Dale gas

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Se anunció un acuerdo entre el gobierno y Petrobras para realizar el retiro de la empresa brasileña de la compañía del gas que queda temporariamente bajo control estatal. Algunos festejan y otros se quejan.  ¿Es un servicio público que se debe mantener a cualquier precio? ¿Es rentable esta empresa? ¿Estamos ante una nueva Pluna? ¿El sindicato logró imponer sus objetivos? ¿Se le dio una salida fácil a Petrobras? ¿No se retiraba de cualquier forma? ¿Había mejores opciones? ¿Debemos apostar a un servicio de gas por cañería en nuestro país? ¿Se avizoran potenciales inversores privados? ¿Se podía cerrar la empresa y dejar colgados a los actuales usuarios? ¿Gas estatal o privado?

 

Socializando las pérdidas por Gabriel Barandiaran

Como en esos partidos en que vamos empatando y le gritamos al juez que lo termine porque nos pelotean de todos lados, el gobierno está pidiendo a gritos que se termine este período de gobierno.  Por suerte, el contexto internacional todavía no es desfavorable del todo. Pero esta situación va a cambiar en el corto y mediano plazo y, en ese momento, habrá que tomar decisiones que no van a gustar a la gran mayoría de los uruguayos.

En este marco, no es de extrañar que algunas empresas ya hayan decidido dejar el país, Petrobras entre ellas.  Y las autoridades decidieron pasarle el problema al próximo gobierno que tendrá que sumar una nueva empresa nacional fundida a la lista de problemas que encontrarán cuando asuman.  “Uruguay hará la gestión de la empresa porque se queda con el 100% de las acciones, hasta tanto pueda conseguir inversores”, dijo nuestro presidente, pero nadie en su sano juicio espera que esos inversores lleguen para hacerse cargo de la distribución de gas.  El 100% de las acciones de una empresa que pierde dinero todos los meses no vale nada, así que más bien nada sumaremos al patrimonio nacional.

¿Cómo afectará esta decisión a los consumidores uruguayos? En principio, desde el punto de vista de la oferta de servicios no debería cambiar nada.  Lo que antes suministraba la distribuidora, lo puede seguir haciendo como empresa de propiedad nacional.  La calidad del servicio tampoco debería cambiar.   Sin embargo, alguien tendrá que pagar las consecuencias de esta decisión y, como siempre, serán los ciudadanos a través de los mecanismos tradicionales que se utilizan para recibir el aporte de los bolsillos uruguayos:  a través de impuestos o mediante el costo de los servicios públicos que deben aumentar para compensar esta pérdida.  Por lo que se ha mencionado en la prensa, es muy probable que esta empresa quede dentro del control de Ancap por lo que los balances de la distribuidora de gas podrán sumarse a los de aquellas que comparten la misma condición.  Si Ancap debe absorber esas pérdidas, entonces disminuirán sus ganancias en la misma proporción y ya hemos visto que esto funciona hasta que deja de funcionar, y ya tuvimos que capitalizarla con varios centenares de millones de dólares.

Lo importante es que el negocio que hace el gobierno es malo.  Esto de socializar las pérdidas de las empresas no sólo es injusto para los ciudadanos que terminarán pagando por errores de otros, sino que la capacidad de hacerlo no es infinita.  Ya soportamos demasiados impuestos y, pese a ello, el gobierno tiene un déficit descomunal que también pasará al próximo gobierno. Seguir sumando pérdidas hará que el agujero sea más grande y, más temprano que tarde, habrá que rellenarlo.  El gobierno que venga será de unos o de otros, pero la gente seguirá siendo la misma.  Y en sus hombros, en sus bolsillos más bien, estará este nuevo problema.

Otra perla por Esteban Pérez

 

La crisis de la empresa Montevideo Gas, Conecta o Petrobras no vino sola: es una perla más del collar de conflictos que tienen como denominador común a empresas que están vinculadas a capitales extranjeros, negocios exportadores o incluso estados extranjeros. Según se muevan las fichas del capitalismo mundial o regional, se tambalean las fuentes laborales en nuestro país.

Una vez más el problema no son ni los trabajadores ni el gerenciamiento de la empresa, el fondo del problema es el sistema capitalista asentado sobre el lucro y la especulación.

Los trabajadores del gas pusieron sobre el tapete la importancia de la organización clasista y su lucha, logrando al menos transitoriamente comprometer al gobierno y revertir la situación, conservando los puestos de trabajo. Otro logro no menor fue el traer a un primer plano la evidencia de que la lucha por el trabajo está estrechamente ligada a la cuestión nacional y la soberanía.

