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Década Efímera

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“el texto es una herramienta para el director, que después puede destrozar a su antojo para hacerlo teatral” (Yamandú Fumero)

 

Este año se cumplen 200 años del nacimiento del poeta y dramaturgo español José Zorrilla. Para conmemorar ese aniversario el Centro Cultural de España (CCE) convocó a la compañía Efímero Teatral para que montara Don Juan Tenorio, obra escrita por Zorrilla en 1844. La versión de Efímero, dirigida por Analía Torres y Yamandú Fumero, se estrenó el pasado 3 de noviembre en el Cementerio Central y coincide, además, con el décimo aniversario de la compañía.

Para conversar sobre los 10 años de Efímero y sobre este nuevo espectáculo Voces se acercó al Cementerio Central el pasado sábado a la tarde. Así, mientras acomodaban focos, audio y parte de la estenografía para una nueva función, dialogamos con Maite Bigi y Fernando Oliveri además de con los directores de Don Juan.

 

El primer espectáculo de Efímero fue Limbo (2007), que es el primer texto estrenado de Santiago Sanguinetti ¿Cómo surge?

 

Analía Torres: Maite, Yamandú, Santiago y yo éramos muy amigos desde primer año de la EMAD, él escribió esa obra pensando en nosotros como actores y se presentó al programa del MEC A Escena y fue seleccionado para tener funciones en la Sala Cero de El Galpón.

 

Yamandú Fumero: Fue casi sin querer que hicimos esa primera obra, pero ahí nos dimos cuenta que teníamos afinidad artística y que podíamos seguir.

 

AT: Y también se sumaron ahí los diseñadores, Vicky Sosa y Sebastián Marrero, que siguen hasta ahora. Teníamos la necesidad de crear cosas por fuera de la institucionalidad, que para nosotros en ese momento era la EMAD.

 

YF: Y en la primera persona que pensamos para dirigir Limbo fue Tonio Baldomir, pero por temas personales tuvo que abandonar el proyecto y tuvimos que agarrar las riendas, a prepo, Santiago y yo. Cuando yo no actuaba miraba y trataba de dirigir, y Santiago también, y así empezamos. Me acuerdo que ensayábamos en el Mincho.

 

No son un grupo encasillable en una estética determinada, pero la situación de convivencia de dos universos paralelos o dos realidades paralelas, desde Limbo hasta Don Juan Tenorio, es bastante constante en sus trabajos.

 

AT: Si, totalmente, creo que la que menos entra en esa situación es La Fiesta sorpresa (2014), es la que menos encaja en la idea de dos planos. El primer texto era de Santiago, y respondía a un interés de él. Después empezamos a escribir Yama y yo y sí, hay un interés por alejarse del naturalismo, que era una cosa que nos aburría, y en esa búsqueda encontramos otros caminos, otras estéticas, que nos daban más posibilidades.

 

YF: Y siempre tratamos de darle el mismo valor a lo plástico que a lo textual, para nosotros el texto es un elemento más de la obra que vale tanto como el vestuario o la puesta en escena o el sonido, es un signo más.

 

Fernando Oliveri: En La fiesta sorpresa el texto era uno al principio y después en los ensayos desapareció, fue cambiando, naturalmente.

 

YF: Cuando tratamos de llevarlo a lo teatral no quedaba orgánico, entonces tuvimos que empezar como a deformarlo, y los actores empezaron a proponer cosas mejores que las que estaban en el texto. Y apostamos a eso, como hicimos acá, el segundo acto no tiene nada que ver con la obra original.

 

AT: En el final aprovechamos lo que Zorrilla propone de lo fantasmal y nos apropiamos de eso para llevarlo a un lenguaje más nuestro, visual, sonoro, bien a lo Efímero.

 

Han trabajado tanto en salas teatrales más o menos convencionales como en El Museo Romántico (con Los aristócratas en 2008), El Jardín Botánico (con Rapsodia en el 2011) o ahora el Cementerio. ¿Cómo es el vínculo con el espacio?

