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Creando desde los límites

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“la colaboración constructiva como pilar de creación”

 #BERNARDA similteatro es el resultado de un proceso de creación que surge de la imposibilidad del encuentro presencial entre artistas y público. Más allá de si es o no es “teatro”, el colectivo a cargo de este proyecto reformuló la idea de espacio, se apropió de recursos tecnológicos que ya forman parte de nuestra cotidianeidad, y forzó los límites de la creación teatral generando un espectáculo que también es un ensayo que reflexiona sobre nuestro tiempo. El colectivo de creadoras compartió con Voces algunas ideas sobre su trabajo que publicamos a continuación.

 ¿ Cómo surge la idea de trabajar vía zoom para hacer un “símil teatro” en vivo?

Debido a la pandemia, y a la necesidad de seguir trabajando, Noelia Herrera había pasado temporalmente a la virtualidad las clases de teatro que daba junto a una colega. En ese proceso empezó a descubrir posibilidades de creación que no se había imaginado, y que la llevaron a convocarnos a las demás para hacer “algo”, en vivo, por ese medio. Ese “algo” estaba poco definido, era más bien la intuición de potencial, pero encontró en el resto de nosotras un gran eco, producto de la necesidad de crear y de estar juntas que teníamos en esos momentos. Estábamos en abril del año pasado, cuando recién empezaba la pandemia en Uruguay y atravesábamos aquel primer auto-confinamiento, donde todo era muy incierto. Los teatros estaban cerrados y por primera vez en nuestras vidas estaba prohibido hacer teatro.

En ese momento salió la convocatoria “Arte en tiempos de cuarentena” de la IM. Decidimos presentarnos y el proyecto fue seleccionado. Elegimos usar Zoom como plataforma debido a su accesibilidad, a la diversidad de herramientas que posee (que habilitan la realización de diversos juegos técnicos de una forma simple) y sobre todo a la popularidad que ya en ese momento había adquirido (lo cual hacía que ya fuera familiar y accesible para una gran cantidad de personas).

Buscábamos desde el vamos sostener dos de los pilares fundamentales que hacen de nuestro arte un acontecimiento vivo, único e irrepetible: el convivio y su carácter efímero. Conectados en simultáneo (temporalidad) en una sala virtual (espacialidad virtual) perseguíamos producir un hecho escénico.

Si bien esa era nuestra búsqueda y allí nos zambullimos de lleno, había en el equipo cierto escepticismo sobre si lo que resultaría podría ser llamado “teatro”. Al día de hoy hay distintas opiniones y matices entre nosotras sobre esto.

El concepto de símil teatro surgió junto con el proyecto, inspirado en el de símil chocolate: como algo que tiene cierta aspiración de ser chocolate y se parece al chocolate, pero no es.

“A mi me gusta pensar que símilteatro es una ironía, en el sentido que le da Donna Haraway. Ella dice que la ironía se ocupa de las contradicciones, y que surge de la tensión inherente a mantener juntas cosas incompatibles. También dice que la ironía trata del humor y de la seriedad. Símil teatro es todo esto: es un chiste, es algo serio, es algo imposible y también algo que es. Es algo que no se define por sí mismo sino en relación a otra cosa, a la que se parece- o se quiere parecer- pero sabe que no es. Contiene un deseo de ser otra cosa, un dolor por no poder serlo, y al mismo tiempo la alegría de poder ser. Es una gran contradicción.” dijo Noelia en el panel del XIII Coloquio Internacional de Teatro de Montevideo al que fue invitada la obra.

A posteriori resulta muy claro el vínculo entre la realidad de la obra de Lorca y la de las actrices, por la obligación impuesta del encierro ¿Pero cómo surgió esa idea?

La obra surge primero como una intuición, una de nosotras propone trabajar con la obra, porque en algún momento de su pasaje por la Emad, había tenido contacto con ella.

Bernarda Alba es una obra recurrente en las escuelas de teatro porque todos los personajes en escena son mujeres, lo que es muy escaso en la dramaturgia clásica. Como en general en las Escuelas de teatro hay más mujeres que varones estudiantes, es una obra hecha con muchísima frecuencia en las formaciones actorales (y por lo tanto la EMAD). Esta pequeña ironía nos motivó también.

En un principio era bastante claro el paralelismo entre un grupo de mujeres encerradas y el otro, y lo que sentimos como una analogía bastante obvia generaba dudas. Lo cierto es que si bien todas habíamos visto alguna versión y conocíamos la trama bien, las que la habían leído había sido hacía muchísimo tiempo, así que allí fuimos a leerla. Y empezamos a encontrar que entre la obra y lo que vivíamos había mucho más en común que solo el encierro: el rol de la mujer, el patriarcado, el control sobre los cuerpos, la puja entre deseo y norma, el deber ser, el castigo a lo que se desvía de él, la desigualdad socio-económica aparecen como fuerzas de tensión constantemente.

