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El día que Montevideo volvió a ser el laboratorio de los locos por Leonel Groisman

El día que Montevideo volvió a ser el laboratorio de los locos por Leonel Groisman
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“A este país le dijeron alguna vez, “El Laboratorio de los Locos”. En realidad se lo decía el diario británico The Times desde una perspectiva victoriana típica. ¿Qué estaba diciendo? Que era un árbol muy frondoso pero que le faltaba tierra. Los batllistas lo incorporaron como el mayor de los elogios y refirieron una y otra vez a la idea de que el Uruguay debería ser el laboratorio de los locos. De que el Uruguay debía aprovechar su escala (que es una escala pequeña en cuanto a su población), para experimentar. Y que esa búsqueda de experimentación debería estar referida a una lógica de los derechos y a una lógica de lo nuevo.”

                                                                                                               Gerardo Caetano, Ponencia en #MvdLab.

 

Uno se junto con ellos y no sabe si están locos o están a la vanguardia. Debe ser que tienen un poco de todo. Son una mezcla del Quijote con El Principito, pero dicho con la paciencia del abuelo bueno. Te dicen obviedades de las que no te habías dado cuenta, como quien te avisa que afuera está lloviendo. Organizan un foro y andan mezclados entre el público. Rara vez los ves en un lugar protagónico, parece que se sienten más cómodos organizando que hablando, escuchando que explicando desde un lugar ininteligible. Uno espera ingenieros que hablen complicado y se encuentra con diseñadores que hablan desde el llano. Son raros.

Cuando te empiezan a hablar se entusiasman. Pero son más de escuchar que de hablar. Hay que interpelarlos para que surja algo. Ellos creen como dijo Claudio Invernizzi en su ponencia, que “La ciudad abarcada debería ser un lugar que genere nuevas preguntas”. Saben que hay poca gente que entienda su lógica pero también parece que apenas entrás en contacto con ellos, esa lógica te gana y ya actuás con esa lógica. No sé si se puede explicar, pero te integrás sin darte cuenta. No usan el turbante de una adivinadora, y no hablan con voz ni tono mesiánico, pero de alguna forma nos avisan el futuro.

No sólo hablan de colaboración, sino que la practican. Cuando les preguntás, te contestan, pero la mayoría de las preguntas las contestaron entre todos. Hacen lo que dicen. Son muy raros, y se disfruta esa locura.

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Entrevista a Andrea Apolaro, Analía Chanquet, Agustín Canzani, Xavier Bauza, Valentín Río, Marcela Ambrossini, y Paulo Pereyra del Laboratorio de Innovación Ciudadana de la Intendencia de Montevideo.

¿A qué se refieren cuando dicen “Laboratorio”?

Para contestar esto necesito remitirme a la nueva era que estamos viviendo, necesito hablar y contextualizar a partir de esto que se ha dado en llamar la revolución digital, donde ya no nos conectamos presencialmente sino utilizando herramientas organizadas en capas superpuestas y para el costado, esto de que somos un todo y nos podemos conectar de múltiples formas y en la medida de cada uno. Eso ha generado que las personas se conecten y que se empiecen a vincular con otros y empiecen a hacer cosas juntos, y de otra forma. Ya no son sólo las asambleas presenciales de vecinos o las reuniones de comisiones de fomento, u otras reuniones que eran muy válidas, pero obedecían a una época. Hoy la gente se conecta, se vincula, y hace cosas, en forma diferente. En el marco de esa sociedad, nosotros que estamos en una institución, queremos generar una forma de vinculación distinta. A esa forma de vinculación distinta adecuada a este nuevo mundo, le llamamos laboratorio. ¿Por qué? Porque es un lugar experimental, porque es un lugar donde se puede intercambiar con otros y generar algo nuevo. Laboratorio en ese sentido, no en el sentido de laboratorio solo para especialista o solo para los que saben, sino laboratorio como forma, como un hacer, como crear.

El laboratorio es un lugar de encuentro, para darle participación a la gente para que opine, para que piense, para que proponga cosas, para formar parte de ese “trabajar juntos” desde otro lugar. La participación se siente: el laboratorio es la sinergia de las experiencias individuales.

