propusimos en 2015, en 2016, en 2017. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Porque ya podemos anunciar tranquilamente que lo vamos a proponer en 2018, porque es fundamental la noción de la urgencia de avanzar por encima de las dificultades en la discusión con los docentes. Hay que escuchar a los docentes, hay que escuchar a los sindicatos, pero el que decide es el gobierno, no las corporaciones ni los sindicatos. Hay que terminar con eso. El sentido de la urgencia en empezar a preparar no ya una matriz pero sí una política energética que nos devuelva mayor competitividad. Ayer vimos informes de Azucena. Hemos estado discutiendo temas referentes a la energía eléctrica. Seguramente el presidente de la República y el gobierno no van a poder arreglar todo el desastre de estos años, pero sí pueden empezar a encaminar una política en ese sentido. En lo que hace a la energía capaz que tenemos la suerte de que a  fin de año, la UTE pueda bajar las tarifas, o por lo menos no subirlas. No estoy diciendo ningún disparate. Corríjanme los que más saben, pero la gerencia de la UTE dijo el año pasado que no había necesidad de aumentar las tarifas, y algún osado dijo que capaz se podían bajar. Pero no contentos con eso le traspasamos al gobierno, a Astori, el gran responsable del derroche económico de esos últimos años, y obviamente con el visto bueno del presidente. ¿Cuántos millones de dólares le pidió traspasar? ¿Ciento veinte? ¿Doscientos? A rentas generales. Bueno, empecemos a preparar para que eso no pase, porque nadie puede decir que es por falta de energía eléctrica, nadie, si hasta nos pasamos de rosca. Creo que tenemos que ir preparando esos temas, y eso es para ahora, dentro de dos meses. Y una urgencia que es casi un intangible, y que es la urgencia de la vida de aquellos que todavía no nacieron. ¿Qué quiero decir? Es la urgencia de entender que no se puede comprometer económicamente más a las futuras generaciones. ¿Se acuerdan los más veteranos de los muros, de no pagar la deuda externa? Obviamente que nunca fue una plataforma nuestra, pero sí por lo menos no agrandarla más. No soy economista, pero yo no festejo cuando muchos festejan que emitimos y que en el mercado salen como locos a comprarnos. No festejo, es deuda, y no es deuda para generar infraestructura sino para tapar el agujero que nos dejaron. Y hay que ser muy cuidadoso, porque seguramente no puede cortarse de un día para el otro. Ahora, si no tomamos las medidas internas para que esa operación no sea necesaria, lo vamos a seguir haciendo, pateando para adelante, igual son nuestros nietos, que no nos votan, que no nacieron. La urgencia no es solo lo que tenemos acá, ya, en a punta del pie, es lo que debemos tener claro que con nuestras acciones o inacciones de hoy perjudicamos a las futuras generaciones. Y este es el mensaje que yo les quería dejar hoy. Capaz alguno se desilusiona un poco. La prudencia que le reclamamos al gobierno y al presidente de la República primero la tenemos que tener nosotros. No pidan lo que no estamos dispuestos a dar. Y no es que se la damos al gobierno, se la damos al país, porque acá no gana ni sirve el que grita o insulta más, o el que levanta la voz. Para eso hay que dedicarse a otra actividad y otra profesión. Nosotros tenemos que generar paz, certezas. Ayer se hablaba de un concepto muy lindo, el de la felicidad. Qué abarcativo y qué difícil para un gobernante interpretar la felicidad de cada uno, porque no se trata de generar una unidad de felicidad de cada uno. Eso es lo atractivo y desafiante de la actividad de gobierno: nosotros tenemos que generar el terreno fértil y la oportunidad para que cada uno de los uruguayos sea feliz. Obviamente que en ese ámbito los más infelices tienen que ser los más privilegiados, porque es muy difícil decir “soy feliz” si no se tiene un plato de comida todas las noches. Pero nuestra intervención en la acción social no puede ir más allá que la generación de igualdad de oportunidades. No molestar, y ayudar. Y voy a poner un ejemplo que para mí es muy explicativo no solo de lo que creemos sino de lo que queremos hacer, y de lo que vamos a tener que hacer. En eso también hay que ser muy sensato, en lo que vamos a proponer. El que proponga que va estar todo bien y que van a gastar en todo, va a estar gobernando otro país o no va a gobernar. O mejor dicho, va a mentir. Y ya sabemos lo que trae la mentira en una campaña electoral. Trae no solo el engaño sino la desilusión y la frustración. Pero si la sociedad fuera un equipo de ciclismo, no soy adepto al ciclismo, pero todos hemos visto la vuelta. Hay varios premios en ciclismo, el de la montaña, el Sprinter, y algunos dicen que el que importa es la malla oro, el que sale primero. Pero lo que importa no es la malla de oro, sino el premio por equipo. Y si el país fuera un equipo de ciclismo, nosotros queremos la malla oro, y ojalá todo el equipo llegue y gane todo. Ahora, si tenemos que optar por nuestra atención, por nuestra dedicación, por nuestro afecto, por volcar recursos, por hacernos responsables y dar la cara, diría que tenemos que tener dos acciones: no molestar, no poner obstáculos al malla oro pero empujar al rezagado. Ojo, no quiero que me aplaudan, quiero que me defiendan, porque en la campaña electoral vamos a tener que ir a defender esto. Y cuando tengamos que dirigir la educación vamos a ir a los lugares más complejos, y ahí va a estar nuestra atención, nuestro corazón y nuestro equipo. Y cuando tengamos que definir no vamos a continuar con políticas de vivienda, algunas, que en realidad son para gente de mayores recursos, sino que vamos a ir a la política de vivienda en los asentamientos, que es la gente que menos tiene. Y por eso hoy, con esta tranquilidad y con esta alegría enorme que nos dio Flores, prudencia, transparencia y urgencia, al gobierno, y a nosotros, una vez más, y como siempre, hacer lo mejor por la felicidad de los uruguayos.


