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El Frente Amplio en su laberinto

El Frente Amplio en su laberinto
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Hace unos días un jerarca del gobierno critico en un comité de base al gobierno y al presidente.  Se han producido defecciones de algunos connotados actores políticos y las encuestas ponen la popularidad del gobierno al rojo vivo. Mirando desde afuera y desde la propia interna frentista ¿podemos decir que se quedó sin agenda el FA? ¿Está haciendo la plancha el gobierno? ¿Despertará esta vez el susto al mamado?  ¿Corre riesgo el cuarto gobierno frentista? ¿Es suficiente con la renovación de los candidatos? ¿Cuánto pesa el factor Sendic en esta situación? ¿Va Uruguay en camino de imitar a sus vecinos en el 2019?

 

Nuestras instituciones están sólidas por Oscar Sarlo

Hace unos días un jerarca del gobierno criticó en un comité de base al gobierno y al presidente. Se han producido defecciones de algunos connotados actores políticos y las encuestas ponen la popularidad del gobierno al rojo vivo. Mirando desde afuera o desde la propia interna frentista

1) Antes que nada, porque se menciona en la consulta, quisiera comentar la crítica al modo de ejercer la Presidencia, atribuída a un jerarca de la OPP. En cualquier caso, es errónea, porque en nuestra constitución, el Presidente de la República no puede dar órdenes a los ministros. El Presidente sólo los elije, pero luego, requiere de la firma de los ministros para gobernar. Esa es otra marca de la excepcionalidad uruguaya en el contexto latinoamericano: desde 1918 decidimos frenar a los caudillos-presidentes, y me parece bien. Al cabo de un siglo, ha funcionado bastante bien.

2) ¿podemos decir que se quedó sin agenda el FA? ¿Está haciendo la plancha el gobierno? Es probable, pero seguramente no es por falta de idea, sino por cierta incapacidad de acordar sobre todo lo que queda por hacer. De todas maneras, se trata de poner en marcha y concretar lo mucho que se ha impulsado. Para un panorama regional y mundial tan inquietante, no está mal ser cautos. Además, es mejor que los nuevos candidatos construyan sus agendas sin condicionamientos, pues deben enfrentar circunstancias muy novedosas.

3) ¿Despertará esta vez el susto al mamado? Seguramente ya esté largando la botella.

¿Corre riesgo el cuarto gobierno frentista? No me parece que pueda hablarse de “riesgo” cuando lo que está en juego es sólo un recambio democrático. En todo caso, sería una eventualidad no preferida, pero en un país políticamente maduro los cambios electorales no deberían significar grandes riesgos.

¿Es suficiente con la renovación de los candidatos? Es condición necesaria, aunque no suficiente.

¿Cuánto se juega con la elaboración del programa? Hay un porcentaje menor de electores (profesionales, empresarios, dirigentes gremiales, etc.) para quienes puede importar el programa. La mayoría votará por sensibilidad, humor, intereses personales.

¿Cuánto pesa el factor Sendic en esta situación? Depende cómo se resuelva. Hasta ahora, comparado con el resto, el Frente ha dado cátedra; en adelante habrá que demostrar que está en condiciones de responder al desafío que le plantea el humor popular.

¿Va Uruguay en camino de imitar a sus vecinos en el 2019? De ninguna manera: aunque todos los pueblos pueden anidar en sus entrañas veleidades autoritarias, episódicas, nuestras instituciones están sólidas y fueron diseñadas para evitarlo, como era el deseo de Artigas.

 

Una confusión cotidiana por Roberto Elissalde

Hace menos de un mes, el argentino Pablo Gentili publicó una nota en el diario El País (no en el más vendido sino en el de España), contado sobre los resultados de una encuesta realizada entre los beneficiarios del plan Bolsa Familia (que ayudó a sacar a millones de brasileños de la pobreza). El 90% de las mujeres consultadas dijo que su vida había mejorado mucho o muchísimo en los últimos años. Cuando se les preguntó por qué, el 80% de ellas dijo “gracias a Dios”.

Le pregunté a una estudiante universitaria si sus compañeros de la Facultad que se embanderaban con la agenda de derechos, les parecía que había alguna relación entre la presencia del Frente Amplio en el gobierno y las leyes que consagraban esos derechos. No pudo contestarme con claridad. Mi opinión es que algunos y algunas deben pensar que su lucha en la calle (y sólo eso), logró que la diversidad sexual sea respetada, que la diversidad cultural sea estimulada, que el consumo responsable de sustancias tenga un marco legal que permita evitar el vínculo con el narcotráfico.