También se cambia la lógica, nosotros ya no es que convocamos a las personas a que nos digan qué, no es una cuestión unidireccional donde nosotros desde la Intendencia de Montevideo convocamos para que opinen, sino la lógica ahora es: reconocemos ciertas iniciativas que hay, que mejoran la calidad de vida en la ciudad, y nos acompañamos. Nos asociamos. Pero no desde el concepto clásico de la asociación como una asociación comercial.  Con las posibilidades que tenemos los apoyamos y nos apoyamos para hacer de Montevideo una ciudad con mayor calidad de vida. El gobierno necesita de esas iniciativas que van mucho más rápido que nosotros.  “Si lo venís a buscar es tuyo”, “Radio Pedal” o “Colectivo Catalejo” han hecho una infinidad de cosas y no han precisado de la institucionalidad. Ellos están, existen, crecen, pero resulta interesante asociarnos. A nosotros para ayudarlos a construir mejores herramientas para Montevideo y a ellos para que con algunos apoyos institucionales accedan a mayores niveles de visibilidad y conexiones que multipliquen su propuesta.  Muchos de ellos quedan desbordados por el tiempo que les insume la experiencia, o por la falta de recursos, por ejemplo, y nosotros podemos apuntalarlos. Juntos somos más potentes y sólidos en las propuestas. Entonces ya no es consultar, sino reconocer que hay otros que hacen mejor las cosas, que hacen cosas que están buenas, y que la mejor forma de trabajar es apoyándonos.

¿Por qué en Montevideo?

En Montevideo si hablás de la participación, tenés que remitirte a los años 90. Desde esa época Montevideo viene experimentando procesos de participación, primero la descentralización,  los consejos vecinales, hasta  terminar en la creación de los Municipios y las nuevas formas de gobierno (lo que se llama el tercer nivel de gobierno). Toda esa experiencia está, pero seguimos pensando que a esa experiencia hay que sumarle algo más, que es la era digital y la comunicación digital donde la gente hace otras cosas. Y por eso se crea ahora. Es en el marco de la creación del Departamento de Desarrollo Sostenible e Inteligente que se crea este laboratorio que vincula la tecnología con la sociedad.

¿Esta es una iniciativa uruguaya o hay otras experiencias en el mundo?

Se nutre de muchas experiencias. Cuando se inicia este período de gobierno surge una oportunidad, se lanzaron las primeras residencias de proyectos de laboratorios en MediaLab Prado, que es un laboratorio ciudadano de Madrid que ya lleva diez años de trabajo. Hubo un llamado internacional a Proyectos y este Montevideo ganó. Hicimos una residencia ahí y convivimos cuatro laboratorios durante veinte días con un proyecto inicial que se fue modificando, porque estar 20 días con otro discutiendo tu proyecto, de hacia dónde vas y cómo lo pensaste, etc, hace que el proyecto con el que ganaste no sea el proyecto que finalmente terminás trayendo.

Por eso este Foro de Innovación Ciudadana fue tan importante para nosotros. Fue como parir juntos un proyecto que habíamos pensado durante mucho tiempo, y a la luz de haber conformado un equipo de trabajo. En esa interacción con otros grupos de trabajo, fue que nos dimos cuenta que las mismas preguntas que nos hacemos nosotros (acerca de cómo trabajar, de cómo generar líneas estratégicas) se la están haciendo en Santa Fe, en México, en Brasil o en España… Y son Laboratorios de ciudades o ligados a la sociedad civil, a universidades, que no son necesariamente del Estado. De este mismo Foro surge la intención de hacer capacitaciones conjuntas, porque generar nuevas instituciones o generar nuevas formas, hace que necesitemos nuevas cabezas y tengamos muchísimas dudas. Es que ya no es un proceso local sino un proceso entre lo global y lo local, una interacción entre la dimensión chica y la dimensión grande. Colectivo Catalejo mostraba como se daban a nivel regional fenómenos del tipo del del 8 de marzo, o de la desaparición de Santiago Maldonado, y ahí uno comprende cómo son fenómenos más globales, que no son fenómenos locales o particulares. Por eso hay ese sentimiento de querer tomar esos temas. Como dijo Caetano en el Foro “Esto es una lucha internacionalista o no es. Acá cualquier perspectiva nacionalista es provinciana y de corto aliento. Porque en definitiva el gran desafío de la democracia, es internacional”.

¿Qué evaluación hacen del Foro?

Muy buena. No sólo desde lo organizativo sino desde los contenidos. Allí se sobrepasaron todas las expectativas porque fue una experiencia  de crecimiento y de aprendizaje, así como una oportunidad para ver qué hacen en otros lados y hacer trasiego de experiencias.

Lo más atractivo fue la dinámica que se generó en las mesas, la de creatividad, de ciudad, donde hubo un ida y vuelta, donde se alimentó la controversia, la discusión sobre inteligencia colectiva, gente que pudo dar una visión acerca de ese tema que es parte importante de la innovación.