Documento: Ideas y Acción

Todavía lejos de los tiempos electorales, queremos aprovechar este alto en el camino para recordar quiénes somos.  Queremos hablarnos a nosotros mismos para volver a decirnos por qué hacemos política, por qué defendemos las ideas que defendemos y por qué optamos por ciertas maneras de actuar. Queremos darnos un momento para reafirmar que tenemos algo único e intransferible que aportar al país. Queremos dejar bien claro, a nosotros mismos y a los demás, cuáles son los caminos que estamos dispuestos a recorrer y qué caminos nunca vamos a recorrer porque sería traicionarnos.  Recordar quiénes somos es reafirmar una manera muy nuestra de combinar tres cosas esenciales: las ideas de fondo que nos mueven, una visión de lo que significa gobernar y una línea de conducta a la que queremos mantenernos fieles.  Somos un sector movido por ideas pero no estamos intoxicados de ideología. Por eso criticamos a quienes sacrifican la buena gestión en el altar de sus dogmas, haciendo pagar a los uruguayos los costos de sus demoras y fracasos. La inacción de los gobiernos del Frente Amplio ante el creciente aislamiento comercial del país (producto de su adhesión puramente ideológica a un Mercosur bloqueado), o la extrema lentitud para reaccionar ante el deterioro de nuestras carreteras (porque implica reconocer sin prejuicios que la ley de Proyectos Público-Privados está mal hecha), son ejemplos de una rigidez mental que nos castiga a todos.

Intoxicarse de ideología es malo porque afecta la calidad de la gestión, y también porque tiene consecuencias en el plano de la ética. Quienes creen ser la punta de lanza de la historia, quienes están convencidos de que lo único bueno que le puede pasar al país es que ellos gobiernen, terminan permitiéndose apelar a cualquier medio para llegar al poder y para conservarlo. Y cuando alguien cree que la ética puede ser ignorada cada vez que le convenga políticamente, la mentira, el abuso de poder y finalmente la corrupción no demoran en aparecer. La ideología termina funcionando como un permiso sin límites para usar el poder en beneficio propio.  Tampoco funciona el otro extremo, que consiste en sustituir la política por la gestión. Si no hay ideales que servir ni sueños que alcanzar, la política termina convirtiéndose en una fuerza sin rumbo. De nada sirven los impulsos de cambio si no apuntan a un fin definido por las ideas. Por eso importa el debate y por eso importa la construcción de partidos políticos con visión de largo plazo.  Nosotros creemos en el valor de las ideas, sin quedar encerrados en dogmatismos. Pensamos con libertad y sin miedo, porque sabemos que, cuando las ideas se vuelven rígidas, terminan por convertirse en cárceles de larga duración (la frase la dijo hace mucho el historiador francés Fernand Braudel).  También damos mucha importancia a la gestión, porque creemos que ese es el terreno de la verdad para cualquier gobierno. Las teorías y las buenas intenciones no valen nada si no se traducen en mejoras concretas para las personas. Los grandes anuncios y las palabras sonoras no compensan la falta de resultados.  Al mismo tiempo afirmamos la importancia de mantener una línea de conducta que marque los límites de lo posible en política. Si una ideología nos autoriza a ignorar los mandatos de la ética, simplemente la rechazamos. No tenemos la soberbia de creernos la culminación de la historia, ni pretendemos estar exonerados de ningún deber que obligue a todos los demás. Nos negamos a tomar el camino corto para llegar más rápido. La política sin ideas y sin principios es una fuerza ciega que termina por volverse peligrosa. Al mismo tiempo, practicamos una ética de la responsabilidad que nos obliga a hacernos cargo de los resultados. La política no es sólo desear sino también hacer. El que no consigue hacer, por más puras que sean sus intenciones, está faltando al primer deber del político. Afirmamos la importancia de los logros concretos que cambian la vida de la gente, pero no creemos que sea lícito llegar a ellos por cualquier medio.

