Home Política Das Kapital  por Gustavo Melazzi
0

Das Kapital  por Gustavo Melazzi

Das Kapital  por Gustavo Melazzi
0
0

Hace 150 años, en setiembre de 1867, en Hamburgo, se publica el primer tomo de la obra cumbre de Carlos Marx.

1)  Feroces campañas en su contra; mentiras, miles de veces lo dieron por equivocado y anticuado. Durante las últimas décadas, ante sus imbatibles argumentos, se opta por la “conspiración del silencio”. Es también la cultura del sometimiento, vía la soberbia; el ignorar; ningunear.

Pero el segundo libro más vendido en la historia mantiene vigencia. Es lógico: El Capital descubre y muestra los procesos sociales por los cuales el capitalismo funciona con base en la explotación del trabajo. Queda al desnudo, y los trabajadores del mundo tienen a su disposición las razones y formas en que esto sucede.

Cuando cae el Muro de Berlín e implosiona la URSS, se lo hace responsable; nada más falso, como si de la explicación de cómo funciona el capitalismo se derivaran regímenes políticos. Pero pese al instantáneo optimismo generado en los capitalistas, el ataque frontal contra el Welfare State europeo, y la posterior crisis iniciada en 2007, aún sin vías de solución (y tampoco se la explican), pone las cosas en su lugar.

En otras palabras; aunque los capitalistas no lo sepan (y tampoco sus economistas), Marx tiene un aliado clave: el propio capitalismo.

Porque demuestra que el sistema tiene sus tendencias. Frente a la falsa visión de que los asuntos económicos se resuelven aleatoriamente según decisiones individuales en los mercados, las tendencias  pesan. Vale la pena rescatar la frase de un notable literato en 1918: “Impertérrito, el destino aguantaba el timón”[1].

El propio capitalismo, con su tendencia a la desigualdad; a la pobreza (pese a increíbles aumentos de productividad, que permitirían una vida decorosa a todos en el mundo); a ciclos de auges y depresiones y crisis; a expandirse mundialmente, etc., verifica las conclusiones de El Capital. La promesa de un mundo de bienestar para todos a partir del libre desarrollo del capitalismo está hecha pedazos. Si agregamos la debacle ambiental planetaria en que nos está sumiendo el producir para la ganancia, queda clara la barbarie del sistema.

   2)  El origen del libro se encuentra en un principio ético; el compromiso con los trabajadores. Su participación en movilizaciones; publicaciones, organizaciones de trabajadores, etc., pese a una vida difícil,  lo llevaron a investigar a fondo el capitalismo, lo que culminó en la publicación de 1867 (supervisada por el propio Marx), dejando cuadernos, apuntes, que Engels ordenará en los tomos II y III de la obra, años después de su muerte.

No existe mejor explicación del funcionamiento del sistema. Es obvio el error de pensar que allí “ya está todo”; la diversidad y complejidad de un sistema mundial modifica constantemente las formas y manifestaciones de los fenómenos económicos. Pero las categorías básicas; el método de análisis, y las tendencias del sistema se mantienen.

   3)  Se anotan brevemente algunos temas.

* Es usual, incluso en la academia, acusar a la economía política de “ideológica”. ¡Por supuesto que lo es! Pero en ciencias sociales todas las concepciones lo son. No existe la tan mentada “neutralidad”: desde la elección del objeto de estudio; el método; las categorías; etc., la ideología ya está involucrada[2].

* Uno de los eslóganes más comunes de la teoría económica neoclásica es la “defensa de la competencia” (incluso forma parte de ingenuas propuestas progresistas). Pero es evidente que pocas y grandes empresas controlan los mercados.

He aquí una de las tendencias: la competencia conduce necesariamente a la concentración del capital. Progresivamente, este proceso trasciende fronteras (“mundialización” le llamaba Marx), y se explican entonces las actuales Empresas Transnacionales.

