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El domingo por Hoenir Sarthou

El domingo por Hoenir Sarthou
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  • ELECCIÓN PARLAMENTARIA

A  dos días de la primera vuelta electoral y a un mes de la segunda, en la que seguramente deberá elegirse al presidente, nadie se atreve a predecir el resultado.

Sin embargo, hay algo claro: el triunfo en primera vuelta –que requiere mayoría absoluta de los votos emitidos- está fuera del alcance de cualquiera de los partidos en competencia y, en especial, de los partidos opositores.

Eso significa que la elección de este domingo será esencialmente parlamentaria.

Los discursos de campaña de los dos partidos con mayor intención de voto –el Frente Amplio y el Partido Nacional- intentan hacerles creer a sus posibles votantes que el domingo se juega el próximo período de gobierno y anuncian dramáticos cambios, o tétricas continuidades, si no se los vota.  Es falso. Ninguno de ellos cuenta con los votos para ganar en primera vuelta, y lo saben.

En consecuencia, los uruguayos tendremos este domingo una libertad de la que no siempre gozamos. Podremos votar para llevar al Parlamento a las voces que nos gustaría oír allí, sabiendo que en noviembre, al elegir presidente, tendremos la chance de intervenir nuevamente si algún resultado nos parece inaceptable.

  • DIVERSIFICACIÓN PARLAMENTARIA

Dada la cantidad de opciones electorales y lo que anuncian las encuestas de intenciòn de voto, es muy probable también que ningún partido obtenga mayoría parlamentaria y que la integración del Parlamento sea más diversa y mucho más rica que ahora en cuanto a su espectro ideológico.

Después de años de rígida mayoría oficialista, y de una oposición casi reducida a las bancadas blanca y colorada, apenas matizadas por el Partido Independiente, es posible que ingresen o refuerzen su peso en las Cámaras partidos y discursos ideológicos hoy ausentes. Entre ellos, fuerzas conservadoras nuevas, como Cabildo Abierto (Manini) o el Partido de la Gente (Novick),  y otros polìtica o ambientalmente radicales, como  Unidad Popular (Abella), Partido Ecologista Radical Intransigente (Vega), Partido Verde Animalista (Salle), o, más dificilmente, el Partido de los Trabajadores (Fernández). Sin olvidar a una formación nueva e inusual como el Partido Digital.

Durante años nos hemos acostumbrado a un Parlamento monocorde, políticamente correcto, en el que la inversión extranjera y la “nueva agenda de derechos” eran  aprobadas casi sin debate y, al menos en el Senado, a menudo por unanimidad.

Si los resultados del domingo son los que aparentan,  es posible que esas disimuladas unanimidades se quiebren y el Parlamento vuelva a vivir debates ideológicos a los que nos hemos desacostumbrado.

  • SINCERAMIENTO POLÍTICO

Uno de los inconvenientes de la monocorde integración ideológica –que no es lo mismo que partidaria- del Parlamento durante estos años es el surgimiento de una burbuja política, una especie de microclima que engloba a parlamentarios, oficialistas y opositores, ministros, directores de Entes y gobernantes en general, en la que se termina perdiendo contacto con la realidad.

Quienes habitan esa burbuja durante muchos años tienden a creer que los códigos imperantes en ella son los dominantes en toda la sociedad. Se acostumbran a pensar que gobernar equivale a atraer inversiones extranjeras a cualquier costo, a mantener contentos  a los organismos internacionales de crédito y a las calificadoras de riesgo, y a votar todo aquello que les sea exigido por minorías influyentes.  Se acostumbran a que, cumpliendo esos requisitos, pueden entretener a la población con el juego de zancadillas personales y cobro de “costos polìticos” en que se convierte la polìtica cuando no contiene ideas y proyectos realmente diferentes.

El resultado de varias décadas de “burbuja” es un sistema político que no discute realmente entre sí  y que tampoco dialoga con la población, a la que se supone que debe representar.  Un sistema en el que nadie admite ser muy de derecha o muy de izquierda, ni se anima a presentar un proyecto que no esté previamente santificado por los organismos internacionales que administran la “corrección” económica, política  y cultural. En síntesis, un sistema político que termina desentendiéndose irresponsablemente de la realidad social.

Es probable que la diversificación partidaria e ideológica del Parlamento signifique un sinceramiento, que introduzca en el Poder Legislativo otras miradas sobre temas que cualquier sociedad debe debatir  y decidir: el modelo económico al que apuesta, los márgenes de autonomía para realizarlo, el tipo de enseñanza que necesita, las medidas necesarias para ser una sociedad menos violenta, más justa y más segura.

No es creíble una sociedad sin posturas filosóficas encontradas, sin fuerzas conservadoras y fuerzas de cambio, sin franca representación de  intereses contrapuestos, sin propuestas audaces y miradas divergentes sobre el futuro. No es creíble que la representación política de la sociedad sea un “sancocho” de lugares comunes, corrección política y acomodos.

Como siempre, en el fondo, esa diversificación sinceradora depende de nosotros.

Ojalá lo tengamos presente el domingo

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