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Crítica Teatral en cuarentena

Crítica Teatral en cuarentena
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Teatro-ciborg en pandemia: Un seguimiento, desde la crítica, a la ¿obra teatral? «Dos hermanas» de Anthony Fletcher y Claudia Sánchez.

En el marco del ciclo de conferencias El virus de la transmedialidad organizado por el CIDDAE y la Facultad de Humanidades fuimos invitados a dialogar sobre la “Crítica Teatral en cuarentena” junto a Jorge Dubatti y Carlos Fos. A continuación compartimos parte de nuestra exposición, que se puede ver en la web del Solís, como primera entrega de un debate que continuaremos la semana siguiente.

Crítica

Cuando hablamos de crítica estamos refiriéndonos a un discurso que tiene como objeto de estudio una práctica artística, en este caso las artes escénicas, y en el que lo central es realizar un análisis y proponer una interpretación del hecho artístico estudiado. Lo ideal es que la interpretación, en la que entra en juego necesariamente un determinado marco teórico al que suscribe el crítico, la pueda reconstruir un tercero a partir del análisis previo y de como se articula ese análisis con el marco teórico al que se suscribe. En nuestro contexto un posible rol de la crítica es elaborar nuevas categorías para pensar nuevas “situaciones teatrales”.

Espacio

En la interpretación todos los componentes del hecho artístico a estudiar se toman en cuenta, y particularmente relevante resulta el espacio en tanto no podemos interpretar de la misma forma un espectáculo que transcurre en el escenario del teatro Solís, con el público disciplinadamente sentado y siguiendo la “obra” en silencio, con un espectáculo de carnaval en un tablado, en que si la atención no es captada por el espectáculo los espectadores fácilmente se distraen yendo a comprar algo para comer o beber. Ni que hablar de lo que podía suceder en el teatro isabelino, cuando los espectadores iban con tomates a los tablados para manifestar su disgusto cuando no les atraía lo que veían, o en el picadero del circo criollo.

Convivio/Tecnovivio

Lo que sí resulta determinante del hecho teatral en todos los casos antes mencionados es el concepto de “convivio” que Jorge Dubatti ha sistematizado en sus trabajos de Filosofía del teatro. Dice Dubatti: “Llamamos convivio teatral a la reunión de artistas, técnicos y espectadores en una encrucijada territorial y temporal cotidiana (una sala, la calle, un bar, una casa, etc., en el tiempo presente), sin intermediación tecnológica que permita la sustracción territorial de los cuerpos en el encuentro. En tanto acontecimiento, el teatro es algo que existe mientras sucede, y en tanto cultura viviente no admite captura o cristalización en formatos tecnológicos.”

Frente a esto, Dubatti propone la categoría de “tecnovivio”, es decir, “la cultura viviente desterritorializada por intermediación tecnológica. Se pueden distinguir dos grandes formas de tecnovivio: el tecnovivio interactivo (el teléfono, el chateo, los mensajes de texto, los juegos en red, el skype, etc.), en el que se produce conexión entre dos o más personas; y el tecnovivio monoactivo, en el que no se establece un diálogo de ida y vuelta entre dos personas, sino la relación de una con una máquina o con el objeto o dispositivo producido por esa máquina, cuyo generador humano se ha ausentado, en el espacio y/o en el tiempo”

Teatro-cibog

A partir de la definición de convivio no queda ningún margen para el teatro en el contexto actual de aislamiento por la pandemia. Sin embargo a partir de la obra Dos hermanas, parece abrirse una nueva posibilidad. Dos hermanas, serie teatral de cuatro episodios que finalizó la semana anterior, fue emitida por el canal de Youtube de Sala Verdi. La serie, más allá de la historia, establece una interacción simultánea no solo entre actrices y técnicos, sino con los mismos espectadores, y allí nos excedemos de las formas de “tecnovivio” que establece Dubatti más arriba. Es verdad que en este caso resultan muy semejantes el registro del hecho y el hecho en sí, pero en realidad quien ve en diferido cualquiera de los episodios de la serie lo que observa es el registro de la “obra”, ya que esta solo se pudo experimentar en vivo el día que se emitió. Otro dato relevante para entender la particularidad de Dos hermanas, es que está escrita y pensada para esa situación de comunicación virtual. Dos hermanas está escrita para la interacción de dos actrices que se encuentran a distancia, que se comunican entre sí virtualmente, y a esa comunicación entre ellas, en vivo, es a la que accede el espectador. Esa situación, como decíamos arriba, excede las dos formas de “tecnovivio” definidas, ya que hay un nivel de interacción “artístico” entre las actrices y otro nivel de recepción del espectador, aunque en tiempo presente. Esta situación, además, permite el intercambio entre artistas y público, allí sí en un mismo nivel de tecnovivio, cuando se realiza un foro al finalizar la “función”.

De alguna forma considero a esos recursos, las cámaras web, el canal de YouTube, el zoom, el skype, etcétera, «prótesis» teatrales, siguiendo las ideas del filósofo español Fernando Broncano. En La melancolía del ciborg Broncano propone que los seres humanos, con sus herramientas y prótesis y de forma dialéctica, son seres-ciborgs que modifican el medio para habitarlo. Las prótesis se incorporan al ciborg luego de un proceso de incomodidad, en el que cuesta adaptarse a las mismas, pero finalmente serán absorbidas integrándose al cuerpo y la cultura y generando nuevas necesidades a la vez que nuevas posibilidades de modificar el entorno y adaptarse a él. En palabras de Broncano: “El hábitat de los ciborgs es la selva de la cultura (…) La especie humana evolucionó transformando el medio mediante artefactos, creando un medio artificial con el que coevolucionó al compás de ese medio material conformado por complejos de relaciones sociales, técnicas y artefactos que modelaron las presiones evolutivas y seleccionaron las características propiamente humanas: el lenguaje, la técnica, la moralidad, la estética, la agencia racional”.

Si pensamos el teatro desde esa misma “dialéctica ciborg” podemos pensar que, ante la obligación de permanecer encerrados, quienes crean lo que llamamos teatro reformulan sus límites y lo modifican, apoyándose en artefactos como el zoom, las cámaras web, o la transmisión por streaming, para generar una nueva forma de “convivio virtual”, un “teatro ciborg”.

La incomodidad en este caso se manifiesta en el cuestionamiento a la “teatralidad” de esta nueva situación, tema que retomaremos la semana próxima.

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Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.