La causa de esta confusión cotidiana, como la podría calificar Kafka, no es que “el gobierno comunica mal”. Es algo más profundo. Más grave. Atormentada por la enorme cantidad de información disponible, falsa o verdadera, la confianza de la mayoría de la población tiembla, se debilita, se derrumba. Así como muchos creyeron que los tupamaros desarrollaron la lucha armada contra la dictadura, muchos otros se demuestran incapaces de distinguir entre ayer y anteayer, entre “sistema mutual” y “sistema nacional integrado de salud”, entre impuesto a los sueldos (más Cofis) y el Impuesto a las rentas de las personas físicas.

No se trata de un problema de comunicación mal hecha sino de una forma de leer la realidad que cambió, que no se guía por la comprensión lectora basada en el seguimiento de la sintaxis y la decodificación semántica. En la tormenta de imágenes, en el revoloteo de textos cortos y contundentes pero carentes de sentido, nadie descubre que el PT sacaba (robaba) plata del Estado para pagar a los legisladores de la oposición. Lo importante es que la noticia se construyó de esta manera: los del PT son unos ladrones, saquearon Petrobrás y no deben volver al gobierno. Los que recibían el mensalão lograron convencer que los únicos corruptos eran los que robaban para ellos.

Quienes critican al Frente Amplio desde afuera pero también desde adentro tienen buenas razones para reclamar autocríticas y cambios de rumbo. Las situaciones ambiguas o grises son las que debilitan la confianza en esa organización política y habilitan el espacio para que dirigentes de los partidos blanco, colorado y “de la gente” convoquen a la santa ira contra la corrupción y el despilfarro.

La izquierda uruguaya no sabe bien cómo manejarse. Si es autocrítica, le da armas a la derecha. Si se aprieta a los pies de un líder y grita “¡Unidad!” es percibida como ajena a la realidad. La ventaja de la primera opción es que hay decenas de elementos, centenas de cosas que tenemos que re-encarrilar, que cambiar, que inventar de nuevo.

 

El laberinto está en el programa por Benjamín Nahoum

Creo que es difícil discutir con seriedad que el país está mejor desde que lo gobierna el Frente Amplio (FA). Porque si se manejan, también con seriedad, indicadores relevantes, ésa es la conclusión, incluso con relación a la bendita seguridad, porque ahí la comparación no puede ser con los años idílicos en que no pasábamos llave a las puertas, sino con este mundo “lleno de ruido y de furia”, en que hoy nos toca vivir. ¿Alcanza con eso, con esa mejoría, para volver a ganar, alcanza con eso para satisfacer, no ya a la ciudadanía, sino a la propia militancia del FA?

Aunque pueda parecer paradojal, quizá lo segundo sea más difícil que lo primero. Porque es improbable que un ciudadano o ciudadana con un poco de información y otro poco de memoria, esté dispuesto a volver a transitar el camino que recorrieron los gobiernos de la coalición “rosada”, entre 1985 y 2005, y antes de eso, y más, el calvario de los años de dictadura, maquillada o formal. No en balde de 1968 a 2005, los trabajadores perdieron la mitad de su salario real, para hablar sólo de uno de sus derechos.

En cambio, es mucho más factible que alguien que no vivió los años de aquellos gobiernos, porque era muy joven o todavía no había nacido, y por consiguiente no tenga elementos de comparación, esté más dispuesto a hacer ese tipo de pruebas, si el rancio olor del pensamiento conservador no lo ahuyenta.

También es muy factible que la mayor insatisfacción esté en quienes conocimos el Frente de la primera hora, aquel que se proponía cambiar la sociedad y batallar por la pública felicidad, y no creía en la infalibilidad de los indicadores macroeconómicos que nos vendieron los conquistadores. Porque, ¿luchamos casi cincuenta años, sobrevivimos como fuerza política una dictadura, perdimos a muchos compañeros en el camino, simplemente para estar mejor que antes?

¿O todavía falta cumplir lo más importante: transformar los muchos aspectos que siguen siendo injustos de la realidad, llegar a una sociedad equitativa, ¿eliminar la miseria que aún subsiste? ¿No nos queda nada por hacer, o nos queda mucho por hacer, y eso exige redoblar las apuestas, hasta sacudir, como un día dijo Tabaré Vázquez, las raíces de los árboles? ¿Se trataba de llegar al gobierno, y una vez ahí, de mantenerse en él, o de cambiar el mundo?

