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DANZA: ¿Una maleta vacía?, un cuerpo lleno por Sofía Sartorio

DANZA:  ¿Una maleta vacía?, un  cuerpo lleno por Sofía Sartorio
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 Festejando los 10 años del ciclo “Solos al Mediodía”, el viernes 25 de octubre en la Sala Delmira Agustini del Teatro Solís se presentó “El viajero” solo de danza contemporánea de Emiliano D’Agostino, apoyado con el slogan del ciclo: “No estamos solos”.  Un solo cargado de metáforas, con un cuerpo lleno de anécdotas que contar, risas que reír y lágrimas que llorar, una valija cargada de silencio y una danza liberadora.

Bailarines de distintos países como Argentina, Chile, Uruguay, España, Brasil y Francia participan de este ciclo de danza contemporánea que ofrece funciones gratuitas en el Teatro Solís y cuenta con la curaduría de la coreógrafa Andrea Arobba, se presenta todos los viernes y sábados de octubre y noviembre a las 13.00 y a las 19.00 horas.

Somos desde nosotros mismos, creamos desde nuestra perspectiva, ¿es real la neutralidad? ¿Existe? Somos seres cargados de subjetividades y eso es lo que esta pieza de artística presenta en 40 minutos. Emiliano comienza su solo desde afuera de la sala, entra a la sala presentándose como un ser danzante, introduce al espectador en su mismo ‘viaje’, porque en definitiva es una de las tantas lecturas, desde un comienzo.

De manera muy sutil carga con la valija, carga con el peso de la vida, con los dolores y las angustias, con la rabia y el enojo, y también de manera muy orgánica esa valija transita por todo su cuerpo como las propias emociones. Pero luego esa valija se encuentra vacía, todo ese peso que el creía que tenía desaparece o simplemente nunca estuvo. No solo el cuerpo viaja, sino que la valija también lo hace, porque al comienzo se presenta como una gran ilusión de las expectativas, pesos y cargas que innecesariamente nos autoimponemos y la sobre exigencia que aplicamos sobre nosotros mismos, cuando nos convertimos nosotros mismos en nuestro enemigo. Pero luego también se presenta como la aceptación, el permitir soltar y el juego, entonces es donde comienza una danza con fuerza, pero liberadora, aireada, una danza con velocidad y amigable.

“El viajero” relata su propio viaje a través del tiempo con su danza, interactuando con el público, transita la valija por todos los que están en la sala como metáfora de las vivencias de cada persona, como lo que recoge de cada persona pero que siempre se vuelve a uno, un recurso muy pertinente. Si bien hubo momentos donde los quiebres se dieron de manera muy abrupta, es decir de viajar de un estado a otro, o el orden de las secuencias corporales quizás hubiera sido mejor colocarlas de otra manera, fue un solo exquisito para todos los sentidos.

Resulta ser una pieza artística muy sanadora, muy metafórica, no solo con el vínculo que se establece con el cuerpo sino incluso hasta con los sonidos y la música que se utiliza haciendo referencia al paso del tiempo. Lo interesante de ver un cuerpo individual en escena es que como dice el slogan del ciclo, nunca está solo, es un cuerpo cargado de otros cuerpos.

¿Quién crea entonces la escena el/la que la hace o el/la que la ve? Porque es claro que hay tantas escenas o tantas piezas artísticas como espectadores haya y más cuando es un único cuerpo en escena. Solos al mediodía resulta un ciclo muy desafiante, tanto para el creador como para el espectador. Nos interpela nuestras propias memorias, nuestros propios cuerpos, el hecho de que sea de día también lo hace especial porque estamos acostumbrados a concurrir al teatro a otra hora y particularmente la Sala Delmira Agustini es profundamente pintoresca a esa hora para presentar piezas artísticas.

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