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       El presente de Nuestra América  por  Julio  A. Louis

       El presente de Nuestra América   por   Julio  A. Louis
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                                                         Conceptos preliminares 

 

 Se asigna al año 1914 (inicio de la Primera Guerra Mundial) la separación entre los siglos XIX y XX.  Tal conflicto transforma la economía, la sociedad, los regímenes políticos, las ideologías, etc. La desintegración de la URSS (1991) provoca efectos similares, por lo que se conceptúa al siglo XX corto” al comprendido entre esas fechas.

El concepto de Nuestra América (NA), creado por José Martí y reflotado por Hugo Chávez, abarca a todos los países dependientes del imperialismo y excluye a EE.UU. y Canadá.                                               

                                            NA en el siglo XXI

La década del 90 es de ofensiva neo liberal. Chávez accede al gobierno de Venezuela en 1998 y pronto se suceden gobiernos denominados progresistas en varios países, en particular en América del Sur. En Mar del Plata (2005) los cuatro del Mercosur más Venezuela rechazan el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) impulsado por el gobierno de Bush. Desde ahí, EE.UU. pierde fuerza en NA, ante la contraofensiva de países, que constituyen nuevas instancias de integración regional: el ALBA-TCP, la UNASUR y la CELAC. Sin embargo, en los últimos años se asiste a otra ofensiva de EE.UU. en su “patio trasero”.

Para NA el panorama se complica por tres factores externos, además de los internos.

1o) El derrumbe de los precios de las materias primas y del petróleo.  En Venezuela más del 90% de los recursos en divisas proceden de la exportación de petróleo. Y los precios del barril se han desplomado. Si para cualquier país es un panorama complicado para Venezuela o Bolivia  es  mayor porque redistribuyen en políticas sociales lo esencial de su renta petrolera.

EE.UU. es uno de los mayores extractores de petróleo mundial, contribuyendo al exceso de la oferta.  Y Arabia Saudí -otro de los mayores- bombea hasta que el precio baje lo suficiente para hundir a los petroleros de EE.UU. La economía mundial es adicta al petróleo. Y los países exportadores son vulnerables a presiones, injerencias e invasiones.

Es una industria que emplea poca mano de obra. Y esa fuente de ingreso acostumbra a vivir en la fantasía de que puede comprarse todo sin trabajar demasiado.  Pero cuando el precio cae el país se encuentra con que no produce nada.  En teoría, las ganancias del petróleo pueden distribuirse con principios de justicia social. En la práctica, hay concentración de la riqueza, inseguridad alimentaria, anemia de industrias alternativas y extensos daños ambientales.

En 2008 sus precios subieron bruscamente, por una burbuja financiera que se asentó en el mercado petrolero. Al bajar de esa cima artificial se derrumbaron los precios. El costo de extracción sube en tanto es un recurso limitado.

2o) China ha apostado al mercado interno (hay 1500 millones de consumidores) a lo que se suma el desarrollo de los servicios y la mejora de la calidad de vida. Las tasas de crecimiento se han reducido. Al disminuir su importación de materias primas bajan los precios de los exportadores.

3o) La suba del dólar. La Reserva Federal sube los tipos de interés para reactivar la economía de EE.UU., lo que hace que el dólar sea más rentable allí. Los inversores retiran capitales de los países emergentes (desde 2008 se habían volcado en ellos) y los desplazan a EE.UU. La consecuencia es que el valor de la moneda de los “emergentes” se desploma y devalúa por el reforzamiento del dólar y por la fuga de capitales. Y todos los productos importados se encarecen. Se agrava la situación de los deudores. Y para América del Sur, se suman la caída de precios de las materias primas y la suba del dólar.

Se ha modificado la realidad política sudamericana. Había tres tipos de países: a) los de regímenes pro-imperialistas con Tratados de Libre Comercio más bases militares estadounidenses: Colombia, Perú, Chile, y Paraguay desde el 2012. b) Los “ola marina” (que como decía una canción caribeña tienen (o tenían) un motor que camina pa’lante y otro que camina pa’atrás): Argentina, Brasil, Uruguay, donde ya los dos primeros han pasado a ser regímenes del primer tipo. c) Los que apuntaron a una transición socialista, anti-imperialista (Bolivia, Ecuador, Venezuela).

De la categoría “ola marina” queda solo Uruguay, en gran medida cooptado para el sistema, a la espera de las elecciones de 2019. De momento, el imperialismo ha recuperado posiciones en Ecuador, Paraguay, Argentina y Brasil. Y queda Cuba acosada en el Caribe y Venezuela, también acosada y desfigurada en sus objetivos, sin haber transformado su matriz productiva. Tan solo Bolivia se mantiene, pues ha nacionalizado los hidrocarburos y pasó de ser uno de los tres países más pobres del continente (con Haití y Nicaragua) a uno de los más prósperos de la región, con diversidad de producción y autoabastecimiento. Tanto es así que el jefe de la delegación de la Unión Europea en ese país, ha dicho que su crecimiento causa envidia en Europa.

