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El luto de los perros

El luto de los perros
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Una de las películas más interesantes del pasado Festival de Cinemateca, para quien escribe, fue La Boya del director argentino Fernando Spiner. El filme toma forma, aunque sea más que eso, de un documental que el director filma sobre su amigo, el poeta y periodista Aníbal Zaldívar. El mar está omnipresente en el filme, y de allí sale un bagre que Zaldívar le cocina a Spiner mientras le lee un poema al respecto. Luego el escritor reflexionará sobre los sentimientos encontrados que en otra época le surgían al ver esa vida que se iba apagando fuera del agua, hasta que entendió que en realidad esa vida no se terminaba, sino que se transformaba, se continuaba en la suya, o en la de otros. Uno de los lugares que enfoca la obra de Spiner, que tiene en la boya un símbolo de la continuidad entre la llegada de viejos inmigrantes judíos a la Argentina huyendo de los pogromos en Rusia y la de sus descendientes en Villa Gesell, es lo cíclico de la vida, de las historias familiares y de la historia en sí.

Quizá parezca un desvío forzado, pero algunas cosas de la obra Cleopatra y los perros, escrita y dirigida por Sebastián Calderón, nos hicieron pensar en la película de Spiner. Y es que la obra de Calderón también habla de la muerte como parte de un ciclo vital, de la muerte como un hecho que hay que aceptar como parte sustancial de la vida. Claro que el tratamiento estético de Calderón es radicalmente distinto al de La Boya.

El luto es protagonista de Cleopatra y los perros ya desde el comienzo, con un programa de mano negro entregado al público a modo de prólogo. Allí leeremos una suerte de fábula protagonizada por Aroma, la alquimista; Cleopatra, la performer; y tres perros: Nahuel, Figueredo y Presidente Miau. Luego el espectador entra a la sala y comienza un espectáculo realmente sorprendente. El tono de fábula se vuelve definitivamente central, en tanto los tres perros protagonistas son interpretados como tales por Graciela Ingold, Leo Rolfo y José Pagano. Nahuel y Figueredo se lamentan, aunque no emiten palabras, por la muerte de su dueña, y mientras tanto reflexionan perrunamente, a modo de El coloquio de los perros de Cervantes, sobre el dolor y la muerte.

La obra cambia de plano cuando aparece Melisa Artucio interpretando a Cleopatra, por momentos hay algo mágico allí, y lentamente iremos conectando algunos pasajes del prólogo con la muerte de Aroma, una muerte que no la ha borrado, una muerte que solo la ha transformado en otra cosa, y allí Presidente Miau tendrá su parte de protagonismo. No es mucho más lo que podemos decir aquí de este espectáculo, un espectáculo que reflexiona sobre la muerte desde un lugar absolutamente novedoso, acercándose al hecho desde una lógica de cuento de hadas, de fábula. Quitándole dramatismo, o dándoselo con un humor cargado de ingenuidad (“me sale el perro del cuerpo” dirá uno de los animales en un pasaje).

Por supuesto, hay una sumatoria de recursos novedosos en este espectáculo. Tres actores “actúan” gesticulando, gruñendo y moviéndose como perros la mayor parte del tiempo. Es cierto que en grandes pasajes podremos “leer” lo que ladran y gruñen, pero la gestualidad de los actores parece traducirse en las palabras proyectadas. Realmente hay una lógica entre el movimiento corporal y el “diálogo”. Ingold, Rolfo y Pagano hacen un trabajo físico realmente sorprendente. Porque además deben haber atravesado muchas inhibiciones para interpretar a estas criaturas con la soltura que lo hacen.

Es difícil recomendar un espectáculo de estas características, seguramente muchos espectadores se sientan estafados. Quien decida obviar los prejuicios y dejarse llevar por la gran capacidad de estos actores-performers-fabuladores se irá con una sensación extraña, la de haber atravesado por una reflexión sobre la muerte sin apelar a golpes bajos ni a cursilería de autoayuda. Seguramente esté detrás de un espectáculo como este la necesidad de canalizar algunos sentimientos, pero la forma en que esto se logró tomó una forma inesperada y realmente sorprendente. Las entradas se agotan, reserven con tiempo.

 

Cleopatra y los perros. Dramaturgia y dirección: Sebastián Calderón. Elenco: Melisa Artucio, Graciela Ingold, Leo Rolfo y José Pagano.

 

Funciones: sábados y domingos 13:00 horas. Centro Cultural Bosch (Gonzalo Ramírez 1226). Entrada al sobre. Localidades limitadas. Reservas: 098948817 – teatro.kinderspiel@gmail.com

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Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.