La dependencia de empresas privadas y extranjeras en la generación y distribución de energía no es chiste: la energía es el motor que mueve toda la economía. Recordemos que hay en la región un tironeo constante por privatizar ese aspecto estratégico de sobrevivencia y soberanía. Solapadamente se nos coló, sin que el PIT-CNT lograra despertar de su letargo, la privatización de la producción de electricidad. La energía eólica comenzó con buen acento, con los molinos de vientos de la Sierra de los Caracoles en manos del Estado. Pero una vez que nos tragamos la píldora, el 90% de los generadores a viento se instaló con capitales privados generando una energía limpia, alternativa (eso es positivo) pero lamentablemente en manos de empresarios que un día, como Petrobras, pueden dar el portazo o tomar al Estado de rehén junto a su población.

Regalito entreguista ha sido también el compromiso con UPM de comprarle su excedente energético, lo necesitemos o no, y vamos camino de ser rehenes de la energía privada y de los precios que quieran imponernos. Como conclusión del conflicto del gas, podemos decir que la lucha de la clase obrera es sustancialmente contra el capitalismo y ligada a la lucha por la soberanía nacional.

¿El fin de la inocencia?* por  Benjamín Nahoum

 

 

Una ilusión neoliberal de la que muchos neoliberales están convencidos (y los que no están convencidos también la proclaman), y que ha captado también a muchos que no son neoliberales, incluso a progresistas, es que las empresas privadas son más eficientes que las públicas. Y eso conduce a una segunda ilusión, a pesar de las pruebas flagrantes en contrario: que, si tenemos una empresa pública que da déficit, y la privatizamos, pasará a ser un excelente negocio y dará superávit.

 

Bueno, sólo para circunscribirnos a la comarca cercana, los casos de PLUNA y de estas propias MontevideoGas y CONECTA concesionadas a Petrobras, en Uruguay, y de las líneas aéreas, los ferrocarriles y la distribución de electricidad en Argentina, demuestran que no es así: cambiamos a cinco señores de saco y corbata designados con venia del Senado por otros cinco, o tres o uno, también de saco y corbata, pero designados por los accionistas de la empresa concesionaria, y todo sigue igual… o peor. Y eso si los conseguimos, porque la tercera ilusión es que vendrán docenas de empresarios a interesarse por nuestros negocios ruinosos.

 

Ahora resulta que es un mal negocio para el país tener una empresa que pierde tres millones de dólares por año (y por eso Petrobras la abandona al advertir que no va a dar las ganancias esperadas), y entonces la idea es pasarla momentáneamente al Estado, para transferirla en cuanto se pueda a una empresa privada, presumiblemente extranjera, que tenga deseos de perder esa misma cifra cada año.

 

El nuevo concesionario no aparece ni seguramente aparecerá (por lo menos alguno que no sea un aventurero del tipo de Cosmo o Leadgate), no porque no les dé seguridad el hecho que el sindicato les ocupe las plantas si quieren echar trabajadores, sino lisa y llanamente porque si no hay negocio -negocio seguro- no hay inversor.

 

El servicio de gas por cañería es una forma más segura que el uso de envases, para trasladarlo y suministrarlo, y el gas, sobre todo habida cuenta de la potencialidad de Argentina como productor, es un combustible más conveniente para nosotros que los derivados del petróleo, por lo menos para ciertos usos. En nuestro país no tiene la difusión suficiente, precisamente porque no se han hecho las inversiones necesarias para extender las redes de suministro. Allí donde eso se hizo hay una buena y creciente demanda.

 

Por consiguiente, ese servicio es de interés para el país, y por ello el Estado debe asegurar que se realice en condiciones de seguridad y economía adecuadas. La explotación comercial privada, que estuvo en su génesis y en este último penoso capítulo, ha demostrado que no da esas garantías. Por tanto, no sólo el Estado debe tomar la posta de Petrobras para que el servicio se siga brindando y los empleos no caigan, sino que debe asumir decididamente esa tarea como propia para el futuro, como hace setenta años lo hizo con tantos otros servicios públicos fundamentales.

 

* Con el debido reconocimiento a Pablo Vierci y al cineasta estadounidense Michael Cuesta por el uso de su título. Los signos de interrogación sí son míos.

 