Por otra parte, la guerra comercial entre EE.UU. y China, que han aumentado sus aranceles mutuos, ha perjudicado a los países periféricos.

Un nuevo empuje de derechas 

   Para Francisco de Oliveira los capitalistas “consentían ser políticamente conducidos por los dominados, con la condición de que no cuestionaran la explotación capitalista”. (1). Fue lo que sucedió en Brasil, Chile y Argentina (de amplios frentes opositores), países cuyos gobiernos no cuestionaron ni la explotación capitalista ni la dominación imperialista.

Y los gobiernos “ola marina” se mantenían como frentes amplios (sectores de gran burguesía no tras-nacionalizados más las clases populares) mientras había una expansión de la actividad económica, vía de altos precios para las materias primas y se amortiguaba la pobreza mediante planes sociales asistenciales, imprescindibles al principio, pero con exigencias después. Se “atendió” a la pobreza satisfaciendo su necesidad de consumo, pero no elevando su conciencia, o su actividad política y social.  En tal sentido, se ha atendido a los más desprotegidos. En Uruguay, con el Sistema Nacional de Salud, estímulos a cooperativas, instalación de consejos de salarios, planes de alimentación, ley de 8 horas para los trabajadores rurales, reglamentación del trabajo doméstico, cuota de cargos para los “afro-descendientes”, aprobación de leyes de interrupción voluntaria del embarazo, etc.

En cambio, no se libró lucha ideológica, explicando las contradicciones de clases o de etnias de las sociedades, admitiendo el lenguaje liberal de Democracias y Repúblicas e ignorando el carácter de clase de ellas. Ni se intentó radicalizar la democracia, con participación popular activa. Se desmiembra la UNASUR pues de doce integrantes, se retiraron seis, lo que la convierte en testimonial, mientras que por ahora perdura la CELAC.

Cuando no se toca el poder de las finanzas, de los medios masivos de comunicación y de las armas, el poder se afirma en manos de las élites y son escasas las posibilidades de obrar de los gobiernos, cada vez más distanciados del poder real. De ese modo los gobiernos progresistas solo pueden avanzar en los márgenes del sistema, frenando las movilizaciones populares y facilitando la ofensiva reaccionaria.

El Mercosur se desintegra, pierde relevancia, ya que no perdura la “zona de paz” en el Atlántico Sur que propuso, ahora en la órbita de la OTAN, con armamento nuclear de GB y de EE.UU. Y aún más que se hayan reflotado la OEA con la visión de la Doctrina Monroe, que el TIAR aceptase la intervención armada en Venezuela -con el voto contrario de Uruguay, que se ha retirado de él, como lo habían hecho escasos países latinoamericanos- y creado el obsecuente Grupo de Lima, de conjunto indica que EE.UU.  recupera posiciones, aumenta las bases militares y golpea sobre las debilidades de los regímenes progresistas. No obstante, en Ecuador, Argentina y Uruguay el escenario es muy incierto.

 Venezuela, escenario geopolítico clave 

 Mientras Bolsonaro ha dicho que “no queremos una América bolivariana” (2), es evidente que allí la hiperinflación aumenta, que prosigue la fuga de ciudadanos al exterior, etc. Por ende, corresponde separar la crítica legítima a a defender la intervención imperialista.

Venezuela ha iniciado una revolución inconclusa, que ha desatado poderosas fuerzas contra revolucionarias. Por carencias propias y la presión imperialista está en dificultades graves. EE.UU. acciona por motivos geopolíticos, por las riquezas naturales (petróleo, coltán, diamantes, oro) y por el mal ejemplo en el “patio trasero”. A su vez, la segregación económica, social, política, cultural, racial, ha sido constante de su historia y factor decisivo de la victoria de la Revolución Bolivariana. Conocer ese pasado y el presente son básicos para captar por qué en América del Sur es el principal escenario de lucha entre dos grandes bloques políticos-sociales.

Los gobiernos de México y Uruguay (y de varios países del Caribe) han apelado al diálogo. En tanto Trump ha sido el primero en reconocer -u ¿ordenar? – presidente a Guaidó (extrema derecha), el Senador demócrata Bernie Sanders le pide que “no se apoye golpes” ya que “EE.UU. tiene un largo historial de intervenir impropiamente en países de América Latina y no debemos seguir ese camino de nuevo” (3). Y la congresista demócrata Tulsi Gabbard -precandidata a la Casa Blanca para 2020- opina: “EEUU debe quedarse fuera de Venezuela. Dejemos al pueblo de Venezuela decidir su futuro.” (4)

Partimos de considerar que en las Repúblicas democráticas también el Estado es una máquina de opresión de una clase sobre otra, o de un bloque de clases sobre otro. Y que la República Bolivariana no tiene una democracia liberal. Ha aspirado a una democracia superior, participativa. Agredida desde el exterior, y con errores, no ha podido mantener lo intentado. Sin embargo, sus opositores no son demócratas liberales y menos EE.UU. y sus títeres.                        

