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Sergio Mautone, Director Nacional de Cultura: La cultura todavía no ocupa un lugar central en una estrategia de desarrollo

Sergio Mautone, Director Nacional de Cultura:  La cultura todavía no ocupa un lugar central en una estrategia de desarrollo
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Finaliza la primera mitad de su periodo y consideramos importante hacer un balance de los logros alcanzados y las metas a futuro. Hay muchas novedades y el Plan Nacional de Cultura es un punto central en su gestión.

Alfredo García / Fotos Rodrigo López

 

¿Cuánto hace que estás acá?

Dos años y medio, desde el 2 de marzo. El 2 de setiembre empecé la cuenta regresiva prácticamente.

¿No te arrepentiste?

No, para nada. O sea, hay días que sí. Momentos, ni siquiera días. Lo peor es que disfruto la tarea. Es la primera gestión para mí, pero he descubierto un universo que cada día se me hace más demandante, más atractivo. Me pasa que me desafían los problemas, me siento invitado a resolver un problema cuando lo hay. No es que los problemas me amilanen, y en ese sentido acá tengo rienda suelta.

Falta de problemas no hay.

Los problemas son diarios. Creo que dentro de las posibilidades, y en este juego de equilibrios y en el contexto en que me muevo, vamos avanzando y pudiendo construir cosas. El día que yo sienta que no tengo perspectivas, o que tengo presiones políticas para no caminar en el sentido en que tengo que caminar, ahí me iría, porque yo no estoy en carrera. Pero es lo contrario. Siento que hay cosas que me gustaría y no se pueden, pero sobre todo venimos desarrollando una tarea importante en el interior del país, que es la mitad del país, a nivel poblacional.

Que siempre fue marginada.

Siempre estuvo muy al margen, y eso tal vez trasciende poco en Montevideo, pero es muy importante en el resto del territorio. Tengo todo el aval y el respaldo político adentro del ministerio para poder desarrollar mi plan y mi estrategia, al margen de algunos líos que tenemos, siempre.

¿Qué pide la gente del interior?

Sobre todo, en general, piden accesibilidad. La gente quiere ver cosas, quiere ser parte, sentirse incluida. La oferta artística, a veces sin elaboración intelectual, es leída como un manto de inclusión y hay gente que siente que no tiene la posibilidad de acceder al disfrute de servicios culturales, o a la creación, eventualmente, siendo que a través de la expresión artística —muchas veces, no siempre— la gente se siente realizada, expresada. Se sienten junto a los demás, junto al otro. Esa es la primera demanda: “Acá hace tiempo que no tenemos esto, hace tiempo que no tenemos lo otro.” Y poder atender esa demanda es complejo. Venimos trabajando en ese sentido como uno de los nortes principales, apostando al desarrollo de lo que vamos a llamar “Sistema Nacional de Circulación de Bienes Culturales”. Ese nombre, un poco aburrido por el momento, es el que encontramos para poder sintetizar rápidamente la diversidad de componentes que tienen que entrar en juego para que eso suceda. Básicamente nosotros delineamos cuatro áreas de trabajo, y para cada una estamos desarrollando una estrategia diferente.

¿Cuáles son?

