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Convocando al arco opositor por Heraclio Labandera

Convocando al arco opositor  por Heraclio Labandera
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Lo más sencillo sería interpretar que la recorrida de Luis Lacalle Pou por buena parte de los Departamentos del país, presentando a Gonzalo Mujica como una incorporación a su sector, fue una gira meramente electoral.

Es verdad que la presencia del ex-frenteamplista en filas del nacionalismo neo lacallista podría considerarse como un factor diferenciador para cuando se largue la interna blanca,  a la hora de elegir la candidatura presidencial con los adversarios partidarios.

Simbólicamente, significa la incorporación al Partido Nacional del ex-voto 50 del Frente Amplio en la Cámara de Diputados, quien con su renuncia a la legislatura puede presumir de su talla ética, por devolver al partido de gobierno la banca legislativa que ocupó por el oficialismo, y saltar sin red al vacío, cuando muy pocos lo han hecho cuando hay deserciones en el lema.

Es cierto también, que la recorrida se realizó justo en el momento más crítico del sector de Jorge Larrañaga, que se inició con el cuestionamiento de su liderazgo por cuenta de algunos líderes emergentes, y que bien pronto derivó en una explosión de fragmentación controlada dentro del bloque, que aún no está del todo consolidada.

Pero todas estas razones son circunstanciales para explicar el metamensaje de la recorrida.

Muchos con escasez estratégica o con un deliberado sentido del ninguneo, se preguntan cuántos votos traerá Gonzalo Mujica al Partido Nacional para la elecciones de 2019, queriendo con ello decir que su defección fue la de un dirigente frenteamplista menor, que llegó al Parlamento en el aluvión promovido por José Mujica (el malo), porque para el oficialismo es importante quitarle peso específico a la deserción.

Lo interesante de la respuesta es que la masa electoral que Mujica (el bueno) pueda arrastrar hacia el lema blanco, por pequeña que se presuma, vale el doble de lo que cualquier otro dirigente blanco podría aportar, porque son votos que se van del Frente Amplio e ingresan al Partido Nacional.

En un país en donde uno de cada dos ciudadanos votó al Frente Amplio en las últimas elecciones, la cosecha electoral para ganar la Presidencia de la República está en el territorio del adversario y no entre los votantes cautivos.

Sin embargo, hoy, Mujica (el bueno) no vale tanto lo que pesa en votos, sino lo que trae en background sobre el adversario.

La suya no es la primera incorporación de ex-frenteamplistas al neo-lacallismo, donde ya revistan la actual diputada Graciela Bianchi (FA entre 1971 y 2014) y el senador Jorge Saravia (legislador FA entre 2005 y 2011), pero podría ser de los más valiosos reclutamientos dada la mochila de conocimientos que trajo de su anterior encuadramiento político, por el que fue diputado por Montevideo entre 2005 y 2017.

El mayor aporte que Mujica (el bueno) trajo al Partido Nacional y al neo lacallismo en particular, es la convicción de solventar una plataforma común con el arco opositor en base a acuerdos programáticos.

La idea no es nueva entre los blancos.

Ya lo había propuesto en 2017 el intendente floridense Carlos Enciso, en un cierre de año de su agrupación #Dale, en presencia de Luis Lacalle Pou, amparado en su política de Frente Grande que le permitió montar en lo local un arco de gobierno multicolor a partir de 2010; el propio Luis Lacalle Pou reiteró el concepto en varias oportunidades en los últimos meses; más acá, las recientes declaraciones del intendente duraznense Carmelo Vidalín; y otro tanto se podría decir de Jorge Larrañaga, que lo sugirió en la misma génesis de Juntos, su actual grifa, superadora de la Alianza Nacional, a pesar de los “ruidos” que la propuesta generó en el cerno del aliancismo.

Pero todas éstas son voces blancas, provenientes de una colectividad que hasta ahora ha padecido de una crónica falta de cultura ecuménica, tal que le permitiese el entendimiento entre diferentes.

En cambio, la forma de ver de alguien que viene de un lugar donde existe una vieja cultura de esa naturaleza, como es la de quien proviene del Frente Amplio, puede ser sustancial para introducir un chip en la dirigencia del nacionalismo sobre el sustantivo concepto de la articulación entre diferentes.

De ahí a conformar una plataforma de entendimiento del actual arco opositor, hay un paso.

Articulación

El último gran esfuerzo ecuménico de los blancos fue en 1958, cuando Luis Alberto de Herrera acordó un frente electoral común con el Ruralismo, de Benito Nardone “Chicotazo”, mediante el cual el Partido Nacional logró el gobierno que se le había negado por más de 90 años.

Luego, el fundamentalismo partidario se encargó de instalar en las sucesivas dirigencias una cultura política excluyente del diferente, a veces sustentada en matices sutiles.

El otro intento ecuménico serio pero inconcluso, fue el promovido por Wilson Ferreira, revelado en su espíritu cuando en un conocido discurso dicho en vísperas del golpe de Estado, habló de que el Partido Nacional debía abrir sus puertas a “los nuevos blancos”, pero la dictadura militar y la Guerra Fría, las roscas dirigenciales y el largo exilio del caudillo, mellaron con éxito su proyecto ecuménico.

La coyuntura de urgencia con la cual Luis Alberto Lacalle llegó al gobierno, y su imperiosa necesidad de solventar la “gobernabilidad” de su gestión, le impidieron tender puentes con el diferente, y las dialécticas de los aparatos políticos hicieron la tarea que saben hacer con éxito.

Quizás valga la pregunta de si el genoma del paleo-lacallismo hubiese podido admitir alguna versión de un modelo ecuménico de gobierno, pero la respuesta quedará para los filatelistas de la historia de las ideas nacionales.

Lo cierto, es que no sucedió.

Sin embargo, es ahora Luis Lacalle Pou quien tiene la histórica posibilidad de hacer realidad esa utopía de la ecúmene, y la llegada de Gonzalo Mujica al Partido Nacional es un buen pretexto para ello.

En la presentación del personaje que se realizó en varias ciudades del Interior, Mujica (el bueno) afirmó la idea de que su entendimiento con el líder neo-herrerista se basó en acordar una plataforma de entendimiento desde la diferencia, y extrapoló el concepto al necesario entendimiento del Partido Nacional con otras fuerzas del actual arco opositor.

“Es como si fuera lo que hace el Frente Amplio”, deslizó Mujica (el bueno) en una parte de su exposición de Florida.

Colofón

La naturaleza de la gira de Luis Lacalle Pou y Gonzalo Mujica, la semiótica de los encuentros en las principales capitales del Interior, y el discurso del peregrino que ha sido recibido por el buen samaritano, indican que tras de esa gira deberá venir una movida superadora del Partido Nacional.

De hecho, la política moderna -y dentro de esa “modernidad líquida” de la que tantas veces habló Bauman- se caracteriza por gobiernos de coalición construidos entre diferentes.

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