El Colectivo de “Radio Pedal”, o la iniciativa “Si lo venís a buscar es tuyo”, en general no son difundidas por los grandes medios, pero generan cosas muy buenas para los montevideanos. Fijate que esta segunda iniciativa, cambia con todas las lógicas: en primer lugar, no se venden las cosas, si no que se regalan, y en segundo lugar crea un vínculo de confianza entre ciudadanos que rompe con esa lógica de los últimos tiempos acerca del otro. Es un extraño que entra a tu casa para llevarse una heladera, un microondas, o ropa usada y que a cambio de eso no espera recibir nada. Muchas veces los propios beneficiarios llevan alguna atención porque no estamos acostumbrados a que un extraño nos regale algo. La lógica es ponerlo a un lado de la volqueta de la esquina, o venderlo de una u otra forma. Y es precisamente este tipo de iniciativa a las que nosotros queremos apuntalar. Aquellas que tienen que ver con la nueva lógica de la colaboración que rompe viejos paradigmas y se viene a instalar como un nuevo modelo social.

Queremos apoyar proyectos culturales como Creative Commons, que tiene una plataforma de cultura libre, para facilitar y democratizar el acceso a la cultura y valoramos sobre todo cómo defienden eso del acceso a la cultura como un derecho democrático.

También es muy importante haber contado desde el inicio con los líderes institucionales, como el Intendente de Montevideo el Ing. Daniel Martínez, o el Secretario Fernando Nopistch, que inclusive integró la mesa política que estuvo al final del Foro. No es lo mismo si es el Intendente quien inaugura una actividad y muestra un compromiso. Para nosotros fue un respaldo importante a una nueva forma de trabajo, a generar una propuesta instituyente como es el LAB. Y también fue importante la presencia de Juca Ferreira (ex Ministro de Cultura), que ha innovado en Brasil. Contar con  figuras de renombre que están pensando en que la innovación no sólo sea la innovación clásica, a nosotros nos da mucha fuerza.

Y es notable observar cómo los participantes se apropiaron del Foro. Nosotros no teníamos prevista esa mesa final de Laboratorios. Fueron los invitados quienes la propusieron, hackearon la actividad  y la llevaron adelante. Y también fueron ellos quienes propusieron hacer una declaración final que contuviera no sólo lo intercambiado, sino la necesidad y los niveles de compromiso que promovemos desde estas nuevas formas de institucionalidad. Ese es un ejemplo de coparticipación que vale la pena resaltar. Era como sentir que el evento lo estábamos haciendo de a muchos.

¿Y qué genera eso de la apropiación?

La apropiación no sólo tiene un valor en sí misma, sino además como elemento generador de confianza. En una de las mesas de debate, dos participantes debatieron abiertamente (y luego lo siguieron haciendo por Twitter, y se seguía replicando el debate). Y se sintieron cómodos para discutir porque tenían un marco de confianza, un entorno colaborativo donde no se planteaba que uno iba a ganar y por tanto el otro a perder, sino que uno se iba a nutrir de los conceptos del otro. Y esa es una gran ventaja porque promueve la participación.

Y no era una banalidad lo que se estaban diciendo. Era una discusión profunda. Y eso mismo es un Laboratorio, permitir el pensamiento diferente, lo que puede construir otra cosa. Y eso es lo válido. No hay algo concluido, terminado, sino más bien todo lo contario. Todo está abierto, todo puede ser objeto de debate colaborativo.

¿Qué han hecho hasta ahora además de promover e impulsar este Foro?

Nosotros comenzamos con un mapeo de iniciativas. Empezamos por Ciudad Vieja pero luego fuimos relevando en otras zonas. Fuimos relevando iniciativas que ya existían y otras que estaban naciendo. De hecho todos los representantes de iniciativas que vinieron al Foro nos demandaron seguir trabajando juntos. Hay que pensar que este equipo se terminó de conformar la semana pasada con la llegada de dos compañeros. Y vale resaltar que son compañeros que vienen del diseño. Esto no es un centro de arquitectos, o ingenieros, o programadores colaborando con iniciativas ciudadanas. De hecho ellos vienen del Diseño Industrial y le dan al equipo una mirada distinta y complementaria.

¿Qué desafíos quedan por adelante?

Sabemos que este tipo de proyectos generan una tensión con la institucionalidad. En realidad el laboratorio surge de una necesidad de innovar, de crear, y eso es porque hay algo que está faltando, es necesario, pero no está. A su vez en el discurso hay una necesidad de democratizar más, de generar más espacios de comunicación, que la gente sea como la gestora de sus soluciones; es un lugar para que la gente pueda tener más autonomía, en forma de trabajo colectivo. Pedro de MediLab Prado (que surge como laboratorio del arte y termina siendo una experiencia desde lo comunitario), habla de construir institucionalidades intermedias, como para que este tipo de iniciativas, no queden dependiendo de la lógica institucional actual, o a las demandas políticas de los gobernantes de turno. Y esa tensión está ahí, y está el desafío de poder generar dentro del marco institucional espacios que cuestionen la propia institucionalidad a favor de la gente. Ahí hay una tensión que habrá que ver para qué lado se inclina finalmente. Las instituciones son a veces muy pesadas y en esas estructuras pesadas, lo nuevo cuesta, sobre todo si es un abordaje desde otra perspectiva distinta.