Ahí está el verdadero laberinto: recuperar un programa de cambios profundos, sin los cuales no podrá haber verdaderos cambios, encontrar entre los recovecos y los pasajes sin salida del discurso temeroso y el miedo de perder el gobierno, el impulso para decir en voz alta y fuerte que hay que cambiar la distribución de la riqueza, el poder del capital, el culto a la propiedad privada, las luchas de intereses sectoriales y la prevalencia de lo individual sobre lo colectivo. Se trata de proponerlo con mucha claridad, sin reticencias, y después de ponerlo en práctica. Ése es el camino para salir del laberinto. Y la primera clave para encontrarlo está en el Congreso de diciembre.

 

Recordar, afirmar, concretar la igualdad por Celsa Puente

Hace unos pocos días tuve una de las noticias más felices de mi vida como ciudadana: la afirmación por parte del Parlamento Nacional de la necesidad de considerar a través de una ley, las garantías para el ejercicio de la vida plena de las personas transexuales. Creo que es una ley vanguardista que nos posiciona a nivel mundial como un país que busca y logra la igualdad de oportunidades para todas/os/es. Hay datos del BID que destacan a Uruguay por traducir su gasto público en bienestar social, en comparación con el resto de los países de América Latina. Pero los uruguayos parecemos desmemoriados o estamos como ya dije en alguna oportunidad “vacíos de memoria” y deseo aclarar que estoy convencida que tener memoria no significa renunciar a la autocrítica que debe hacerse una fuerza política que detenta el poder desde hace quince años en forma consecutiva. Pero creo que es necesario refrescar los logros y plantear las claves del futuro para lograr una segunda generación de beneficios sociales que permitan acceder a las condiciones de igualdad.  Por eso me parece fundamental usar tres verbos: recordar, afirmar, concretar. Para mi cada uno representa las coordenadas temporales, porque al decir de Galeano, “hay un solo lugar en el que ayer y hoy se encuentran y se reconocen y se abrazan. Ese lugar es mañana”. Recordar es actualizar lo hecho, valorándolo sin negar errores o necesidades de cobertura pendiente pero

apreciando el cambio de rumbo que ha dado nuestro país. Afirmar, para asegurar los logros, para seguir profundizándolos y concretar para consolidar a futuro, tomando lo esencial y llevándolo a escenarios de mejora.  Siempre es mucho más fácil golpear al que hace que al que es un mero espectador y que cuando puede, obstaculiza.  Esto es obvio y es claro que la derecha lo está usando muy bien. Son muchos años de espera infructuosa para ellos, grandes repartidores de privilegios entre los privilegiados. Y se nota que ya no soportan más. La estrategia más antigua del mundo es la de que no hay mejor defensa que un buen ataque… ¿Alguien conoce algún plan de futuro de la oposición? El único que yo conozco puede resumirse en algunos puntos: la eliminación del diferente, el encierro, la deportación y los privilegios para algunos sectores “cercanos”. Hablan de corrupción y me pregunto… ¿De qué hablan? ¿De aquellas jugadas en las que vendieron bancos, fundieron las grandes fábricas del país y beneficiaron siempre a los más ricos mientras el pueblo sin fuentes de trabajo se moría de hambre? Es domingo a la noche  mientras escribo estas líneas, siento una pena inmensa y una profunda preocupación al confirmarse las cifras finales de los comicios en Brasil. Uruguay deberá mostrar toda su fuerza para resistir la avalancha que viene desde la región, para evitar la embestida de aquellos que quieren barrer con tantos

años de profundización en la agenda de derechos y en la capacidad de distribución de oportunidades para todas y todos. Y así será: recordando, afirmando, concretando.

 

F5 por Mauro Mego

El Frente Amplio tiene chances de volver a ser gobierno. Pero, en este momento, está en un letargo apabullante. Ese letargo responde a los efectos de una fuerza de izquierda que ha postergado una actualización integral. A 13 años de asumido el primer gobierno el libreto debe ser otro, porque la sociedad es otra. A groso modo, el Frente Amplio debe abrirse a algo que parece costarle mucho, ya sea por prejuicios o por su propia estructura, que es la agenda de la gente. Esto no implica actuar de manera demagógica sino salir del cupulismo intelectual en el que muchas veces caemos, discutiendo casi solo entre nosotros. Hay que tomar nota de lo que ha ocurrido en el vecindario en dónde más allá de otros aspectos lo central ha sido el hartazgo o el final del crédito otorgado por la gente.