Una de las áreas tiene que ver con la creación y disponibilidad de productos. En ese sentido hay ya una larga historia en el ministerio con los programas de fomento que tienen como objetivo, precisamente, motivar, incentivar y facilitar la creación de contenidos artísticos en toda la gama dentro del ámbito de la cultura, que sabemos que es más que la cuestión artística. Ese es un punto que, en líneas generales, diría que es el menos conflictivo. Además hay un impulso y una motivación de los artistas uruguayos en todas las áreas por hacer cosas, por crear. Es increíble la capacidad de creación que tiene el Uruguay. Por otro lado está el tema de infraestructuras: no podés circular si no tenés las condiciones que demanda la creación artística, y en ese sentido se avanzó mucho a través del fondo de infraestructura, que ya tiene cinco o seis años, con cincuenta o sesenta proyectos que directa o indirectamente se han visto beneficiados por el fondo. Nos falta una vueltita de tuerca, porque los teatros fueron recuperados en sus edificios, con una comprensión y percepción del valor patrimonial de los edificios, en primer lugar. Falta dotar a los teatros de toda la infraestructura técnica que se requiere para que funcionen óptimamente. Algunos están muy bien, otros no tanto, pero hoy Uruguay, salvo alguna excepción, tiene en todas sus capitales muy buenas salas de teatro, muy buenas salas expositivas. Faltan ajustes, pero en general hoy no es el mayor de los problemas. En tercer lugar está la capacitación, para lo que también se ha venido avanzando, porque hoy a nivel de gestión cultural hay oferta tanto dentro del ámbito de la enseñanza media como superior, a nivel público y privado. Eso ha mejorado mucho en términos relativos, la oferta y el acceso a la oferta. Falta más, y estamos evaluando incluso la posibilidad de generar algunas herramientas de carácter más universal que por lo menos acerquen algunos rudimentos a los lugares más lejanos. De hecho, en una prueba en un nuevo plan piloto que hicimos este año a lo largo del litoral, coordinamos Artigas, Salto, Paysandú, Río Negro y Soriano haciendo coincidir esta acción con el Corredor de los Pájaros Pintados, o mejor dicho, desarrollándola adentro, y la idea fue justamente ofrecer una agenda cultural coordinada, que funcionó muy bien. Y entre otras cosas facilitamos talleres de gestión, para poder ayudar a concretar la propia agenda que tenía lugar. Eso por un lado, y por otro también talleres de problematización de la cultura, sobre todo con bachilleratos artísticos y docentes de bachillerato, a los efectos de crear masa crítica y audiencia para la oferta espectacular que se iba a vivir a continuación en esa franja. Ese es un tema de preocupación en líneas generales, en lo que tiene que ver con la gestión. Después, en líneas más concretas, en lo que tiene que ver con operación de la tecnología o con el recibo del espectador en una sala de teatro o de exposiciones, y sobre eso hay que trabajar mucho. Se ha mejorado mucho. El año pasado hicimos unas muestras de arte visual en Treinta y Tres que funcionaron muy bien y que fueron incorporando algunas lógicas del circuito más profesional, desde recibir al artista en una recepción en un ámbito más formal y hacer un brindis a continuación, por ponerte ejemplos muy sencillos, o dotar a los espacios de las condiciones de seguridad mínimas necesarias. Este año tuvimos dos experiencias, las dos muy ricas.

¿Dónde?

Una fue en el liceo de San José y la otra en la casa de la cultura en Florida. La primera fue una muestra de Barradas, con veinte Barradas que por primera vez circulan desde el Museo Nacional de Artes Visuales hacia un museo en el interior del país. Eso implicó la adecuación del lugar, y la dotación de iluminación y cámaras. Lo mismo sucedió en Florida con una muestra de Cúneo. La muestra de Florida la cerramos hace unas dos semanas atrás, y recibió alrededor de siete mil visitantes.

Hay hambre.

Hay hambre, hay demanda, sobre todo en el interior del país, hay una enorme avidez por el encuentro con propuestas artísticas de calidad. El otro elemento, el más aburrido si se quiere, pero que es el que permite que todo funcione, es el logístico. Esto implica que tenés que trasladar, alojar y dar de comer, y todo eso cuesta. Si vos a taquilla pretendés sostener el sistema, no es viable, por lo menos en este momento. Por lo tanto hay que desarrollar distintas estrategias de apoyos, subsidios, colaboración con privados, de compromiso de las intendencias y los gobiernos municipales a los efectos de encontrar las condiciones que faciliten el proceso. Hasta ahora lo hemos venido resolviendo con un alto compromiso de los gobiernos departamentales y municipales, que se ocupan de buena parte de esta logística. A veces la tienen sin mayores dificultades y no la usan. Algunas intendencias tienen alojamientos, de relativa buena calidad, y sin embargo están ahí, es ponerlos en funcionamiento. Y casi todos los teatros de los departamentos del interior del país son públicos, lo que también nos permite un  fácil acceso.

Como decías, hay edificios maravillosos.