Todas estas son cosas que a veces perdemos de vista en el fragor de la batalla. Por eso es bueno volver a ellas antes de meternos de lleno en el tiempo electoral. Vamos por la victoria, pero a nuestro modo: libres en las ideas, responsables en cuanto a los resultados y cuidadosos en los procedimientos.

  1. Ideas

Somos parte de un partido que dice en su escudo: “Somos idea. La unión nos hará fuerza”. Ya en el lejano año 1906, el Partido Nacional se describía a sí mismo como “un partido de acción y un partido de ideas”. Y eso seguimos siendo hasta hoy. Creemos en la libertad como valor esencial del ser humano. Y creemos que las instituciones son el mejor resguardo para que cada persona pueda disfrutarla, sin que ningún poder la obligue a renunciar a sus sueños, a sus proyectos y a sus convicciones. Por eso seguimos sintiéndonos, como en tiempos de Oribe, “defensores de las leyes”. Defendemos la libertad y sabemos reconocer a sus detractores. En realidad, descubrirlos es muy fácil: los que no valoran la libertad son aquellos que siempre encuentran motivos para sacrificarla en beneficio de otra cosa. Nosotros valoramos la igualdad, la seguridad y la inclusión, pero afirmamos que hay que alcanzarlas sin pagar el precio de sacrificar la libertad. Hay que distribuir en libertad, hay que combatir el delito en libertad, hay que incluir en libertad. Es posible que no sea el camino más fácil, pero es el mejor camino. Defendemos la libertad, pero no una libertad abstracta que no sea ejercida por nadie en particular, sino una libertad estrechamente asociada a la persona humana. Sólo hay libertad si las personas son libres. Esa irreductibilidad de la persona nos convierte en férreos defensores de los derechos y libertades fundamentales, como garantías que protegen a cada individuo.  Creemos firmemente en la justicia social y en la igualdad. Pero no en aquella que iguala para abajo y castiga el éxito, sino en una igualdad de oportunidades que nos convoca a ser mejores con independencia de las condiciones de origen. Esa es la forma de igualdad en la que siempre creímos los uruguayos: aquella que, como dice la Constitución, no reconoce más distinciones que “la de los talentos o las virtudes”.  Decimos que no hay desarrollo nacional sin desarrollo social. Aspiramos a construir una sociedad integrada y defendemos la idea de un Estado presente y activo, que proteja a quienes se encuentren en una situación de vulnerabilidad permanente o transitoria. Por eso defendemos las políticas sociales y a lo largo de la historia hemos contribuido a crearlas. El papel de las políticas sociales es ayudarnos a todos a estar en condiciones de ejercer una libertad real. Creemos en la importancia de una economía sana, competitiva e independiente de la política, como una condición indispensable para asegurar la integración social y el bienestar de todos los uruguayos. Oponer lo económico a lo social es no entender el mundo en que vivimos. Ni los derechos, ni las políticas sociales, ni las políticas de empleo tendrán efectos reales y duraderos si no contamos con una economía productiva e integrada al mundo, capaz de proveer de manera sostenible los recursos necesarios para atender las necesidades de todos. Practicamos un nacionalismo abierto que no encierra actitudes hostiles ni sentimientos de superioridad hacia nadie. Para nosotros, ser nacionalistas es estar comprometidos con la continuidad de un Uruguay democrático y plural. Creemos, como creyó siempre nuestro partido, que un país rodeado de grandes vecinos debe ver a la política internacional como un instrumento esencial para asegurar su integridad y su soberanía. Por eso estamos comprometidos con los grandes principios que siempre nos han destacado en el ámbito internacional. Entre ellos se cuentan la defensa de los derechos humanos, el respeto a la autodeterminación de los pueblos, la voluntad de honrar los acuerdos internacionales y la solidaridad continental ante cualquier forma de agresión o imposición externa. En este marco general, damos especial importancia a las acciones de defensa y preservación del medio ambiente como un componente esencial de la acción en el plano internacional. Tanto en lo político como en lo económico y lo jurídico hay aquí un conjunto de deberes que nos comprometemos a respetar, en beneficio de las generaciones presentes y futuras. Hacia adentro del país, defendemos una visión integrada que busca el equilibrio entre la capital y el interior, entre lo urbano y lo rural, entre lo nacional y lo departamental. Estamos a favor de una descentralización efectiva, del desarrollo local, de la diversificación productiva y de una política de desarrollo de infraestructura que asegure la integración del territorio y una auténtica igualdad de oportunidades de desarrollo humano, económico y social. Defendemos la separación de poderes, las garantías electorales, el respeto de las minorías y la rotación de partidos en el ejercicio del gobierno, no como simples formalidades sino como componentes esenciales de una vida política que nos permite procesar nuestras diferencias y construir acuerdos que sostengan la vida en sociedad. Nos negamos a ver a la política como una forma de guerra. Frente a otros que todavía vacilan en su fidelidad al orden democrático, nosotros reafirmamos nuestra lealtad a las instituciones, a la Constitución y a las leyes, con independencia de que nos toque estar en mayoría o en minoría. Estas ideas no son una plataforma para las próximas elecciones, ni mucho menos forman parte de una campaña de marketing político. Como integrantes del Partido Nacional, las hemos defendido durante más de 180 años. Ellas expresan una visión de largo plazo que hemos sostenido con tesón, frecuentemente en las condiciones más difíciles. El país entero ha sido testigo de esa continuidad. Nuestras Ideas constituyen un todo coherente, pero al mismo tiempo evolucionan, viven, se adaptan. No le tenemos miedo al cambio ni a las discusiones. Justamente porque tenemos una identidad tan fuerte, podemos permitirnos discutir, discrepar y evolucionar. Y es esa misma fortaleza la que nos permite salir al encuentro de quienes vienen de otras tradiciones políticas, invitarlos a integrarse y enriquecernos con sus aportes. Creemos en los encuentros que saltan por encima de los alambrados para construir terrenos comunes. Por eso estamos dispuestos a que nos convenzan, a incorporar las sensibilidades y las ideas que vengan de afuera. No nos interesa contribuir a esas divisiones permanentes, esas fracturas que se pasan de generación en generación hasta convertirse en un destino agobiante. Lo que nos estimula es la coincidencia con los distintos, la construcción de terrenos de encuentro. A esos terrenos hay que sembrarlos con humildad y con apertura de cabeza. A esos terrenos hay que hacerlos posibles renunciando al odio y a la descalificación de los que piensan diferente. Por eso nos gusta ser firmes con las ideas y suaves con las personas. No somos una comunidad política cerrada ni queremos que quienes se nos acercan se despojen de sus convicciones. Somos una fuerza viva y fecunda. Por eso podemos evolucionar, dialogar e incorporar nuevos aportes, sin perder el norte que nos marca un legado que es parte de lo que somos.

