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El amigo del hombre por Luis Nieto

El amigo del hombre por Luis Nieto
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El canis lupus familiaris, a través de la complicada evolución de las civilizaciones, se ha ganado el derecho a ser considerado el mejor amigo del hombre. Esta sub especie del lobo (canis lupus), y el hombre comenzaron a relacionarse hace, aproximadamente, 30 mil años. Alguna evolución del lobo se habrá acercado, hambriento, a esperar que el hombre soltase un hueso, y así habrá empezado todo. Los primeros perros en acercarse al hombre habrán visto la ventaja de andar cerca de esos seres rudos, acostumbrados a cazar en grande, fuertes y astutos para encontrar subsistencia. Cerca de los hombres siempre había comida. El territorio humano empezó a ser, también, el de algunos perros, que podían disputar con más posibilidades los mendrugos que les dejaban. Un perro habrá empezado a marcar su territorio en la choza del hombre, ejerciendo su poder ante sus congéneres y extraños, y eso le convino al hombre. Perros y hombres empezaron a caminar juntos, y el perro se volvió un feroz defensor del territorio en común, y hasta de esa naciente amistad.

La variedad racial de los perros comenzó a acentuarse aproximadamente 200 años atrás. Fue por conveniencia humana, que le convino explotar la agudeza olfativa, por ejemplo. Un pastor alemán tiene cuarenta veces más células olfativas que los humanos, y su capacidad auditiva percibe sonidos muy por debajo y por encima de los sonidos que puede oír un ser humano. Su vida junto a los humanos atrofió algunas de sus características originales, como el tamaño de sus colmillos, el tamaño de sus patas, el de su cerebro y el grosor de su piel. A lo largo de los siglos XIX y XX el hombre experimentó cruzamientos en la búsqueda de perros especializados, tanto para la caza como para la vigilancia. Desarrollaron tanto perros casi decorativos como los chihuahua, como perros fuertes y de gran olfato, como el San Bernardo, capaces de encontrar personas sepultadas bajo un alud de nieve. Pero, en el fondo, a pesar del triunfo de la civilización humana sobre la naturaleza, el perro sigue siendo un canis lupus.

El perro europeo llegó con la colonización, en parte permaneció domesticado, en parte se habituó a la vida silvestre, con abundante caza. En Uruguay se desarrolló el cimarrón, un perro fuerte, dócil pero que al reproducirse rápidamente en lugares despoblados, acabó siendo una verdadera plaga. El ganado estaba asimismo domesticado, por lo tanto muy accesible a jaurías de cimarrones que asolaban los campos. De su condición para el combate dio testimonio el Gral. Artigas, en carta respuesta a Francisco Ramírez, cuando le preguntó con qué fuerzas pensaba enfrentar a los portugueses en su avance hacia la Banda Oriental: “El día que me quede sin soldados, he de pelear con un ejército de perros cimarrones.” Casi idéntica respuesta le envió Artigas al Gobernador de la Provincia Cisplatina, General Carlos Lecor.

El perro doméstico fue clave en el desarrollo de la ganadería en Uruguay, cuando el ganado se arriaba hacia rinconadas para ser faenados, en la unión de ríos o arroyos. Es conmovedor un poema de Osiris Rodríguez Castillo: “Romance del Malevo”, en la que Osiris consigue dibujar en pocas líneas la dramática relación de un perro y un hombre, que acaba con la vida del animal ante un ataque de rabia.

Como a lo largo del siglo XIX, doscientos años después, jaurías de perros asilvestrados, vagan de un lado a otro del país. Todos los días son noticia, que, sin embargo, pasan casi inadvertidos. Se ha consolidado una visión urbana de la población uruguaya, que se muestra indiferente ante los diarios ataques de perros, que no distinguen la condición económica de los poseedores de las menguadas majadas de ovejas que quedan en el país. El pasado lunes, a un muy pequeño productor, de la zona Solís Chico, cerca de Míguez le mataron dos corderas de pedigrí, y varios otros ejemplares de su majada fueron seriamente heridos. Su nombre es Ángel, hasta el año pasado se desempeñaba como capataz en una estancia. Vendieron el campo y se quedó sin trabajo. Pudo arrendar un pequeño pedazo de tierra, y comprar unas pocas ovejas con la plata del despido. Dos de ellas de pedigrí, para tener calidad, ya que no podía poblar su campo arrendado. Las fotos que circularon por las redes son impactantes, los animales deshechos, también los planes de Ángel.

El perro, en sí, sigue siendo una sub-especie del lobo, que en situación de abandono, o en manos de gente irresponsable, que no comprende el extraordinario vínculo que se ha establecido entre estas dos especies tan distantes entre sí, prestan poca atención a su rol de guía y no asumen las consecuencias que pueden acarrear los perros que escapan a los patrones de conducta que deben observar para no causar daños a terceros.

Ese daño es difícil de cuantificar, porque aparte del económico, hay, también, un daño moral, como ciudadano, que se vuelve indiferente ante la pérdida de lo poco que otro ciudadano tiene para intentar vivir de una actividad decente.

Tal vez por la propia acumulación de noticias delictivas, el dolor que esos perros causaron a una familia que trabaja sin descanso debiera tener una consecuencia judicial. No pasa nada. No habrá compensación económica. La policía del pueblo, que está a sólo tres kilómetros demoró cuatro horas en llegar al lugar de la denuncia. Cuando se supo que los perros tenían dueño, éste se comprometió a atarlos, y a firmar un papel de tenencia responsable, pero eso fue sólo una formalidad, los perros siguen sueltos. Tal vez a la espera de otra llamada de la oscura naturaleza del instinto y a la irresponsabilidad de un dueño, al que no le duele la sanción.

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