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EL PENSADOR Por Antonio Pippo

EL PENSADOR  Por Antonio Pippo
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El contexto es claro.

Uruguay es un país con graves problemas a resolver, al borde de una crisis –mal que pese al encaprichamiento de algunos de negarlo-, que está a un paso de instalar un nuevo gobierno.

No me internaré ahora, lector, no tema, predicciones ni especulaciones sobre a qué partido político pertenecerá ese gobierno. No obstante, algo es transparente: sea el que sea, no podrá escapar a los consensos y acuerdos con la oposición; de otro modo, los años por venir serán agónicos.

Claro, por ese lado está la pista muy barrosa.

La impresión que uno tiene es que los candidatos apelan a lo que un antiguo pensador llamó “los saberes separados”, filosofía a la que ya me he referido aquí.

Vendría a ser la metáfora de su incapacidad para decir toda la verdad.

Obviamente, pregonan que tienen las fórmulas requeridas. Pero si dicen “hay que abatir el déficit fiscal”, cada quien expone una receta de enunciados pero nunca la relacionan, por ejemplo, con qué pasará con el gasto del Estado, con la política impositiva o con las necesidades de inversión. O si se apuesta a un “dólar equilibrado”, a la búsqueda de mejorar la competitividad de las exportaciones, no explican si han tenido en cuenta la vinculación con los probables sismos de la región o mundiales, con el vaivén de los precios que fijan los eventuales compradores, con la inflación, el valor de los salarios o las hipótesis –en ese escenario- para mejorar el empleo.

Quiero, mi amigo, que al menos entienda mi inquietud aunque no la comparta. Por eso voy a usar una anécdota que puede parecerle pueril y que, sin embargo, demuestra el perfil de candidatos al que me refiero y cómo pueden sucumbir ante la realidad si no miran la totalidad del panorama.

Aldous Huxley escribió: “Renán, el gran erudito francés del siglo XIX que se complacía en hablar de estética, peroraba a sus anchas sobre la belleza cuando Edmond Goncourt le interrumpió súbitamente para preguntarle: ‘¿De qué color es el empapelado de su comedor?’. Renán no tenía la más remota idea. Es obvio que carecía de una base fáctica para hablar de belleza y su argumentación se basaba en un sistema de palabras y no en experiencia sobre lo inmediato”.

Y añadió Huxley: “Tendemos a reaccionar  dividiendo las cosas y en función de lo que aprendimos en el pasado, en vez de reaccionar uniendo las partes; es decir los hechos, tal como son aquí y ahora”.

Descreo que, a esta altura de los acontecimientos los políticos cambien. Por tanto, al ciudadano común le quedará como ayuda una rigurosa actividad periodística. O sea que, pese a que muchos, tal vez demasiados, no lo hayan advertido, los periodistas tienen una responsabilidad enorme: deshacer “los saberes separados”, tratar de llevar a los escurridizos entrevistados a la unión de las partes, a propuestas sobre su solución no descuartizada e insistir, con respeto pero también con rigor, en el contraste de las distintas versiones.

O de las distintas ignorancias que tienen sentadas enfrente.

No haré “periodismo de periodistas”, pero confesaré mi escepticismo.

El asunto es rechazar el “no sigas preguntando porque mamá está ocupada y se enfadará”; también el “somos engreídos y nos conformamos con lo que nos dicen” o el “somos indiferentes, nos tiemblan las piernitas y nos conformamos con lo que no hemos logrado saber”.

El papel histórico que hoy debe cumplir el periodismo profesional es no bajar la guardia y seguir preguntando y, si es necesario, dejar desnudo al escapista de turno.

Sócrates decía: “Atenas es como un caballo indolente y yo soy el tábano que con su aguijón intenta que todos digan la verdad o acepten que no la conocen”.

Jodida responsabilidad tenemos entre manos. Digo, porque yo todavía estoy aquí, entre esos periodistas.

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Antonio Pippo Tiene 58 años de trabajo en el periodismo. Ha trabajado en todos los canales de TV del país, abiertos y por cable, menos VTV; ha trabajado en casi todos los diarios, semanarios y revistas (los que se han editado y los que aún se editan en el país); ha trabajado como columnista en varias radios. Ha sido docente de comunicación en la Universidad  ORT. Ha publicado seis libros. Ha dictado charlas y conferencias en la capital y diversas ciudades del interior sobre temas de periodismo. Fue productor general y co protagonista de un espectáculo de tango que se presentó en el país durante diez años, cerrando ese extenso ciclo el año pasado.