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EL PENSADOR Por Antonio Pippo

EL PENSADOR  Por Antonio Pippo
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Pese a que en un sentido estricto del idioma estamos sobreviviendo y no exactamente viviendo, intuyo que esto no afecta el ingenio –o la libertad de expresar ideas aunque otros las puedan considerar locuras- de frente a lo porvenir.

Me ha dado por pensar que lo esencial, ahora mismo, sufriendo la pandemia, es algo que tiene que ver con el tiempo. Pero con el tiempo absoluto, que es el que expresa el momento de la acción, sin relación con los momentos de otras acciones del mismo contexto.

¿Cuál es la diferencia o dónde está el matiz que pueda importar en ese tiempo, que es éste, porque el sustantivo absoluto no le quita su calidad de presente?

Veamos: por un lado la información oficial nos cuenta lo que ocurre durante la acción, desarrollada casi a la misma velocidad que la recibimos, por más que nos comunique  algo que ya pasó, mientras subsiste una falta de relación con otras acciones que ocurren quizás paralelamente vinculadas a la misma cuestión que nos preocupa.

¿Hay consecuencias?

Por supuesto. No deseadas ni provocadas con intención. Simplemente, no se puede ir contra esta dicotomía. ¿O si?

Mientras se está informando de cantidad de diagnósticos, de personas contagiadas, de internados y de recuperados, en demasiados lugares del país ocurren circunstancias que harán que esa información, antes de terminar de darse ya se haya convertido en pasado y cambie todo para el próximo tiempo por influjo “de otras acciones, sin relación con la anterior, pero incorporadas al mismo contexto”.

Quizás sea bueno, para un entendimiento general de esta idea, ir a ejemplos muy, muy claros.

De un lado hay un sistema sanitario, exprimido hasta la extenuación y que busca cada día con desesperación más recursos, respondiendo a lo que le llega sin solución de continuidad hora tras hora.

De otro lado hay enormes zonas –en la capital y en el interior del país- acerca de las cuales aún no se tiene el mínimo de información suficiente y cuya investigación, cuando finalmente se haga, con seguridad modificará todas las estadísticas, los números y la opinión de lo que se está viviendo.

Si me atengo a lo que se noticia por el medio oficial a cargo del Poder Ejecutivo, que es lo que se nos pide, y no me cuelgo de versiones, incluso de representantes oficiales pero hablando a título personal, no tengo la más remota idea de qué está ocurriendo en ciertos barrios absolutamente marginales de Montevideo, por ejemplo, donde la vida, con cuarentena recomendada, con tapabocas obligatorio para ingresar a cualquier lugar abierto al público –supermercados, farmacias, bancos, locales de pago, almacenes o lo que carajo sea- y distintos esfuerzos para acercar allí ayuda económica, alimentos y medicación, es una vida distinta a la que se vive en el resto de la ciudad. Y no creo necesario entrar en detalles.

¿Hay cuantificaciones para las personas que viven en esos barrios? Diagnósticos, infectados, internados, recuperados y cómo se establece la relación del sistema sanitario con ellos, cómo cohabitan las familias –porque si lo hacen a contramano de todo lo aconsejado hay que cambiarlo-, cómo se proveen de los alimentos, cómo acceden a las consultas médicas, cómo se montan los niños y adolescentes sobre el sistema “virtual” de enseñanza?

¿O sólo hay un discurseo bien intencionado pero clásico de aquellas “otras acciones -¿o en realidad inacciones?- sin relación con la acción central que está incorporada al mismo contexto” y es la base de todo lo que se propala por las medios usados por el gobierno?

Admito que se me diga que estoy equivocado, que en el boletín diario de la Presidencia de la República todo lo que se dice tiene que ver con el tiempo presente, sin sustantivos añadidos.

Pero no lo siento así. No lo entiendo así. Y no responsabilizo a nadie. Sigo afirmando que el manejo global del problema es sereno, transparente y responsable.

Sólo que me parece ver agujeros negros, pozos mal disimulados al caminar, trapos oscuros tapando lo que sabemos hay detrás.

Y habría que cambiarlo. O alguien convencerme que la cuarentena me está haciendo ver fantasmas y tener pesadillas.

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Antonio Pippo Tiene 58 años de trabajo en el periodismo. Ha trabajado en todos los canales de TV del país, abiertos y por cable, menos VTV; ha trabajado en casi todos los diarios, semanarios y revistas (los que se han editado y los que aún se editan en el país); ha trabajado como columnista en varias radios. Ha sido docente de comunicación en la Universidad  ORT. Ha publicado seis libros. Ha dictado charlas y conferencias en la capital y diversas ciudades del interior sobre temas de periodismo. Fue productor general y co protagonista de un espectáculo de tango que se presentó en el país durante diez años, cerrando ese extenso ciclo el año pasado.