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El mástil del Titanic por Luis Nieto

El mástil del Titanic por Luis Nieto
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Las cosas transcurren, y a veces sin dejarse ver. Lo bueno, lo malo, lo indeseable, lo fortuito, porque hay veces que un hecho circunstancial, inesperado, cambia el rumbo de una vida, o de muchas vidas. ¿Quién podría imaginar que un país con un gobierno colegiado, el paradigma democrático por excelencia, incubaba a principios de los sesenta una guerrilla que llevaría a la clase media a tomar la decisión de prepararse para derrocarlo? El primer sorprendido debió ser el Che, que dos años antes, en su célebre discurso en la Universidad dio este consejo a la izquierda uruguaya: “Ustedes tienen algo que hay que cuidar, que es precisamente la posibilidad de expresar sus ideas; la posibilidad de avanzar por cauces democráticos hasta donde se pueda ir; la posibilidad, en fin, de ir creando esas condiciones que todos esperamos algún día se logren en América, para que podamos ser todos hermanos, para que no haya la explotación del hombre por el hombre.”

¿Qué estaba sucediendo en Uruguay que ni el Che ni la realidad pudieron convencer al pequeño grupo que se organizaba para tomar el poder por medio de las armas, cuando transcurría el primer período del gobierno colegiado del Partido Nacional? ¿Ejercía ese gobierno una fuerza indiscriminada contra el pueblo uruguayo? Lo que estaba sucediendo no tenía que ver tanto con el Gobierno como contra el sistema capitalista, gobernase quien gobernase la decisión ya se había tomado.

¿Había hechos de corrupción? Seguramente, pero nada que no se pudiera enfrentar mediante el uso de la acción parlamentaria, la denuncia periodística y la vía judicial. ¿Podía haberse creado antes esa fuerza “pacífica y pacificadora” que acabó siendo el Frente Amplio? Quizás, pero, aunque ya no se comente, o se esconda deliberadamente, la izquierda tenía una relación muy fuerte, doctrinaria y prácticamente con definiciones contrarias al ejercicio democrático, y afines al partido único y a la toma del poder mediante el uso de las armas. Y la izquierda real, mayoritaria, que, incluso, tuvo presencia parlamentaria desde comienzos del siglo XX fueron el Partido Socialista y el Partido Comunista, que tuvo su origen en el primero, tras la adhesión, por una abrumadora mayoría, a la III Internacional, que obligaba a los adherentes denominarse Partido Comunista. Luego Frugoni refundaría el Partido Socialista, para adherir a la Internacional Socialista. A principio de la década del 60, con la llegada de Vivian Trías a la Secretaría General, un nuevo golpe de timón desplaza a Frugoni; el PS se desvincula de la socialdemocracia y Trías desarrolla una política de proximidad con la Revolución Cubana.

Este solapamiento entre democracia liberal, representativa, y una izquierda cultora del partido único y la toma del poder por las armas, da nacimiento al Frente Amplio. ¿Hasta qué punto la democracia es un camino de piedras que hay que recorrer sin chistar para no espantar al decisivo centro político, y hasta qué punto la democracia es el único camino que la izquierda está dispuesta a recorrer? Hay, por lo menos, dos manifestaciones de que esa transición no se ha hecho, al menos de forma franca y pública: Las definiciones en cuestiones internacionales, y el uso del Estado tras 15 años de gobierno del Frente Amplio. Hay un vicepresidente renunciado, lo cual ya es un hecho inusual, grave, y una interminable cadena de manejos poco claros de los recursos públicos. Perder el poder no es grato para un partido político, pero está en las reglas del juego de la democracia liberal, y menos grato si el que llega va a poder revisar toda la documentación que haya quedado por ahí. Da la impresión de que la izquierda ortodoxa uruguaya no le ha encontrado la vuelta a esta crucial definición.

Por mucha menos corrupción, en la década del sesenta, anduvimos a los tiros. Hoy ya no existe una necesidad de definiciones ideológicas, y basta con utilizar algunos términos para parecerse a la izquierda cuando la izquierda era la oposición. La ciudadanía la votó para sacarse de arriba los amiguismos y las corruptelas, y no para que el que elija haga lo mismo. Lo que podría considerarse la derecha, o centro derecha, o como quiera llamársele a los partidos tradicionales, tampoco ha hecho sus deberes. Aferrada a la idea obsesiva de que hay que sacar al Frente del gobierno, va tras la hipótesis de que hay que formar una coalición para juntar los votos necesarios. ¿Y en caso de ganar, los cargos públicos, van a abandonar el barco al cuarto año, o antes, para preparar la maquinaria electoral, porque sus socios, también son sus competidores?

Estamos frente a un fenómeno que viene construyendo su estrategia frente a nuestros propios ojos. Más o menos parecido a cuando en otras épocas la democracia fue un desvaído telón de fondo, y los gobiernos, a lo largo de toda la década del sesenta, se mostraron torpes, ciegos y abusadores. Seguramente ya no volverán otros jóvenes idealistas a empuñar las armas, Tal vez vayan abandonando a sus mentores políticos, desencantados de tanto robo y tanta improvisación. Lo que está ahí, a la vista de todos, es un poder mucho más siniestro y despiadado, que crece con la delincuencia y el asesinato. Al fin de cuentas, considerando las definiciones históricas, la propuesta de destruir el Estado burgués, es la que va triunfando. Qué importa si lo hace una organización guerrillera o las bandas de narcotraficantes. El resultado puede ser el que se esperaba originalmente. Muerto el perro, muerta la rabia. Sobre las cenizas de esta sociedad se podrá construir una mucho más justa y solidaria. Así creíamos que pasarían las cosas.

La izquierda se aferra al mástil del Titanic y no se da cuenta.

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