Hubo divergencias en el grupo en relación a la obra. A algunas no les gustaba el texto, lo encontraban demasiado “viejo”. Si bien había fuerzas latentes que todas reconocíamos, no encontrábamos cómo vincular ese universo con el nuestro (incluyendo la virtualidad), que al principio parecía muy lejano.

Fue a partir de esa discusión que la obra empezó a cobrar sentido. Una de nosotras escribió una carta al principio del proceso de creación que empezaba con un “Queridas Hermanas” que terminó siendo fundamental. En esta carta cuestionaba y exponía su sentir ante el vínculo que tenían las hermanas entre sí, la lógica opresiva y patriarcal que entre ellas reproducen -la opresión de lo femenino sobre lo femenino- y lo atravesaba con nuestro vínculo de actrices y amigas (la mayoría nos conocemos desde hace 10 años).

A partir de esa carta, que todas fuimos contestando-respondiendo a todas, empezó a mixturarse con entusiasmo el universo ficcional que traía Lorca, lo autobiográfico y el universo ficcional que fuimos construyendo en nuestra pieza. La obra que había llegado se quedó, y empezamos el viaje de ida y vuelta entre la casa de Bernarda Alba y la de cada una de nosotras.

Para terminar esta pregunta, sólo comentar que nosotras no decimos que hacemos una versión de La casa de Bernarda Alba. Cada una tiene sus matices en definirlo, siendo una manera de nombrarlo que hacemos un diálogo con la obra.

La opresión de género, que obligaba al luto y ahora genera más violencia debido al encierro, parece surgir naturalmente de la propuesta ¿Siempre tuvieron eso como norte?

No, las temáticas fueron emergiendo, desprendiéndose del propio proceso creativo. El norte se fue construyendo en el camino, en la interacción de los materiales: La casa de Bernarda Alba, la pandemia y el encierro, nuestras experiencias personales y nuestros vínculos interpersonales.

Sin dudas el hecho de ser un colectivo de mujeres nos llevó hacia ese norte, y desde que le dimos rienda suelta a lo personal, lo íntimo y lo biográfico con la obra como estructurante, el género se nos colaba por todas partes. Lo que nos afectaba y atravesaba en ese momento a nosotras estaba muy vinculado al hecho de ser mujeres en pandemia.

Sería demasiado ponernos a enumerar la cantidad de aristas de la pandemia en la que como mujeres nos veíamos afectadas, de manera directa e “indirecta”. Pero además de los factores laborales y domésticos (precarización laboral y recarga de cuidados) era fuertísimo sentir la desprotección a la que muchísimas mujeres y niñes quedaron (quedamos) expuestes, y escuchar al mismísimo presidente de la república admitir la problemática, llamarla “efecto colateral” y admitir que no se iba a hacer nada al respecto.
Es aleccionador, como el linchamiento de la mujer al final de la obra por haber tenido un hijo bastardo y abandonarlo (escena que no quedó representada pero sí está presente desde este lugar). Adela entendió la lección. Si la pandemia vino a mostrarnos vulnerabilidades a todos, a las mujeres vino a empujarnos a muchos límites, pero ya no estamos en 1936, y para algunas la necesidad iba por ahí, por mostrar que seguimos con las mismas problemáticas, pero no somos las mismas mujeres. No estamos tan solas, no nos callamos más.

En el conversatorio «Poniendo el cuerpo al cuerpo» organizado por la comisión de género de la EMAD, a la que Oriana fue invitada para hablar de la obra, contaba cómo en algún momento sintió que ella estaba haciendo esta obra para mujeres. No de forma excluyente, pero con cierta claridad de a quién le estaba hablando: “la falta histórica de mujeres directoras y dramaturgas (o en realidad la falta de espacios para ellas), viene hace mucho tiempo quitándole al público temas y temáticas “femeninas”; a la vez como feminista me encuentro muchas veces tratando de convencer (sobretodo a hombres) de nuestras vivencias y su impacto. Esta vez sentí que no quería ni “tenía que” convencer a nadie. Que esto era para las que también viven esto en el cuerpo, que son atravesadas y que en el mejor de los casos necesitan, como yo necesité, escucharse, reflejarse, sostenerse en las otras y en la vivencia común”

Me llamó mucho la atención la forma de poner foco en la intimidad, ya desde los cuerpos en el baño, es muy descarnada por momentos esa forma de presentar a los personajes ¿Cómo surge eso?

Eso surge de nuestra exploración sobre el universo de internet, los influencers, las redes sociales y el concepto de “extimidad”, que fue creado por Lacan en el 58 y hace referencia a que lo más íntimo sólo puede ser reconocido fuera de nosotras mismas. Es un concepto bastante complejo que cuestiona el límite interior-exterior y que hoy en día se usa en relación a la exhibición que realizamos en las redes sociales, donde el universo privado es exhibido sin demasiado filtro.