 

YF: Hemos aprendido con el tiempo, si Rapsodia la hiciéramos ahora algunas cosas las cambiaríamos. La obra era una comedia absurda y el espacio tenía una carga tan pesada que deformó a la obra y no la llevó para donde yo quería como director. En retrospectiva veo eso, la experiencia te da el empezar a trabajar las cosas mejor. Como en el Museo de las migraciones (con La cantante calva, en 2012)… También la obra a veces se deforma mucho por lo que proponen los diseñadores, que están en diálogo con nosotros desde el comienzo y la propuesta se va transformando.

 

Maite Bigi: Los diseñadores están desde el día uno, como los actores. Yo he estado en otros proyectos en que viene todo más cerca del estreno. Para nosotros la investigación parte de todos, más allá de que dirijan Ana y Yama siempre es todo el equipo el que trabaja.

 

AT: El área plástica no cumple un rol utilitario, sino que cumple un rol semiótico, nosotros narramos a partir del diseño, no es que vienen a lo último, como dice Maite, a cumplir una función decorativa, o funcional, sino que son signos, trabajamos hacia ahí.

 

FO: En lo actoral, el desafío de trabajar en espacios que no son un teatro tiene que ver con el cuerpo del actor, que se acostumbra a habitar un espacio, desde la proyección vocal, desde ver lo plástico que te ofrece el espacio para ver qué imagen generar, que fotos crear. Y acá en Don Juan Tenorio una cosa interesante es que vos no sabés donde se va a ubicar el público, y eso te tiene muy despierto para ver donde te movés.

 

YF: La primera obra que hicimos en un espacio no convencional fue Los aristócratas, cuando no teníamos ni infraestructura ni experiencia, la iluminación la hacíamos con cuatro focos… es una forma de aprender

 

La fiesta sorpresa con otra escenografía, otro vestuario y otra caracterización de los personajes sería una cosa muy distinta. Ahí se ve claro el rol del diseño como decían.

 

YF: Aunque la relación jerárquica entre los personajes eran muy de los ochenta, como sugería todo lo demás, pero sí, y es que es una reescritura, la obra se reescribió en el proceso. Yo considero como dramaturgo que el texto es una herramienta para el director, que después puede destrozar a su antojo para hacerlo teatral. Yo creo que un texto no es teatral por sí mismo sino que la teatralidad viene con la puesta en escena y con el actor, con el espacio. Ahí está la gran guerra entre los dramaturgos que creen que solo el texto es necesario como productor de sentido y los que piensan que solo el texto en el teatro queda corto.

 

FO: Creo que eso también responde a distintos contextos históricos, en una época el texto cobró mucha fuerza y después lo perdió, y no hago una valoración ética. Don Juan Tenorio es una obra de texto, que en sí mismo tiene una exquisitez importante, por eso yo era defensor de la métrica y del verso… aunque después me olvidaba de todo… (Risas)

 

No es el caso de Zorrilla, pero mucha gente defiende la pureza de los textos de Shakespeare por ejemplo, cuando él escribía en función de los actores, pensando siempre en la escena.

 

YF: El que era autor autor en la época era (Christopher) Marlowe, pero Shakespeare escribía en una semana de repente, y si estaba tal actor era una cosa y sino la cambiaba.

 

¿Ustedes cuando escriben las obras piensan en los actores que las van a representar?

 

AT: Hemos tenido de las dos situaciones. El azul (2009), que fue lo primero que escribimos juntos lo escribimos para investigar, teníamos un esqueleto y lo completamos ensayando con Fernando, con Maite y con los otros actores, era como para ellos.

 

YF: Yo cuando escribo hago un ejercicio individual al principio, pero a la mitad de la obra, cuando voy reescribiendo, ya empiezo a pensar cómo la haría o con quien la haría. Solo cuando escribí La fiesta sorpresa ya estaba pensando en los actores, que la obra se nos ocurrió en un bar y cuando llegué a casa ya sabía que Fernando iba a ser López. Pero después, así como disfruto de la reescritura y de destrozar un texto si lo tengo que hacer cuando lo llevo al escenario, el ejercicio literario para mí es individual y hermético, me gusta no atarme cuando estoy escribiendo, escribir y fluir.

 

AT: Si, yo también, sin ser en El arte de ilusionar (2014) y El azul, que fueron procesos más de investigación, cuando escribo el proceso es más personal. Después sí, cuando te decidís a montar la obra es para trabajar con la gente que está a tu lado, a no ser que el perfil no cuadre y tengas que llamar a otras personas.