El FA se debe una transformación en su estructura orgánica urgente, ya que hablamos hoy de un partido de masas, de ciudadanos, que no puede seguir funcionando con un diseño de otro tiempo. Deberá actualizarse, actualizar su oferta electoral, pero también deberá presentar sustitutos frescos a los elencos actuales, que cumplieron su tarea, pero ya su ciclo ha concluido. La otra actualización urgente es la del planteo político. ¿Qué va a proponer ahora una fuerza que lleva 13 años en el gobierno con mayorías parlamentarias?, ¿podrá seguir azuzando el cuco-que no deja de ser cierto- de una derecha dispuesta a cortar las políticas sociales? ¿Alcanza la “agenda de derechos” para re-enamorar a las grandes mayorías? ¿se podrá hacer campaña aún con la crisis del 2002? ¿Alcanzan las consignas de siempre? Los tiempos actuales exigen al FA más que antes, ya no alcanza con las cifras macroeconómicas, ya no alcanza con los logros sociales, las leyes de avanzada. Porque la sociedad uruguaya ha progresado y sus exigencias también, y si los partidos, y en particular el FA, no logran empezar a dar señales de solución, el descrédito crece. Cuando un conjunto de demandas sociales comienza a no encontrar canales de solución, prosperan los monstruos.

Esto implica más que nunca asumir, primero, que se es gobierno. Uno de los dramas permanentes radica en que un conjunto no menor de dirigentes aún tiene un sentimiento ambiguo-o culpa- respecto de sentirse parte de todas las decisiones de gobierno, huyendo de las ”verdes”. Además, se hace urgente dar señales de solución a temas acuciantes: un estado eficiente, perdiendo el miedo al término “eficiencia”, una fuerza política que expulse los elementos no-éticos, una actualización de las políticas sociales, un ajuste de las políticas de seguridad (y sin prejuicios), una voluntad firme de cambiar, salir del piloto automático. –

 

“Gane” quien gane por Jorge Pasculli

Para empezar: ya es tiempo que dejemos el lugar a otros. Quince años es un buen tiempo. Si nos toca “perder” no hay derecho al pataleo. Tuvimos nuestra oportunidad, tan justa, tan necesaria por múltiples motivos. Recuerdo que, desde aquí mismo, en Voces, escribí antes del primer triunfo que, entre otras cosas, el país y el FA necesitábamos

la experiencia de gobernar. No es lo mismo verla siempre de afuera que te manden a la cancha. Y el país, la gente, necesitaba un cambio. “Quería” un cambio. Y lo tuvimos. Había muchos miedos, muchas sospechas, muchos anuncios tremendistas de lo que pasaría si ganaba el Frente. ¿Y qué pasó?

Nada tremendamente malo para una fuerza política que nunca antes había gobernado. Por algo nos eligieron dos veces más y siempre con mayoría parlamentaria. Se respetó la Constitución, la democracia, la libertad, la propiedad privada. Hubo cambios impensables si no hubiera gobernado el Frente. Cambios que, en su mayoría, nadie hoy piensa modificar sustancialmente. Cambios que hoy ya forman parte de la vida cotidiana. Tanto que buena parte ya ni se da cuenta ni valora. Quiere más. Y es así… Pero se hicieron y están. ¿Qué hubo errores…? Imposible que no los hubiera cuando todo era nuevo y había tanto por hacer. ¿Qué nos faltó cintura, que nos faltó diálogo, que nos abroquelamos en la mayoría parlamentaria? Sí, pero en cierta forma eso estaba justificado por décadas de estar aislados, gritando entre sordos que no querían oír. Está claro que, si no hubiésemos tenido mayoría parlamentaria, probablemente, buena parte de las cosas que se hicieron no se podrían haber hecho. Por lo tanto, en esta percepción a vuelo de pájaro, yo siento que los frenteamplistas podemos estar tranquilos que nuestro paso por estos quince años no fue en vano. Tenemos que sincerarnos, salir del atrincheramiento del “ganar o perder”, compartir con todos los ciudadanos el “medio vaso vacío” y el “medio vaso lleno”. Hasta el hueso en ambos casos.  Sin eso no podremos ver qué se necesita para encarar un cuarto gobierno si nos toca “ganar”. O ver en qué podemos contribuir si nos toca “perder”.

