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EL PENSADOR Por Antonio Pippo

EL PENSADOR  Por Antonio Pippo
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Conozco a Sotelo desde hace alrededor de treinta años. Coincidimos un tiempo extenso en un medio de comunicación. No somos amigos pero hemos mantenido una civilizada y respetuosa relación casual, que no impide, claro, que cada uno piense sobre el otro, en la menos decorosa mismidad, lo que se le ocurra y nunca revelará.

Yo he dicho, muchas veces, que no hago periodismo sobre periodistas, aunque admito que en algunas esporádicas ocasiones, obligado por las circunstancias, he tenido que violar esa decisión.

Puedo decir lo mismo de Gatti que dije de Sotelo. Salvo que, me parece, y como dicen en el barrio, se comió “un garrón”.

Perdón por el extendido prólogo, pero lo estimé necesario porque ambos se convirtieron en noticia.

Según un comunicado oficial firmado por Sotelo –sobre el que sería imbécil abundar ya que sigue recorriendo medios y redes sociales- referido a que los contenidos de las radios y la televisión oficial, que ahora dirige, deberán pasar antes de ser emitidos por la opinión de Gatti, desató todos los demonios.

Desde muchos sitios, casi siempre gritado, ladrado o aullado, surgió el sustantivo tan temido: ¡censura!

Pues no la hay ni siquiera sugerida en el comunicado. Y dejo al margen las quizás penosas aclaraciones posteriores a que se vio obligado Sotelo.

Si hubo un error imperdonable, en cambio, es la forma de escribir y decir lo que escribió y dijo sobre la función de Gatti y el pasaje por sus manos de las informaciones a ser entregadas al ciudadano. Indujo a una interpretación equivocada, lo que atenúa de cierto modo la destemplada reacción casi unánime de la población.

Yo llevo sesenta y un años en el periodismo. Por eso, y disculpe lector lo que usted puede considerar una impertinencia, sé de lo que hablo cuando otros no.

Está claro para mí que sería una estupidez que Sotelo estuviera proponiendo que los periodistas le pidieran permiso a Gatti acerca de lo que puede ser emitido. Si eligió una manera de explicarlo infeliz, ahí está su pecado.

En todas las cadenas de medios radiales y en todas las televisoras que se precian en el mundo –el propio Sotelo mencionó a la BBC de Londres, pero ese mecanismo se aplica también en la RTE, en la Deustche Velle, en la RTF y en tantas otras que, más allá de gustos, son respetadas por su profesionalismo-: se trata de concentrar en un estilo limpio y definido la selección del material y cómo producirlo, porque cada noticia se produce, lector, ¿lo sabía?, atendiendo a su valor intrínseco y al interés social.

Es una forma NO para que los contenidos se censuren sino para que se elijan escapando a la anarquía y la ausencia de calidad y responsabilidad, ordenándolos y haciéndolos más profesionales; así, tales contenidos alcanzan un estilo coherente para respetar al televidente o al oyente y, sobre todo, para integrarse sin fricciones al interés de la gente que los recibe según el horario de emisión.

Ah, porque eso es otra cosa a tener en cuenta: no es el mismo público el de un noticiero a la mañana, que el de otro al mediodía o el central de la noche.

Y quiero culminar esta reflexión, a mi pesar, con un recuerdo autorreferencial: yo dirigí un sistema de noticieros en Canal 5, allá por inicios de la década de 1990, que emitía un noticiero de siete a nueve de la mañana e iba en estilo magazine, luego dos flashes hasta que llegaba el central del mediodía, de una hora, más tarde otros cuatro flashes y se cerraba esa columna vertebral informativa del medio con el de cierre a las nueve de la noche, en media hora de duración.

A decir verdad, esto es tan claro que no lo entiende el que no quiere o no sabe una mierda de cómo se producen las noticias, cómo se distribuyen, qué tiempo se les asigna y en qué momento van al aire.

Allá ellos.

Lamento que Sotelo, arrastrando a Gatti, haya armado –porque lo armó él con su error, no con sus intenciones- semejante despelote por un comunicado mal redactado. Ojalá el paso del tiempo y los hechos ayuden a restañar la herida.

No lo sé.

Bueno, al menos no tuve más remedio que escribir sobre otra cuestión que no fuera la maldita pandemia que me tiene en reclusión domiciliaria.

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Antonio Pippo Tiene 58 años de trabajo en el periodismo. Ha trabajado en todos los canales de TV del país, abiertos y por cable, menos VTV; ha trabajado en casi todos los diarios, semanarios y revistas (los que se han editado y los que aún se editan en el país); ha trabajado como columnista en varias radios. Ha sido docente de comunicación en la Universidad  ORT. Ha publicado seis libros. Ha dictado charlas y conferencias en la capital y diversas ciudades del interior sobre temas de periodismo. Fue productor general y co protagonista de un espectáculo de tango que se presentó en el país durante diez años, cerrando ese extenso ciclo el año pasado.