Maravillosos. Podés recorrer departamento por departamento y nomás en el litoral hay por lo menos cuatro teatros que son de primerísimo nivel, como el 28 de Febrero en Mercedes, el Teatro Young en Fray Bentos, el Teatro Florencio Sánchez en Paysandú y el Teatro Larrañaga en Salto. Cuatro teatros que realmente podrían estar en cualquier ciudad del mundo, y que son de primer nivel, en distintos estados de conservación y dotación técnica. Los que están mejor son el 28 de Febrero y el Young. El Florencio  Sánchez está en proceso de restauración del techo, porque tuvo unos desprendimientos de cielorraso. Es un teatro hermosísimo. Y el Larrañaga precisa un shock. Pero los cuatro son teatros espectaculares, y la gente queda muy sorprendida cuando los conoce, a cualquiera de ellos.

¿Y el Plan de Cultura en qué está?

El año pasado recorrimos el país, departamento por departamento, con reuniones sectoriales previa convocatoria de distintos actores, tanto territoriales como profesionales. Eso nos implicó una ronda con más de mil setecientos implicados directos y que arrojó una tonelada de documentación que estuvimos procesando durante este año. Ordenada y catalogada esta información por la Facultad de Ciencias Sociales, con quienes habíamos trabajado muy codo a codo, estamos en este momento reconvirtiendo esos insumos en metas concretas a los efectos de poder presentar un plan en abril del año próximo —o un poco más, pero la intención es en abril— aquí mismo en la calle San José, en lo que fue hasta ahora el Punto de encuentro, y que ahora está en proceso de remoción y va a ser convertido en un espacio que va a tener por nombre el nombre de pila de Idea Vilariño, Espacio Idea, que queremos que sea un centro de debate cultural. Estamos ya especializando la mediateca que tenemos, yendo desde una mediateca generalista a una especializada en cultura. En ese contexto habremos de presentar los lineamientos del plan y a partir de ahí abrir este nuevo espacio como un ámbito de encuentro y debate.

 

¿Qué van a hacer con los insumos recogidos?

La idea es ordenar estos documentos en veinticinco metas —eso es lo que por ahora se va perfilando— que recojan los veinticinco nudos de lo que nosotros estamos leyendo como preocupación a nivel general del país, y obviamente procurar, para la concreción de cada uno de estos puntos, un plan en acumulación, con la idea de llegar a algunas de las metas en un plazo de diez años. Obviamente, al mismo tiempo, parte de estas demandas están en implementación. La accesibilidad es una de esas metas, y ya hay algunas acciones que van tendiendo a lo que generaremos el año que viene, con un orden un poco más preciso de cómo ir escalando paso a paso para llegar a los objetivos. Es bastante particular y curioso cómo las demandas se repiten, más allá de las diversidades y particularidades de cada lugar. El acceso al disfrute de los bienes artísticos, el acceso de la formación, la interrelación con el sistema educativo, la mayor difusión de las actividades culturales son algunas de las demandas que aparecen con frecuencia. También una mayor necesidad de poner en valor su propia producción local. Han surgido algunas ideas muy interesantes. Esto, además, se entrecruza con otras iniciativas que están tomando otros organismos con quienes coordinamos, como la OPP a través de su programa de creación de agendas de cultura. Por lo tanto creo que se está construyendo un terreno interesante para poder avanzar, sobre todo en coordinación, y eso ya es avanzar mucho.

¿Cuánto juegan en eso las intendencias?

Algunas están muy comprometidas en el proceso, y otras menos. En este momento te diría que no hay ninguna que sea absolutamente omisa. Para empezar, todas tienen un referente en cultura. Es desigual, porque a veces el referente no es un profesional de la cultura, y a veces los cargos se otorgan por cuota política, y podrá ir o no en esta temática el interés de quien está enfrente, pero el hecho de que exista un cuerpo, una red de cultura que vincule a los diecinueve directores departamentales, con quienes nosotros interactuamos de manera concreta cada tres o cuatro meses —la última vez fue en San José— y que creo que nos ha dado un marco no solamente de intercambio, de discusión de nortes y de ajuste de ruta, sino también, por su propia existencia y su propio peso, a generar en cada departamento la necesidad de contar con un referente. Esto no era así hace cinco o seis años atrás. Y de hecho como red tenemos el reconocimiento dentro del Congreso de intendentes, y cada vez más preponderante. Y estuvimos en la oportunidad de asumir Falero como presidente del Congreso, estuvimos visitándolo, fuimos con la ministra, con la directora de Educación, con la directora de Centros MEC, y creo que fue una buena iniciativa, en este caso de la ministra, poder saludar al Congreso de intendentes y a su vez ampliar y compartir los planes en que estamos trabajando en relación a las intendencias.

