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Ensayo sobre la verdad

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Defendiendo su Epopeya de Artigas el poeta Juan Zorrilla de San Martín afirmaba allá por 1930: “Hay libros de historia destinados a ‘probar los hechos’, y los hay que solo tratan de ‘exponerlos’ metódica y amablemente, de estos últimos es el mío”. La polémica sobre la veracidad histórica de una obra poética es tomada por Ruben Tani y Octavio Nadal en su trabajo La persistencia de la memoria, en donde agregan: “Zorrilla no tiene problemas en defender que tanto el ‘probar los hechos’ como el exponerlos se puede expresar en un discurso que adopte una forma ‘bella’. Zorrilla opina que, si Unamuno afirme que él es un ‘poeta’, no lo hace para desmerecer la convicción o el método de La Epopeya de Artigas, y lo cita: “con poesía se llega mejor a la verdad verdadera de la historia. Michelet es más verdadero que Taine; no depende de la documentación.”

Nos detenemos en esta polémica, que está inserta en una propuesta de Tani y Nadal que defiende la posibilidad de realizar ensayos históricos en formato cinematográfico por ejemplo, porque uno de los ángulos desde el que se puede abordar el espectáculo No hay flores en Estambul es sobre la relación entre la “ficción” y la “verdad” o entre la “ficción” y los “hechos históricos”. No hay flores en Estambul, escrita y actuada por Iván Solarich y dirigida por su hijo Mariano, parte de la experiencia del autor al ver, hace cuatro décadas, el filme Expreso de Medianoche de Alan Parker. Basada en un “hecho real”, la película es una adaptación del libro de William Hays, quien permaneció preso en cárceles turcas por contrabandear hachís. El impacto que le generó el filme a Solarich, cuando empezaba a formarse como actor, tiene que ver con el hecho de que en 1978 todo el Uruguay era una gran cárcel. Pero años después el actor descubre que el guionista de la película, Oliver Stone, ha pedido disculpas en Turquía por las tergiversaciones de su adaptación, que ayudaron a deformar la percepción que desde Occidente se tenía de Turquía. Allí se abre un espacio en que nos adentramos en como los discursos artísticos se permean de intereses políticos concretos, algo que no es novedad, pero sin que pierdan valor en sí.

Es difícil imaginar que hoy alguien piense que la historia se trata de “probar hechos”, más bien hay discursos que responden a intereses, sean de clase, de género, étnicos, etcétera, que narran desde su perspectiva determinadas situaciones. Y la película Expreso de Medianoche no deja de ser una construcción en ese sentido. Lo que nos parece relevante es que el espectáculo No hay flores en Estambul se erija como un ensayo sobre la posibilidad de la verdad, sobre qué significan los hechos. Solarich parte de una película que es una adaptación de las memorias de Hays. Y pone en primer plano una interpretación del filme en el que juega claramente el contexto personal que vivía el propio actor, y que también condiciona la recepción del filme. Esto chocará con la confesión de Oliver Stone y en esa grieta que se abre entre los “hechos” y la narración escénica de esos hechos entran a jugar múltiples elementos, incluso la biografía del actor Brad Davis que encarnara a Hays en el filme.

No es la primera vez que se conjugan vivencias personales de Iván Solarich con películas que lo marcaron. Ya lo vimos en Pogled (2011, dirigida por Santiago Sanguinetti) y El vuelo (2013, dirigida por María Dodera). En este caso es su hijo Mariano el encargado de la dirección, y trabaja con una sobriedad acorde a la reflexión que se está haciendo, no hay adornos innecesarios. Algunas jirafas con focos delimitan un espacio del que el actor escapará por momentos. Algunos elementos de vestuario permitirán pautar el cambio de roles. Y entre proyecciones del filme se alternarán las apariciones del actor interpretando, de forma no lineal, al Iván Solarich de hace 40 años, a Brad Davis, a William Hays o a Oliver Stone. Entre los intersticios de esos elementos se asomarán los hechos, la “verdad”, pero nunca la veremos frontalmente, eso es una construcción que dependerá de cada espectador.

 

No hay flores en Estambul. Texto y actuación: Iván Solarich. Dirección: Mariano Solarich.

Funciones: viernes 23:00. Tractatus (Ituzaingó 1583, entre Piedras y Rambla 25 de agosto)

 

Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.