Incógnita y sospecha por Miguel Manzi

Las preguntas de Voces para introducir el tema que nos ocupa, adelantan algunas de sus complejidades: la pertinencia de usar gas por cañería en el país; la naturaleza pública o privada del servicio; el deber del Estado de hacerse cargo de una actividad deficitaria; los intereses del sindicato y de los usuarios; las habilidades negociadoras del gobierno uruguayo; la fantasía tercermundista del inversor extranjero. Queda a la vista que el problema no admite respuestas fáciles ni breves. Los antecedentes políticos (de este negocio en particular y de la gestión frenteamplista en general) enturbian todavía más el panorama. Me limito, pues, a anotar una incógnita y una sospecha. La incógnita refiere al acuerdo entre Vázquez y el director ejecutivo de Petrobrás (el presidente de Brasil no recibe a Vázquez; el presidente de Petrobrás tampoco): de ese acuerdo conocemos apenas los titulares, pero tenemos derecho a conocer el texto completo, anexos y complementarios; el balance de la compañía, su estado y perspectivas; el plan de negocios del gobierno uruguayo; el proyecto que transforma un clavo remachado en una empresa viable, o el cronograma para desmontarla con el menor daño posible. Hasta que se presente tal evidencia, tenemos derecho a pensar que no hay plan, ni proyecto, ni nada, sino que se trata de otra intervención ruinosa, como la PLUNA de Astori, la regasificadora de Jara, el horno de Sendic, el biodiésel de De León, los envases de Placeres, el tren de Mujica o el avión de Vázquez.  Salvo prueba en contrario, nadie puede creer que una empresa fundida y capturada por un gremio salvaje, pueda ser atractiva para inversores privados; el “control temporario” del Estado hiede a permanente. La sospecha es que las mayorías ciudadanas no se tragan más la pastilla de que los gremios defienden el interés general, ni que la alternativa es entre chavismo o neoliberalismo (tanto como no sintonizan con la proclama fraudulenta y violentista de “oligarquía o pueblo”). Desde luego que se mantiene el tradicional talante criollo, solidario en la desgracia y dispuesto a dar una mano; claro que conmueve el creciente ejército de desocupados que no se puede ganar el pan (y que no tiene gremio que lo defienda), en un país donde todos los días se pierden puestos de trabajo. Pero los excesos corporativistas cometidos en estos años de orgía, tanto por los gobiernos frenteamplistas como por sus socios carnales del movimiento sindical, combinados con la corrupción extendida y el deterioro ya inocultable del bienestar general, colmaron la paciencia de la gente y agotaron la ilusión de un difuso modelo de país que (excusas por la obviedad) se quedó sin gas.

 

 

 

Un método para enfrentar el ajuste y despidos por Lucía Siola

El proceso de reestructuración de la petrolera brasilera Petrobras que inició el gobierno de Jair Bolsonaro culminó con el retiro de la empresa del mercado uruguayo. El 100% de las acciones de Petrobras, así como el 55% de Conecta (una distribuidora asociada con ANCAP), pasarán en estos días a manos del Estado, lo cual constituye en primer término un triunfo (aunque aún parcial) para sus trabajadores que lograron defender y mantener sus fuentes de trabajo. Es preciso destacar que el mérito de este triunfo le cabe a los trabajadores y trabajadoras del Gas que desarrollaron una lucha fenomenal en defensa de sus puestos de trabajo, rechazando los despidos. El sindicato del gas ocupó la planta y la gestionó desafiando así a la política de vaciamiento, lo que propició rápidamente la intervención de la justicia burguesa que en una supuesta defensa de la propiedad privada dictó el desalojo, el cuál fue comunicado con la policía. Pero los trabajadores persistieron, algunos dirigentes sindicales desarrollaron una huelga de hambre que duró más de una veintena de días y montaron un campamento en las inmediaciones de la Plaza Independencia. El conflicto fue apoyado por un contundente paro general de todo el movimiento obrero, con movilización a Torre Ejecutiva.

En sus inicios el gobierno había manifestado que nada podía hacer. La aguerrida lucha de los trabajadores del gas se presentaba como un problema frente al desarrollo de la campaña electoral, y sobre todo (y lo más riesgoso) como un ejemplo a seguir por otros gremios, y trabajadores frente a los miles de envíos al seguro de paro, despidos y cierres de empresas que estamos viviendo.

En este sentido, es necesario destacar la diferencia en lo que respecta a las medidas de lucha y la movilización que adoptaron los trabajadores del gas frente al ajuste, el vaciamiento y la amenaza de cierre; ocupación, control obrero y huelga. Este método fue el que impidió que la empresa siguiera el mismo derrotero que Fanapel, Fripur u otras empresas que han despedido a gran parte de su personal, y constituye un ejemplo para el conjunto del movimiento obrero frente a la etapa que se abre.

 

Por otro lado, también es importante problematizar la cuestión de la estatización en lo que refiere a la política del gobierno. Vázquez afirma que la medida acordada con Petrobras reafirma el acuerdo de inversiones y los buenos negocios con Brasil, y confirma el excelente clima de inversiones que hay en el país.

Ahora bien, debemos preguntarnos entonces si ¿estamos acaso frente a un rescate del Estado uruguayo a la quiebra de una empresa extranjera? ¿El Estado uruguayo está siendo garante del negocio empresarial?  No lo sabemos con certeza, pues desconocemos los libros contables de Petrobras, pero según pública O Globo las pérdidas de las empresas en Uruguay ascenderían a U$S 116 millones, y según declaraciones de Petrobras la misma sólo tenía capital para funcionar y proveer el servicio hasta el mes de agosto. Si esto fuera cierto, lo que estaría siendo Vázquez es salvándole las papas a Bolsonaro y los accionistas de Petrobras. Esta parece ser la orientación del gobierno, que remarca que solamente gestionaría la empresa de forma transitoria hasta que aparezca algún inversionista interesado, lo que ya indica que su perspectiva es de una reprivatización, lo que se opone al reclamo histórico de los trabajadores.