  1. Acción

El Frente Amplio recibió el gobierno en el año 2005, junto con una economía que volvía a crecer tras haber superado la feroz crisis económica de 2002. El país se estaba recuperando. También había conseguido mantener su prestigio crediticio porque (contra lo que había exigido el hoy presidente Vázquez) había evitado el default. En los años siguientes se alinearon los astros. El contexto internacional se volvió favorable en casi todos los frentes, hasta redondear una situación excepcional. El precio de la tonelada de soja pasó de 201 dólares en 2005 a más de 600 a mediados de 2012 (el año pasado todavía estaba a 420). También subieron los precios de otros productos cruciales como la carne. El turismo se desarrolló en todo el mundo y también en la región. Las tasas de interés se mantuvieron muy bajas, lo que nos favoreció: nuestros costos financieros se redujeron y llegaron inversiones en busca de mejores rendimientos. A ese contexto asombrosamente favorable se le llamó “viento de cola”. En realidad, fue una oportunidad histórica para lograr el despegue económico y social del país. Hay que remontarse un siglo atrás en la historia para encontrar un escenario comparable. Pero, a diferencia de lo que ocurrió a principios del siglo XX los gobiernos del Frente Amplio dejaron pasar un conjunto de oportunidades excepcionales sin aprovecharlas integralmente.  Como en todos estos años el gobierno gastó más de lo que recaudó (pese a que recaudó como nunca) tenemos un déficit fiscal que llegó a superar el que tuvimos en plena crisis de 2002. También tenemos la deuda más abultada en la historia del país: más de 33 mil millones de dólares. A cambio de esos lastres que pesarán sobre las próximas generaciones, tenemos una enorme lista de problemas sin resolver: una economía con serios problemas de competitividad, decenas de miles de puestos de trabajo perdidos, la más preocupante crisis de la historia de nuestra enseñanza, un FONASA desfinanciado que amenaza con generar una crisis general de la salud, carreteras destrozadas, ANCAP fundida, PLUNA mal cerrada, el FONDES acumulando déficits por decenas de millones de dólares, records de criminalidad, cárceles donde todos los días se violan los derechos humanos, una grave situación de aislamiento comercial. Como si los largos años de abundancia no hubieran existido, el gobierno se juega hoy todos los boletos al nuevo acuerdo con UPM. Largos años de bonanza no fueron debidamente aprovechados para generar crecimiento sostenible. Las mejoras que se lograron a corto plazo, aprovechando la coyuntura, no fueron construidas con la solidez necesaria para durar. ¿Qué fue lo que faltó? No ciertamente recursos, porque en estos años abundaron. Tampoco faltaron en el gobierno personas movidas por buenas intenciones, aunque no todas merecen ese elogio. Lo que más faltó fueron buenas ideas y, sobre todo, capacidad de gestión. Los gobernantes del Frente Amplio son buenos fabricando palabras y promesas, pero no son buenos haciendo.  Ha faltado sentido de urgencia, porque no perciben que demorar las soluciones trae costos graves para los uruguayos. Les falta practicidad y sentido común. Les falta sentido de la historia: no entienden que dejar decaer el puerto de Montevideo no es sólo un tema logístico, sino un grave episodio que nos deja más débiles en la siempre vigente guerra comercial entre puertos de la región. Los gobernantes del Frente Amplio creen que gobernar es explicar por qué no salen las cosas. El ministro Bonomi nos explica por qué tenemos tasas de criminalidad tan altas, en lugar de combatirlas con eficiencia. El canciller Nin Novoa nos explica cómo debería ser la política comercial del Uruguay, pero se resigna a no poder tomar una sola decisión que esté alineada con sus propias explicaciones. Las autoridades de la enseñanza nos explican por qué no pueden modificar el régimen de elección de horas docentes, en lugar de hacer lo necesario para cambiarlo. Nosotros sabemos que los gobiernos no son elegidos para explicar sino para hacer. Somos conscientes de que las intenciones y los anuncios no son nada, a menos que generen efectos positivos en la vida de la gente. Y sabemos que