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Quince minutos de fama

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Que fácil resulta ser opositor y criticar duro al gobierno de turno.

Dar palo a los que ejercen el poder circunstancialmente da rédito.

Lamentablemente muchas veces  los ataques son facilongos  y

buscan  más generar titulares de prensa que cambiar el rumbo.

Si habrá motivos para cuestionar  profundamente a este gobierno.

Por mala gestión, por falta de iniciativa o por hacer la plancha.

Por no meterse con algunas corporaciones  y hacer cambios.

Por burocratizarse y vivir en un mundo feliz de estadísticas positivas

Pero cuando se hacen chicanas para lograr popularidad y micrófono

nos sale de adentro el dormido espíritu oficialista y reaccionamos.

Se cuestiona los setenta mil nuevos empleados públicos y al mismo

tiempo se piden más policías, maestros, chóferes y enfermeros.

Se defenestra el sistema de salud en su totalidad y se olvidan por

ejemplo de setenta y cinco mil compatriotas operados de los ojos.

Se habla de la informalidad laboral y la falta de empleo y no

recuerdan que a las empleadas domésticas las tenían en negro.

Se agitaba el fantasma de la bancarización obligatoria y la realidad

les muestra que la gente se avivó y ya no firma por el plebiscito.

Se hace alarmismo con la ley de riego y ya se larga un sindicato y

algún grupúsculo frentista  a hacer campaña por el  referéndum.

Se critica el déficit fiscal mientras se oponen a la reforma de la “caja

militar” que cuesta la friolera de 400 millones de dólares por año.

Se presentan proyectos de ley infantiles que hablan de prohibir el

uso doméstico de fuegos artificiales en las fiestas tradicionales.

Se aprueba la suspensión del uso del fracking por cuatro años  por

unanimidad en el parlamento  y un legislador opositor critica el plazo

Se cataloga de tarifazo, se convoca a los ministros y se le acusa de

que se le fue la moto, con aumentos que son menores a la inflación.

Es comprensible que los políticos necesitan  estar en el candelero,

más cuando se vienen los tiempos electorales a pasos agigantados,

pero un poquito de seriedad en críticas y reclamos sería deseable.

Uno esperaría de los queridos “compañeros” de ruta otra actitud.

Y de la oposición, si realmente quiere ser gobierno algún día, mayor

madurez, pensando en el país y no en los votos que le hacen falta.

Las chicanas sirven un ratito, pero es política con patas cortas.

 

Alfredo García

Alfredo Garcia

Nació en Montevideo el 9 de agosto de 1954. Es Licenciado en Historia por la Universidad de Estocolmo, Suecia; que fue su lugar de residencia entre 1975 y 1983. Hizo un postgrado en Marketing y realizó los cursos del Master de Marketing en la Universidad Católica de Montevideo.
Trabajó durante veinte años en la industria farmacéutica en el área privada.

Su labor como periodista comenzó en los semanarios Opinar y Opción a principios de los ochenta. Participó en 1984 en el periódico Cinco Días clausurado por la dictadura.
Miembro del grupo fundador del diario La Hora, integró luego el staff de los semanarios Las Bases y Mate Amargo. Escribió también en las revistas Mediomundo y Latitud 3035.

Es el impulsor y Redactor Responsable del Semanario Voces.
Publicó el libro Voces junto con Jorge Lauro en el año 2006 y el libro PEPE Coloquios en el año 2009, ambos editados por Fin de Siglo.