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Es la lucha de clases, salame!

Es la lucha de clases, salame!
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No me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro.   

Mario Benedetti

 

Hay señales en nuestra sociedad que deberían preocuparnos.

No es alarmismo ni sembrar el pánico, pero hay que estar alerta.

Uruguay vivió épocas de duro enfrentamiento décadas atrás.

Y se tomaron caminos de violencia que fracturó la convivencia.

Muchos despreciamos la democracia burguesa y le erramos.

Otros arrasaron la república a sangre y fuego y los sufrimos.

Hace más de treinta y cinco años que disfrutamos de un sistema

político estable con libertades absolutas que es un ejemplo mundial.

Y una de las características uruguayas es el nivel de la vida política.

Acá existen muchos partidos, organizaciones y corporaciones que

hacen posible una enorme fortaleza de nuestra sociedad civil.

Y por supuesto que la población se divide en clases sociales.

Negar su existencia, así como la natural confrontación de sus

miembros porque tienen intereses contrapuestos, es muy ingenuo.

O, por el contrario, es un discurso ideológico muy inteligente que

intenta mostrar a todos como iguales, para mantener el statu quo.

El problema surge con aquellos que entienden la lucha de clases

como algo violento que conlleva a la destrucción del enemigo.

La historia nos demuestra que los únicos cambios duraderos son

aquellos que se logran con la persuasión y no con la imposición.

Se trata de debatir argumentos y confrontar ideas a raja tabla pero

entendiendo que es de allí de donde saldrá una síntesis superior.

El sistema que tenemos nos convierte a todos, más allá de nuestra

posición social o económica, en ciudadanos libres con voz y voto.

Y eso posibilita la natural, imprescindible y sana lucha ideológica.

Y la transformación cultural es producto de ese enfrentamiento.

Se trata de no darle cabida a los minoritarios fundamentalismos

mesiánicos que plantean el método que el fin justifica los medios.

Por eso hay que marcar a fuego a los violentos de todo pelo y color.

La democracia es una planta que para que crezca vigorosa hay que

regarla todos los días, porque si se marchita, perdemos todos.

Alfredo García

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Alfredo Garcia Nació en Montevideo el 9 de agosto de 1954. Es Licenciado en Historia por la Universidad de Estocolmo, Suecia; que fue su lugar de residencia entre 1975 y 1983. Hizo un postgrado en Marketing y realizó los cursos del Master de Marketing en la Universidad Católica de Montevideo. Trabajó durante veinte años en la industria farmacéutica en el área privada. Su labor como periodista comenzó en los semanarios Opinar y Opción a principios de los ochenta. Participó en 1984 en el periódico Cinco Días clausurado por la dictadura. Miembro del grupo fundador del diario La Hora, integró luego el staff de los semanarios Las Bases y Mate Amargo. Escribió también en las revistas Mediomundo y Latitud 3035. Es el impulsor y Redactor Responsable del Semanario Voces. Publicó el libro Voces junto con Jorge Lauro en el año 2006 y el libro PEPE Coloquios en el año 2009, ambos editados por Fin de Siglo.