gestionar bien no es una cuestión de papeles ni de organigramas, sino de acciones concretas. Frente a gobiernos que no tienen sentido de urgencia, nosotros sabemos que cada día que pasa sin que se resuelvan los problemas es un día perdido para los uruguayos: un día en el que un alumno no hizo los aprendizajes que pueden salvarlo de la marginalidad, un día en el que alguien fue víctima de un delito, un día en el que se perdieron oportunidades de generar empleo. Frente a gobiernos que no se animan a ejercer autoridad, nosotros reivindicamos el saludable principio de autoridad democrática, que nada tiene que ver con el autoritarismo. Los gobiernos reciben de los ciudadanos un mandato para hacer cosas, y si no las hacen están incumpliendo su parte del contrato. La legitimidad que dan los votos debe traducirse en políticas efectivamente ejecutadas. Para eso hay que atreverse a liderar, porque una autoridad que no se ejerce termina por perderse. Si los representantes de los ciudadanos no se animan a mandar, entonces mandarán los grupos de interés y las minorías intensas. Frente a gobiernos que dejan evaporarse centenares de millones de dólares en aventuras como las de ANCAP, la regasificadora y el FONDES, nosotros sabemos que cada peso público que se gasta era un peso que fue aportado con esfuerzo por los contribuyentes. La plata que se recauda mediante impuestos es plata que pierden los hogares para satisfacer sus propias necesidades. Por eso, todo gobierno debe ser responsable en el manejo de la plata ajena. Hay que responder por cada peso recaudado, en lugar de quemar dinero en fiestas faraónicas, en contratos injustificables o en sueldos de gerentes sin tareas. El camino que debemos recorrer no es el de más impuestos, sino el de una mejor gestión. Frente a gobiernos que debilitan las unidades reguladoras, ocultan información hasta el punto de tener que pedírsela a los jueces y dejan sin responder centenares de pedidos de informes presentados por los legisladores, nosotros afirmamos que un gobierno preocupado por hacer debe dejarse controlar. Para eso es necesaria mucha transparencia. Pero la transparencia no se logra hablando de transparencia, sino practicándola. Un gobierno que no es transparente en su gestión cotidiana es un gobierno se está negando a rendir cuentas ante los ciudadanos. Un gobierno respetuoso de los ciudadanos tiene que ser un gobierno honesto, recto en sus procedimientos, convencido de que lo político no debe estar por encima de lo jurídico. Este es un terreno en el que hemos retrocedido. Los uruguayos nos hemos visto sorprendidos por prácticas que, a nuestra escala, son escandalosas: avales bancarios otorgados sin que se cumpla la normativa, una falsa subasta presentada como real en las pantallas de televisión, campañas publicitarias de empresas públicas usadas para lanzar candidaturas personales, uso injustificado de aviones por parte de jerarcas públicos, negocios oscuros con Venezuela centralizados por un supuesto empresario amigo del gobierno, usos injustificables de tarjetas corporativas, pago de publicidad en radios que no emiten. Estas prácticas deterioran el clima de confianza, deslegitiman la política, erosionan el apoyo ciudadano al orden democrático.               La falta de ética y la corrupción son además una fuente de daños materiales para el país. No hablamos de daños abstractos, sino de daños tan concretos que pueden ser contabilizados.  Frente a los que dicen que para ser ético alcanza con tener buenas intenciones, nosotros decimos que las intenciones son importantes pero, al menos cuando hacemos política, valen poco si no generan resultados. Principios sin consecuencias prácticas no transforman nada. Buenas intenciones sin resultados sólo pueden generar decepción en quienes necesitan mejoras en su vida. Todo esto define la ética de la responsabilidad que aspiramos a practicar. Para quien práctica la ética de la responsabilidad, la evaluación ética es muy exigente porque abarca todo el arco de nuestra acción: los principios generales que defendemos, las intenciones que nos mueven y los resultados que logramos. La ética de la responsabilidad nos obliga a no desentendernos de nada.