* Es usual que casi todo lo que ocurre se atribuya a “la globalización”; ese fenómeno aparentemente nuevo. Pero al analizarlo en su proceso histórico (económico, político), es exactamente el proceso anterior. Acelerado, por supuesto, por las innovaciones en las comunicaciones y el transporte, y respaldado por los países dominantes. Hace veinte años, un famoso economista canadiense lo ponía así: “La globalización no es un concepto serio. Nosotros, los norteamericanos, lo inventamos para ocultar nuestra política de penetración económica en el exterior”[3].

* Se nos adoctrina en que “el mercado regula”, y su libre funcionamiento garantiza la paz social y la democracia. Pura ilusión ideológica. El Capital nos enseña que los elementos centrales ya están predeterminados por la producción. Qué se produce y con qué costos y ganancias; los ingresos de los consumidores, dependiendo de su ubicación en ella; la determinación del valor de la fuerza de trabajo. Incluso el manejo capitalista de la tecnología, también dirigida a desplazar trabajadores, de manera de mantener una masa de desocupados que presionen a la baja los salarios.

Pero el “regulador” del sistema, en realidad, refiere al único factor de producción; el único generador de riqueza: el Trabajo. El verdadero regulador, el disciplinador, es el miedo. Miedo al hambre; miedo a no tener empleo para disponer de algún ingreso para la familia; miedo a trasponer límites impuestos durante siglos a la fuerza. Nuevamente, otro literato lo expresa con crudeza: “Animal feo es el hombre: el único que muere de hambre mirando el alimento que por miedo no se atreve a tocar”[4].

*  Dos de las claves descubiertas por Marx son la diferencia entre valor de cambio y valor de uso, y entre fuerza de trabajo (la capacidad) y trabajo (el resultado).  La fuerza de trabajo es la única mercancía cuyo valor de uso crea nuevo valor. De este valor producido, una parte se le devuelve en forma de salario y, la otra, la plusvalía, se la apropia el capitalista para su disfrute, y reproducir el sistema. De allí que el capital sea una relación social, valor que se valoriza, muy distinto a asimilarlo erróneamente a las máquinas.

He aquí las dos clases sociales básicas: trabajadores asalariados y capitalistas; no son invento de nadie; el sistema capitalista las conformó. Y el conflicto es obvio.

* La derecha nos habla de la libertad; del desarrollo de la subjetividad, “conculcadas” por Marx y sus sucesores. Pero es la “libertad” que tiene la inmensa mayoría de la población mundial para vender su fuerza de trabajo a los poseedores de los medios de producción; expuestos cotidianamente a una masiva y formidable maquinaria de fabricación de necesidades; ametrallados por medios dirigidos a “no pensar”, a consolidar el aislamiento individual.

   4)  El Capital hoy… y mañana. Son 150 años, pero nos da pistas para cambiar el futuro. Al descubrir las claves del capitalismo, nos señala qué cosas, en última instancia, debemos sustituir; qué construir.

Nuestras vidas están mercantilizadas; al servicio del capital. Pregunta clave: los seres humanos; ¿podemos desarrollar relaciones sociales diferentes de las del mercado? La des-mercantilización es entonces, un proceso clave.

En su única referencia a la sociedad futura, el Socialismo, lo caracteriza como una sociedad de hombres libres, trabajando colectivamente.

 

 

 

[1] Alfred Döblin: Burgueses y soldados. Edhasa, Bs. As. 2011, pág. 284.

[2] Véase el trabajo del filósofo español  Adolfo Sánchez Vázquez: “La ideología de la neutralidad ideológica en ciencias sociales”. Varias ediciones.

[3] John Kenneth Galbraith.; entrevista en Folha de Sao Paulo, 2/11/1997.

[4] Manuel Scorza: El jinete insomne. Monte Avila; 1978, pág. 192.

Semanario Voces Simplemente Voces. Nos interesa el debate de ideas. Ser capaces de generar nuevas líneas de pensamiento para perfeccionar la democracia uruguaya. Somos intransigentes defensores de la libertad de expresión y opinión. No tememos la lucha ideológica, por el contrario nos motiva a aprender más, a estudiar más y a no considerarnos dueños de la verdad.