Home Teatro Constelación de signos escénicos
0

Constelación de signos escénicos

Constelación de signos escénicos
0

La primera escena de Galaxie, de manera análoga a la secuencia inicial de muchos filmes clásicos, condensa gran parte de los sentidos que abarca la obra. Mauricio y Pablo conversan alrededor de un auto estacionado en algún lugar de la costa del Río de la Plata, lugar dominado por barrancos. Para Pablo el lugar se asemeja a un teatro, y ante el escepticismo de Mauricio, quien aclara que no gusta del teatro, responde: “A mí sí. No voy mucho, pero me gusta. En algo se parece al cine. Hay cosas buenas, también te podés clavar. Igual está bueno, encerrarte meterte en un lugar a ver algo. Callarte y escuchar.”

El diálogo no es inocente, la obra está escrita y dirigida por Agustín Banchero, creador formado como realizador audiovisual que ha filmado ya una serie de cortometrajes exhibidos en festivales nacionales e internacionales a la vez que se ha desarrollado como artista audiovisual con diversas video instalaciones, una de ellas (en co-autoría con Eduardo Cardozo y Lucas Cilintano) merecedora del Gran Premio del 55° Salón Nacional del MNAV en el año 2012. Es en el año 2017 que se estrena su primer espectáculo teatral (La segunda luna de Júpiter) hasta que este año se estrena Galaxie, parte de la noche.

Pero no es solo por la referencia a un posible vínculo entre teatro y cine que importa la escena inicial, sino porque la semejanza del espacio del comienzo con un “teatro” al decir de Pablo hace posible ubicar a los propios personajes como creaciones ficcionales, y esa tensión, o mejor, esa zona de indeterminación es sustantiva en Galaxie. Para ser más precisos, en la obra transcurren dos historias paralelas, por un lado están Pablo y Mauricio en un barranco, por otro Pablo aparece en el dormitorio de su casa en la que vive con su compañera Lucía. Ese relato en paralelo de las dos historias que se van intercalando parece ser el aspecto narrativo más cinematográfico, pero por otro lado las dos historias quedan entrelazadas de forma indefinida. Si por momentos parece que en una de las historias Pablo evoca la otra, no siendo preciso el límite temporal, por otros momentos directamente pareciera que una de las historias es una mera ficción (dentro de la ficción Galaxie por supuesto) que Pablo va creando en su imaginación mientras se la narra a su partenaire de turno. Y en este aspecto la dimensión teatral es fundamental, porque el actor que encarna a Pablo solo tiene que caminar unos pasos para cambiar de plano, para dejar en suspenso una historia y retomarla luego, apelando a la convención que el juego teatral permite.

Hay una relación entre un diseño narrativo que podría ser cinematográfico con una materialización que apela a las convenciones teatrales, a ese juego que el espectador debe aceptar para que el hecho estético se concrete. Pero por otro lado hay una zona difusa en que la “realidad” y la “ficción” no quedan definidas. Por momentos uno no podía dejar de pensar en La vida breve de Onetti, sea cuando Brausen va creando Santa María para sumergirse en esa zona de ficción, o sea cuando directamente “actúa” como el cafishio Arce. Y es que Pablo parece crear algunos hechos que recuerda para constituir una realidad que pueda soportar. Ante la queja de un pragmático Mauricio Pablo responde: “Estaba inventándome lo que iba a poder decir después. Estaba ordenando en mi cabeza, haciendo mi historia, la historia que después iba a elegir contársela a algunos y a otros no, pero lo importante es que estaba fabricando lo que pasó.”

Como hay un personaje que pivotea entre dos historias, una que parece fabricar mientras la recuerda, y otra que parece fabricar mientras la crea (vale en este caso la redundancia), la diferencia “ontológica” se diluye, y simplemente se genera un cruce de narraciones en planos distintos, que sin embargo no son gratuitos. Porque lo que dice Pablo también tiene que ver con lo que sucede fuera de escenarios y pantallas, la realidad será una sola, sí, pero está “destotalizada”, para usar palabras de Simone de Beauvoir, en cada una de las criaturas que la perciben y la construyen a partir de sus relatos.

Todos son signos entonces, signos que se entrelazan para constituir un mismo universo desjerarquizado (la “realidad” no es más importante que la “ficción”, porque de hecho aparecen como instancias no diferenciadas de la misma “galaxia”), y en esa misma línea parece tan sustantivo como el resto de los signos el rol de la banda de sonido integrada por el uruguayo Portillo y el grupo norteamericano Galaxie 500. Portillo, con una lógica sonora experimental cercana a lo psicodélico, pone el fondo sonoro a la zona de barrancos que es desplazado por Galaxie 500, una banda “indie” de los años noventa, con un nombre que remite a un modelo de automóvil del que es fanático Mauricio. Los signos se entretejen tanto que la canción Strange de la banda norteamericana parece referirse, ya desde el programa de mano, a los personajes de la obra.

Las actuaciones están delineadas en un registro que apela a la “verdad”, esas actuaciones que muchas veces decimos parecen más de cine que de teatro, aunque esta afirmación no parece muy feliz. Y entre la soltura y naturalidad que Lucía Senra propone para su personaje y la opacidad del carácter frustrado del Mauricio que construye Leonardo Pintos se intercala un gran trabajo de Rodolfo Agüero, quien camina entre dos zonas ficcionales que se entretejen en una historia con una lógica perfecta. El espectáculo centralmente no remite directamente a nada más que a sí mismo, pero nos permite participar de una discusión acerca de cómo se construye “realidad” con gran coherencia formal. Como en pocos casos en este espectáculo la “forma” es “contenido”. El propio programa de mano, que dibuja las siluetas de las dos zonas que conviven en Pablo (o que Pablo hace convivir) es una muestra más del grado de coherencia con que los creadores reunieron todos los signos que conforman este espectáculo.

Galaxie. Parte de la noche. Texto y dirección: Agustín Banchero. Elenco: Rodolfo Agüero, Lucía Senra y Leonardo Pintos.

Funciones: viernes a las 21.30. Consultas y reservas: galaxieteatro@gmail y 094 391 936 (entradas sólo con reserva previa).

//pagead2.googlesyndication.com/pagead/js/adsbygoogle.js
Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.