En ambos posibles casos, seguramente sin mayorías parlamentarias para el gobierno electo.

Sin miedo, porque “gane o pierda” el Frente seguirá necesitándose y habrá mucho por hacer. Sin miedo, porque acá no hay “cucos”. “Mal o bien”, gobierno y oposición han mantenido el respeto a la democracia, a las instituciones, a los ciudadanos, a sus derechos. Y eso, fundamental, lo queremos mantener la gran mayoría de los uruguayos. A la vista de lo que sucede en la región y en el mundo, no es poca cosa. “Ni Bolsonaros”, ni “Maduros”, ni “Cristinas”. De esos, entre los candidatos y partidos que pueden “ganar”, no hay ninguno. Y en cuanto a lo demás temas: economía, seguridad, educación, salud, podrá haber énfasis y matices diferentes, distintos estilos de gestión, pero la realidad no deja mucho margen, ni para la izquierda ni para la derecha. Es así, lo hemos aprendido a fuerza de “desencanto”. Si queremos paz tenemos que aprender a convivir, por ejemplo, conque la pena máxima por un delito económico de “guante blanco” que estafa y deja en la calle a miles de personas reciba un castigo máximo de 4 años. La misma cantidad, pero mínima, que recibe un rapiñero… Todo eso no se puede cambiar de un plumazo con este sistema. Pero también todos lo hemos aprendido: con todos sus defectos este es el sistema menos malo para no volver a terminar a los balazos, de un lado y del otro.

Y algo más, no menos importante. No podemos esperar nada sino de nosotros mismos. No podemos esperar todo de nuestros gobernantes. Nosotros los uruguayos, cada uno, tenemos que cambiar. En nuestras pequeñas corrupciones, en nuestra indiferente comodidad, en nuestro exigir y no dar, en nuestra infeliz costumbre de solo ver el medio vaso vacío. Dicen que la paciencia es la ciencia para encontrar la paz. Paciencia, tolerancia, respeto, aceptación de los demás, comprensión, sentido constructivo para encarar la vida y sus problemas. Un país, no para “sacarse las ganas”, sino para dejarles lo mejor posible a nuestros hijos y nietos. Eso es lo que tenemos por delante los uruguayos, “gane” quien gane.

 

¿Todo está perdido? por Eduardo Vaz

Reconocer que estamos ante una oleada derechista en el continente es de perogrullo. Sin embargo, lo que resulta interesante es evaluar si Uruguay está, inexorablemente condenado a ser arrastrado por la misma.

Me apuro a decir que NO. Aceptar esto significaría renunciar a la política, desconocer nuestra propia historia, lo que hemos construido como FA y la cultura democrática y progresista que nos viene de muy lejos.

El FA ha agotado su agenda anterior por dos motivos fundamentales:

  1. ha cumplido sus principales objetivos de 2005 –minimizar la pobreza y la indigencia, dejar atrás la crisis económica y social y volver a tener un proyecto como nación.
  2. El mundo de 2018 tiene poco que ver con el de 2005 se mire por donde se mire: de Lula a Bolsonaro y Trump, no había fb, ni tw, la globalización liberal parecía imbatible…

Otro mundo se hizo realidad aunque no el que pregonaba el FSM con el lema “otro mundo es posible”. No solo no se afianzó el progresismo sino que la derecha y la extrema derecha han logrado posicionarse en lugares fundamentales del poder mundial y se han agudizado las tensiones económicas y sociales.

El gran desafío es reciclar al  FA manteniendo su pilares identitarios dados por sus valores: igualdad, libertad, fraternidad, solidaridad, democracia plena de derechos y deberes para las personas, estados, religiones, empresas, medios de comunicación, partidos políticos, sindicatos, etc.

El avance vertiginosos de la economía en la era informacional, las nuevas tendencias tecnológicas a la robotización y automatización de todos los procesos posibles, generan el choque gigante entre lo que se muere y lo que nace.

Atender las necesidades actuales de la población: seguridad, trabajo, educación y un compromiso irrenunciable con la ética y la transparencia en la función pública.

