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El viejo Julio por Esteban Pérez

El viejo Julio por  Esteban Pérez
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Era enorme, enorme como sus manos de picapedrero, carpintero, tan enorme su grandeza que trascendía el propio contenido de su cuerpo. Reunía en sí la síntesis que soñábamos muchos jóvenes revolucionarios de una generación comprometida con las transformaciones de fondo.

Era y sigue aún viva, la encarnación del revolucionario, en la consecuencia, el compromiso, en su forma de vivir, en su forma de mirar el mundo desde los de abajo y en sus valores humanos.

Siguió tallando hasta su último aliento los caminos de la revolución, aunque a muchos les asuste la palabra, aunque algunos renegados eviten utilizarla, temerosos de perder el volátil y efímero caudal de votos. Sin ninguna duda su simpleza, su franqueza, su convicción y compromiso le han infligido heridas perdurables al sistema.

Ha sido también una piedra en el zapato para aquellos que participando en la institucionalidad fueron, al decir de Julio: “fagocitados por el sistema”.

En 1972, ante el planteo de rendición incondicional a causa de la gran cantidad de compañeros presos y torturados propuesta por dirigentes detenidos en el Batallón Florida, les contestó: “en toda revolución hay y habrá presos, si manejamos ese criterio, nunca más vamos a hacer la revolución, jamás la haremos”; y ante la insistencia del planteo concluyó: “hay que morir abrazados a las banderas de la revolución, después de tantos años de lucha no podemos rendirnos como si tal cosa, ¿y el pueblo uruguayo? El revolucionario no entrega las banderas. Si la organización se rinde  yo me pego un tiro, entregarán mi cadáver pero yo no me rindo.”

Y fue consecuente: el día de su caída visualiza un jeep del ejército con el traidor Amodio  Pérez vestido de militar; le dice a la compañera que estaba con él que huya y tira una granada dentro del vehículo, pero lamentablemente  no explotó y lo derriban de varios balazos.

Pudo haber sido senador o ministro, pero prefirió trabajar en el llano obsesionado por la idea “de ganar cabezas, cabeza a cabeza”.  Convencido que el MPP “es un gigante estúpido, un crecimiento sin capacidad política de sus integrantes en el que viejos compañeros se institucionalizan porque la gestión del gobierno los absorbe y olvidan que viven en un país capitalista y dependiente”, se dedicó a provocar la discusión y a obligar a pensar y cuestionar el  sistema.

En tiempos electorales salía de recorrida pidiendo que lo llevaran al pobrerío; no le gustaban los grandes actos, sino las charlas en pequeños grupos, de igual a igual, haciendo trascender la conversación más allá de lo electoral. Era la excusa para sembrar ideas revolucionarias, no imponiendo sino logrando que los oyentes llegaran a las conclusiones de fondo.

Enemigo del caudillismo lo combatió siempre apostando a los colectivos, aunque muchas veces esta postura le provocó enfrentamientos con Mujica. Cuando muchos militantes del MPP vieron su corrimiento hacia el centro, en el Congreso votaron por Julio para que diera un golpe de timón hacia las bases fundacionales del sector y fue, por lejos, el compañero más votado. Pero, consciente de que si apretaba el acelerador se generaría un enfrentamiento con compañeros de peso en la institucionalidad, lo que podría llevar a una ruptura, no quiso darlo y prefirió trabajar en la base diciendo: “Pepe trae los votos, nosotros tenemos que abrir la cabeza de los que van llegando”.

Respecto al gobierno frenteamplista, discrepaba con el criterio de conformarse con “hacer lo que se puede” y  para poder llegar a hacer “lo que se debe” era partidario de cambiar la correlación de fuerzas presionando “puebladas” (movilizaciones, rodear el Palacio Legislativo, etc.)

En cuanto al MPP opinaba: “el MPP está cooptado por el sistema, no se dan cuenta ellos pero son tolerados. Los sectores que tienen el poder real, porque no lo tiene el Frente Amplio, están tolerando todo esto… es más, un capitalista inteligente tendría que darle plata al Frente porque este país no le servía ni a ellos: se hundía, el Frente ha hecho mejor trabajo que sus pregoneros”; “para mí el MPP se ha transformado en una organización electoralista, junta votos de cualquier manera, no tiene ideología”.

De su compañero Pepe expresaba: “yo esperaba que forzara un poco más, un revolucionario que empujara y si no se puede, no se puede, pero no: se quedó en el progresismo. Evidentemente se ha convertido en un personaje internacional, pero ha  sido aceptado por el capitalismo mundial. Evo Morales también tiene una raíz que viene de abajo, sin embargo no lo aceptaron como al Pepe porque es confrontador…”

Sobre fines del pasado año, tuvimos el privilegio de participar en una pequeña reunión convocada por el querido Viejo Julio. En ella nos contó que había renunciado al MLN. Cuando fallece el Ñato Huidobro, el Ejecutivo del MLN decidió brindarle honores cubriendo el féretro con la bandera tupamara, y este hecho fue la gota que colmó el vaso, y comunicó a dicho Organismo que ya no tenía ningún punto de contacto ideológico con la Organización, expresándonos también que no lo iba a hacer público. Hoy, ante su desaparición física, para que no se pierda en la oscuridad del tiempo una de sus últimas decisiones políticas (la que le debe haber costado mucho en lo más profundo de sus sentimientos) me siento libre de comunicarlo.

En marzo pasado se vino a Montevideo desde Salto, visiblemente disminuido físicamente, convocándonos nuevamente. Nos contó que estaba revisando la historia del Imperio Romano. El Cristianismo fue la ideología que lo fue “horadando molecularmente siendo una de las causas fundamentales de su derrumbe y si bien hoy el Imperialismo del punto de vista militar parece invencible, hay que irlo “horadando molecularmente” a largo plazo.

Leí en sus ojos una mirada de cariño hacia quiénes ahí estábamos y presentí que había venido a despedirse, a que ese taller político fuera su última reunión con quienes consideraba sus allegados, de alguna manera sus hijos políticos; se lo veía disfrutar cada segundo como quien paladea su última copa…

Vivió como pensaba, con austeridad, sin hacer de ello un show mediático o un marketing electorero. Mientras algunos han expresado que el día de su entierro será el último acto político que realizarán, el Revolucionario “Abdón”, ”Zenón”, “Pascual”, “Viejo Julio”, coherente con su combate al culto de la personalidad y a los homenajes individuales, expresó el deseo de no ser velado y que sus restos sean donados a la Facultad de Medicina.

Síntesis de proletario con conciencia y compromiso revolucionario, junto a Raúl “Bebe” Sendic y Ernesto “Che”Guevara, encarna a miles de anónimos combatientes por la Liberación Nacional y el Socialismo.

El pueblo uruguayo junto a la Nación Latinoamericana, en las próximas generaciones gestará las nuevas herramientas revolucionarias necesarias para su época. Ellas  llevarán quizás otros nombres y características, pero incluirán con seguridad en su seno los gérmenes sembrados por el querido Viejo Julio.

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE COMPAÑERO!!!                                   

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