Nosotras abordamos este concepto de una manera bastante intuitiva pero apoyándonos más en Paula Sibilia, una antropóloga que investiga el arte y la tecnología, y que es quien toma el concepto de Lacán y lo traslada del psicoanálisis a las ciencias sociales.

También esto tiene que ver con nuestra intención de traer a primer plano la transformación y resignificación que tuvo el espacio del hogar en tiempos de pandemia, convirtiéndose en múltiples espacios (gimnasio, sala de ensayo, oficina, escuela, salón de reuniones, espacio escénico, etc.); lo que también ha provocado la disolución del límite entre lo público y lo privado.

Además, mostrar nuestros baños, cocinas, dormitorios nos permitía dar cuenta de la “metateatralidad” del dispositivo, explicitar el hecho de que cada una estaba en su casa, y no ocultarlo, hacerlo parte de la pieza. Y mostrar espacios tan íntimos como el baño, siendo usados ya desde el comienzo de la experiencia, implica anunciarle al espectador que lo que va a presenciar es algo íntimo, implica comunicarle nuestra posición como creadoras en relación a lo que estamos generando, desde dónde estamos expresándonos.

Creemos que la estética “casera” que proponemos, potencia también la identificación, la forma en este caso es contenido, potencia la precariedad en la que todos nos vimos inmersos para solucionar desde la soledad de nuestro hogar todo lo que antes estaba distribuido en toda la ciudad. Aparecen los mensajes escritos a mano, las cámaras no son HD, el sonido es lo mejor que puede ser, distando mucho de ser ideal, puro, perfecto, la iluminación cobra matices imposibles de controlar por nosotras… los baños son lo que son, y no lo que diseñamos para presentar ni representar. Ante esta realidad hay una decisión consciente de mostrar lo que es, de exponernos. Trabajamos con la realidad que disponíamos, y esa “crudeza” se llena de significados.

Por otro lado, el universo de lo “femenino” siempre estuvo relegado al ámbito de lo doméstico, que acarrea el concepto de lo privado, es decir, no se muestra, no se hace visible, mientras que lo público es masculino. Así lo trae Lorca de una manera muy consistente: las mujeres están en la casa, mientras el hombre por el que suspiran está en las calles, merodeando la casa. En este sentido quisimos poner a jugar la “extimidad” en relación con las problemáticas de género, un acercamiento al icónico postulado feminista “lo personal es político” que a veces también se encuentra como “lo privado es político”.

Para poner un ejemplo concreto, la menstruación no es un hecho político. Pero que un proceso biológico que afecta por 30 años a la mitad de la población siga siendo tabú, y origen de mucha vergüenza, pudor, desprecio y desconocimiento, sí lo es.

¿Cómo trabajaron las tareas de dramaturgia y dirección? No aparece una figura que haya tomado ese rol ¿Fue esa la intención? ¿Se dio naturalmente?

Todos los roles (actuación, dirección, dramaturgia, producción, técnica) se fueron ocupando y rotando libremente. Todas trabajamos en todo, aportando cada una desde sus distintos saberes y potencialidades. Esto no se planteó así desde el a priori, sino que fue sucediendo a lo largo del proceso de creación y fuimos deviniendo en una metodología de trabajo horizontal. La propuesta misma nos fue pidiendo esto. (Estas preguntas por ejemplo, que tu hiciste, no las respondió una sola persona).

Probablemente el vínculo de confianza que ya existía entre nosotras jugó un gran rol, y también el propio soporte. La posibilidad de grabar los ensayos y poder estudiarlos antes del siguiente ensayo en conjunto fue algo nuevo y muy interesante, que nos daba la oportunidad a todas a tener la mirada externa de dirección (si bien no en tiempo real) permitiendo que los roles fueran más disueltos y lábiles, ninguna se encargó del todo de un rol, ni se podía desentender del todo de otros roles.

Hemos conversado y nos preguntamos también, en qué medida nociones como la sororidad pueden haber sido claves. El entendernos en oposición a la competencia que se ve entre las hermanas de Lorca, nos empujó a una búsqueda activa de la colaboración constructiva como pilar de creación. Así, “hacernos cargo de nuestra parte en el control de lo femenino sobre lo femenino” como aparece en algún apunte de ensayo, surge de la lectura de la obra, pero significaba además de reconocer determinadas dinámicas que se nos presentan naturalizadas en la sociedad, e incluso se nos fomentan, ver en qué medida las asimilamos nosotras y qué hacemos por modificarlas en el día a día.
Este proceso que se dio muy naturalmente, requirió cierta valentía (en el sentir de algunas de nosotras) para encontrarnos desde la vulnerabilidad -teniendo en cuenta que estos eran tiempos especialmente volátiles y desconcertantes- y es por el encare de todas que logramos la confianza para movernos cómodas en ese terreno.

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Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.