Home Opinión ¿De qué tamaño es la bomba? por Luis Nieto
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¿De qué tamaño es la bomba? por Luis Nieto

¿De qué tamaño es la bomba?  por Luis Nieto
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La Multicolor nació como una neta alianza en la que cada uno va a mantener su perfil, pero, igual que en la otra coalición, cada partido irá con su caña a pescar en la misma pecera del centro, donde están los votos que se mueven, los que perciben más rápido los peligros de perder lo que se tiene. ¿Hacia quién dirigió Mujica su discurso, a lo largo de su carrera política, a la clase obrera…? Nada de eso. Usó muy bien la leyenda de la clase media radicalizada de los sesenta para llegar a otros oídos. Nadie puede negar que Mujica es un personaje internacional al que cualquier medio de prensa del Primer Mundo le cede sus espacios centrales. Él le habla a la culpa no a la solución. La culpa actúa más rápido que toda la ingeniería necesaria para construir una alternativa política. La clase media de los sesenta se tragó rápidamente las palabras del Che y salió a construir dos, tres, muchos Vietnam. Mujica sabe muy bien quién puede reflexionar en torno a las cosas que él está reflexionando. En las vacilaciones también, porque eso de que “como te digo una cosa te digo la otra” no es nuevo en él. Ya lo decía en medio de las conversaciones en torno a definir el momento de impulsar tal o cual plan de acciones armadas. Y de alguna manera… sin que se malentienda, esa vacilación atemperó más de una locura. Mujica era un fierrero, creía y defendía la lucha armada, pero no era un loco de la guerra. Seguramente después de algunos de los disparates que ha dicho, como el de los médicos, paseando entre los árboles de su chacra, habrá hecho algún gesto acorde con su frase tan popular, encogiéndose de hombros, porque todo lo que diga o haga será parte de un palabrerío que ya no podrá opacar su leyenda.

¿También Manini va a ir a pescar al centro? No exactamente a pescar. Manini ya tiene las redes llenas y su tiempo futuro estará dedicado a conservar toda esa cantidad de pescado sin que se le ponga en mal estado. La razón principal de que el Frente haya perdido las elecciones no es la situación económica sino la inseguridad. Las elecciones tuvieron lugar en medio de la cocaína que apareció en Alemania, en la Costa de Oro, en una estancia, a lo que se le sumaron los robos de todos los días, los asesinatos siempre en alza  y eso lo percibió la opinión pública que más opinión genera. “Se acabó el recreo”, otra de las frases que quedó dando vueltas en los comentarios de los ciudadanos. En distintos tonos, la frase de Manini se volvió popular y eso, ya de por sí, marcó el espacio político que le pertenece. Si la cosa se pone fea, tal como lo sugieren Layera y Guarteche, ahí está Manini, en el otro extremo del recorrido del péndulo que empezó a oscilar cuando Mujica adquirió el suficiente peso político como para ganar una elección, y apostó por Bonomi para manejar la Policía.

¿Qué hay detrás de la realidad que todos creemos ver? Al menos se puede una imaginar una estrategia. Los ataques a policías responden a una labor de inteligencia previa. Se ha asaltado a policías que vestían de civil, y buscaron en su mochila el arma de reglamento. Se ha entrado a domicilios particulares de policías. Se comenta el precio que alguien en esa zona opaca de la realidad paga por las pistolas y los chalecos antibalas. Tal vez un año o dos atrás se asaltaron ambulancias para robarles equipamiento médico. ¿Cuál era el fin? Es una presunción, pero si esto se parece en algo a lo que fue la lucha armada, aquel equipamiento médico bien pudo servir para montar, en algún lugar seguro, un hospital de primeros auxilios. ¿Cuántos arsenales similares al que tenía el contador Feldman? Aquel se descubrió por azar, porque lo delató un incendio, y no por un trabajo de inteligencia, así que bien podemos estar frente a un ejército, que por ahora no muestra su verdadero poder, pero algunas acciones han mostrado una gran planificación, realizadas por gente entrenada, como la que tuvo lugar a 100 metros del Palacio Legislativo, en el asalto del banco Itaú, donde los delincuentes retuvieron el lugar casi todo el tiempo que quisieron.

Por último, los descubrimientos de varios embarques de cocaína nos llevan a pensar que nuestro papel en la cadena del delito es garantizar el pasamanos. La producción no se realiza en Uruguay, por supuesto, pero aquí están los hangares y los medios de transporte. En términos militares, organizaciones clandestinas, como las que se supone hay detrás de todo esto, parecen tener claro algo imprescindible como tener una retaguardia segura. La fuga de la Cárcel Central de Rocco Morabito, del que no se tuvo más noticias, delata una organización que tiene una infraestructura importante. Varios de los procedimientos policial antidrogas tuvieron como escenario el Interior, en lugares que contaban con una cobertura legal. ¿Qué alcance tiene esa estructura ilegal que hasta el día de hoy se ha podido mover casi con total libertad? Layera y Guarteche son dos funcionarios con la suficiente información como para hacer un diagnóstico,  y si ellos hablan públicamente que estamos frente a un panorama sombrío pensemos que, por lo menos, están midiendo sus palabras. El gobierno entrante va a estar sentado encima de una bomba, y el tiempo es oro. Si el gobierno fracasa el país estará, entonces, frente a la amenaza real de quedar en manos de la delincuencia organizada, o de quienes doblen la apuesta, y transformen este país en un campo de batalla.

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