Pero sin un rumbo esperanzador, audaz y responsable, innovador y que apele al conjunto de fuerzas sociales y políticas democráticas, no tendremos chance de resolver estos dramas. No alcanza con las fuerzas del FA pero  sin el FA solo se puede esperar retroceso en las libertades, la igualdad, la tolerancia, en fin, estará cuestionada la democracia plena que vivimos y valora el mundo entero.

Frenar la oleada de extrema derecha es posible a condición de ser sincera y profundamente autocríticos. Por empezar, Sendic no puede presentarse pues el propio FA debe sancionarlo después de lo hecho. Son indefendibles los procesos de Venezuela y Nicaragua. Y nada de esto obliga a ser Almagro ni buscar trabajo en el P. Nacional.

Al contrario, es para seguir siendo frenteamplista, para tener la ética y el coraje que tuvo Seregni.

Hay que romper el cerco que nos aísla de enormes sectores progresistas a derecha e izquierda, sin miedo, superando prejuicios, cediendo en lo necesario para salvar lo importante.

Sin nuevos liderazgos que tiren el lastre acumulado por vicios de politiquería que siempre condenamos, sin darle lugar a las nuevas generaciones e imponiendo una verdadera feminización de la política, no hay chance alguna.

Este gobierno tiene la enorme responsabilidad de entregar un país en crecimiento, con buenas perspectivas en su deuda y déficit a la baja, con esfuerzos grandes para captar inversiones, con nuevas medidas anti corrupción y más seguridad. Así cumplirá su mandato frenteamplista y nacional.

Y todos debemos evitar polarizar el país, combatir el miedo, el odio y la mentira con medidas y discursos pacificadores y humanistas que nuestra tradición nacional acumula de sobra. Es tarea clave de la etapa.

El FA, la brújula de cambios y el laberinto electoral por Oscar Mañán

Benedetti en el poema Artigas exalta al héroe y sostiene cuestiones que aplican a la política, tanto a la de antes como a la de ahora. Define a Artigas como “un profeta certero que no hizo públicas sus profecías pero se amargó profundamente con ellas”. Según Benedetti “presintió el advenimiento de estos ministros alegóricos, estos conductores sin conducta, estos proxenetas del recelo, estos tapones de la historia”, refiriéndose a los políticos. Se preguntaba si “acaso imaginó –Artigas claro– a los futurísimos choznos de quienes inauguraban el paisito, esos gratuitos herederos que ni siquiera iban a tener la disculpa del coraje”.

El FA perdió la brújula de su programa de cambios y gira en el laberinto. Desde el primer gobierno y la Carta Intención firmada con el FMI (mayo, 2005), siguió tales políticas conservadoras incluso cuando dejó de existir la deuda sujeta a condicionalidad. Luego se convirtió en una maquinaria electoral que “debía aliarse con las culebras” (Mujica dix). Pero las culebras, lo que hacen es morder, porque esa es su naturaleza. Lo peor, que hoy las culebras se camuflaron, y ya no se distinguen.

Cualquier analista que se precie apunta al debate de moda, “el fascismo” que azuza el continente, parecería que esta peste apareció de la mano de un tal Bolsonaro y la permitió un pueblo ignorante, sin memoria. Si todo fuera tan lineal, no se necesitaría de ciencias ni de la sensibilidad extraordinaria de los poetas.

Las votaciones brasileñas presentadas a menudo como imagen de futuro para Uruguay, fueran encabezadas por un líder de discurso autoritario, misógino, racista, homofóbico, incluso que prometía mano dura para la inseguridad y los disidentes. Trump en Estados Unidos no se diferenciaba tanto de tal discurso, pero difícilmente se recuerden epítetos de tal tenor para ese país. El pueblo de Brasil se expresó no por un proyecto fascista, sino que dejó ver una gran desazón con el proyecto de la izquierda, que llegó al gobierno alentando grandes expectativas. Esa debía ser una lección a tomar, la desazón llevó a que un líder con características fascistoides las capitalizara y ganara las elecciones.

Las promesas de militarización, que excita a quiénes de este lado plantean las mismas respuestas ante la inseguridad, no nacieron con las promesas de Bolsonaro. Rousseff en víspera de la inminente Copa de las Confederaciones en 2013, procedió a “limpiar” la Rocinha (Favela de Río) para vestirla de fiesta y alojar a los turistas. Cabe preguntarse si la estrategia de ocupar territorios utilizada por Bonomi en Chacarita de los Padres o en Casavalle más allá de grados: ¿se apartan tanto de las estrategias pensadas por Bolsonaro?