¿Se está rompiendo el centralismo montevideano?

Creo que sí. Obviamente la distancia es todavía sideral, sobre todo desde el punto de vista cultural. Pero hay acciones de empoderamiento en el interior, y creo que eso es un muy buen síntoma, y nos está marcando un camino. Hace bien poco estuve en Colonia en la inauguración del centro cultural AFE, maravilloso, que fue parcialmente recuperado con dineros del Fondo de Infraestructura más un aporte de la Intendencia. Ya el hecho de apostar a la recuperación de un gran centro cultural, o a la reconversión de una hermosísima estación en un centro cultural —y este es un dato frecuente en el interior del país— ya es un síntoma. Pero además, y realmente lo digo con mucha alegría, la inauguración no tuvo nada que envidiarle a nadie. Es más, creo que hasta enseñaba cómo darle el marco necesario a la inauguración de un edificio de esas características. Y esas cosas, creo, dan cuenta de una maduración y de un crecimiento. Era difícil pensar esto tan solo diez o quince años atrás. Probablemente era relativamente fácil pensarlo hace cincuenta o cien años atrás. Creo que en ese sentido se está recuperando esa impronta. Falta, por supuesto, y a mi juicio la cultura todavía no ocupa el lugar central que debiera ocupar en una estrategia de desarrollo, pero la conciencia es creciente y creo que vamos en bueno camino. Por supuesto, es un proceso de acumulación. El día que se termine de instalar el tema, sobre todo en el ámbito económico, creo que eso va a tener un impacto muy favorable sobre todo el sistema, porque durante mucho tiempo había riñas internas, y la economía caminaba por un lado y la cultura por otro, e incluso dentro la cultura la artística estaba muy enfrentada con la comunitaria. En fin, son rencillas, creo yo, propias de un momento y de un proceso de crecimiento. Hoy esas diferencias se van de alguna manera diluyendo, y cada vez más hay comprensión del rol central dentro de una estrategia de desarrollo. El Ministerio de Educación y Cultura se integró al gabinete de transformación productiva e innovación.

Eso es clave.

Nos permite incidir dentro de la estrategia de una manera mucho más contundente. Por supuesto que no es de la noche a la mañana, pero el poder ayudar a definir, o incidir, aunque más no sea, en la línea estratégica que deben luego procesar las distintas agendas de desarrollo, de fomento, de internacionalización, etcétera, creo que es algo que va a redundar muy favorablemente en la cultura, porque hay cosas que ya están sucediendo. Nos falta de repente estar más cercanos para la coordinación.

Si apostamos al turismo, el tema cultural es para un turismo todo el año. Siempre se habla de sacar la estacionalidad.

Es fundamental la idea de trabajar conjuntamente con Turismo en ofrecer una agenda cultural que complemente la oferta, que la haga atractiva para el visitante extranjero, pero además que cumpla con nuestro cometido, que es garantizar la accesibilidad para el local. Ejemplos abundan.

Explicame eso.

El sábado pasado cerramos la semana de Rio Grande do Sul en Uruguay, que estuvo fenómeno. Se cerró con una ronda de Choro en la Plaza Matriz. Se acercó mucha gente y ellos además tuvieron la delicadeza de preparar La Cumparsita en Choro, que fue fantástico, tendrían que volver todos los sábados porque la gente lo disfrutó muchísimo. Hablamos mucho con el secretario de cultura de Rio Grande do Sul, ya veníamos charlando con él desde la vez que nosotros fuimos allí con nuestra propuesta artística. Realmente las posibilidad de crecimiento que hay solo en Rio Grande do Sul, que solemos subestimar…

No existe, uno piensa en más arriba.

