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Esperar la luz por Luis Nieto

Esperar la luz por Luis Nieto
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Mujica aconsejó dejar pasar un año para analizar las causas de haber perdido la elección, y, una vez más, vuelve a ser el más cuerdo, al menos después de haber escuchado varias explicaciones hechas a las apuradas. Perder un balotaje por un voto es lo mismo que perderlo por 200 mil. El que gana gobierna, y gobierna con más comodidad si tiene el Parlamento a su favor. De poco consuelo le sirve el puerta a puerta si, coincidiendo con ese cambio de campaña, se produjo un hecho tan negativo para la oposición como la arenga al sector militar, que a mucha gente puso los pelos de punta, en primer lugar a Talvi y a Mieres.

Miranda, como resaltando el mismo espíritu épico en que Martínez salió a festejar la larga noche del 30 de noviembre, argumentó que el Frente había tenido que enfrentar él solo a 5 partidos juntos. Eso no resiste nada. Para no entreverar más las cosas otorguemos que el FA es un partido. Sí es cierto que una coalición, armada a las apuradas, y con un consenso más que discutible le ganó a la fuerza política que venía gobernando los últimos 15 años. Algo salió mal, que todavía no alcanzan a ver los apurados, los que creen que las militancias son soldaditos que sólo funcionan a manija.

La Multicolor dista mucho de ser una coalición de cinco partidos. ¿Existe el Partido de la Gente? La plata de Novick de poco sirvió. El único diputado del Partido de la Gente, el que podría votar las leyes de la Multicolor, está en rebeldía. Entonces sólo quedan 4.

El Partido Independiente perdió a tres de sus cuatro diputados, tuvo un abandono masivo de votantes, y una tremenda disminución de los votos en el Parlamento. Le queda en el activo su labor parlamentaria en el pasado quinquenio, y excelentes técnicos, sobre todo en la educación y en el sector agropecuario, pero por su peso parlamentario, no debería inquietar a ningún dirigente frenteamplista. Quedan 3 partidos y 1 diputado.

¿Cabildo Abierto era una amenaza real para el Frente Amplio? En principio no, había nacido 6 meses atrás, impulsado por el Comandante en Jefe del gobierno frenteamplista. No sólo había sido ascendido a general por el gobierno del FA sino que se le dieron cargos en el Sistema Nacional de Sanidad Militar, con presencia en todo el país. Vázquez no lo había cesado tras sus comentarios públicos y su presencia vistiendo uniforme en una iglesia. Lo mandó a un cuartel, con arresto a rigor, más se parecía a un general de su confianza. Pero, además, el FA sabía que Lacalle venía encontrando dificultades múltiples para encastrar esa pieza dentro la coalición. Así que de los 5 partidos que dice Miranda sólo quedarían 2, 1 diputado y un 1 problema.

El Partido Colorado, tras el regreso del viejo gladiador apenas había movido aguja, entre gente desencantada, que, seguramente, había encontrado en el Frente Amplio flecos del viejo batllismo. La única novedad fue la irrupción de Talvi, pero con Sanguinetti caminando al lado no se podía esperar más que la yeta, como la sufrieron todos los dirigentes colorados, del 84 al día de hoy. En las internas le ganó a Sanguinetti, pero no con luz. Un pinzamiento lo apartó de la carrera en su mejo día y al reaparecer ya había perdido parte de la aureola del principio. Este Partido Colorado son dos medios partidos que luchan por su propia supervivencia sectorial. De hecho, el Partido Colorado tuvo una disminución de un 0,55% entre las elecciones de 2014 y 2019. Por poco casi le gana Cabildo Abierto, un movimiento político, nacido en el ámbito castrense, con lo que eso significa en este país. Sólo había dos novedades, que tal vez la enfermedad de Talvi hayan frenado, y que la figura omnipresente de Sanguinetti consiguió opacar: La primera, el diagnóstico de Talvi de que el campo era el petróleo del Uruguay, y la segunda, que tenía toda la intención de volver a la fuente del batllismo, para crear de éste, un pequeño país modelo. Esos dos anuncios habían encantado a mucha gente, pero eso era lo que ofrecía sólo medio partido. Además, Talvi había empezado tarde la campaña.

Quedaba, por fin, el 28% del Partido Nacional, el único que pudiera inquietar al Frente Amplio, y hasta por ahí nomás si recordamos la mano que Moreira le dio al Frente, a poco de la primera vuelta. El Frente Amplio, con todo su bagaje de experiencia política, y el uso a destajo de la publicidad oficial no podía tener problemas con esa coalición armada de apuro, como algunos ridiculizan: creada entre cuatro paredes, a la oscuridad, para repartirse los cargos. ¿Pero qué cargos podían repartirse? Primero había que ganar. El Partido Nacional, encadenado a La Positiva desechaba utilizar, incluso, la historia desastrosa de ciertos manejos de los recursos públicos, que sí se los recordó Zabalza, como al pasar. Si la oposición hubiese hecho una campaña verdaderamente dura, quién sabe si el Frente no hubiese cosechado un resultado todavía peor. Queda mucha tela para cortar, y lo de las auditorías promete sacar a la luz muchas cosas.

El mamado casi se despertó, pero no del todo. Algún día tal vez se pregunte qué beneficios le podía haber dado romper formal y definitivamente con regímenes como el de Maduro. Entre el apoyo masivo de los uruguayos y la genuflexión ante las dictaduras parece que el Frente Amplio todavía duda. Debió raspar hasta el hueso en el episodio Feldman, debió haber hecho con Sendic lo mismo que los blancos hicieron con Moreira, debió darle la espalda a Maduro, a Lula, a Cristina Kisrchner, y debió oponerse a la cuadragésima reelección de Evo Morales. Esto no fue todo, pero en la valentía ante esas patologías del progresismo estuvieron los votos perdidos y los que no ganó.

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