Por eso, antes de hacer loas al estatismo en abstracto siempre conviene analizar su orientación y contenido, pues desde la crisis del 2008 el propio imperialismo gobernado por Obama se transformó en estatista, pero lejos de ser progresivo fue un mecanismo para salvar a los bancos y al capital en crisis con los recursos del Estado. Toda la dinámica de la crisis desde ese entonces hasta el presente encuentra ese proceso, por eso los Estados están quebrados y sólo funcionan a partir del crédito, con deudas públicas que han crecido de forma exponencial en todos los países del mundo.

 

La estatización de Montevideo Gas y Conecta pone sobre la mesa la necesidad de una re planificación de la economía sobre nuevas bases, que tenga por horizonte la satisfacción de las necesidades populares, algo que sólo es posible de la mano de los trabajadores. La lucha del sindicato de Montevideo Gas muestra el camino para el conjunto del movimiento obrero.

 

Acuerdo esencialmente técnico por Raquel Barreira

 

 

Es lo esperable que algunos se quejen y otros festejen, me refiero al acuerdo alcanzado entre el gobierno y Petrobras.  Es lo que pasa habitualmente en este país. Para opinar al respecto y tratar de contestar las múltiples preguntas que vienen planteadas desde VOCES (si el acuerdo beneficia o no al país) y aportar allí una opinión responsable, hay que tener conocimientos técnicos para analizarlo….  económicos, sobre energía, de relaciones internacionales, sobre trabajo….  Como yo no soy experta en nada, rechacé en principio escribir algo sobre el tema.  Pero después pensé: la mayoría de los ciudadanos del país son como yo, especialistas en nada y, si somos ciudadanos responsables debemos buscar los caminos para informarnos de los grandes problemas, a fin de contribuir a su mejor solución.  Así  que concluí:  quizás yo puedo decir algo desde ese lugar: EL DE UNA VIEJA CIUDADANA RESPONSABLE, EXPERTA EN NADA;  y creo que representaré a un buen número de uruguayos.

 

El acuerdo firmado entre el Presidente de la República y el de Petrobras es un acuerdo esencialmente técnico, pero también político; además en un contexto político muy particular:  plena campaña electoral. Desde cualquier lugar que se considere, un tema tentador para meterle el diente.  ¿Y qué hacemos nosotros, ciudadanos queriendo informarnos?  ¿Por dónde empezar? Yo intentaré aportar algunas ideas, desde el lugar en que me ubiqué.  Debemos seleccionar uno, o varios técnicos expertos en los múltiples temas que abarca la concesión y el convenio, para basarnos en sus opiniones.  Eso no es fácil, porque expertos grado 5, que estudiaron juntos en las universidades, cuando egresan asesoran a unos y a sus contrarios con contundentes fundamentos en ambos casos.

 

Dije antes que el acuerdo hay que analizarlo en su contexto político, así que para facilitar voy a partir de ahí para ayudar a encontrar los asesores que nos ayuden. Si usted es votante del FA, elija al que aplauda el convenio:  se salvaron todos los puestos de trabajo y capaz que al final nos quedamos con una nueva empresa estatal.   Si usted vota a los colorados, su asesor no debe desentenderse del todo de los trabajadores, pero no debe desviar el ojo de los eventuales puntos de PBI que el asunto nos puede costar.   Si usted es blanco, ¡ojo!  su asesor debe saber cómo tratar el asunto del sindicato: ¿se fortaleció?  se va a formar una cooperativa como en PLUNA y la empresa desaparecerá en el aire?  Si votó al PI, conviene que el asesor no se aleje mucho de los aplausos del gobierno (tampoco de las críticas de la oposición).   Si votó a Cabildo Abierto, debe asesorarse con alguien que sepa cómo manejar el hecho de que, sin duda, el sindicato salió fortalecido, ya que se firmó el acuerdo antes que se murieran los trabajadores en su huelga de hambre y eso será una gran preocupación para las Fuerzas Armadas.  Si votó a Novick, es un lío encontrar un asesor competente después que se les fue Zubía y si es votante de Asamblea Popular, su eventual asesor estará un poco desorientado: tendría que aplaudir aquello de que no se perdieron los puestos de trabajo y se fue una transnacional, pero eso se contradice con aquello de que a veces lo peor es lo mejor.  Confío que estos consejos sean útiles para encontrar las mejores respuestas a las preguntas de VOCES.

 

 

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