Tenemos esa mirada hacia el primer mundo, por decirlo de alguna manera, que muchas veces nos inhibe de poder ver el potencial que nos rodea. Rio Grande do Sul nos cuadriplica, cuando menos. Y hay un vínculo y una simbiosis con nuestra cultura que es muy fuerte y no siempre lo aprovechamos en el buen sentido. Lo mismo nos sucede con el litoral argentino; obviamente, Buenos Aires tiene un magnetismo y una fuerza, pero el litoral argentino viene hacia nosotros y a veces nosotros nos permitimos ignorarlo, porque no nos terminamos de dar cuenta. Eso también está cambiando. El intendente de Paysandú, al principio de esta gestión, cuando fue presidente de la Hidrovía del Río Uruguay, tuvo la muy buena iniciativa de convocar a todos los directores de cultura y turismo de ambos márgenes, y ayudó a marcar una estrategia de carácter más regional. Hoy eso está bastante extendido. De hecho esta idea de trabajar conjuntamente con turismo también está inspirada en que el turismo ya ha desarrollado una estrategia de trabajo conjunto. Al igual que nosotros nos reunimos en redes de directores de cultura, ellos hacen lo mismo con la red de directores de turismo, y el puntapié para pensar a su vez el Corredor como una plataforma para la circulación cultural tuvo que ver con una reunión en Salto donde convergimos los directores de Turismo de la zona más los directores de Cultura. O sea que hay una serie de sinergias que ayudan a instalar la idea, y a su vez a hacer que las cosas fluyan más fácilmente. Lo mismo podríamos hablar de Relaciones Exteriores o del Ministerio de Desarrollo Social, solo por poner algunos ejemplos.

Se está hablando de la pérdida de trabajo por tecnología. Cultura quizás es un área que no pierde trabajo.

No solo que no pierde, sino que además en un mundo tan globalizado, si no apostamos a la innovación y a la creatividad, realmente no encontramos diferencial, y ahí la cultura tiene mucho para dar, no solo de manera directa, por su propio ejercicio profesional, sino justamente por la invitación al desarrollo de esas capacidades. Cada vez más creo que hay en el mundo la conciencia de darle cabida a este tipo de expresiones que después explotan en ese diferencial que hace que no solamente la actividad cultural sino la actividad en general busque nichos de diferenciación. Necesitamos ser creativos no solamente para montar una obra teatral sino también para vender carne. Entonces, esto tiene un efecto derrame que no se limita solamente a la actividad cultural propiamente dicha, si la entendemos desde el punto de vista artístico. Obviamente, en un sentido amplio cultural, implica todas nuestras acciones, en la medida en que tengan un valor agregado. Pero es un factor absolutamente esencial, y las industrias creativas, llamadas de varias maneras, tanto las más tradicionales como las más innovadoras, que surgen del producto de la innovación tecnológica y científica, crecen en el mundo de manera sostenida, y el Uruguay no va a estar ajeno a ese principio. Demorará un poco más en acomodar el cuerpo, pero el camino está trazado en ese sentido.

¿Qué te piden los colectivos artísticos? ¿Qué te exigen? Aparte de plata, que siempre es lógico.

Tenemos distintos grados de interacción, según las áreas y disciplinas. Si digo esto capaz que alboroto a las fieras, pero en realidad no siento una gran demanda. Creo que eso tampoco es bueno, en la medida en que eso habla de colectivos un poco descolectivizados. La ley de seguridad social del artista, por poner un ejemplo, que cumple diez años el año que viene, fue una demanda del sector. Eso se concretó. Mal o bien, demoró en implementarse. Hoy, por lo menos en este ministerio, tiene implementación plena. Pero esa ley hay que madurarla aún; hay sectores que no están implicados en la ley, como las artes visuales y las letras. El año que viene vamos a generar una campaña para reafirmar esta ley, y para procurar ampliarla. No siento, del sistema, una apropiación de la ley. No siento una presión para que la ley a su vez derive en otras conquistas o derechos. A pesar de esto, sí tenemos diálogo con cada uno de los colectivos y más o menos estamos en sintonía, procurando desarrollar algunas líneas que contemplen las necesidades de desarrollo de cada sector. La danza está desarrollando su plan, que nosotros hemos apoyado y está trabajando muy bien. Con la música tenemos conversaciones permanentemente y ahora estamos pretendiendo darle un delineamiento más fuerte al vínculo. Recién ahora estamos resolviendo una coordinación de música un poco más ordenada. Con las artes visuales estamos caminando hacia la concreción de un instituto, que va a ser un impacto muy favorable para el sector todo. Con las artes escénicas venimos del FIDAE, que intentó además llegar a la mayor cantidad de puntos posibles dentro del país, y de hecho estuvimos presentes en doce departamentos y estaremos en el próximo probablemente en todo el territorio, esa es la intención. Hay distintos ámbitos en los que venimos conversando y discutiendo cuestiones inherentes a cada sector, pero repito lo que dije en primer lugar: tal vez falta, no solamente en el ámbito artístico, y lo digo con mucho cuidado, porque sé lo que digo y cómo puede impactar, pero falta mayor organización e interacción.