 

YF: Y salvo La cantante calva (de Eugene Ionesco) y ahora Don Juan Tenorio siempre hacemos textos nuestros. La cantante calva salió de un taller que hice con Rubén Szuchmacher, un curso de dirección asistida, y me colgué con el texto y la propuse al grupo. Y en este caso hay una propuesta del CCE a partir de que se conmemoran los 200 años de Zorrilla. Y también está la idea de rotar, de que cambiemos el lugar de la dirección y de escribir, es sano eso para la compañía.

 

¿Cómo encaran la producción de los espectáculos? Al no estar establecidos en un espacio físico debe ser complejo el trabajo de producción y cómo eso determina lo que pueden hacer o no.

 

AT: El rol del productor es el que más ha cambiado, hasta ahora que está Agustina Benvenuto, que es la más profesional, ejecutiva y confiable productora que hemos tenido. Hay gente que no quiere trabajar con nosotros porque somos un dolor de cabeza y perdemos plata. También pasa con actores, que no quieren trabajar con nosotros. Y se entiende.

 

MB: También quienes han trabajado en producción venían de otro palo y había un aprendizaje para ellos, y después la vida los fue llevando para otro lado, también por estas características. Nosotros ni a palo podemos dar una seguridad económica.

 

AT: Por eso hay muy pocos grupos que trabajan en espacios no convencionales, es muy sacrificado, desalentador muchas veces.

 

YF: Lo que nos salva un poco es que tenemos un espacio para ensayar, que ahora es más un depósito, pero el despliegue escenográfico que a veces proponemos, como en La fiesta sorpresa o en Mancuso (2017) no podríamos hacerlo. Por suerte tenemos ese lugar para usar de taller y realizar y poder guardar nuestras locuras.

 

Efímero tiene una trayectoria que se ha desarrollado al costado de lo institucional. En los últimos años han obtenido reconocimientos, como esta propuesta del CCE, el premio Onetti para Analía por Mancuso. ¿Cómo han vivido ese proceso?

 

YF: A mi lo que me gratifica  de que tarde o temprano llegue el reconocimiento es haberlo hecho por el camino más largo, por el camino de laburar y creer en nosotros, sin favores… Porque hay caminos más cortos, pero nunca nos interesaron y lo gratificante es eso, siempre hacer lo que nosotros queríamos.

 

MB: Y creo que lo valioso es construir un colectivo que se mantenga en el tiempo y verlo como una familia. Hay compañeros que debido a su profesionalismo y talento están siendo llamados para otros proyectos pero siempre está el cordón umbilical hacia la familia, más allá de que puedan estar efectivamente o no en un proyecto. Todos hacemos cosas fuera de Efímero porque creo que también es un aprendizaje, y te hace valorar lo que tenemos. Hay otras personas que no tienen la posibilidad de estar en un colectivo y tienen que buscar su voz artística de otra forma. Y estar contenido en un colectivo es realmente algo muy valioso.

 

FO: Creo que hoy en día hay bastantes colectivos más, cuando nosotros empezamos no había tantos.

 

Pero en general luego de un par de espectáculos y se diluyen.

 

MB: Creo que los que más se han mantenido son La Carnicerí, que son como hermanos.

 

FO: Y los de El Almacén, que también son muy cercanos

 

AT: Si, creo que lo que nos mantiene es un vínculo de amistad y de cariño, más allá de los artístico.

 

YF: Lo que está por delante es el proceso y la solidaridad, no importa quien escribe la obra o quien la dirija. Por eso mismo alentamos a que otros escriban y se cambien los roles, por higiene grupal.

 

AT: Y volviendo al reconocimiento, creo que nosotros hicimos un camino de auto legitimación, el reconocimiento llegó después, pero nosotros ya nos estábamos legitimando desde nuestra práctica, desde nuestras creaciones, nuestro trabajo nos empezó a legitimar por el profesionalismo y la calidad de nuestras creaciones.

 

Respecto a Don Juan Tenorio, después de verla se ve el sello de Efímero, pero era difícil a priori asociarlos a ustedes con un autor como Zorrilla.

