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Duro alegato antifascista con gran actriz

Duro alegato antifascista con gran actriz
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En pedazos (Aus dem Nichts), Alemania/Francia 2017. Dirección: Fatih Akin. Libreto: el mismo con Hark Bohm. Fotografía: Rainer Klausmann. Música: Josh Homme. Con: Diane Kruger, Denis Moschitto, Ulrich Tukur, Johannes Krisch, Numan Acar. Calificación: Buena.

 

Cuando Diane Kruger apareció en Troya (Wolfgang Petersen, 2004), la bellísima ex modelo conquistó la fama mundial, pero no tuvo suerte con Hollywood, que la encasilló en el rol de rubia oxigenada que acompaña al héroe de turno. Excepto su labor en Bastardos sin gloria de Tarantino, lo bueno de Kruger no fue estadounidense, sino que vino de Gran Bretaña (La pasión de Beethoven de Agnieszka Holland), Canadá (Días tenebrosos de Denys Arcand) y Francia (Noche de paz, Adiós a la reina). Ahora su trabajo para En pedazos se erige como el mejor de su carrera, y evidencia la ceguera mayúscula de los productores hollywoodenses, que no supieron ver su talento a tiempo.

La película se estrenará en un par de semanas, y resulta tan buena como su actriz. Combinando la tragedia familiar, el drama judicial y el policial vengativo, retrata el calvario de una alemana esposa de un ex narco traficante turco regenerado, con quien ahora tiene un niño. Empero esa vida casi idílica se derrumba al explotar una bomba casera en la puerta de la oficina del marido, que muere junto al niño. La inicial sospecha de la policía recae sobre la mafia rusa, pero es dejada de lado ante las evidencias que señalan como autores del ataque a miembros de una célula neonazi, dos de los cuales caen presos y son llevados a juicio. A partir de ese momento el drama particular de la mujer se transforma en un duro alegato que expone la impunidad con que se desenvuelven estos terroristas, apoyados en la falla del sistema judicial, mitad obsoleto mitad cómplice, que sólo sabe operar en contra de las víctimas.

Fatih Akin se revela muy inteligente a la hora de presentar su película. Por un lado su diatriba antifascista es rigurosa, y satisface la exigencia del cinéfilo serio. Por otro, una parte del anecdotario elige las vías de la justicia por mano propia (un fragmento del film remite lejanamente -por suerte- a El vengador anónimo de Michael Winner), y de esa manera mantiene una tensión permanente para que el producto también sea vendible al público comercial. Más allá de la notable labor de Kruger, hay que destacar un libreto que retrata la tragedia inicial en toda su magnitud, haciéndonos sufrir el duelo junto a la protagonista y provocándonos la misma furia que la invade al ver cómo se desarrolla el juicio, hasta el momento de ajustar las cuentas. La gran carta de triunfo del libreto es no convertir a Diane Kruger en Charles Bronson: esta mujer no es abanderada de castigos ni una máquina de matar, sino un ser humano real a punto de estallar.

Es verdad que en la media hora final algunas circunstancias bastante inverosímiles provocan un cambio de atmósfera demasiado brusco, que atenta contra el realismo mantenido hasta entonces. El reparo es de todas formas menor, y el conjunto funciona como un intenso alegato contra el ascenso actual de la derecha fascista al poder. En pedazos es un buen ejemplo de cine de género porque privilegia lo humano por encima del ruido de los efectos especiales. Mientras tanto, redondea un análisis lúcido sobre nuestra desilusión con la sociedad actual. Cuando se estrene, no debe desdeñar esta propuesta.

 

Amilcar Nochetti Tiene 58 años. Ha sido colaborador del suplemento Cultural de El País y que desde 1977 ha estado vinculado de muy diversas formas a Cinemateca Uruguaya. Tiene publicado el libro "Un viaje en celuloide: los andenes de mi memoria" (Ediciones de la Plaza) y en breve va a publicar su segundo libro, "Seis rostros para matar: una historia de James Bond".