Son muy individualistas los artistas. Les cuesta colectivizar.

Los artistas son individualistas. De hecho en el caso de las letras y de las artes visuales ha sido históricamente complejo organizarse. No obstante hay instituciones que los representan, y sin duda muy buenas ideas para llevar adelante. Sucede que a veces hay un desgrane por la propia actividad, y porque además es difícil que el artista se dedique exclusivamente a su profesión. Entonces el pretender organizarse, ya sea gremial o académicamente, o en cualquier órbita, muchas veces implica un tercer tiempo. Es muy difícil. Pero no estoy negando en absoluto la organización que existe y con la que tenemos muy buena interacción. Los sindicatos tradicionales han sido los de directores, bailarines y músicos, que lamentablemente hoy están con algunos desencuentros, por ejemplo en el caso de la música, donde hay más de un sindicato y no han logrado saldar algunas diferencias internas, lo que termina redundando en perjuicio de todo el sector. Pero creo que hemos tenido siempre un buen diálogo, y aspiro a que en estos dos años realmente, con la acumulación que ya hemos hecho, podamos cerrar algunos de los planes que tenemos.

Viniendo del teatro, ¿pudiste ser ecuánime y no potenciar el teatro frente a las otras artes?

Sí, absolutamente.

¿No te acusaron de pro teatro?

No, no me siento acusado. En general siento que podrá no haber una expresión calurosa todas las veces, pero no he tenido mayores dificultades, lo digo con honestidad. He sido cuidadoso. Esta pregunta me la hicieron al principio en una entrevista, y me dijeron que, como yo venía del teatro, eso iba a volcar la balanza. No creo. Primero, porque, dentro de lo que se puede, trato de ser ecuánime. Yo no soy el presidente del sindicato de actores, y tal vez hasta al contrario, el estar acá me ha distanciado del sindicato que antes presidí. Pero además, estando como jefe del SUA, mi preocupación como presidente era ayudar a construir un espacio colectivo entre artistas. De hecho llegamos a conformar un embrión que se llamó “Artistas en construcción”, donde estábamos todas las disciplinas, las que tenían representación gremial y las que estaban en construcción, incluso muchos más de los que hoy quedaron afectados a ese núcleo, y que después terminó siendo un ingreso al PIT-CNT. El Sindicato Uruguayo de Actores fue un sindicato fundador, pero no todos los sindicatos del arte lo fueron. Yo ya partía de una mirada bastante más integral, porque mi visión en aquel tiempo era que los sindicatos tienen que ser proactivos y tener la capacidad de elevar su punto de vista al gobierno. En ese sentido, no me resultó para nada difícil cumplir un rol. Es más, he aprendido mucho de otras disciplinas. E incluso no hay día que no vaya a un espectáculo, y mis tiempos se reparten. No veo todo el teatro que veía antes, por ejemplo, y eso lo extraño. Voy mucho más a otras manifestaciones artísticas de lo que iba antes.

¿Te manejás bien con el presupuesto?

Siempre es escaso. No hemos tenido recortes sustantivos, eso es importante. Hay recortes por la vía del no aumento, si querés, pero sí, nos manejamos, y por lo menos lo que estamos haciendo lo podemos hacer, e incluso tenemos algunos apoyos extras como para la instalación o realojamiento del Museo Nacional de Historia Natural, y que va a ser una acción de altísimo impacto, espero. Hace dieciocho años que está cerrado. Mejor dicho, no tiene sede. Tiene una proyección internacional muy fuerte, pero no tiene un centro expositivo al que la ciudadanía pueda acceder. Estamos recuperando el brazo este de la Cárcel del Miguelete, a continuación del Espacio de Arte Contemporáneo (EAC). El 18 de julio del año próximo, fecha en la que se cumplirán ciento ochenta años de la creación del museo, vamos a inaugurar parcialmente las obras, con el pabellón central de acceso, que va a ser el pabellón de acceso a ambos museos, con una recuperación del panóptico.