  1. Conclusión

Estamos movidos por ideas, creemos en la importancia de la gestión y estamos comprometidos con una línea de conducta. Por eso afirmamos que ni las ideas ni la gestión son fines en sí mismos. El fin último es la libertad real de los ciudadanos, es decir, la combinación entre dos elementos esenciales que todo gobierno debe cuidar. El primero de esos elementos es el respeto de la libertad, es decir, el respeto a la autonomía de decisión de cada persona, que empieza por su propia seguridad física y se extiende a sus decisiones sobre cómo quiere vivir. El segundo elemento esencial es la distribución de oportunidades y recursos que permitirán a cada uruguayo perseguir sus objetivos y cumplir sus sueños. Esta es para nosotros la vara para medir el éxito o el fracaso de un gobierno. Si la gestión termina y la persona tiene más libertad real, el gobierno ha sido exitoso. Si la gestión termina y la persona tiene menos libertad real, el gobierno fracasó. Queremos ser constructores de un Uruguay más libre y más equitativo. Y queremos construirlo por caminos de los que podamos sentirnos orgullosos.

Alfredo Garcia

Nació en Montevideo el 9 de agosto de 1954. Es Licenciado en Historia por la Universidad de Estocolmo, Suecia; que fue su lugar de residencia entre 1975 y 1983. Hizo un postgrado en Marketing y realizó los cursos del Master de Marketing en la Universidad Católica de Montevideo.
Trabajó durante veinte años en la industria farmacéutica en el área privada.

Su labor como periodista comenzó en los semanarios Opinar y Opción a principios de los ochenta. Participó en 1984 en el periódico Cinco Días clausurado por la dictadura.
Miembro del grupo fundador del diario La Hora, integró luego el staff de los semanarios Las Bases y Mate Amargo. Escribió también en las revistas Mediomundo y Latitud 3035.

Es el impulsor y Redactor Responsable del Semanario Voces.
Publicó el libro Voces junto con Jorge Lauro en el año 2006 y el libro PEPE Coloquios en el año 2009, ambos editados por Fin de Siglo.