A nosotros nos gusta pensar las cosas a propósito de fracasos. Y hubo un gran ausente en el Foro que fueron los colectivos de ciclistas urbanos. Y eso responde a que los espacios de diálogo que generó la Intendencia con ellos, no funcionaron, y a pesar de que este Foro tuvo como símbolo la bicicleta, no participaron, y eso creemos que es un aprendizaje para instituciones como esta en la que estamos que cuando no se sabe integrar, trabajar desde un lugar más igualitario con los espacios de la sociedad civil, se termina rompiendo esa conexión que tiene que existir si es que realmente queremos hacer algo participativo. Ya no hay una sociedad que lo que nos pida sea un aval para hablar, eso ya está, es pasado, las expresiones son múltiples. Lo que las sociedades nos plantean en todo caso, es hagamos juntos, ya no es que me habilites para hablar como vos quieras, ahora la gente se expresa por todos los medios. No sólo las redes sociales. Y este es un aprendizaje no sólo para el Laboratorio sino para la Intendencia. Cuando habilitamos espacios de participación, tienen que ser eso, espacios de participación donde la gente venga y nos diga las cosas. Caetano hablaba en el foro de no generar espacios simulacros de participación, sino acciones de participación genuina.

Y para logar que ese equilibrio se quiebre hacia la participación genuina y democrática, es necesario que no seamos nosotros los que digamos cómo reunirnos, sino tomar los aportes de los participantes. Es una época en la que la clave es saber escuchar para que la participación no quede en un slogan, sino que sea algo genuino. Hay que saber qué quiere la gente, cuáles son sus necesidades. Este es un abordaje desde otro lugar.

Un ejemplo de esto es que todos vinieron a participar pero también a cuestionar y proponer. Pasar de la protesta a la propuesta.

Por ejemplo y es muy atendible, se nos decía: ¿si están apelando a la participación por qué se hace un viernes de mañana? ¿Por qué la gente se debe adaptar a las instituciones? ¿Por qué pensamos que el otro se tiene que adaptar a nuestras necesidades? Bueno, esto nos deja grandes tareas o grandes cuestionamientos para modificar cosas que de pronto no están buenas. Y queremos que nos pase este tipo de cuestionamientos, porque es la única forma de aprender y superarse. Que de alguna forma estas iniciativas empujen a las instituciones que hoy tenemos que cambiar generando nuevas lógicas institucionales.

Un debe es que nosotros somos capaces de producir mucho más material del que se absorbe, lo que producimos queda entre pocos, y necesitamos plataformas donde poder volcar formas pero también nutrirnos de otras que están desarrollándose.

Tenemos claro, sobre todo a partir del intercambio de experiencias, que tenemos que trabajar en base a convocatorias, a iniciativas convocadas, bien difundidas, con herramientas digitales para comunicar, que tenemos que tener un vínculo muy fuerte entre el territorio digital que está superpuesto sobre el territorio geográfico. Y se nos presentan como dos caminos. No sólo lo que teníamos previsto, sino la gente siente que después que vino acá, puede venir y hacer cosas, y tenemos que tener previsto también esa posibilidad. Y ahí volvemos a la tensión entre lo institucional y lo propio del laboratorio, porque tenemos que tener previsto que esté abierto hasta tarde, que se pueda utilizar los fines de semana. Es decir, tenemos un desafío importante por delante.

El propio evento sirvió para mostrarnos qué nos estaba faltando. Para mostrar cosas como esta del nombre que necesitaba de dialogo, de construcción colectiva. Por suerte vamos a realizar otros.

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Al final me quedo con la reflexión de Claudio Invernizzi: “En realidad para mí las ciudades son manadas, el espíritu gregario de la especie nos convierte en manada, en tropilla. En las playas inmensas, metafísicas, donde sólo hay arena, o hielo, esos equilibrios sin huellas, siempre hay un lugar donde nos ingeniamos para estar juntos. Para que pibes de la sombrilla de al lado tiren el termo y el mate de un pelotazo, para que un niño orine al lado de donde estamos tomando sol. Es decir, todo lo que no nos gusta es el precio de estar juntos”. Y hay mucho para trabajar sobre eso.

 

Semanario Voces

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