                                   Geopolítica y poder mundial 

A la trascendencia de la geopolítica -en el caso, el valor del “patio trasero” para EE.UU.- se suma en este siglo, la necesidad de comprender que un nuevo poder planetario global manda, sin considerar a la democracia -a la que tolera si no lo cuestiona a fondo- al tiempo que declina el poder de los Estados Nacionales, inclusive el de las grandes potencias del occidente capitalista.

El planeta es dirigido por una constelación de organizaciones, que ejercen el poder económico, financiero, científico, cultural, militar. No obstante, los Estados Nacionales reaccionan y se defienden. Pero en la medida que los Estados son diferentes- según las clases o bloques de clases que lo dominan- aplican fundamentos distintos, si buscan el dominio imperialista o la emancipación nacional. En el capitalismo (al menos el occidental), un verdadero “poder en las sombras” domina el escenario. El Club de Bilderberg, fundado en 1954 es el más poderoso. Reúne a personalidades de esas diversas esferas, las que suelen repetirse en organizaciones afines. Desde esas entidades se dirige la ONU, el FMI, la OTAN, etc., provocando respuestas, aún dentro de las grandes naciones, tales como el brexit o la victoria de Trump.

Trump contra la globalización y por el patio trasero

Trump expresa un nacionalismo industrialista anti-globalista y con él emerge un nacionalismo conservador. Con el lema “Estados Unidos primero”, busca re industrializarlo y recuperar los empleos perdidos a causa de la globalización que ocasionó la des localización de empresas, lo que le permitió conseguir votos de multitudes, de ex obreros desocupados por el traslado de capitales a México, o aún a China.

Trump ha intentado romper la alianza ruso-china. Pero no sólo no lo ha conseguido, sino que en EE.UU. se ha planteado destituirlo, señal de debilidad interna. Sin embargo, hay algo en común en EE.UU. entre todas las tendencias imperialistas y es que necesitan del “patio trasero”. Y en su recuperación, someter a Venezuela es primordial al que seguirían otros países:  Bolivia, Cuba, o inclusive, México y Uruguay.

Por eso, si las contradicciones internas no se lo impiden, Trump seguirá arremetiendo, arrastrando a la guerra civil venezolana, sea por la intervención directa o a través de Brasil y Colombia. Mientras tanto, los trabajadores y las clases y sectores populares conscientes coinciden con sus pares de Venezuela frente a la agresión imperialista, quienes se sienten más próximos a pesar de todo a Maduro, del mismo modo que en los años cuarenta, se apoyó a la URSS de Stalin contra la agresión nazi. Y apoyan al diálogo promovido para una solución entre los venezolanos.

Los críticos al “régimen dictatorial” de Maduro son parte o se callan frente al empuje de los Bolsonaro, Macri, Piñera, Duque y otros gobernantes de extrema derecha. Hay que tener presente esta profunda reflexión: “Hispanoamérica, Latinoamérica, o como se prefiera, no encontrará su unidad en el orden burgués. Ese orden nos divide, forzosamente, en pequeños nacionalismos. Los únicos que trabajamos por la comunidad de esos pueblos somos en verdad los socialistas, los revolucionarios. El porvenir de América Latina es socialista” (5)

La guerra de 5a generación

 Por fin digamos que el mundo y NA asiste a una guerra de 5a. Generación (concepto surgido en 2009-2010) que se dirige a conquistar mentes, a demoler la fuerza intelectual de los opositores, afectando la racionalidad, la emotividad y a contribuir al desgaste político y a la capacidad de resistencia. Una versión sofisticada de la del nazi Göbbels, cuando decía que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Los ejecutores son los dueños de la infraestructura que permite el uso de los grandes centros de datos, empresas trasnacionales en gran medida estadounidenses. La referencia es siempre el mundo desarrollado y su modelo y enfrenta a proyectos alternativos. Para eso también se manipula a través del FMI, el Banco Mundial, el BID y fundaciones y organizaciones no gubernamentales. En los países del Sur principalmente se propagan noticias basura y se desinforman las noticias trascendentes.  Y hasta ahora, el campo popular no tiene respuestas adecuadas ni han sido planteadas. Ésta es una tarea de las nuevas generaciones.                                        

Notas

 1) Francisco de Oliveira: “El revés del revés”

2) Exposición en el Foro Económico Mundial de Davos. 2018

3) Declaraciones en “Noticiero Latinoamericano”. 22 de enero de 2018

4) Ibidem

5) José Carlos Mariáteguy: “Ideología y política” (1894-1930)

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