 

YF: Nos costó, leímos la obra, conocimos otras versiones de Don Juan… A mi me gusta mucho Don Juan el zorro (de Paco Espínola), que mi abuelo me leía cuando era chico y me di cuenta que era el mismo Don Juan, entonces empezamos a bajar a tierra ese personaje arquetípico que tiene otras versiones como El burlador de Sevilla (atribuida a Tirso de Molina), etcétera, y nos empezó a gustar. Está escrita en verso pero es una obra no tan lejana en el tiempo, es de 1844, y tiene cosas. La escena de la taberna es maravillosa.

 

AT: Y el acto final es surrealista, más allá del melodrama religioso, el acto final de Zorrilla es buenísimo, ahí teníamos donde meternos.

 

FO: A mi el verso me encantaba, pero también me costó al principio. Y después vimos que tiene cierta vigencia la historia de Don Juan. Y nosotros hablamos siempre de que en todas las versiones anteriores Don Juan muere y va al infierno, y Zorrilla lo lleva al cielo. Y yo como actor los cuestionaba a ellos ¿Cómo tiene que ser este Don Juan? ¿Se va al cielo de verdad? ¿Se arrepiente de verdad? ¿O es un tipo que engaña hasta a Dios para ir al cielo y allá seguir? (risas) Y ahí aparece la interpretación del siglo XXI, es muy controvertida también, nadie se salva. Y el hacerla en el cementerio también puede sensibilizar a algunas personas, y ofenderlas. Y está bien si pasa, está bien que ofenda un poco la moral, que cuestione la moral. Porque si bien es un drama que habla de que por el arrepentimiento y el amor de Dios el alma del tipo se salva eso es cuestionable.

 

MB: Y la monja seducida también es un tema, porque obviamente para la época el rol de la mujer era otro. Y en la escena de amor, que trabajamos con Analía, siempre buscamos que le pasaran cosas a esa monja, que es una monja pero no un artefacto, y tiene deseos, y por supuesto que se van con este tipo porque le atrae y le escribe una carta de amor ¿Por qué no se va a ir con él?

 

AT: Y la gente se emociona mucho con este espectáculo, vive realmente una experiencia corporal.

 

YF: Y viene mucha gente que conoce la obra, la escena de amor la miran como a una telenovela.

 

MB: Y un comentario que fue muy lindo es de un gestor que trabaja en el CCE que nos decía que estos textos en España se los meten en la cabeza desde que son chicos hasta que dicen “¡Basta!”. Pero que al ver esta versión realmente le había prestado atención, que habíamos logrado que prestara atención durante todo lo que dura la obra.

 

YF: Tomamos una opción para eso, y si viene alguien que le gusta el teatro clásico seguramente no le va a gustar. Si viene Levón a ver la obra te va a decir que el verso está mal tratado, y que lo ensuciamos, y está bien, fue intencional, buscamos disfrazar un poco el verso.

 

Yo vine a la segunda función a ver la obra y ya había gente que venía a ver si había reservas que se caían porque las entradas estaban agotadas.

 

AT: Es que ya no hay más lugar, tuvimos que agregar más lugares pero ya están las entradas agotadas.

 

FO: ¡Qué sponsor la muerte! (risas) Y cayó gente que no es público de teatro, que no ves en las salas muchas veces y que capaz viene porque es acá en el cementerio.

 

MB: El cementerio genera polos bien opuestos, desde los que vienen porque es acá, por curiosidad, y otros que ya me dijeron que no van a venir porque no van al cementerio.

 

¿Que tienen como proyectos para el año que viene?

 

YF: Tenemos una obra que vamos a hacer con dos actores que se llama Subsuelo, es una obra más íntima, que terminé de escribir hace poco. Son dos empleados del correo en el futuro, pero es para empezar a trabajar el año que viene

 

Maite: Y la idea es seguir con Mancuso, ver si la podemos moverla en otro lugar. Y toda la movida que generó Don Juan Tenorio capas que nos da para desplegarla por otros lugares también.

 

 

Don Juan Tenorio. Autor: Juan Zorrilla. Adaptación dramatúrgica y dirección: Analía Torres y Yamandú Fumero. Elenco: Fernando Oliveri, Pablo Musetti, Domingo Milesi, Maite Bigi, Hugo Recuero, Martín García y Emiliano Duarte.

 

Funciones: desde el jueves 16 al domingo 19 de noviembre a las 21:30 horas.

Leonardo Flamia

Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga.
Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.