El edificio es extraordinario.

Es un proyecto que me tiene muy, muy entusiasmado. Porque además no solamente realojamos el Museo de Historia Natural, lo que en sí mismo es un logro, sino que hacer converger un museo de ciencias y uno de artes en un mismo predio, en el Centro Cultural Miguelete, creo que va a marcar una tónica, que además está inscrita en un trabajo que venimos desarrollando con la Dirección de Educación, que la venía promoviendo en relación al vínculo entre educación y ciencia, a lo que se suma también la cultura. La idea es que este espacio, por su naturaleza, se convierta en un punto de referencia para el desarrollo de este concepto, de que cada vez más el conocimiento no tiene fronteras, y que el divorcio entre la ciencia y el arte es absolutamente artificial, por lo tanto esto implica el maridaje y la experiencia en común de los dos proyectos. Esto me tiene muy entusiasmado, porque además nos va a revitalizar la zona, sin lugar a duda. Te invito a visitarlo hoy, ya, porque si bien estamos en obra para la inauguración parcial del año que viene, la semana que viene se están inaugurando las plazoletas, que fueron concretadas a través del Presupuesto participativo en coordinación con el Municipio B, con el que trabajamos maravillosamente bien, con su alcalde Carlos Varela. Ya hoy impacta, con una iluminación que le devuelve el porte a ese edificio formidable que estaba invisibilizado. Y el trabajo que ha hecho el EAC, con Fernando Sicco al frente, que ha sido formidable. No hay extranjero que no quede de boca abierta cuando va a ese espacio. Creo que el hecho de tener un Museo de Historia Natural es muy convocante, sobre todo a nivel de formación. Allí mismo en el EAC, a propósito de lo que se nos viene luego, presentamos la serie Paleodetectives, que tiene mucho que ver con nuestro museo, y de hecho quienes impulsan el proyecto son funcionarios e investigadores del propio museo. Eso ya te da la pauta del potencial que tiene la iniciativa. A mí, francamente, me sorprendió cómo los protagonistas de la serie tienen un manejo con los chicos y los chicos los admiran, como las estrellas de su programa favorito que son. Eso te da la pauta del enorme potencial que se puede y se va a desarrollar a partir de esta iniciativa. Esperemos llegar a esta primera etapa el 18 de julio de 2018, luego de dieciocho años de cerrado, y cumpliendo ciento ochenta años…

Hay que jugar al 18.

Se realoja el museo y la primera parte de la obra final esperemos que esté completa para finales el año 2019. Obviamente esto va a invitar a que se recupere el resto del edificio para devolverle el esplendor absoluto, que creo que puede llegar a tener un impacto como lo tuvo el MAM.

Y además están muy cercanos. Armás un polo cultural muy interesante.

Estamos a metros del Parlamento. Hay una triangulación muy interesante. Es el fin de la feria de Tristán Narvaja. Son muchos elementos que conviven en ese entorno, y creo que va a tener un impacto muy favorable sobre la zona.

Alfredo Garcia

Nació en Montevideo el 9 de agosto de 1954. Es Licenciado en Historia por la Universidad de Estocolmo, Suecia; que fue su lugar de residencia entre 1975 y 1983. Hizo un postgrado en Marketing y realizó los cursos del Master de Marketing en la Universidad Católica de Montevideo.
Trabajó durante veinte años en la industria farmacéutica en el área privada.

Su labor como periodista comenzó en los semanarios Opinar y Opción a principios de los ochenta. Participó en 1984 en el periódico Cinco Días clausurado por la dictadura.
Miembro del grupo fundador del diario La Hora, integró luego el staff de los semanarios Las Bases y Mate Amargo. Escribió también en las revistas Mediomundo y Latitud 3035.

Es el impulsor y Redactor Responsable del Semanario Voces.
Publicó el libro Voces junto con Jorge Lauro en el año 2006 y el libro PEPE Coloquios en el año 2009, ambos editados por Fin de Siglo.