Lo que debe ocuparnos para revertirlo es que los pueblos al igual que el héroe desanden los caminos de la frustración. Como dice el poema Artigas no están en tal lugar, “por terco(s) o por necio(s) o resentido(s) sino como una forma penitente e insomne de instalarse en su bien ganado desconsuelo”.

¡LIBERTAD O MUERTE, BOLUDECES NO! por Valeria David de Lima

 Mientras el barrio se prende fuego, acá en la aldea el problema más grande que tuvimos la semana pasada -según algunos medios- fue que un jerarca del gobierno criticó al presidente en un comité de base.

Ya sé que aplica un gran: Boludeces NO!, pero tranquilos, no lo voy a decir. *guiño*

Qué difícil mirar la región y decir que en Uruguay hay crisis como afirman algunos actores políticos en “carrera electoral”.

La economía uruguaya ha logrado crecer de forma estable en el último año a pesar de las crisis que atraviesan los países vecinos, lo cual resalta la resiliencia del país.

14 años de gobierno de la coalición de izquierda en los que Uruguay ha tenido éxito impulsando programas sociales y políticas progresistas allí donde otros países latinoamericanos han fracasado.

Más difícil sostener que el Frente Amplio se quedó sin agenda, si tenemos en cuenta que

en los últimos 45 días se aprobaron 58 proyectos de ley en el parlamento. Entre los cuales se encuentra la tan discutida Reforma de la Caja Militar -privilegio de pocos- , la ley de Promoción del trabajo para personas con discapacidad y la Ley integral para personas trans. Éstas dos últimas se suman a una nutrida agenda de derechos conquistados por la izquierda uruguaya.

DERECHOS Y LIBERTADES

En la última década, Uruguay aprobó diversas leyes que atienden situaciones de desigualdad basada en género, vinculadas a la participación política, derechos laborales, violencia, salud sexual y reproductiva:

*Se implementó el Sistema Nacional Integrado de Cuidados que garantiza la atención de la población en situación de dependencia. Contempla el derecho a ser cuidado de niños y niñas de 0 a 3 años, personas mayores de 65 años en situación de dependencia y personas con discapacidad severa.

*Se aprobó la Ley de violencia hacia las mujeres basada en género que reconoce otros tipos de violencia, además de la doméstica, que tipifica el femicidio y el abuso sexual.

*Se aprobó la ley IVE, el embarazo puede ser interrumpido legalmente hasta las 12 semanas de gestación. La sola voluntad de la mujer es suficiente.

*Se creó la Ley de Reproducción Humana Asistida que regula el acceso a técnicas de reproducción asistida y las incluye dentro de las prestaciones del Sistema Integrado de Salud. El Estado financia hasta el 100% de los tratamientos para las parejas hasta 40 años de edad que no pueden concebir.

*Sé aprobó el Matrimonio igualitario.

*Con la aprobación de la ley de acciones afirmativas, se aprobaron medidas para facilitar la inserción laboral de la población afrodescendiente.

Todas éstas transformaciones históricas para nuestro país en materia de derechos contribuyen a una sociedad más igualitaria, claro está que a quienes nos preocupa la salud de la democracia y el avance de los derechos humanos en el mundo vemos con terror – sin exagerar- lo ocurrido recientemente en el vecino país del norte.

El desprecio por las reglas democráticas y las minorías sociales ganó en Brasil. El electorado eligió cambiar libertad por proteccionismo militar. El 55% optó por un discurso autoritario, racista y primitivo.

 

Es perfectamente lógico que los partidos gobernantes pierdan elecciones, es parte de la democracia.

No hay nada que tenga poder más destructivo sobre la confianza de la ciudadanía en la “clase política” que la corrupción. El voto castigo. Quedó demostrado tanto en Brasil como en Argentina. Sin olvidar el rol importantísimo que juegan actualmente los medios masivos de comunicación.

Si bien el contexto en Uruguay es diferente, no podemos quedarnos confiados en ser la excepción del barrio.

Existe una oposición con un discurso irresponsable y simplista.

Existe la tentación de captar votos a cualquier precio.

Y existe la figura de Raúl Sendic aún sin resolver dentro del Frente Amplio.

Personalmente, no creo -y me incluyo- que ningún militante esté dispuesto a arriesgar logros históricos alcanzados, por alguien que mantuvo conductas alejadas de los principios frenteamplistas.

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